El consumidor y los precios de mercado

En un mercado libre los vendedores no fijan el precio de mercado, sino que dicho precio se fija por el libre juego de la oferta y la demanda, teniendo finalmente más peso en la negociación los compradores que los vendedores, dado que ninguna transacción se fijará en el libre mercado si los compradores no valoran de forma suficiente el bien objeto de compraventa, y no están dispuestos a pagar el precio necesario para cerrar la misma.

El poder de los compradores.

Lo que intuitivamente tiende a pensarse es que los vendedores fijan el precio de mercado, y que dicho precio se ajustará a los costes en los que hayan incurrido en la producción. Por ejemplo, un promotor inmobiliario no venderá una vivienda por debajo de 200.000 € si para producirla ha incurrido en unos costes de dicho importe, dado que solo obtendrá una ganancia vendiendo por encima de dicha cantidad.

Pero muy al contrario, son realmente las valoraciones de los compradores las que fijan el precio de mercado, puesto que, y siguiendo con el ejemplo anterior, si no hay ningún comprador dispuesto a gastarse más de 180.000 € en dicha vivienda, finalmente el precio de mercado acabaría siendo el de 180.000 €, con las correspondientes perdidas empresariales para el vendedor en caso de cerrarse la transacción.

Precio de venta y precio de mercado.

El primer paso para entender correctamente las relaciones entre precios y valoraciones es diferenciar el precio de venta (PVP) del precio de mercado (PM).

Mientras que el PVP lo fija el vendedor, en base a su valoración empresarial del producto que ofrece (que tendrá en cuenta los costes de producción, y el margen que desea ganar), el PM se fija en el mercado por el acuerdo entre comprador y vendedor, por lo que el vendedor puede decidir no aceptar el PVP, y mientras que no exista acuerdo en el PM no se cerrará la venta.

Precio de mercado y valoración del comprador.

Por tanto podemos así visualizar que será el comprador el que acabe fijando el precio en una negociación libre. Si no está dispuesto a pagar el PVP exigido por el vendedor, no hay compraventa.

Y si no estando el comprador dispuesto a pagar el PVP pero sí estando dispuesto a adquirir el bien por un precio inferior al PVP se iniciase una negociación entre ambas partes, derivando en la aceptación del vendedor de dicho precio inferior, el PM al que se cruzan oferta y demanda terminaría siendo inferior al PVP.

Precio de mercado en los mercados masivos.

Esto último no sucede de manera directa en los mercados masivos, donde el vendedor pone a la venta miles de unidades a través de sus canales de distribución, y no existe por tanto una negociación “uno a uno”. Por ejemplo, Coca Cola pone a disposición de sus potenciales compradores millones de productos cada día, a través de distintos canales y a un precio determinado, y por ello no puede entrar a negociar con cada consumidor individual el PVP.

Pero de manera indirecta sucede lo mismo: cuando los compradores tienden a no comprar porque no quieren pagar el PVP (lo cual puede suceder por múltiples circunstancias: bienes sustitutivos, competencia, renta disponible, etc…) Coca Cola se verá obligada a rebajar el PVP (buena parte de la misión del marketing en mercados masivos pasa precisamente por estudiar y gestionar estos procesos).

Valoraciones de comprador y vendedor.

Un error muy común en el pensamiento popular, y presente en la Historia de Occidente ya desde la Grecia clásica, es la creencia de que comprador y vendedor deben valorar igual los bienes que intercambian, porque si no dicho intercambio no se produciría.

Sin embargo, nada más lejos de la realidad: realmente lo que sucede en una compraventa es que el comprador valora más lo que va a adquirir que lo que va a dar a cambio, y lo mismo pasa con el vendedor. Es decir, la transacción se produce porque cada una de las partes valoran más lo que van a adquirir que lo que van a utilizar en pago. De otra forma, no habría compraventa.

Valor y Utilidad marginal.

Por tanto, ya hemos visto que el precio de mercado se acaba fijando no por el vendedor, sino más bien por el comprador.

Pero ahora cabe preguntarse ¿a qué responde la valoración del comprador? Las valoraciones de los compradores se fijan en función de la utilidad que estiman que les reportarán los bienes que van a adquirir. 

Los fines del comprador son subjetivos e internos, y se ordenan de primero hasta el último según la intensidad con que este comprador desea cada uno de ellos. Los bienes que se le presentan son medios para alcanzar dichos fines. Por ejemplo, el primer fin de una persona en un momento determinado puede ser beber agua, y el segundo lavarse las manos. Si tiene a su disposición un vaso de agua, podrá cubrir su primer fin de beber agua, y con dos vasos de agua cubriría todos sus fines.

La valoración en cada momento es acorde a la utilidad que le reporta el bien como medio para cubrir los fines. Si cubre los fines que más arriba se sitúan en su escala de preferencias, lo valorará más, y en la medida en que cubra fines de menor graduación, valorará menos los fines. Por ello, estará dispuesto a pagar menos por los mismos.

Los consumidores mandan.

Así por tanto, en un libre mercado son las valoraciones de los consumidores las que fijan los precios de mercado, y en función de dichos precios de mercado los vendedores podrán determinar las preferencias de éstos a fin de organizarse para satisfacerlas con el mejor resultado económico para su empresa. Pues realizarán sus inversiones y planes de negocio en base a dicha satisfacción del consumidor.


* Más información| Lybertik Punto de vista económico
* Imagen|Pixabay

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El Coste de Oportunidad

Uno de los conceptos fundamentales de la moderna teoría econóica es el del coste de oportunidad, expuesto por primera vez por Friedrich von Wieser en su obra Theorie der gesellschaftlichen Wirtschaft (Teoría de la Economía Social) en 1914.

La economía orbita sobre cuatro conceptos centrales: fines, medios, valor y utilidad.

La acción humana se concreta en que el hombre desea satisfacer los fines que se propone (comer, dormir, comprarse un coche, etc…) y utiliza para ello los medios a su disposición.

Si existiese una abundancia ilimitada de bienes (como en el Paraíso) no habría ningún problema para satisfacer cualquier fin en cualquier momento. Sin embargo la realidad es que en nuestro mundo los medios son escasos.

Por ello, cuando el hombre utiliza un medio concreto para satisfacer un fin determinado, estará renunciando a la satisfacción de otro fin alternativo.

eco1Las personas valoran por ello sus fines en función de sus deseos subjetivos (primero comprar comida, segundo comprar una cama, tercero comprar un coche, etc..). Cuándo tiene mucho dinero, podrá satisfacer muchos fines, pero con menos dinero lo utilizará para satisfacer los fines que ha ordenado en primer lugar, más arriba en su escala de valoraciones personales. El valor es la apreciación subjetiva que las personas dan a los fines, siendo de más valor el que primero ordenan en dicha escala.

Y los medios que tienen a su disposición los ordenaran según la utilidad que entiendan que les reportarán para lograr sus fines.

El coste es el valor subjetivo que la persona da al fin al que debe renunciar por utilizar un medio escaso para satisfacer otro fin. A este valor subjetivo lo llamamos Coste de Oportunidad.  

Al igual que los fines y su valoración son obra de cada persona, no están dados ni determinados, el coste es un concepto subjetivo, no es un elemento técnico en el sentido que lo entienden los economistas de la escuela clásica.

La mejor manera de entenderlo es recurrir a un ejemplo.

economia2Imaginemos que un empresario inmobiliario tiene 300.000 € y puede utilizarlos para comprar un solar urbano, o bien para adquirir un piso en el centro de la ciudad. El empresario valorará ambas opciones pensando en el precio al que podrá vender estos activos dentro de un año. Pensemos que este empresario cree que el solar tendrá una mayor revalorización, puesto que el plan urbanístico municipal pasa por construir un parque y un colegio cerca del mismo,  y se decanta por utilizar sus recursos monetarios para comprar el solar.

Siguiendo con nuestro ejemplo, si pasado un año el solar se ha revalorizado y el empresario lo vende a un cliente por 310.000 € habrá obtenido un beneficio contable de 10.000 €. Pero el beneficio contable con contempla el coste de oportunidad. Debemos entender que el verdadero beneficio empresarial debe contemplar, además de los costes contables, los costes de oportunidad.

Si el piso se revalorizó de tal manera que el empresario lo hubiese podido vender por 305.000 € pasado un año, el solar le ha reportado un beneficio empresarial de 5.000 € por la diferencia entre el fin al que destino los medios a su disposición (el solar) y el fin alternativo al que renunció (el piso). A los 10.000 € de beneficio contable habría que restar los 5.000 € de la revalorización del piso que ha dejado de ganar por haber optado por el solar.

Es muy importante manejar los conceptos de beneficio empresarial y coste de oportunidad, ya que muchas veces se puede haber obtenido un beneficio contable, pero haber incurrido en pérdidas empresariales.

Imaginemos ahora que el centro de la ciudad se ha puesto de moda entre los compradores, y tiene mayor demanda que las afueras, por lo que mientras que el solar se revaloriza a 310.000 €, el piso en el centro se ha revalorizado hasta los 315.000 €. El empresario de nuestro ejemplo ha tenido un beneficio contable de 10.000 €. Pero ha dejado de ganar 15.000 € que hubiese podido obtener de haberse decantado por el piso en vez de por el solar. Por lo que mientras que su beneficio contable es positivo, ha incurrido en unas perdidas empresariales de 5.000 € al restar el coste de oportunidad de 15.000 € en el que incurrió al comprar el solar.

Resumiendo, los costes de una decisión económica no son solamente los que destinamos a los medios que utilizamos para satisfacer un fin, sino también lo que dejamos de hacer por satisfacer el mismo. Un gran avance en el pensamiento económico que debemos a Wieser y a la Escuela Austriaca.

Vía | Anarcocapitalista. Lecciones de Economía del Profesor Huerta de Soto. 

Más Información | Instituto Juan de Mariana    Eumed   Instituto Mises

Imágenes | pixabay  pixabay 

Valor: El gran error de Marx

“Todo Necio confunde Valor y Precio”

Antonio Machado.

El valor es subjetivo, cada persona valora de manera distinta un mismo bien: para mí una foto de mi niñez vale mucho, y para mi vecino quizás no vale nada.

El precio es un dato objetivo, es una medida que cuantifica en el mercado la valoración que los compradores y vendedores otorgan a un bien concreto. Es decir, mide cuánta mercancía del bien A entregaría el comprador a cambio del bien B. En una economía monetaria los precios tienden a expresarse en dinero.

En el mercado, una foto de mi niñez puede que tenga un precio de un euro, pero para mí no tiene precio. Esa es la diferencia entre valor y precio.

Los precios nacen de valoraciones. Pero las valoraciones como decíamos antes no son algo medible o cuantificable, sino que dependen de los deseos de cada persona en cada momento.

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Ahora veamos lo que decía Marx en su obra “El Capital”. Toda la teoría marxista reside sobre el siguiente razonamiento: Los bienes tienen tanto valor como el trabajo que se necesita para obtenerlos. Es el trabajo el factor común del valor de las cosas. Habrá mercancías fabricadas con carbón y madera, otras con plástico o acero, pero el denominador común es que en la fabricación de todas ellas se ha necesitado energía humana, trabajo.

En la teoría marxista es el trabajo lo que permite comparar la mercancía X con la mercancía Y en base a las horas de trabajo que ha realizado cada una de ellas. Siendo el precio la expresión en el mercado del valor de las cosas, el precio refleja por tanto la valoración del trabajo.

El razonamiento lógico que se deriva de las premisas marxistas es simple: Si los bienes obtienen su valor del trabajo humano, y los trabajadores no reciben el 100 % del precio, entonces el empresario está apropiándose de una parte del trabajo sin pagarlo. En la teoría de Marx a esta diferencia entre el trabajo total y el trabajo remunerado se le denomina plustrabajo, y da lugar a la plusvalía del empresario.

Así todo ello, nada más justo que luchar por corregir dicha situación, pues los empresarios están expropiando a los trabajadores una parte del valor generado. ¿Por qué pueden hacer esto los emprearios? Porque son los dueños de los factores de producción. Así que la solución es hacer públicos los medios y entregarlos a los trabajadores, solo así alcanzaremos una situación de verdadera justicia.

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Sin embargo, si volvemos al principio, vemos que mientras el valor es subjetivo, el marxismo parte de que el valor es un hecho objetivo, el trabajo necesario para crear el producto, por lo que a partir de ahí el resto del razonamiento marxista es erróneo. Estas son las reglas de la lógica, si los axiomas de partida son erróneos el razonamiento lógico deductivo es erróneo también.

Es como si partimos del axioma de que los hombres pueden volar, y deducimos que dado que pueden volar son capaces de llegar volando al tejado: puesto que el axioma de partida (los hombre vuelan) es erróneo, el razonamiento derivado (pueden volar hasta el tejado) es también un error.

Al entender esto, todo el andamiaje intelectual del marxismo se viene abajo.

El valor de los bienes se lo dan los consumidores que lo compran, independientemente del trabajo incorporado. Aunque un mueble de madera se haya realizado con muchas horas de trabajo, y el empresario le ponga por ello un precio de venta que contemple la suma de las horas de trabajo más su plusvalía, no valdrá nada si no hay compradores dispuestos a adquirirlos.

Los empresarios que produzcan muebles de madera ganarán una plusvalía si los mismos se venden, e incurrirán en pérdidas si no se venden (mientras por regla general los trabajadores habrán cobrado su nómina, se vendan los muebles o no). El valor lo determinan los gustos de los consumidores, no las horas de trabajo incorporadas a su producción.

Imágenes | pixabay wikimedia