Qué es la inflación y por qué tener en cuenta el IPC en los contratos

Ya estamos cerca de las fiestas navideñas, el turrón, el mazapán y el año nuevo, y entre otras cosas la llegada del uno de enero supone cada año la ejecución de una cláusula muy común en cientos de miles de contratos de arrendamiento o de los más variados servicios, la cláusula del IPC.

En todo contrato la revisión a inicio de año del IPC supone la actualización de la prestación económica prevista en dicho contrato en función del susodicho índice. Por todos es conocido que tan famosas siglas son el acrónimo de Índice de Precios al Consumo, nombre del índice económico calculado por el Instituto Nacional de Estadística y que pretende medir de manera aproximada la inflación.

Por tanto, la revisión por IPC permite a los titulares de dichos contratos tener en cuenta la inflación en las prestaciones económicas de estos servicios.

Pero ¿Qué es la inflación?

Podemos definir la inflación como la subida generalizada de los precios de los bienes y servicios de una economía en un período determinado. Popularmente se conoce como “la subida de la vida” o como “la subida media de la cesta de la compra”.

Aceptando esta definición entendemos mejor lo que pretenden las cláusulas contractuales del IPC, y no es más que las rentas o precios de los contratos suban cada año en función de lo que haya subido el nivel de precios de la economía nacional.

¿Cómo funciona el IPC?

Este índice oficial es un número índice estadístico que pretende medir la inflación en España. El año que se selecciona como año base es el que tiene valor 100, y dicho valor de 100 se otorga a la suma de los precios de un conjunto de bienes y servicio.

Si el año siguiente el conjunto de precios de los mismos bienes representa 101 ello significa que el coste medio ha subido en dicha proporción respecto de 100, y diremos que el IPC ha subido por tanto un 1%.

El significado práctico de esta subida es que los bienes que podíamos comprar con 100 unidades monetarias nos costará en el año siguiente 101 unidades monetarias. Nuestro poder adquisitivo ha disminuido porque con el mismo dinero solo podremos comprar menos cosas que el año anterior.

¿Qué se consigue con la revisión del IPC?

Veámoslo con un ejemplo fácil: si un propietario alquila un inmueble por 600 € al mes, con esta renta que cobra podrá comprar para su familia comida, bebida, gasolina para el coche, pagar recibos del agua, la luz o la calefacción por valor de dicho importe.

Pero si al año siguiente la inflación ha subido un 5 %, ello implicará que de media todos los bienes y servicios que adquiría mensualmente le costarán 630 €, por lo que si la renta mensual que él cobra no se ve revisada al alza en la misma proporción tendrá que reducir en 30 € el total mensual de bienes que antes adquiría con lo que cobra por el alquiler.

Sin embargo, si su contrato de arrendamiento incluye la cláusula de revisión, podrá mantener el volumen de bienes que mensualmente compra, dado que aunque los mismos bienes le cuesten 630 € él también pasará a cobrar tras la revisión del IPC esa misma cantidad.

¿Cómo proteger nuestros ahorros y nuestro capital del efecto de la inflación?

El mismo razonamiento que acabamos de ver para el ejemplo de un contrato de arrendamiento de un inmueble sirve en general para cualquier otro bien. Y es que si no protegemos nuestras rentas e ingresos de la subida de precios, el poder adquisitivo que nos otorgan dicho ingresos se verá mermado en la misma proporción que la tasa de inflación.

Esto no solo pasa evidentemente respecto de las rentas e ingresos, sino respecto de nuestros ahorros, dado que el importe de los mismos tendrá cada vez menor valor adquisitivo.

Si hoy tenemos 100.000 € ahorrados y con ellos podemos comprar un conjunto de bienes en la economía, en la medida en que a lo largo de los años el rendimiento de dichos ahorros no supere la inflación relativamente nuestros ahorros irán mermando.

Si en 10 años hemos obtenido una rentabilidad del 20% pero la inflación en dicho período ha sido del 10% el resultado es que la rentabilidad neta una vez descontada la inflación es del 10%. Esto es, nuestros ahorros pueden adquirir un 10% más de bienes respecto del momento inicial, dado que aunque se hayan incrementado un 20% el coste de la vida en el mismo período ha crecido un 10%.

¿Qué es lo que causa la inflación?

Este aumento generalizado de los precios a lo largo del tiempo en una economía que llamamos inflación parece intuitivamente tener su causa en el incremento que los empresarios y productores van realizando en los respectivos bienes y servicios. Una mirada superficial nos podría hacer creer que los vendedores de los bienes van subiendo poco a poco sus precios de forma más o menos organizada.

Pero esta no es realmente la causa de la inflación, no existe en la práctica tal situación, sino que los precios de los bienes suben o bajan en función de la demanda en el mercado de dichos bienes.

Es fácil constatar con un simple ejemplo que el azúcar no sube por una decisión arbitraria de un productor, sino que conforme a las más básicas reglas del mercado subirá: a) si se incrementa su demanda sin un aumento en paralelo de la oferta (por ejemplo, porque más fabricantes encuentran usos prácticos para el azúcar en sus procesos productivos, pero se mantiene la cantidad de azúcar ofertada en el mercado); b) si se reduce la oferta sin una reducción en paralelo de la demanda (por ejemplo, si la cosecha de remolacha para azúcar se ve mermada en un 50% por razones climatológicas, pero los fabricantes siguen necesitando la misma cantidad de azúcar que el año anterior).

Entendiendo que todos los bienes económicos están sujetos a estas leyes de oferta y demanda, se plantea esta cuestión que nos ocupa ¿cómo puede ser que en la inflación constatemos que los precios no paran de subir?.

Existen diferentes explicaciones para este fenómeno de la inflación en las diversas escuelas de pensamiento económico. Siguiendo los postulados de pensamiento económico de la escuela austríaca, que encuentran ya un antecedente la escuela de salamanca (s. XVI) podemos afirmar que la causa de la inflación es el aumento de la oferta monetaria. Si se pone más dinero en circulación sin que realmente se haya producido un crecimiento económico real, los precios de los bienes de dicha economía tenderán a subir.

Es decir, la explicación del incremento continuado de los precios no tiene su causa en los propios productos, sino en algo externo a dichos productos, en el dinero con el que adquirimos los productos.

Recurramos de nuevo a un ejemplo muy sencillo para intentar entenderlo: si en una economía hay 100 unidades monetarias en circulación, la totalidad de los bienes de la economía tenderán a tener un valor monetario de 100. Si el banco central emite 5 unidades monetarias más, sin que haya un crecimiento de la producción real de bienes, los precios de los bienes tenderán a subir a 105 para mantener en términos relativos su valor monetario.

Dado que la moneda actualmente en circulación es moneda fiduciaria, y no tiene ningún respaldo en bienes reales (por ejemplo, en oro) los bancos centrales pueden disponer un incremento de dinero en circulación. Generalmente este incremento tiene su origen en motivos políticos, para comprar deuda emitida por los gobiernos, que financian así sus expansiones y programas de gasto público. Al poner más dinero en circulación para comprar la deuda pública, incrementan la base monetaria y se produce la inflación de precios de los bienes de dicha economía. El proceso inflacionario tiende a ser rápido y a propagarse a lo largo de todos los bienes de la economía.


* Más información| INE  Oro y finanzas UFM
* Imagen|  Pixabay

El Coste de Oportunidad

Uno de los conceptos fundamentales de la moderna teoría econóica es el del coste de oportunidad, expuesto por primera vez por Friedrich von Wieser en su obra Theorie der gesellschaftlichen Wirtschaft (Teoría de la Economía Social) en 1914.

La economía orbita sobre cuatro conceptos centrales: fines, medios, valor y utilidad.

La acción humana se concreta en que el hombre desea satisfacer los fines que se propone (comer, dormir, comprarse un coche, etc…) y utiliza para ello los medios a su disposición.

Si existiese una abundancia ilimitada de bienes (como en el Paraíso) no habría ningún problema para satisfacer cualquier fin en cualquier momento. Sin embargo la realidad es que en nuestro mundo los medios son escasos.

Por ello, cuando el hombre utiliza un medio concreto para satisfacer un fin determinado, estará renunciando a la satisfacción de otro fin alternativo.

eco1Las personas valoran por ello sus fines en función de sus deseos subjetivos (primero comprar comida, segundo comprar una cama, tercero comprar un coche, etc..). Cuándo tiene mucho dinero, podrá satisfacer muchos fines, pero con menos dinero lo utilizará para satisfacer los fines que ha ordenado en primer lugar, más arriba en su escala de valoraciones personales. El valor es la apreciación subjetiva que las personas dan a los fines, siendo de más valor el que primero ordenan en dicha escala.

Y los medios que tienen a su disposición los ordenaran según la utilidad que entiendan que les reportarán para lograr sus fines.

El coste es el valor subjetivo que la persona da al fin al que debe renunciar por utilizar un medio escaso para satisfacer otro fin. A este valor subjetivo lo llamamos Coste de Oportunidad.  

Al igual que los fines y su valoración son obra de cada persona, no están dados ni determinados, el coste es un concepto subjetivo, no es un elemento técnico en el sentido que lo entienden los economistas de la escuela clásica.

La mejor manera de entenderlo es recurrir a un ejemplo.

economia2Imaginemos que un empresario inmobiliario tiene 300.000 € y puede utilizarlos para comprar un solar urbano, o bien para adquirir un piso en el centro de la ciudad. El empresario valorará ambas opciones pensando en el precio al que podrá vender estos activos dentro de un año. Pensemos que este empresario cree que el solar tendrá una mayor revalorización, puesto que el plan urbanístico municipal pasa por construir un parque y un colegio cerca del mismo,  y se decanta por utilizar sus recursos monetarios para comprar el solar.

Siguiendo con nuestro ejemplo, si pasado un año el solar se ha revalorizado y el empresario lo vende a un cliente por 310.000 € habrá obtenido un beneficio contable de 10.000 €. Pero el beneficio contable con contempla el coste de oportunidad. Debemos entender que el verdadero beneficio empresarial debe contemplar, además de los costes contables, los costes de oportunidad.

Si el piso se revalorizó de tal manera que el empresario lo hubiese podido vender por 305.000 € pasado un año, el solar le ha reportado un beneficio empresarial de 5.000 € por la diferencia entre el fin al que destino los medios a su disposición (el solar) y el fin alternativo al que renunció (el piso). A los 10.000 € de beneficio contable habría que restar los 5.000 € de la revalorización del piso que ha dejado de ganar por haber optado por el solar.

Es muy importante manejar los conceptos de beneficio empresarial y coste de oportunidad, ya que muchas veces se puede haber obtenido un beneficio contable, pero haber incurrido en pérdidas empresariales.

Imaginemos ahora que el centro de la ciudad se ha puesto de moda entre los compradores, y tiene mayor demanda que las afueras, por lo que mientras que el solar se revaloriza a 310.000 €, el piso en el centro se ha revalorizado hasta los 315.000 €. El empresario de nuestro ejemplo ha tenido un beneficio contable de 10.000 €. Pero ha dejado de ganar 15.000 € que hubiese podido obtener de haberse decantado por el piso en vez de por el solar. Por lo que mientras que su beneficio contable es positivo, ha incurrido en unas perdidas empresariales de 5.000 € al restar el coste de oportunidad de 15.000 € en el que incurrió al comprar el solar.

Resumiendo, los costes de una decisión económica no son solamente los que destinamos a los medios que utilizamos para satisfacer un fin, sino también lo que dejamos de hacer por satisfacer el mismo. Un gran avance en el pensamiento económico que debemos a Wieser y a la Escuela Austriaca.

Vía | Anarcocapitalista. Lecciones de Economía del Profesor Huerta de Soto. 

Más Información | Instituto Juan de Mariana    Eumed   Instituto Mises

Imágenes | pixabay  pixabay 

Ventaja Comparativa y Comercio Internacional

Rompiendo con el pensamiento político proteccionista de su época, el cuál prescribía que un Estado debía defender a sus comerciantes no importando mercancías de otros países,  en 1817 publicaba el economista clásico David Ricardo su obra “Principles of Political Economy” en la que venía a demostrar que si un país se especializaba en producir aquellos productos en los que era más competitivo, y después utilizaba la parte de dicho producto que no consumía para comerciar con el resto de países a cambio de los productos donde era menos competitivo, obtendría un resultado más óptimo que el resultado de producir por sí mismo tanto los productos donde es competitivo como aquellos dónde no lo es.

Esta obra se considera la piedra angular del Comercio Internacional, y dio inicio a una nueva forma de abordar las políticas internacionales de comercio.

Veamos con un ejemplo práctico cómo dos países que se especializan en aquella mercancía dónde son más competitivos y luego comercian entre sí acabarán con una situación final más óptima que la de partida.

Imaginemos que tanto en Suiza como en España se utilizan 1840 horas al año para producir relojes y naranjas, concretamente 920 horas en cada país se utilizan para producir naranjas y otras 920 horas para producir relojes. Pero sin embargo por las distintas condiciones meteorológicas y demás factores el resultado final es asimétrico, y da como resultado que en España se logran 1.000.000 naranjas al año utilizando dichas horas de trabajo, y 100 relojes al año, mientras que en Suiza se producen anualmente con dichas horas de trabajo anuales 100.000 naranjas y 600 relojes.

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El resultado en ausencia de especialización y comercio internacional es que cada año se producen 1.100.000 naranjas y 700 relojes.

España es más competitiva en la producción de naranjas que Suiza, porque produce 1.087 naranjas por hora de trabajo, frente a las 109 naranjas por hora que logra el otro país. Sin embargo Suiza es más competitiva que España en la producción de relojes, puesto que produce 0,65 relojes por hora, más de seis veces superior a los 0,109 relojes por hora que logra España.

Ahora pensemos que España se dedica solamente a producir naranjas mientras que Suiza se dedica solamente a producir relojes.

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El resultado es que la producción total anual de naranjas se eleva a 2.000.080 unidades y la producción total anual de relojes sube hasta las 1.200 unidades.

Son 900.080 naranjas más y 500 relojes más que en ausencia de especialización.

¿Y cómo comerciarán entre sí? Si la producción de ambas mercancías se ha logrado con el mismo coste de horas de trabajo, y asumimos que se utiliza dicho factor como denominador común, un reloj suizo cuesta 1.666 naranjas. Así España podrá comprar relojes por 1,5 horas de trabajo (que es lo que le supone producir dichas naranjas) mientras que antes un reloj le costaba 9,2 horas de trabajo. Por su parte, Suiza podrá comprar 1.666 naranjas por  1,5 horas de trabajo que le cuesta producir un reloj  mientras que antes necesitaba 15,2 horas de trabajo para producir la misma cantidad de naranjas.

Resultado: ambos países han mejorado sustancialmente su situación particular, a la vez que han mejorado igualmente la situación general agregada. La especialización y el comercio internacional han contribuido a aumentar el nivel de vida, con más productos a un menor precio.

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Cómo dice el Profesor Huerta de Soto en un ejemplo similar, la forma más barata de comprar naranjas para Suiza es hacer relojes, mientras que la manera más barata de comprar relojes para España es producir naranjas.

¿Y qué sucedería en el caso de que un país fuese más competitivo en producir ambos bienes, tanto naranjas como relojes? La ley de la ventaja competitiva se sigue cumpliendo igualmente, si el país inferior en la producción de ambos productos se especializa en producir aquellos en los que es relativamente más competitivo, aunque el otro país sea también mejor en dicho producto, mientras que el segundo país mejor en ambos se especializa en producir el otro producto, la situación final será también mejor que la inicial.

Por supuesto, huelga decir que en este ejemplo hemos simplificado al máximo situaciones reales, pues la realidad industrial y de producción es mucho más compleja, y existen evidentemente miles de productos en cada país; de la misma manera hemos obviado el hecho de que el valor de un producto no reside en la cantidad de horas de trabajo, ni de ninguna otra materia prima, sino de la demanda y los gustos de los consumidores. Pero la idea fundamental de la especialización y la ventaja comparativa siempre se cumple, forma parte de la teoría económica fundamental que rige la acción humana y el comercio internacional.

Vía | Elaboración Propia

Más información | El Blog Salmón  Punto de Vista Económico

Imágenes | Wikimedia  y Elaboración propia

Economía: Teoría e Historia

La economía, como ciencia de la acción humana, se divide en Teoría e Historia. Al igual que la diferencia filosófica enunciada por Aristóteles entre forma y materia, la Teoría sería el estudio de la forma mientras que la Historia constituye el estudio de la materia, y debemos afirmar que no puede entenderse la materia y entender primero la forma.

La Teoría Económica es el estudio formal de los procesos de interacción humana, es decir, de cómo la acción individual de todos los agentes que intervienen en un mercado libre se coordina de manera espontánea para lograr satisfacer las distintas necesidades que persigue en su actuación uno de ellos. Se trata de un estudio abstracto, esto es, que se abstrae de los hechos para sacar conclusiones generales.  Que la Teoría Económica sea un estudio generalista significa que no se ocupa de casos particulares, sino que aspira a explicar la generalidad de la realidad económica. Este estudio formal, abstracto y generalista de la economía no es cuantitativo, pues no se ocupa de medir o cuantificar datos, sino que se trata de un estudiocualitativo, es decir, sobre relaciones cualitativas entre las variables económicas. Y es que en las ciencias sociales no existen constantes, como si sucede en las ciencias naturales, sino que todo son variables.

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Sin embargo la Historia Económica constituye un estudio sistemático de la acción humana acaecida a lo largo del tiempo pasado, es decir, de los hechos económicos históricos. Ello significa que la Historia Económica como ciencia supone crear un sistema es estudio de todos los hechos pasados y registrados por el hombre.

La relación entre Teoría e Historia es la de que no puede analizarse la Historia sin una correcta Teoría. No se puede hacer Historia sin Teoría. Y es que si intentamos analizar los hechos históricos sin una Teoría adecuada, no seremos capaces de obtener conclusión alguna que tenga sentido. Si utilizamos una Teoría poco sólida, o errónea, llegaremos por supuesto a conclusiones erróneas.

El puente entre la Teoría Económica y la Historia Económica es la comprensión del historiador, el arte del investigador económico al realizar su análisis. Por ello dos historiadores que analicen los mismos hechos con la misma teoría pueden llegar a conclusiones distintas, pues el análisis de la historia económica es un arte, y no una técnica con automatismos.

La Economía Aplicada, o Economía Política es la suma de la Teoría Económica y la Historia Económica: El economista desarrolla en primer lugar la teoría correcta, deduciendo a partir de los axiomas adecuados, para obtener una Teoría general que le permita analizar los hechos. En segundo lugar estudia la Historia a la luz de dicha Teoría, y realizando su análisis extrae sus conclusiones. Estas conclusiones le permiten mejorar y desarrollar su teoría, reforzando la misma.

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Pero lo que es imposible es destilar Teoría de la Historia. Este es el gran error de la Escuela Histórica Alemana y del Historicismo. No cabe la posibilidad de utilizar la Historia para generar Teoría.

Para ejemplificar todo lo expuesto, pensemos en el fracaso del comunismo en Berlín oriental, donde la gente pasaba hambre y miseria, e intentaba saltar el Muro para huir del comunismo. Si abordamos estos hechos históricos sin una correcta teoría económica, podremos llegar a conclusiones variadas, por ejemplo podremos pensar en que el gobierno comunista se corrompió y ella fue la razón de sus males. Sin embargo, cuándo analizamos estos hechos históricos con la correcta teoría económica, el historiador concluirá que la centralización de los medios de producción y la estatalización de las decisiones económicas conllevó la utilización poco óptima de los escasos recursos económicos, generando un desabastecimiento generalizado de alimentos y productos para el pueblo.

Vía | Curso de Economía del Profesor Jesús Huerta de Soto.

Más Información | Economía Política  Mises: Teoría e Historia 

Imágenes | Pixabay   Artelista

El método científico en Economía

El método científico constituye una sistemática ordenada de trabajo que permite alcanzar un conocimiento utilizando de una determinada manera de procesar la información. El método científico más conocido y utilizado es el método empírico. El empirismo es en esencia utilizar la percepción sensorial de la realidad para la formación del conocimiento. Así, formulando hipótesis y realizando experimentos para percibir la realidad podemos llegar a tesis que explican el conocimiento científico.

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El método empírico ha demostrado ser el mejor método para estudiar las ciencias naturales. Y es que en la física o en la química todo está dado de inicio, la estructura del mundo es la que es, y todo lo que sucede se basa en el principio “acción-reacción”. Si aplicamos una fuerza X sobre el cuerpo Y recorrerá N metros por segundo, teniendo en cuenta la fuerza de la gravedad a la que se ve sujeto dicho cuerpo, y el coeficiente de rozamiento.

La idoneidad del método empírico para estudiar el mundo de las ciencias naturales llevó a filósofos y científicos a pensar que cualquier materia científica era susceptible de estudiarse mediante dicho método. Así, desde finales del s. XIX los economistas adoptaron el método empírico para estudiar la Economía, sin ser conscientes del enorme error que estaban cometiendo.

Y es que las ciencias sociales, aquellas en las que el sujeto de estudio es la acción humana, la voluntad del hombre, no pueden ser abordadas con el método empírico: no todo está dado como en la física o la química, el libre albedrío permite al hombre tomar sus propias decisiones. En Economía es imposible afirmar que siempre que pongamos en circulación una cantidad X de dinero en un país Y se generarán N millones de producto interior bruto, teniendo en cuenta la inflación del país y el tipo de cambio de su divisa.

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El método científico adecuado en Economía es el método lógico deductivo: partiendo de axiomas fundamentales, argumentamos de manera lógica para deducir el conocimiento. Es decir, conociendo las premisas básicas de la acción humana, podemos razonar sus consecuencias. Así, el axioma fundamental y evidente es que el hombre actúa para alcanzar sus fines (saciar la sed) utilizando los medios a su disposición (un vaso de agua). A partir de aquí podemos deducir que si tiene varios medios (dos vasos de agua) utilizará el que valore como más idóneo para el fin concreto (el vaso más lleno, el más fresco, etc..) y por tanto creará una escala ordinal de valor para los medios (primero el más lleno, o primero el más fresco, segundo el menos lleno o segundo el menos fresco) siendo el valor algo subjetivo y no objetivo (para unos vale más el vaso más lleno, para otros más fresco). Y así podrían seguirse deduciendo razonamientos lógicos desde el axioma fundamental.

En el ejemplo del párrafo anterior, si nos acercamos a la Economía con el método empírico y vemos que unos hombres eligen el vaso más lleno mientras que otros eligen el vaso más fresco tendremos que crear hipótesis y realizar experimentos para intentar entender por qué unos hombres eligen vasos más llenos y otros vasos más frescos. Las conclusiones alcanzadas serán poco científicas y poco acertadas. Porque cuándo se intenta estudiar la acción humana como si estudiásemos el comportamiento de los átomos se está incurriendo en el gran error de obviar que el hombre posee libre albedrío, no es un objeto sujeto a parámetros definidos, sino que toma sus propias decisiones.

Vía | La Acción Humana. Ludwig Von Mises. 1949 (ISBN: 9788472094499 Unidad Editorial)

Más Información | Método Científico  Método de Razonamiento  

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