El PIB como magnitud macroeconómica.

El conocimiento del PIB y sus implicaciones nos permite mejorar nuestras decisiones de inversión en lo referente al riesgo país. Debemos tener en cuenta, cuando compramos participaciones de fondos de inversión, acciones, renta fija internacional, o bien participaciones de planes de pensiones con perspectiva internacional, que el factor y distribución geográfica puede hacer variar mucho el perfil real de riesgo que asumimos.

¿Qué es el PIB?

Se trata del valor monetario de la producción total de bienes y servicios de demanda final en un período de tiempo determinado (normalmente un año) y en una región determinada (normalmente un país).

Es decir, aplicado a un año y a un país concreto, nos permite medir la producción finalista total en una economía. Utilizando como magnitud de medida el valor en dinero (euros, dólar, etc…) de todos los bienes y servicios que han realizado las empresas de dicho país y se pueden comprar o adquirir en el mercado.

¿Para qué sirve?

Nos permite tener un orden de magnitud con el que comparar la evolución de la economía en un país, respecto de años precedentes. Igualmente podemos utilizarlo para comparar un país o región con otros países.

¿cómo se calcula?

La valoración de bienes se puede realizar de dos formas alternativas. La primera sería “a precios de mercado”, lo que significa tener en cuenta en el valor monetario los impuestos indirectos como por ejemplo el IVA, y no tener en cuenta las subvenciones a la explotación. La segunda alternativa sería “a coste de factores” lo que implica no incluir impuestos indirectos y sumar las subvenciones a la explotación. El PIB valorado de la primera forma equivaldría a la valoración que tienen en cuenta los ciudadanos al adquirir dichos bienes o servicios. Mientras que de la segunda forma equivaldría a la perspectiva de las empresas productoras.

elec 1Para tener en cuenta los bienes y servicios producidos se valoran tanto los de las empresas nacionales o residentes en la región objeto de estudio, como los producidos por empresas extranjeras en el territorio de dicho país o región.

Igualmente debe tenerse en cuenta que existen tres enfoques para realizar la valoración. El primero sería el basado en gasto o demanda, sumando la demanda final de bienes y servicios en un período dado de familias, empresas, administraciones públicas y saldo neto exterior.  El segundo es el basado en la oferta, y a diferencia del enfoque anterior significaría sumar el valor de mercado de todos los productos en cada etapa de su producción, menos el valor de mercado de los costes utilizados para obtener dicho producto. Finalmente, el tercer enfoque sería el de los ingresos, sumando todos los factores implicados en el proceso productivo: sueldos, comisiones, alquileres, honorarios, costes de producción, etc..

Actualmente en España en INE hace la valoración según lo dispuesto en el Reglamento (UE) nº 549/2013 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 21 de mayo relativo al Sistema Europeo de Cuentas Nacionales y Regionales de la Unión Europea (SEC 2010), Reglamento (UE) nº 549/2013 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 21 de mayo.

¿Cuál es la cifra del PIB en España?

En la última década el promedio del PIB anual en nuestro país asciende a 1.086.000 millones de euros, mientras que el de 2018 fue de 1.200.000 millones de euros, por encima de la media de la década, que parece que será muy similar al cierre de 2019.

En la década de 2000 a 2010 el valor medio fue de 900.000 millones de euros, por debajo del PIB actual.

¿Qué sectores tienen más peso en el PIB de España?

Destaca el sector servicios con un 65 % del total, y dentro del sector servicios el que mayor PIB concentra es el turismo, seguido de los servicios financieros y Banca, el sector salud y el comercio minorista. La industria suma un 11% del total, mientras que la construcción a su vez concentra un 9% del total. Así estos tres sectores (servicios, industria y construcción) aglutinan un 85% del PIB nacional.

architecture-1727807__340Al margen de estos sectores tendríamos los sectores primarios, como la agricultura, pesca, ganadería y minería con 2,5% del total del PIB.

El sector de la energía agrega un 2,8 % del PIB, con lo cual los cinco sectores citados (servicios, industria, construcción, sector primario y energía) componen el 90% del PIB total nacional.

¿Cuál es el PIB en los países de Europa?

El PIB total de la Unión Europea (suma de todos los países que la componen) en el ejercicio 2018 (incluyendo Reino Unido) ascendía aproximadamente a 16.000.000 millones de euros.

Destacando el peso de los siguientes países: Alemania con unos 3.500.000 millones de euros, Reino Unido con 2.400.000 millones de euros, Francia con 2.300.000 millones de euros, y finalmente Italia con 1.700.000 millones de euros.

¿Cuál es el PIB mundial?

Subiendo un escalón, a nivel mundial se estima un PIB de 85.000.000 millones en el año 2018.

Destacando el peso de los siguientes países: Estados Unidos con 17.000.000 millones, China con 11.000.000 millones, Japón con 4.000.000 millones o Indica con 2.300.000 millones.

Conclusión.

Teniendo en cuenta el PIB del país o conjunto de países en los que vamos a invertir, y su comparación con el del resto de países, podemos determinar qué peso tiene la economía de dicha región en relación con el resto de economías, siendo ello importante como factor geopolítico relevante en el comercio internacional.

 

El consumo de electricidad como indicador económico adelantado.

Los indicadores económicos son datos, series de datos o números índices que se utilizan para el análisis económico. Algunos de los más conocidos son el Producto Interior Bruto (PIB), el Índice de Precios al Consumo (IPC) o la tasa de desempleo.

Sin embargo, estos indicadores macroecómicos, aunque son muy útiles para analizar la coyuntura actual, no nos permiten estimar con facilidad la dirección o la tendencia del ciclo económico. Por ejemplo, el PIB nos permite valorar si una economía ha crecido en oferta total de bienes y servicios finales respecto del año anterior, pero no nos permite predecir qué sucederá con dicho valor de bienes finales al año siguiente.

Indicadores Económicos Adelantados.

Para poder predecir estos cambios en el crecimiento económico resultan especialmente interesantes los indicadores adelantados.

Algunos de los indicadores más utilizados en España como indicadores adelantados para el análisis de la coyuntura económica son el ISI (Indicador Sintético de Actividad Industrial) o el ISA (Indicador Sintético de Actividad Económica).

El consumo eléctrico como indicador adelantado.

Si bien los indicadores sintéticos comentados en el punto anterior tienen en cuenta en su elaboración varios factores (cifra de ventas de grandes empresas, consumo aparente de cementos, etc..) entre los cuales se cuenta el consumo eléctrico, vamos a conocer en este artículo el estudio del consumo de energía eléctrica como indicador adelantado “per se” o sin conjugar con otros factores (como pasa en los indicadores sintéticos), así como su utilidad para el análisis predictivo de la economía.

El interés por este dato de consumo de electricidad para analizar la situación y tendencia de la economía de un país radica en la correlación directa entre la energía eléctrica y la mayor parte de procesos de producción, así como de consumo, de los bienes y servicios de una economía.

Por ejemplo, el PIB no tiene en cuenta los bienes en proceso de producción, porque no los contabiliza hasta que están disponibles para su venta. Así, los coches que se están produciendo en este momento en las fábricas, y cuyo proceso hasta convertirse en coches a la venta puede ser de meses, no se reflejarán hasta el próximo año en el PIB, y no sabremos si son más o menos. Pero conociendo qué cantidad de energía se está demandando por la Industria podemos entender que, si baja, es que se están produciendo menos. Con lo cual podemos predecir que los bienes finales de futuros PIB serán inferiores. A su vez ello nos da cuenta de una próxima recesión, y nos guía en nuestra inversión.

¿Qué indicadores eléctricos podemos considerar en España y quién los publica?

Toda la energía que se produce, transporta y distribuye en España, es operada por las líneas de alta tensión así como centros de control de la compañía Red Eléctrica de España S.A (en adelante REE). Y dicha compañía publica dos datos que nos indican el consumo eléctrico nacional:

  • La serie estadística de Demanda de electricidad
  • El Indide Red Electrica (IRE).

Con estos datos podemos analizar el consumo de electricidad y utilizarlo según venimos diciendo como indicador económico adelantado.

La Demanda de Electricidad.

En el análisis de esta serie estadística habrá de tenerse en cuenta la posible estacionalidad. Por ello, REE publica este mismo dato corregido por dos variables: a) Climatología, dado que un incremento o bajada en las temperaturas conllevará un mayor consumo energético que en el mismo período anterior; que no responderá de forma directa a un incremento neto de la demanda para procesos de producción o consumo. b) Laboralidad, puesto que el calendario laboral administrativo, esto es, que haya más o menos días laborales en un mes determinado respecto del mismo mes del período anterior, debe tenerse en cuenta para comparar correctamente el dato.

elec 1En REE podemos consultar en cada momento la demanda en tiempo real, pero lo más práctico y que aporta perspectiva es seguir el dato del Boletín Mensual, que nos facilita el dato comparado con el del mismo mes del año anterior, así como el acumulado anual. La unidad es en GWh (giga watios hora de energía). Y se publica diferenciado en el sistema eléctrico peninsular, y en los sistemas de Baleares y Canarias.

Por ejemplo, en el Boletin REE de diciembre 2019 el dato de demanda (peninsular) es el siguiente: 249.144 GWh acumulados anuales. La corrección por laboralidad y climatología expone que este dato implica una bajada del 2,7 % respecto de diciembre 2018. Dicho de otra forma, la producción y consumo de electricidad ha descendido, lo cual es indicio de una menor actividad económica.

Sin embargo, el PIB de 2019 ha crecido un 2,4% respecto del PIB del año 2018. Así, con este ejemplo real y actual, podemos comprobar cómo el PIB nos refleja datos de coyuntura, que ya son casi historia, porque se trata de bienes “en el almacén”. Mientras que la demanda de electricidad nos permite avistar una recesión.

El IRE (Índice Red Eléctrica).

En segundo lugar, el IRE publicado por REE registra la evolución de consumo eléctrico de las medianas y grandes empresas del país, concretamente 13.900 empresas que por su tipo de instalación eléctrica (conectadas a la Red con una potencia contratada superior a 450 kW en cada punto de suministro de los que integran el IRE, con un total de 23.400 puntos de suministro titularidad de dichas empresas).

 

Una potencia de más de 450 kW corresponde a una gran instalación (fábrica, almacén, planta industrial, etc..). Según indica REE el 47 % de la demanda total de electricidad en España corresponde a los consumidores con suministros de más de 450 kW de potencia, por lo cual este Índice agrupa la mitad de la demanda nacional. Y desde luego es este segmento de la demanda, el de los grandes consumidores, el que tenderá a agrupar a las empresas inmersas en el proceso económico de creación y venta de los bienes industriales y finales.

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Fuente: REE

 

Como podemos apreciar en la imagen anterior, con el gráfico del evolutivo del IRE desde enero de 2013 (la base de este Índice es 2010) estamos asistiendo en los últimos meses a una recesión en el consumo de las grandes empresas.

En términos corregidos (con laboralidad y temperatura) el IRE cae en julio 2016 (fecha del informe de donde hemos extraído el gráfico, por ser el último publicado a la redacción del presente artículo) un 1,8 % en términos interanuales, y está cayendo desde diciembre 2015.

También podemos observar en los gráficos expuestos que REE desglosa el IRE en un Indice para Industria y un Índice para el sector Servicios. Y ello debido al muy distinto comportamiento que pueden presentar ambos sectores de actividad.

A su vez, esta segmentación nos permite estudiar de manera bien diferenciada el sector industrial, donde se encuentran principalmente las empresas dedicadas a la producción de bienes de segundo y sucesivos órdenes, de acuerdo a nuestra anterior exposición del sistema productivo. Y el sector servicios, donde se engloban mayormente las empresas que comercializan bienes de primer orden.

 

La luz en la recuperación de la economía española

Con elecciones nacionales a la vista el 20 de diciembre, existe un gran interés por parte del Gobierno central en demostrar que durante su mandato se ha conseguido una efectiva recuperación de la economía española. A la par que todos los partidos opositores se empeñan en repetir que España está igual o peor que hace cuatro años.

¿A quién hacemos caso? ¿Quién dice la verdad? Desde luego, todos los partidos, tanto el del gobierno como los de la oposición, tienen firmes intereses electorales en desacreditarse los unos a los otros, por lo que para poder entender la realidad debemos dejar al margen sus valoraciones, y acudir a los datos ciertos del comportamiento económico.

Uno de los indicadores económicos que más luz nos pueden aportar a nuestro estudio es el comportamiento de la demanda de electricidad.

La energía eléctrica es básica en nuestra actividad diaria, tanto para el mantenimiento de nuestros hogares, como para el funcionamiento de nuestras industrias. Además, la electricidad no puede almacenarse para consumirse en cualquier momento futuro (salvo en cantidades ínfimas y en plazos muy cortos) por lo que la generación de electricidad es siempre igual a su efectivo consumo.  Por estas dos razones, si estudiamos el comportamiento de la demanda eléctrica podremos comprobar directamente si la economía real ha utilizado más o menos energía en sus procesos productivos y de servicios, así como en la actividad residencial:

Fuente: Red Eléctrica de España

Fuente: Red Eléctrica de España

En este cuadro de más arriba, extraído del último Boletín Mensual de Red Eléctrica, constatamos que mientras desde 2011 a 2014 arrastrábamos tasas negativas en el crecimiento de la demanda, a cierre de agosto 2015 tenemos un crecimiento del 3,4 %.

De dicho crecimiento, casi el 56 % viene motivado por factores climatológicos, por lo que más de la mitad de la mayor demanda de energía en 2015 no puede atribuirse a factores económicos.

Sin embargo, un 41 % de este crecimiento (1,4) se produjo por el mayor crecimiento económico nacional. Y el 3 % restante se lo debemos a la mayor laboralidad.

Esto termina con los argumentos de todos aquellos que niegan la recuperación y el crecimiento. Además, si vemos los años anteriores, en 2014 casi el total del crecimiento negativo en la demanda de electricidad se debió a factores climatológicos, y no a factores económicos. Lo cual implicaba ya en sí una recuperación de la economía, en tanto que en los años 2011, 2012 y 2013 era la influencia negativa de la situación económica la que arrastraba a la baja el crecimiento de la demanda energética.

Estos datos pertenecen al sistema eléctrico peninsular, si bien la situación en los sistemas extrapeninsulares es muy parecida, arrojando crecimientos tanto en Canarias (1,4 %) como en Baleares (6,6 %).

Los procesos de producción que han usado esta energía pueden haber generado bienes y servicios que ya se han consumido (imaginemos la actividad de una panadería con horno eléctrico), lo cual responde a una mayor demanda actual, o bien pueden haber generado bienes de equipo que se vayan a vender en el futuro (por ejemplo, la producción de un vehículo en una factoría automovilística), lo que significa una previsión industrial de ventas futuras.

Aquí debemos reseñar que el PIB, pese a no ser un buen indicador real, puesto que no contabiliza los bienes en proceso de producción, solo los terminados, cerró 2014 con un crecimiento del 1,4 % (dato que reafirmaría el menor peso negativo de la actividad económica en la menor demanda eléctrica en dicho año), y en el segundo trimestre de 2015 arroja un crecimiento anual del 3,1 %.

En la parte de energía no utilizada en procesos productivos o prestación de servicios, sino en los hogares y mercado residencial, debemos indicar que una mayor demanda obedece a una mayor disposición de renta por parte de los ciudadanos. 

En definitiva no podemos negar el crecimiento y la recuperación real de nuestra economía tanto en la actualidad, como desde 2014.

Vía | Red Eléctrica de España

Más Información | Periódico de la Energía   Datos Macro

Imágenes | Elaboración Propia y Pixabay

Ciclos Económicos: Expansión, Crisis y Recesión.

EL DESARROLLO ECONÓMICO.

El desarrollo y crecimiento de una economía se fundamenta en el ahorro. Cuándo existen agentes en la economía que no consumen toda su producción, sino que pueden ahorrar una parte de la misma, este ahorro podrá destinarse a servir de capital o bienes de capital, que servirán a la producción de más y mejores bienes de consumo.

Sin embargo, si los procesos de expansión y desarrollo económico se llevan a cabo sin ahorro real que lo sustente, el proceso finaliza inevitablemente en una crisis financiera y económica.

EL SISTEMA BANCARIO COMO INTERMEDIARIO.

Según se desarrolla la complejidad de una economía, y se genera mayor ahorro, aparecen intermediarios especializados en captar el ahorro de los agentes excedentarios en forma de depósitos o inversiones financieras, utilizando dicho ahorro para su custodia hasta el futuro consumo, o bien para prestar a los agentes que demandan inversión en su actividad empresarial.

Si han recibido un depósito, deberán custodiarlo. Y si reciben el dinero por parte de su propietario como destinado a la inversión, podrán prestarlo a terceros clientes inversores, dentro del marco del contrato firmado con el titular del dinero, y obteniendo el margen de la diferencia entre el tipo de interés cobrado al prestatario y el abonado al cliente que les confió el dinero. Esta es su labor de intermediación financiera, haciendo más eficiente el mercado.

Sin embargo, si prestan lo que no tienen (es decir, más dinero del que recibieron para inversión, ya sea utilizando dinero recibido en depósito, o bien con anotaciones contables) estarán inyectando nueva inversión no respaldada por ahorro real, dando lugar al proceso de expansión crediticia que desemboca en crisis, tal y como vamos a ver más adelante, y como ya se apuntó más arriba.

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DINERO FIDUCIARIO Y ABANDONO DEL PATRÓN ORO. 

El dinero es una mercancía que puede intercambiarse por cualquier otra mercancía de la economía, y que permite por tanto conservar el valor excedentario de manera duradera en el tiempo, es decir, permite el ahorro.

Durante la historia, muchas mercancías han servido como dinero, por ejemplo la sal, los diamantes o principalmente la plata y el oro. El oro ha sido sin embargo el dinero por excelencia tradicionalmente, desde la edad antigua. Llegando a existir un “standard” internacional denominado “patrón oro” que mantenía los tipos de cambio fijos de cada moneda en torno a esta mercancía.

A lo largo de los siglos, conforme se desarrolló el sistema bancario, se empezó a utilizar el dinero-papel por motivos prácticos: los banqueros custodiaban el dinero mercancía (oro o plata) y entregaban a cambio al depositario un recibo, billete, que según se fue aceptando por el mercado giraba en la economía con los mismos efectos que el dinero real cuyo valor nominal representaba.

Cuándo se abandona una mercancía real como “standard” de dinero, y se impone a los ciudadanos la utilización del dinero fiduciario, es decir, dinero-papel no respaldado por el depósito de una mercancía real, se destruye buena parte del valor del dinero, puesto que la garantía del dinero que circula en la sociedad es etérea, el gobierno puede emitir la cantidad de dinero que desee en cada momento sin tener reservas. Si por ejemplo existen en el banco central reservas de oro por 100 millones y el gobierno autoriza emitir 200 millones en dinero papel, solo el 50 % del nominal del dinero-papel estará respaldado por dinero real.

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Desde 1971 todo el dinero en circulación es fiduciario, y no convertible en oro. Lo que quiere decir que los gobiernos y los Bancos Centrales emiten todo el dinero-papel que consideran adecuado en cada momento.

A la creación del dinero fiduciario debemos sumar, además del abandono del patrón oro, el abandono de la reserva integra de los depósitos. Es decir, desde 1844 se permite a los bancos de la mayor parte de países operar con reserva fraccionaria, es decir, no mantener de manera íntegra el cien por cien de los depósitos que representan el nominal de los billetes emitidos. Ello se fundamentó en la ley estadística de los grandes números, argumentando que existen muy pocas probabilidades de que todos los depositantes acudan el mismo día a retirar sus depósitos. Sin embargo, lo que subyace es el deseo de los gobernantes de ostentar mayor financiación para su deuda pública, y el importante aumento de rentabilidad que ello supone para los banqueros.

Y desde luego que algo sea poco probable no significa que sea imposible. Ni lo convierte en legítimo.

EXPANSIÓN CREDITICIA Y CRISIS.

Cuándo los Bancos pueden crear dinero de la nada, es decir, emitir dinero-papel sin que el mismo esté garantizado por un subyacente en oro, o bien generar dinero mediante anotaciones contables, o bien utilizar dinero recibido en depósito (reserva fraccionaria) están incrementado de manera artificial el dinero en circulación.

Si la expansión crediticia se produce con ahorro real, el ahorro implica que se ha dejado de consumir en las etapas más cercanas del consumo, dejando por ello mano de obra y recursos ociosos en el mercado. Puesto que la expansión supone que el nuevo ahorro se destina a inversión en bienes de capital en etapas más alejadas del consumo, los recursos y mano de obra que quedaron libres en las etapas más cercanas al consumo se destinan a las etapas que reciben la nueva inversión, y ello evita la subida de precios de los bienes de producción, y por ende la inflación.

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Pero cuándo la expansión se genera con dinero no respaldado por ahorro real, ello implica que los inversores de las etapas más alejadas del consumo compiten por la mano de obra y los recursos económicos con las etapas cercanas al consumo, puesto que no ha bajado el consumo dado que no se ha ahorrado de verdad. Ello implica que suban los precios de los salarios y recursos. Este es un primer efecto pernicioso de la expansión artificial, puesto que conlleva inflación sin que exista una razón real para ello (desabastecimiento).

Toda expansión crediticia no generada con ahorro real deriva en crisis. La recesión supone la liquidación de las malas inversiones

Ha de tenerse en cuenta que si la expansión económica se financia con ahorro real, al aumentar el ahorro habrá disminuido el tipo de interés. Pero cuándo lo que se emite es dinero ficticio sin respaldo de ahorro real, se tendrá que bajar de manera artificial el tipo de interés en el sistema para hacer atractivo que los inversores tomen a préstamo el nuevo dinero, haciendo creer a los empresarios que sus proyectos son rentables. Así, se está falseando uno de los indicadores económicos más importantes, el tipo de interés con el que el empresario puede realizar sus previsiones. A partir de aquí es fácil ver que todos los planes empresariales financiados con ahorro ficticio están partiendo de tesis equivocadas, pues se están calculando con un tipo de interés falseado.

Como podemos ver, los empresarios invierten como si los recursos de la sociedad hubiesen aumentado por el ahorro real, mientras que los consumidores mantienen su nivel de consumo puesto que no están ahorrando.

Al subir los precios de la mano de obra y de los factores de producción, los planes empresariales que se hicieron teniendo en cuenta unos costes determinados (los que había en el mercado) ven como dichos costes se elevan (por la competencia con otras etapas económicas, al no haberse restringido el consumo en ninguna etapa para generar el ahorro, dado que la expansión es ficticia). Ello determina que sus planes tengan rentabilidades inferiores a las proyectadas.

Además como dijimos más arriba el incremento de salarios conlleva incremento de consumo y demanda de bienes finales, lo cual implica un proceso inflacionario importante.

Lógicamente, conforme el mercado ve que las ventas de bienes de consumo son más altas, la nueva inversión se va dirigiendo a estas etapas finales, restando recursos a las etapas anteriores que recibieron el dinero procedente de la expansión crediticia artificial.

Los precios de los bienes de consumo acaban subiendo mucho más que los precios de salarios, por lo cual baja el poder adquisitivo de los trabajadores, siendo los salarios reales más bajos. Ello a nivel marginal supone que se vuelven más rentables los trabajadores que los bienes de equipo, desincentivando a los empresarios a adquirir nuevos bienes de capital, que fue precisamente donde se dirigió la inversión derivada de la expansión crediticia artificial.

Los tipos de interés tenderán a subir de manera importante, integrando la inflación y la prima de riesgo. Como ya expusimos, los empresarios han invertido en proyectos manejando un tipo de interés falseado, y unos costes que después han visto subir de manera importante, por lo que dichos planes van dando en quiebra. Las empresas empiezan a quebrar, a declararse insolventes y a cerrar.

Y según se van demostrando inviables los proyectos empresariales que recibieron la inversión, y por ende se van declarando incobrables los préstamos que la banca facilitó sin ahorro real, los bancos se ven abocados a aflorar las pérdidas en sus balances, deviniendo insolvente (sus pasivos son más altos que sus activos).

ALARGAMIENTO DE LA EXPANSIÓN.

Si cuándo el mercado empieza a acusar los síntomas de la crisis se vuelve a inyectar nuevo dinero en la economía, se estará <<dando una patada adelante>> a la situación, y se alargará el desencadenamiento de la crisis, a la vez que se aumentará la misma, puesto que se generarán más malas inversiones, y se profundizarán las ya existentes.

CRISIS Y RECESIÓN.

Una vez que ya resulta imposible retrasar la crisis, la única manera de superar la misma es atravesar el proceso de recesión necesario.

Y es que la recesión no es otra cosa que el período de ajuste del mercado para eliminar y corregir las malas inversiones realizadas durante la etapa de expansión artificial. Se han comenzado proyectos empresariales que después han resultado inviables, y para los mismos las empresas se dotaron de unos bienes de capital (naves, camiones, maquinaria, materias primas, etc…) que ahora ya no pueden aplicarse a dichos proyectos, pues supondrían más perdidas. Por lo que los empresarios irán tomando decisiones sobre dichos bienes de capital, que en algunos casos se reutilizarán en otros procesos productivos, o se reconvertirán para otros proyectos, y en otros casos se perderán.

Al final, la salida de la crisis llegará cuándo el mercado haya podido reasignar el capital y los bienes de capital a proyectos viables, a la luz de los nuevos tipos de interés, del ahorro real de la sociedad disponible para la inversión, y de los deseos y demanda de los consumidores.

FALSA SALIDA.

Si los gobiernos y los Bancos centrales no dejan que el mercado limpie (vía recesión) las malas inversiones, la salida de la crisis no será real, sino una ficción que volverá a acarrear una nueva crisis (más profunda) en el futuro.

Cuándo el sistema de banca central rescata a los bancos privados que participaron en el proceso de expansión crediticia, en vez de dejarlos quebrar, está alargando la crisis, pues está en definitiva creando nueva expansión artificial para cubrir las pérdidas reales originadas por la anterior expansión.

Cuándo los gobiernos generan más deuda pública, y mayor intervención económica en los mercados, están igualmente dando una salida ficticia a la crisis, pues como en el caso anterior estarán generando mayores pérdidas, que al final darán lugar a nuevos rescates: programas de compra de deuda por parte de los Bancos Centrales, para “salvar” a los gobiernos, que no son otra cosa que nuevas expansiones crediticias que como hemos estudiado en este ensayo darán lugar a una futura crisis, cada vez más profunda.

Dinero, Crédito Bancario y Ciclos Económicos. Jesús Huerta de Soto. Unión Editorial. ISBN 978-84-7209-547-2

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