Los principios generales del Derecho

Encontramos los principios generales como fuente de Derecho en nuestro ordenamiento jurídico, en el artículo 1 de nuestro Código Civil, concretamente como fuente subsidiaria en defecto de Ley o Costumbre. Es decir, cuando no existe una Ley aplicable a un caso concreto, y tampoco existe una costumbre probada al respecto, deberá acudirse a los principios generales para establecer el marco jurídico adecuado.

Pero cabe preguntarse ¿Qué son estos principios? ¿Cuáles son concretamente? ¿Quién los define? Y es que pudiera resultar un poco ambiguo este concepto para el lego en Derecho, creándole inseguridad jurídica. Pero en este ensayo vamos a demostrar que sucede justo al contrario, es decir, que el reconocimiento positivo en nuestro Código Civil respecto a la vigencia como fuente del Derecho de los principios generales nos permite garantizar la solidez sin fisuras de nuestro sistema jurídico.

Código Civil

El artículo 1.4 Código Civil indica que “Los principios generales del derecho se aplicarán en defecto de ley o costumbre, sin perjuicio de su carácter informador del ordenamiento jurí-dico”.

Concepto

Siguiendo al profesor De Castro podemos definir los principios generales como las ideas fundamentales e informadoras de la organización jurídica. Es decir, el ordenamiento jurídico es una estructura lógica formada por normas generales; y los principios generales son aquellos pilares básicos que sostienen dicha estructura.

Naturaleza axiomática

Dado que el Derecho es un sistema lógico que regula las relaciones de las personas, dicho sistema debe tener en cuenta la naturaleza propia del ser humano.

Y en la naturaleza del ser humano existen principios básicos, que no requieren ser probados de forma empírica, porque su validez existe “a priori” de cualquier prueba, y “per se” sin recurrir a ninguna demostración. Se trata de verdades universales del ser humano, innegables y autoexplicativas.

El principio básico primario del hombre es que desea mantenerse vivo, dando lugar a su derecho a la vida. En tanto está vivo, el segundo principio básico es que desea ser libre, dando lugar a su derecho a la libertad.

Estos principios básicos de vida y libertad funcionan por tanto como axiomas del Derecho, permitiendo un razonamiento lógico axiomático, es decir, apriorístico deductivo. Y es que este tipo de sistemas lógicos funcionan por deducción: los axiomas son principios básicos cuya verdad es universal, y razonando por deducción dado que las premisas son verdaderas (los axiomas) si el razonamiento no cae en errores (falacias) el resultado será siempre verdadero. Además, en todos los casos cabe estudiar las afirmaciones del sistema lógico-jurídico y descartar aquellas que no son conformes a los axiomas.

Por ejemplo, del derecho a la vida como axioma primario o principio del Derecho se derivan el derecho a la integridad física y moral, para preservar la vida, y la necesidad de que los comportamientos contrarios a la vida de una persona sean tipificados como delictivos, con la consiguiente sanción punitiva.

En cualquier situación no regulada por una ley o una costumbre que atente contra la vida, acudiendo a este principio general prevalecerá el derecho a la vida y dicha situación se tendrá que resolver a favor de la vida.

Así pasaría por ejemplo en la eutanasia o en el aborto, que a pesar de que no existiese ley o costumbre jurídica que lo regulase, serían situaciones contrarias a la vida. De la misma forma, cualquier ley a favor de estas situaciones sería realmente antijurídica al atentar contra dicho principio.

Otro ejemplo, del derecho a la libertad se deriva la capacidad de una persona de poseer libremente y hacer suyos los bienes que no sean de otra persona, utilizándolos de manera libre con la limitación lógica de la vida o la libertad (personal y patrimonial) de las otras personas. Esta libertad implica igualmente que una persona por sí misma no puede ser propiedad de otra persona, por lo que aunque decida trabajar o dedicar su vida a otra persona, será por un pacto libre que podrá rescindir, lo cual imposibilita la exclavitud (dado que ésta sería incompatible con la libertad).

En cualquier situación no regulada por una ley o costumbre que atente contra la libertad, acudiendo a este principio general prevalecerá el derecho a la libertad y dicha situación se tendrá que resolver a favor de la libertad.

Así pasaría por ejemplo en los “vientres de alquiler”, que a pesar de que no existiese ley o costumbre jurídica que lo regulase, serían situaciones contrarias a la libertad de la persona, dado que supone vender un bebé, es decir, comerciar con una persona como si fuese un objeto. Esto es una exclavitud contraria al principio general de la libertad.

Función de garantía ante lagunas legales vacatio legis

Como vemos por tanto, existe una doble función para los principios generales del derecho:

  1. Cubren las lagunas legales o situaciones de “vacatio legis”, constituyéndose en estas situaciones como fuente del Derecho.
  2. Sirven para la correcta interpretación de la Ley y de la Costumbre, dado que por su carácter de axiomas no pueden existir normas válidas contrarias a los principios generales.

Derecho natural y derecho positivo

Tradicionalmente han existido dos grandes corrientes de pensamiento en la ciencia del Derecho:

  1. La escuela del Derecho Positivo, que tiene una base filosófica relativamente reciente (x. XIX) en las corrientes positivistas, empiristas y cientistas, y cuyo máximo exponente es Hans Kelsen. En esta doctrina el Derecho es el conjunto de normas escritas que emanan de un órgano legislativo legítimamente constituido. Es decir, el Derecho es toda norma que se haya dictado por el legislador siguiendo un procedimiento determinado.
  2. La escuela del Derecho Natural, que tiene sus raíces en la filosofía de Aristóteles y en el Derecho Romano, y que ha sido defendida por múltiples autores relevantes a lo largo de la Historia, como Santo Tomás de Aquino, Francisco de Vitoria, Francisco Suarez, H. Grocio, T. Hobbes, J. Locke, J.J. Rousseau, o I. Kant, por citar a algunos. Y siendo sus máximos exponentes en la época moderna M. Rothbard o H.H. Hoppe. Bajo esta doctrina, existen valores inherentes a la naturaleza humana, que actúan como principios de la convivencia. Dado que son inherentes al hombre, son anteriores y superiores al Estado, a la ley escrita o a los mandatos de un órgano legislativo determinado en un momento concreto del tiempo, y sus preceptos tienen validez universal en todo momento.

Según lo dicho en los puntos anteriores del presente ensayo, y a pesar de que podríamos intuir como “anti científico” el posicionamiento naturalista, es justamente la escuela del Derecho Natural la que ostenta un entendimiento válido y correcto del sistema jurídico. Puesto que, como dijimos en nuestra exposición, existen principios inherentes al ser humano que se convierten axiomas en el sistema jurídico.

De hecho, un sistema jurídico que no tuviese estos principios como axiomas sería inhumano, al atentar contra la propia naturaleza de los sujetos cuyas vidas y patrimonio regula.

Principios reconocidos positivamente en el ordenamiento jurídico.

Es tan evidente que los principios generales deben instruir el ordenamiento jurídico, que las principales normas positivas contienen entre sus preceptos generales dichos principios.

Así, el artículo 1 de la Constitución Española indica literalmente que “propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político”.

Como otro ejemplo evidente, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, firmada por todos los países pertenecientes a la ONU y rectora por tanto de sus ordenamientos, jurídicos, eleva a nivel positivo el derecho a la vida y a la libertad del ser humano, los cuales tienen su origen previo en el Derecho Natural.


* Más información| Lidefer Wikipedia Enciclopedia Jurídica
* Imagen| Pixabay

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El gran error de los prejuicios

¿Qué son los Prejuicios?

Del latín praeiudicium, significa juicio previo o también decisión prematura.

Así define el Diccionario de la RAE la palabra prejuicio, y su sola definición ya nos ofrece muchas señales de que los prejuicios son un error: no es justo ni sensato realizar un juicio previo, sin seguir todos los pasos necesarios para enjuiciar correctamente y de la forma más objetiva posible una situación o hecho; tampoco suele resultar correcta una decisión tomada de forma prematura, sin esperar a tener todos los elementos necesarios para que la decisión sea justificada y con criterio.

Realidad Objetiva Vs Realidad Subjetiva.

El mundo es objetivo, sometido a las leyes de la física y la lógica, pero la realidad que como personas percibimos es subjetiva. Nadie puede ver las cosas de manera absolutamente objetiva, sino que todos vemos la realidad en base a nuestros principios, creencias y paradigmas.

De ello se derivan dos consecuencias lógicas:

  • Nuestra visión de la realidad es limitada y sesgada por nuestras propias creencias y conocimientos.
  • Cada persona tiene su propia visión subjetiva de la realidad.

Valorar la diferencia

Por ello, y siendo conscientes de nuestras propias limitaciones perceptivas, se hace necesario un ejercicio de valoración de la realidad:

  • Solamente con humildad, y dejando de lado la soberbia y el orgullo, podemos tomar verdadera consciencia de que nuestra verdad no tiene por qué ser irrefutable.
  • Con respeto absoluto a las otras personas, escuchando con detenimiento y haciendo un profundo ejercicio de entendimiento, podemos extraer conclusiones y aprendizajes de la visión de la realidad de los demás que corrijan y enriquezcan nuestra visión.

Así podremos valorar los diferentes puntos de vista y ampliar nuestro propio conocimiento de la realidad desde el conocimiento que de las mismas cosas tienen los demás.

Comunicación respetuosa.

Por tanto, cuando somos humildes para reconocer que nuestra visión de la realidad es subjetiva, a la par que somos respetuosos con las visiones de la realidad de las otras personas, estamos en disposición de cooperar con ellos entendiendo sus puntos de vista.

Si sabemos escuchar de forma profunda a los demás y después sabemos exponer con respeto nuestros planteamientos y objeciones, a fin de hacerse entender, el resultado de dicha comunicación será una comprensión mejorada de la realidad.

El error de los prejuicios

Pero los prejuicios nos impiden este proceso de entendimiento y comunicación que mejora nuestra visión subjetiva.

Porque al prejuzgar a la otra persona se anula la posibilidad de análisis y discusión de su visión subjetiva.

Los prejuicios forman parte de nuestras creencias: son concretamente una creencia limitativa, dado que perjudican nuestra visión limitando nuestra capacidad de entendimiento.

La educación como fuente de los prejuicios

Pueden tener su origen en nuestro proceso de aprendizaje, cuando los prejuicios vienen impuestos por las enseñanzas de nuestros padres, maestros, jefes o en general las personas de las que aprendemos cosas a lo largo de la vida.

Un ejemplo típico lo tenemos en los prejuicios políticos, cuando nuestros padres o abuelos nos inculcan que una determinada corriente política es buena y la contraria es mala, considerando a los seguidores políticos de la corriente contraria personas malas o equivocadas completamente en su opinión.

El remedio para ello pasaría por los siguientes puntos:

  • Humildad para reconocer nuestras limitaciones, como ya dijimos antes, y poder valorar la opinión de los demás.
  • Leer, estudiar e intentar entender todo lo posible sobre un tema, sin limitarnos a los puntos de vista preestablecidos por las creencias impuestas.

La razón como fuente de los prejuicios

El otro posible origen de los prejuicios es racional, cuando de nuestras experiencias empíricas sacamos conclusiones categóricas que adoptamos como verdades indubitables. Así por ejemplo si varias veces un colaborador de nuestro equipo se ha equivocado en un tema, establecemos para el futuro la conclusión de que este colaborador siempre se equivocará.

El proceso de creación de estos prejuicios parece asemejarse al proceso científico, y esto resulta peligroso, porque es cientifico solo en apariencia.

El error está escondido en lo que podemos llamar la falacia de la generalización apresurada o no contrastada.

Y es que mientras que en el proceso científico la hipótesis queda contrastada con experimentos suficientes, así como sometida a la regla de falsabilidad, en nuestro proceso de raciocinio en el que concluimos un determinado juicio valorativo que se convertirá en un prejuicio no realizamos una verdadera contrastación empírica de nuestra hipótesis, ni queda sometida tampoco al criterio de falsabilidad. Siguiendo con nuestro ejemplo anterior, que nuestro colaborador se haya equivocado varias veces no implica la regla lógica de que se vaya a equivocar siempre, por lo que si prejuzgamos que todo lo que diga será erróneo, nos estaremos equivocando, limitando nuestra visión al perder su punto de vista.

El remedio para ello pasa por los siguientes puntos:

  • Humildad para reconocer nuestras limitaciones, pues no podemos extraer conclusiones generales y creerlas como verdades irrefutables.
  • Estar abiertos siempre a escuchar a los demás, dejando de lado experiencias previas.

El legítimo pero erróneo intento racional de segmentar la realidad es otra fuente de prejuicios. Así, nos puede parecer óptimo el clasificar a la gente en grupos: los listos, los tontos, los vagos, los brillantes, etc.. y meter a las personas con las que interactuamos en uno u otro grupo. Ello nos permite crear modelos de pensamiento rápido sin tener que perder mucho tiempo en escuchar y valorar detenidamente a la otra persona. Pero evidentemente caemos en la misma falacia comentada antes en nuestro proceso racional.

Categorizar, segmentar o clusterizar a las personas nunca es una buena idea, sino que crea igualmente prejuicios.

Conclusiones

Según todo lo expuesto, podemos concluir que los prejuicios impiden un correcto entendimiento de la realidad, y limitan nuestro proceso de conocimiento.

Es por tanto necesario evitarlos, dado que nos pueden hacer caer en errores cognoscitivos, dificultando además nuestra relación con el resto de personas.

Su origen está en un error intelectual propio (nuestro razonamiento deriva en una falacia) o ajeno (otra persona nos transmite un error de razonamiento en un proceso de aprendizaje).

Y se hace absolutamente necesario ser humilde, dejando la soberbia y el orgullo de lado, para poder evitar los prejuicios y poder comprender mejor la realidad.

Vía | Stephen R. Covey Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva (Paidos Ibérica, 2011)
Más información | Stephen R. Covey  Change Management  Behavior-Change
Imagen | Pixabay