Bancarrota en Sevilla

Durante la Baja Edad Media la ciudad de Sevilla ya mantenía una importante actividad portuaria en torno a la Torre del Oro y el Puente de Barcas. Y tras el descubrimiento de América, y la fundación por parte los Reyes Católicos de la Casa de Contratación de Indias, el puerto de Indias de Sevilla se convierte en pocos años en entrada al Imperio español y por ende a Europa. En solo unas décadas el puerto de Indias pasó de despachar 3.000 toneladas de carga al año en 1506 a 30.000 toneladas año en 1550.

Las importantes cantidades de oro y plata a Sevilla desde América se quedaban las más de las veces depositadas en los Bancos de Sevilla, por motivos prácticos: el Banco custodiaba el oro y la plata y entregaba en contrapartida recibos de depósito, similares a letras o billetes de banco, que después circulaban con mayor facilidad en el comercio europeo. Se calcula que entre 1500 y 1650 llegaron a Sevilla unas 181 toneladas de oro y 16.886 toneladas de plata.

puerto de indias

En pocos años se constituyeron cientos de Bancos en Sevilla, creció la ciudad de manera espectacular y se convirtió en el nuevo Centro Financiero Mundial de la época, desplazando de dicha posición a las ciudades comerciales del norte de Italia.

El espectacular incremento del dinero en circulación supuso como no puede ser de otra manera una importante inflación, es decir, un considerable aumento de los precios de los bienes en el Reino de España. Pero no fue exclusivamente el aumento de los metales preciosos lo que supuso el importante proceso inflacionario que desencadenaría finalmente una profunda crisis económica. Sino que podemos encontrar el motivo principal en el funcionamiento de la Banca con reserva fraccionaria que usaron los banqueros de la época.

Siempre es grande la tentación del banquero de no mantener el cien por cien de las cantidades entregadas en depósito. Una vez que se constató que los recibos bancarios circulaban como dinero, y los clientes no iban al banco a retirar los depósitos, los banqueros veían este oro y plata allí depositado como un activo ocioso, que podían utilizar sin que nadie se enterase. Por supuesto, cada vez que incumplían el coeficiente de caja del cien por cien y utilizaban las reservas para poner nuevo dinero en circulación, expandían el crédito de manera importante.

Por ejemplo, pensemos que si los banqueros tienen 100 monedas en depósito, y comienzan a emitir billetes de depósito por 120 estarán trabajando con un coeficiente de caja del 80 % y multiplicando el dinero en circulación por 1,2 en una primera etapa. Si el nuevo dinero creado se vuelve a quedar depositado en los bancos, que siguen trabajando con un coeficiente similar, volverá a multiplicarse por 1,2 de nuevo en una segunda etapa. En tan solo dos etapas de expansión, habrá en circulación 144 billetes y solamente 80 monedas reales.  Esta fue la verdadera razón del enorme proceso inflacionario que asolaría más tarde al Imperio español. Trabajar por ejemplo con 144 billetes manteniendo solo 80 monedas suponía multiplicar el beneficio del banquero, de la misma manera que hoy las inversiones apalancadas multiplican exponencialmente la rentabilidad del inversor. Algunos estudios históricos señalan que la famosa Banca Medici llegó a operar con un coeficiente de caja del 10 %, por lo que debemos suponer que la expansión crediticia fue brutal.

Huelga decir que se trata de un fraude a los legítimos propietarios del dinero, sus depositantes. Dicha expansión crediticia sin respaldo de ahorro real genera un auge económico artificial que terminará en recesión.

A la avaricia de los banqueros debemos unir la avaricia del Monarca, que supuso también un importante incentivo para que los banqueros trabajasen con reserva fraccionaria. El emperador Carlos V tenía constantes necesidades de financiación de tesorería para llevar a cabo sus programas políticos imperiales, necesidades que no podía cubrir ni mucho menos con la generación de recursos de su patrimonio, ni con la recaudación de impuestos. Por ello, recurrió constantemente a los banqueros para financiarse, y seguramente conocedor de que éstos estaban falseando sus reservas permitía sin embargo dicha práctica para poder financiar su imperio. En un momento determinado, llegó a decretar la incautación de los depósitos de oro y plata de distintos banqueros, entregando a cambio pagarés reales que nadie sabía cuándo devolvería. Así, la Casa de Contratación de Sevilla “expropiaba” en nombre del monarca las reservas cuándo lo estimaba conveniente. Ello como decimos era un incentivo más que los banqueros utilizasen sus reservas: antes de que me lo quite el Rey, lo utilizo en mi beneficio propio.

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Thomas Gresham (1519-1579) fue un importante financiero y comerciante inglés, agente financiero y asesor de la monarquía y el gobierno de Inglaterra, así como de los nobles de los Países Bajos. En torno a 1555 fue enviado por la Reina de Inglaterra a Sevilla con orden de retirar en metálico 320.000 ducados. Según escribiría este financiero, tuvo serias dificultades para retirar dicho efectivo, y después de visitar muchos bancos solo pudo conseguir 200.000 ducados en efectivo. Gresham dejó escrito “temo dar ocasión a que todos los Bancos de Sevilla quiebren” refiriéndose a que si ejecutaba la orden en su importe total, crearía una quiebra del sistema. Algo increíble en la ciudad que se creía debía tener las mayores reservas de oro del mundo en aquel momento.

Posteriormente y de manera sucesiva, distintos bancos sevillanos fueron declarándose en quiebra, al no poder atender los banqueros las retiradas de depósitos de sus clientes. Además, las inversiones cruzadas daban lugar a que cuándo quebraba un banquero, ello afectaba a otros banqueros. Gracias a la obra del historiador Ramón Carande tenemos noticia de la quiebra en la segunda mitad del s. XVI de la familia Espinosa, de Ramón de Lizarras o de Pedro de Morga, que habían sido los banqueros más poderosos de esa Sevilla que era el centro del mundo.

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Finalmente, como la teoría económica nos enseña, las expansiones crediticias originadas por el incumplimiento de un coeficiente de caja del cien por cien culminan inexorablemente en crisis financieras y económicas, y en importantes recesiones. Carlos V no pudo evitar el impago de parte de su deuda, y más tarde su hijo Felipe II tuvo que declarar el Reino en bancarrota. Tras la primera quiebra llegaron otras tres declaraciones de quiebra posteriores. Todo ello fue antecedente de la profunda crisis económica de 1640 que afecto al Imperio Español bajo la monarquía de los Austrias y que no finalizaría completamente hasta iniciado el s. XVII con el ascenso al poder de los Borbones.

Dinero, Crédito Bancario y Ciclos Económicos. Jesús Huerta de Soto. Unión Editorial. ISBN 978-84-7209-547-2

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El Crecimiento Económico.

¿Qué es el crecimiento económico?

El crecimiento económico consiste en que a la etapa final de consumo de una sociedad llega una mayor abundancia de bienes de consumo, o bienes de consumo mejores y de mejor calidad, que en definitiva satisfacen mejor sus necesidades y mejoran su vida respecto de la situación anterior a que llegasen los mismos. En los últimos siglos de la historia, desde la Revolución Industrial, hemos asistido a un crecimiento económico (interrumpido en los períodos de guerra) en el que cada vez los bienes y servicios de consumo que se han ido poniendo a disposición de los ciudadanos han ido mejorando la vida de los consumidores, permitiendo satisfacer cada vez mejor las necesidades de los mismos. El aparato de TV de 1960 era un gran avance para los ciudadanos de aquella época, mientras que el de 2014 es aún mejor que aquél y satisface de manera más avanzada los deseos del consumidor. Lo mismo sucede con la oferta televisiva de 2014, mucho más sofisticada y abundante que en 1960.

Un país económicamente más avanzado es aquél que mayor crecimiento económico ha registrado. Esto podrá constatarse entrando simplemente a un supermercado de dicho país, pues si en un supermercado de España encontramos abundancia de productos a disposición del consumidor, en Burkina Faso encontraremos muy pocos supermercados en todo el país, y con escasez de productos.

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¿Cuál es el origen del desarrollo económico?

Desde luego, para desarrollar más y mejores bienes en la etapa final de consumo, es necesario contar en las anteriores etapas de producción con más y mejores bienes de capital, que permitan producirlos.

Y como sabemos, los bienes de capital (el capital en definitiva) solo pueden lograrse mediante el ahorro. Si un empresario ahorra una parte de sus beneficios, podrá destinarla a adquirir nueva maquinaria más productiva; o bien podrá acudir al ahorro ajeno, mediante un préstamo, para adquirir dicha maquinaria. De una manera u otra, solo con ahorro podrá generarse nueva inversión.

El ahorro es la única base del crecimiento económico, a pesar de que keynesianos, monetaristas, neoclásicos, socialistas y demás intervencionistas en general piensen equivocadamente que la base del crecimiento es el consumo y la demanda. Recordemos la Ley de Say, es la Oferta la que genera la Demanda, y no al revés. Solo con ahorro podemos financiar el futuro de una sociedad, y el consumo es todo lo contrario al ahorro.

¿Cómo se relaciona el ahorro con la inversión?

Existe una ley económica fundamental que es la de la preferencia temporal, y que postula que en igualdad de condiciones el hombre prefiere satisfacer sus necesidades hoy antes que mañana. Así, ahorrar va contra dicha ley básica, pues el ahorro es no consumir, postergar el consumo de hoy para contar mañana con los bienes no consumidos. Sin embargo, en tanto que una sociedad va madurando y se va haciendo más rica, contará con mayor posibilidad de ahorrar, esto es, de generar excedentes sobre las necesidades de consumo para contar en el futuro con dichos bienes.

También podemos ver la relación entre el consumo y el ahorro como una relación entre bienes presentes y bienes futuros. Los recursos que no consumimos de inmediato podremos consumirlos en un momento futuro del tiempo. A la relación proporcional entre consumo y ahorro la denominamos “tasa de preferencia temporal”, que según estamos analizando podemos definir cómo relación entre bienes presentes y bienes futuros. Si la tasa de preferencia temporal es muy alta, es decir,  si hay que entregar una gran cantidad de bienes presentes a cambio de bienes futuros, significará que se valora por el mercado más el consumo en ese momento. Por ejemplo, si hay un período de escasez de cosechas de cereales, existirá poco excedente sobre el consumo básico de cereales, el precio de los mismos tenderá a subir en el mercado, y el ahorro de cereal tendería ser bajo. Serán bajos tanto el precio al contado como el precio a futuro. Por lo que la tasa de preferencia temporal será alta.

En el mercado de capitales, la tasa de preferencia temporal se materializa en la tasa de interés. Cuándo hay poco ahorro disponible, el precio de dicho ahorro, es decir, el tipo de interés, tenderá a ser alto. Por lo cual la inversión será escasa. Sin embargo, en tanto que la sociedad vaya generando ahorro, el tipo de interés tenderá a bajar y como consecuencia de ello la inversión tenderá a subir.

En resumen aquí, conforme crece el ahorro podrá crecer la inversión en bienes de capital podrá ser también mayor. A nivel individual los empresarios podrán dotarse de más bienes de equipo, ya sea con su ahorro propio que ha crecido, ya sea con un préstamo de ahorro ajeno habiendo bajado los tipos de interés.

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¿Cómo se asigna el ahorro a los proyectos empresariales?

Según disminuye la tasa de preferencia temporal, y la gente decide ahorrar más, crece el ahorro y baja el tipo de interés. Existen más recursos por tanto para financiar bienes de capital.

Los empresarios estudian sus proyectos de inversión según la tasa de interés, puesto que si creen que un proyecto empresarial les va a generar un retorno del 6 % y el tipo de interés en el mercado de capitales es del 7 % el proyecto no resulta viable. Al aumentar el ahorro y bajar por tanto el tipo de interés, supongamos al 2 %, el proyecto tiene ya una rentabilidad positiva del 4 %. Así, muchos proyectos  que los empresarios tienen en cartera, por ejemplo para fabricar nueva ropa, nuevos ordenadores personales, nuevas viviendas o mejores teléfonos móviles se vuelven rentables cuándo bajan los tipos de interés.

Por lo tanto, con la bajada de los tipos de interés por el aumento de la cantidad de ahorro, el mismo tenderá a ser demandado para convertirlo en nueva inversión. Según vaya creciendo la demanda de ahorro por parte de los empresarios, tenderá en contrapartida a subir de nuevo tipo de interés, lo cual rebalancea y equilibra el mercado de ahorro. Pues conforme suba los proyectos empresariales menos rentables se quedarán sin poder captar ahorro. El mecanismo del libre mercado permite así asignar el ahorro, un bien escaso, de la manera más eficiente posible a los distintos proyectos empresariales.

Con la asignación de ahorro a la inversión en bienes de capital, o en definitiva a los proyectos empresariales en los que se van a aplicar dichos bienes por parte de los inversores, se inicia el desarrollo y crecimiento económicos.

¿Cómo se convierte el ahorro en desarrollo económico?

Y es que como empezábamos diciendo el desarrollo supone contar con más y mejores bienes de consumo. La esencia de la acción humana radica en que el hombre actúa para satisfacer sus necesidades, y cuántos más y mejores bienes tenga para ello a su disposición, mayor grado desarrollo económico podremos afirmar que tiene dicha sociedad. Hoy en día, gracias al desarrollo de los últimos siglos, un obrero medio cuenta con mejor ropa, mejor comida y mejores condiciones de vida en definitiva de las que tenía un Rey en la edad media, o un Emperador en época romana, o un Faraón del antiguo Egipto.

Y para producir más y mejores bienes, como también explicamos, y puesto que los bienes y servicios de consumo son la última etapa de un proceso de producción más complejo, la clave reside en que las etapas anteriores cuenten con capital suficiente, o dicho de otra manera, con los bienes de capital necesarios para ejecutar los planes empresariales que culminarán en bienes finales.

Es la función empresarial la que transforma el ahorro disponible, mediante la inversión y la ejecución de los planes empresariales, en desarrollo económico.

¿Cómo es el ciclo de desarrollo y crecimiento económico?

Como es fácil intuir de la lectura de los párrafos precedentes, en las épocas de crecimiento y desarrollo económico el ahorro tiende a dirigirse hacia las etapas de producción más alejadas de la etapa final de consumo, pues el interés de los inversores y empresarios es dotarse de nuevos bienes de capital con los que acometer planes empresariales que son rentables gracias al ahorro disponible y a la consecuente bajada del tipo de interés.

A su vez, en contrapartida, un aumento del ahorro supone que baja el consumo. Por lo que los bienes de producción, capital y mano de obra quedan ociosos en las industrias más cercanas a la etapa de consumo. Puesto que son las etapas más alejadas del consumo las que demandan inversión, utilizarán el ahorro que logren captar para sus planes y demandarán la mano de obra y recursos que quedan disponibles al reducirse el consumo.

Vemos por tanto un doble efecto de la correcta coordinación del libre mercado: el ahorro está utilizándose para financiar en etapas más alejadas del consumo nuevos proyectos que culminarán en el futuro en nuevos bienes finales, a la vez que el precio de los factores y mano de obra no tiende a subir toda vez que tiende a quedar desocupado de las etapas más cercanas al consumo.

Un efecto colateral es que los bienes de capital se abaratan, con la reducción de los tipos de interés. Así, las estructuras productivas se vuelven más “capital intensivas” puesto que resulta relativamente más barato utilizar bienes de capital. El Profesor Huerta de Soto ejemplifica el abaratamiento de los bienes de capital con la variación en el valor de un inmueble: si el valor actual es el valor descontado de todos los flujos de caja futuros, en el caso de un inmueble como bien de muy larga duración donde podemos tomar la licencia de aplicar la fórmula de las rentas perpetuas, y suponiendo un valor actual de 500 € al mes para dicha vivienda, la misma tendrá un valor neto de mercado de  60.000 € con un tipo de interés del 10 % ((500*12)/0.1) mientras que su valor actual neto subirá hasta 120.000 € con un tipo de interés del 5 % ((500*12)/0.05). Conclusión: se revalorizan los bienes reales y los bienes de capital, incentivando la inversión y el desarrollo. Y en un mercado libre no existirá riesgo de burbujas puesto que como ya adelantamos el tipo de interés irá subiendo conforme se vaya incrementando la demanda de ahorro.

Otro efecto colateral ya adelantado también: el precio de los bienes de consumo tenderá a bajar, en tanto que como se dijo la demanda de consumo se ve restringida por efecto del mayor ahorro, haciendo ello que los precios tiendan a reducirse.

Y el poder adquisitivo de los trabajadores tenderá a subir. Como consecuencia de que el precio de los salarios tenderá a haberse mantenido durante el desarrollo económico estudiado, puesto que la mano de obra que queda ociosa en los sectores más cercanos al consumo, por la bajada de la demanda de bienes de consumo, tiende a ser demandada por los sectores más alejados de la etapa final del proceso productivo, que son los que utilizan el ahorro para invertir en los ciclos de auge, y como consecuencia de que los precios de los bienes de consumo tenderá a bajar, según se explicó en el párrafo inmediatamente anterior. Es decir, los trabajadores mantienen su nivel salarial pero pueden adquirir los mismos bienes de consumo a menor precio, por lo que son más ricos, su poder adquisitivo es mayor.

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¿Y cuál es el resultado del desarrollo económico?

El ahorro se ha dirigido a la inversión, haciendo viables nuevos proyectos empresariales al poder los empresarios utilizar la inversión para adquirir nuevos bienes de capital con los que acometer sus proyectos, y dando finalmente lugar a una nueva estructura productiva que culmina en la situación que empezábamos anunciando: nuevos bienes y servicios de consumo a disposición de los consumidores, en mayor calidad y cuantía.

Al existir más bienes de consumo, el precio de los mismos tenderá a bajar, o tenderán a existir categorías de precios que permiten el acceso a todas las economías domésticas.

Además, y también como consecuencia del desarrollo económico que hemos estudiado, los trabajadores obtienen un mayor poder adquisitivo, puesto que aunque se hayan mantenido sus salarios nominales, en tanto que la mano de obra que queda libre en una parte de las etapas productivas se recoloca en otras etapas que demandan la nueva inversión, sus salarios reales son más altos pues, al bajar los precios de los bienes de consumo, tanto por una menor demanda al principio (como consecuencia del ahorro) como por una mayor abundancia al final (como consecuencia del desarrollo económico) pueden comprar más y mejores bienes con el mismo sueldo.

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¿Cuándo finaliza el desarrollo económico?

Las etapas económicas no son funciones ni modelos matemáticos, con un principio y un fin bien definidos. Al contrario, son consecuencia de la acción humana, y están por tanto en continua dinámica, y sujetas al libre albedrío y al futuro incierto. No existe un momento determinado en el que da comienzo el crecimiento, ni puede calcularse de ninguna manera el momento en que terminará.

Pero podemos saber en términos de teoría económica que en un momento determinado, conforme se vaya demandando ahorro por parte de los sectores inversores, el tipo de interés irá subiendo, haciendo cada vez menos viables los procesos empresariales. Esto regula el mercado, y equilibra el ahorro disponible.

De manera dinámica, y según vaya subiendo o bajando la tasa de preferencia temporal en la sociedad, habrá más o menos ahorro, equilibrándose la economía en cada momento. Cuándo la inversión demande menos ahorro, por la subida de tipos, los ahorradores tendrán menos incentivo para ahorrar y por tanto tenderán a destinar más recursos al consumo presente.

Fuente | Dinero, Crédito Bancario y Ciclos Económicos. Jesús Huerta de Soto. Unidad Editorial. ISBN 9788472095472

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Discurso sobre el Dinero, de Francisco D’Anconia

Discurso de
Francisco d´Anconia
en Atlas Shrugged

¿Así que creéis que el dinero es el origen de toda maldad? dijo Francisco d’Anconia.

¿Alguna vez os habéis preguntado cuál es el origen del dinero? El dinero es un instrumento de cambio, que no puede existir a menos que existan bienes producidos y hombres capaces de producirlos. El dinero es la forma material del principio que los hombres que desean tratar entre sí deben hacerlo por intercambio y dando valor por valor. El dinero no es el instrumento de mendigos que claman tu producto con lágrimas, ni el de saqueadores que te lo quitan por la fuerza. El dinero lo hacen posible sólo los hombres que producen. ¿Es eso lo que consideráis malvado?

Cuando aceptas dinero en pago por tu esfuerzo, lo haces sólo con el convencimiento de que lo cambiarás por el producto del esfuerzo de otros. No son los mendigos ni los saqueadores los que dan su valor al dinero. Ni un océano de lágrimas ni todas las armas del mundo pueden transformar esos papeles de tu cartera en el pan que necesitarás para sobrevivir mañana. Esos papeles, que deberían haber sido oro, son una prenda de honor – tu derecho a la energía de los hombres que producen. Tu cartera es tu manifestación de esperanza de que en algún lugar del mundo a tu alrededor hay hombres que no transgredirán ese principio moral que es el origen del dinero. ¿Es eso lo que consideras malvado?

¿Has indagado alguna vez el origen de la producción? Mira un generador eléctrico y atrévete a decir que fue creado por el esfuerzo muscular de brutos insensatos. Intenta hacer crecer una semilla de trigo sin el conocimiento que te dejaron los hombres que tuvieron que descubrirlo por primera vez. Trata de obtener tu alimento sólo a base de movimientos físicos – y aprenderás que la mente del hombre es la raíz de todos los bienes producidos y de toda la riqueza que haya existido jamás sobre la tierra.

¿Pero dices que el dinero lo hace el fuerte a expensas del débil? ¿A qué fuerza te refieres? No es la fuerza de armas o de músculos. La riqueza es el producto de la capacidad del hombre de pensar. Entonces, ¿hace dinero el hombre que inventa un motor a expensas de quienes no lo inventaron? ¿Hace dinero el inteligente a expensas de los tontos? ¿El competente a expensas del incompetente? ¿El ambicioso a expensas del holgazán? El dinero se crea – antes de que pueda ser robado o mendigado – es creado por el esfuerzo de cada hombre honrado, de cada uno hasta el límite de su capacidad. Un hombre honrado es el que sabe que no puede consumir más de lo que produce.

Comerciar por medio de dinero es el código de los hombres de buena voluntad. El dinero se basa en el axioma de que cada hombre es dueño de su mente y de su esfuerzo. El dinero no da poder para prescribir el valor de tu esfuerzo excepto por el juicio voluntario del hombre que está dispuesto a entregarte su esfuerzo a cambio. El dinero te permite obtener por tus bienes y tu trabajo lo que ellos valen para los hombres que los compran, pero no más. El dinero no permite tratos excepto aquellos en beneficio mutuo y por el juicio no forzado de los comerciantes. El dinero exige de ti el reconocimiento de que los hombres han de trabajar para su propio beneficio, no para su propio perjuicio; para ganar, no para perder – la aceptación de que no son bestias de carga nacidos para transportar el peso de tu miseria – que tienes que ofrecerles valores, no heridas – que el lazo común entre los hombres no es el intercambio de sufrimientos, sino el intercambio de bienes. El dinero exige que vendas, no tu debilidad a la estupidez de los hombres, sino tu talento a su razón; exige que compres, no lo peor que ofrecen, sino lo mejor que tu dinero pueda encontrar. Y cuando los hombres viven a base del comercio – con la razón, no la fuerza, como árbitro final – es el mejor producto es el que triunfa, la mejor actuación, el hombre de mejor juicio y más habilidad, y el grado de la productividad de un hombre es el grado de su recompensa. Este es el código de la existencia cuyo instrumento y símbolo es el dinero. ¿Es eso lo que consideras malvado?

Pero el dinero es sólo un instrumento. Te llevará donde desees, pero no te sustituirá como conductor. Te dará los medios para la satisfacción de tus deseos, pero no te proveerá con deseos. El dinero es la plaga de los hombres que intentan revertir la ley de causalidad – los hombres que buscan reemplazar la mente adueñándose de los productos de la mente.

El dinero no comprará la felicidad para el hombre que no tenga ni idea de lo que quiere; el dinero no le dará un código de valores si él ha evadido el conocimiento de qué valorar, y no le dará un objetivo si él ha evadido la elección de qué buscar. El dinero no comprará inteligencia para el estúpido, o admiración para el cobarde, o respeto para el incompetente. El hombre que intenta comprar los cerebros de sus superiores para que le sirvan, reemplazando con dinero su capacidad de juicio, acaba por convertirse en la víctima de sus inferiores. Los hombres de inteligencia lo abandonan, pero los embaucadores y farsantes acuden a él en masa, atraídos por una ley que él no ha descubierto: que ningún hombre puede ser inferior a su dinero. ¿Es ésa la razón por la que lo llamáis malvado?

Sólo el hombre que no la necesita está capacitado para heredar riqueza – el hombre que amasaría su propia fortuna, sin importar desde dónde comience. Si un heredero está a la altura de su dinero, éste le sirve; si no, le destruye. Pero vosotros lo ignoráis y clamáis que el dinero lo ha corrompido. ¿Lo hizo? ¿O fue él quien corrompió a su dinero? No envidiéis a un heredero indigno; su riqueza no es vuestra y no habríais estado mejor con ella. No penséis que debería haber sido distribuida entre vosotros; cargar al mundo con cincuenta parásitos en vez de uno no habría hecho revivir la virtud muerta que constituyó la fortuna. El dinero es un poder viviente que muere sin su raíz. El dinero no le servirá a la mente que no esté a su altura. ¿Es ése el motivo por el que lo llamáis malvado?

El dinero es vuestro medio de supervivencia. El veredicto que pronunciáis sobre la fuente de vuestro sustento es el veredicto que pronunciáis sobre vuestra vida. Si la fuente es corrupta, habéis condenado vuestra propia existencia. ¿Adquiristeis vuestro dinero por fraude? ¿Cortejando los vicios o estupideces humanas? ¿Sirviendo a imbéciles con la esperanza de conseguir más de lo que vuestra capacidad se merece? ¿Rebajando vuestros principios? ¿Realizando tareas que despreciáis para compradores que desdeñáis? En tal caso, vuestro dinero no os dará ni un momento, ni un centavo de alegría. Todo cuanto compréis se convertirá, no en una honra para vosotros, sino en un reproche; no en un triunfo, sino en un evocador de vergüenza. Entonces gritaréis que el dinero es malvado. ¿Malvado, porque no sustituye al respeto que os debéis a vosotros mismos? ¿Malvado, porque no os dejó disfrutar de vuestra depravación? ¿Es ésa la raíz de vuestro odio por el dinero?

El dinero siempre seguirá siendo un efecto y rehusará reemplazaros como la causa. El dinero es el producto de la virtud, pero no os dará la virtud y no redimirá vuestros vicios. El dinero no os dará lo inmerecido, ni en materia ni es espíritu. ¿Es ésa la raíz de vuestro odio por el dinero?

¿O acaso dijísteis que es el amor al dinero el origen de toda maldad? Amar una cosa es conocerla y amar su naturaleza. Amar el dinero es conocer y amar el hecho de que el dinero es la creación del mejor poder dentro de ti, y tu pasaporte para poder comerciar tu esfuerzo por el esfuerzo de lo mejor entre los hombres. Es la persona que vendería su alma por una moneda, la que proclama en voz más alta su odio hacia el dinero: y tiene buenas razones para odiarlo. Los que aman el dinero están dispuestos a trabajar por él; saben que son capaces de merecerlo.

Os daré una pista sobre el carácter de los hombres: el hombre que maldice el dinero lo ha obtenido de forma deshonrosa; el hombre que lo respeta se lo ha ganado honradamente.

Huye por tu vida del hombre que te diga que el dinero es malvado. Esa frase es la campanilla de leproso de un saqueador acercándose. Mientras los hombres vivan juntos en la tierra y necesiten un medio para tratar unos con otros – su único sustituto, si abandonan el dinero, es el cañón de una pistola.

Pero el dinero exige de ti las más altas virtudes, si quieres hacerlo o conservarlo. Los hombres que no tienen valor, orgullo o autoestima, los hombres que no tienen un sentido moral de su derecho a su dinero y no están dispuestos a defenderlo como si defendieran sus vidas, los hombres que se excusan por ser ricos – no permanecerán ricos por mucho tiempo. Ellos son el cebo natural para las bandadas de saqueadores que se agazapan bajo las rocas durante siglos, pero que salen arrastrándose al primer indicio de un hombre que ruega ser perdonado por la culpa de poseer riqueza. Ellos se apresurarán a aliviarle de su culpa – y de su vida, como se merece.

Entonces veréis el ascenso de los hombres de doble criterio – de los hombres que viven por la fuerza, mientras cuentan con quienes viven del comercio para crear el valor del dinero que ellos roban – los hombres que son los polizones de la virtud. En una sociedad moral, ellos son los criminales, y los estatutos están escritos para protegerte de ellos. Pero cuando una sociedad establece criminales-por-derecho y saqueadores-por-ley – hombres que utilizan la fuerza para apoderarse de la riqueza de víctimas desarmadas – entonces el dinero se convierte en el vengador de quien lo creó. Tales saqueadores creen que no hay riesgo en robarles a hombres indefensos una vez que han aprobado una ley para desarmarlos. Pero su botín se convierte en el imán para otros saqueadores, que lo obtienen igual que ellos lo obtuvieron. Entonces el triunfo irá, no al más competente en producción, sino al más despiadado en brutalidad. Cuando la fuerza es la norma, el asesino triunfa sobre el ratero. Y entonces la sociedad se deshace, envuelta en ruinas y carnicerías.

¿Queréis saber si ese día va a llegar? Observad el dinero. El dinero es el barómetro de las virtudes de una sociedad. Cuando veáis que el comercio se realiza, no por consentimiento, sino por compulsión – cuando veáis que para poder producir, necesitáis obtener autorización de quienes no producen, cuando observéis que el dinero fluye hacia quienes trafican, no en bienes, sino en favores – cuando veáis que los hombres se enriquecen por soborno y por influencia en vez de por trabajo, y que tus leyes no te protegen contra ellos, sino que les protegen a ellos contra ti – cuando veáis la corrupción siendo recompensada y la honradez convirtiéndose en auto sacrificio – podéis estar seguros que vuestra sociedad está condenada. El dinero es un medio tan noble que no compite con las armas y no pacta con la brutalidad. Nunca le permitirá a un país sobrevivir como mitad-propiedad, mitad-botín.

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Siempre que aparecen destructores entre los hombres, empiezan por destruir el dinero, porque éste es la protección de los hombres y la base de una existencia moral. Los destructores se apoderan del oro y les dejan a sus dueños un montón de papeles falsos. Esto destruye todas las normas objetivas y deja a los hombres a merced del poder arbitrario de un arbitrario promulgador de valores. El oro era un valor objetivo, lo equivalente a la riqueza producida. El papel es una hipoteca sobre riqueza que no existe, sustentada por un arma apuntada a quienes se espera que la produzcan. El papel es un cheque cursado por saqueadores legales sobre una cuenta que no es suya: sobre la virtud de las víctimas. Vigilad el día en que el cheque sea devuelto, con la anotación: “Cuenta sin fondos”.

Cuando hayáis convertido a la maldad en vuestro medio de supervivencia, no contéis con que los hombres sigan siendo buenos. No contéis con que ellos se mantengan en la moral y pierdan sus vidas por el objetivo de convertirse en pasto para lo inmoral. No contéis con que produzcan, cuando la producción es castigada y el robo recompensado. No preguntéis: “¿Quién está destruyendo al mundo?” Sois vosotros.

Os encontráis en medio de los mayores logros de la más productiva civilización y os preguntáis por qué se está desmoronando a vuestro alrededor, mientras condenáis la fuente sanguínea que la alimenta, el dinero. Miráis el dinero como los salvajes hacían antes de vosotros, y os preguntáis por qué la selva está acercándose al borde de vuestras ciudades. A través de la historia de la humanidad, el dinero fue siempre usurpado por saqueadores de una marca u otra, cuyos nombres cambiaron, pero cuyos métodos permanecieron igual: apropiarse de la riqueza por la fuerza y mantener a los productores atados, degradados, difamados, despojados de honor. Esa frase sobre la maldad del dinero, que pronunciáis con ese irresponsable aire virtuoso, data de la época en que la riqueza era producida por la labor de esclavos – esclavos que repetían los movimientos descubiertos antes por la mente de alguien, y sin mejora durante siglos. Mientras la producción fue gobernada por la fuerza y la riqueza se obtenía a través de la conquista, había poco que conquistar. Sin embargo, durante todos los siglos de estancamiento y hambrunas, los hombres exaltaron a los saqueadores como aristócratas de la espada, como aristócratas de nacimiento, como aristócratas del régimen, y despreciaron a los productores, como esclavos, como comerciantes, como tenderos – como industriales.

Para gloria de la humanidad, existió por primera y única vez en la historia del mundo un país del dinero – y no tengo más alto y más reverente tributo que ofrecerle a los Estados Unidos de América, porque eso significa: un país de razón, justicia, libertad, producción, logro. Por primera vez, la mente del hombre y el dinero fueron liberados, y no hubo más fortunas-por-conquista, sino sólo fortunas-por-trabajo, y en vez de guerreros y esclavos surgió el verdadero forjador de riqueza, el mayor trabajador, el tipo más elevado de ser humano: el “self-made man”, el hombre hecho a sí mismo, el industrial norteamericano.

Si me pedís que nombre la distinción más orgullosa de los norteamericanos, escogería – porque contiene todas las otras – el hecho de que fueron el pueblo que acuñó la frase: “hacer dinero”. Ningún otro lenguaje o país había usado antes estas palabras; los hombres siempre habían pensado que la riqueza era una cantidad estática – a ser arrebatada, mendigada, heredada, distribuida, saqueada u obtenida como un favor. Los norteamericanos fueron los primeros en entender que la riqueza tiene que ser creada. Las palabras “hacer dinero” contienen la esencia de la moralidad humana.

Pero estas fueron las palabras por las que los norteamericanos fueron denunciados por las decadentes culturas de los continentes de saqueadores. Ahora el credo de los saqueadores os ha llevado a considerar vuestros más dignos logros como motivo de vergüenza, vuestra prosperidad como culpa, vuestros mejores hombres, los industriales, como granujas, y vuestras magníficas fábricas como el producto y la propiedad del trabajo muscular, trabajo de esclavos manejados con látigos, como las pirámides de Egipto. El bellaco que gesticula que no ve diferencia entre el poder del dólar y el poder del látigo debería aprender la diferencia en su propio pellejo – como, creo, lo hará –.

A menos y hasta que descubráis que el dinero es el origen de todo lo bueno, estáis buscando vuestra propia destrucción. Cuando el dinero deja de ser el instrumento por el cual los hombres tratan unos con otros, entonces los hombres se convierten en instrumentos de los hombres. Sangre, látigos y pistolas – o dólares. Escoged – no hay otra opción – y vuestro tiempo se está acabando.