La volatilidad como medida del riesgo.

En la inversión en activos financieros, a pesar de que existen siempre muy diversos riesgos asociados a la inversión en función del tipo de activos en concreto, la palabra riesgo suele referirse en concreto al riesgo de que un activo cotizado pierda gran parte de su valor en el mercado.

¿Y cómo se mide ese riesgo de posibles bajadas en la cotización de un activo? A través de la volatilidad de la cotización, que se mide mediante la desviación estándar estadística.

Para entender correctamente este concepto debemos partir de la base de que la cotización de las acciones en Bolsa, como las de resto de activos financieros en cualquier mercado en el que coticen, pueden visualizarse como una serie estadística en la que cada punto o registro de la serie es un valor de cotización en un momento determinado del tiempo, normalmente en los días en los que opera el mercado.

Por ejemplo, tomemos la siguiente serie para la cotización del último año de las acciones de la compañía REPSOL que cotizan en la Bolsa de Madrid:

Entre el 2 de agosto de 2018 y el 2 de agosto de 2019 hay 256 cotizaciones, con un valor medio de 15,21 € por acción, siendo el valor máximo de la serie de 17,14 € y el mínimo de 13,28 €.

En dicha serie de valores podremos en primer lugar calcular la varianza (Φ2 ) que es la medida estadística de dispersión que nos indica el valor medio de dispersión de los registros respecto de su media. Es decir, si tomamos en nuestro ejemplo los 256 registros de cotizaciones, para calcular la varianza debemos: 1) calcular en cada valor su desviación de la media de 15,21 €; 2) elevar al cuadrado dichas desviaciones, porque habrá unas positivas (cuando el registro se desvía al alza respecto de la cotización media) y otros negativos (cuando el registro se desvía a la baja respecto de la cotización media); 3) calculamos la media de dichas desviaciones al cuadrado (valores positivos). El resultado de este cálculo de la varianza es de . . Se indica así (más/menos) dado que la media de desviaciones al cuadrado puede ser al alza o a la baja. La Varianza no tiene unidad al haberse perdido la misma al elevar al cuadrado para eliminar los valores negativos.

Ahora, a partir de la varianza, podemos ya calcular la desviación estándar, que es la raíz cuadrada de dicha varianza  ) y que en nuestro ejemplo es 0,973 €. Esta es la volatilidad o riesgo medio que estamos asumiendo teniendo en cuenta los valores de la serie de cotizaciones de Repsol en nuestro ejemplo, y significa que a tenor de esto datos conocidos para nuestra inversión el valor tenderá a subir o bajar 0,973 €.

Continuando con este ejemplo práctico, si compramos acciones de Repsol con el valor de la última cotización de la serie, esto es, 13,82 € nuestro riesgo medio de bajada, aplicando la volatilidad calculada, implicaría que podrían de media bajar a 12,84 €. Así por tanto, la volatilidad sería en este caso del 7%.

Ahora cabe preguntarse ¿es muy elevada? Si comparamos el 7% que hemos calculado con la volatilidad anual medida en el índice IBEX 35 en el que se incluyen estas acciones, que está en torno al 14%, podemos afirmar que el riesgo de estas acciones es un 50% inferior al riesgo de su Benchmark, con lo cual parece una apuesta poco arriesgada.

Aunque siempre debemos fijarnos en esta volatilidad como medida del posible riesgo de caída de las acciones que compramos, debemos tener en cuenta que dicha volatilidad no representa solo una media de la potencial caída, sino que representa cuánto puede subir o bajar de media el valor según la serie histórica de su cotización. Por lo tanto, el 7% también puede decirnos cuanto puede subir de media el valor de las acciones de Repsol en nuestro ejemplo. Aunque debemos repetir que la prudencia pasa por tener en cuenta la volatilidad como medida del riesgo, y realizar un análisis fundamental adecuado para predecir la posible subida que pueda tener el valor.

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Conociendo los fondos con estrategia “event driven”

Los particulares con unos ahorros en nuestra sucursal bancaria solo tenemos acceso a los fondos comercializados por nuestro Banco, normalmente fondos de la propia gestora del grupo bancario y con escasa rentabilidad pero altas comisiones. Sin embargo los inversores con mayor capacidad tienen acceso a Fondos de gestoras independientes, bien sea en el extranjero, bien sea en entidades de banca privada o de banca personal en España.

Algunos de estos fondos tienen se gestionan con estrategias alternativas, y entre ellos destacan los denominados “hedge fund” donde el riesgo asumido por los inversores es “a priori” superior, pero donde los gestores establecen estrategias que pueden ser verdaderamente atractivas y rentables.

Los “hedge funds” se caracterizan por no tener limitación en sus inversiones, y gozan de una amplia flexibilidad en su política de inversión, así como en los instrumentos que pueden utilizar para conseguirlas. Los gestores de estos fondos suelen utilizar tres tipos de estrategias:

  1. Valor Relativo (Relative Value): realizan arbitraje con bonos convertibles, con títulos de renta fija, o con posiciones largas y cortas para lograr resultados independientes a los del mercado.
  2. Oportunistas (Opportunistic): identifican oportunidades de inversión seleccionando diferentes países o en economías emergentes, realizando ventas en corto de determinadas compañías, con estrategias long-short, o con estrategias a través de futuros.
  3. Eventos Relelvantes (Event Driven): tratan de obtener beneficios identificando eventos extraordinarios e independientes de los movimientos de renta variable y renta fija.

Para llevar a cabo estas estrategias de inversión los gestores cuentan con importantes equipos de análisis, que estudian continuamente los mercados financieros y de materias primas internacionales e investigan con detenimiento cada posible oportunidad. Los datos y su correcto análisis son el gran activo de estos fondos.

Y cabe destacar que mientras que en los casos de estrategias “Relative Value” y “Opportunistic” el análisis se centra en aspectos financieros clásicos, tanto del mercado como de los activos o sociedades objeto de dicho análisis, en el caso de las estrategias Event Driven el análisis es más suspicaz, en tanto que se centra en buscar eventos relevantes que condicionan el valor futuro de la compañía en mayor medida que cualquier otro factor (mercado, situación económica, balance, etc…).

Esta estrategia permite al gestor del fondo desmarcarse del resto de inversores principalmente por dos razones:

  1. El resto de actores del mercado tenderán a valorar la compañía según los factores clásicos como el análisis de su balance, de su cuenta de resultados, de su sector, de su situación actual, de su correlación con el benchmark, etc… sin tener en cuenta correctamente estos eventos relevantes.
  2. El valor de cotización de estas empresas tenderá a la baja, y a estar infravalorado, al no tener en cuenta correctamente el evento en cuestión.

Estos eventos relevantes suelen ser procesos concursales, procesos de fusión y adquisición, procesos de reestructuración o bien procesos y situaciones poco comunes.

Por lo tanto, lo que buscan los analistas de este tipo de fondos es indicios o información sobre estos posibles movimientos. Veamos diversos ejemplos que pueden responder a situaciones reales, para comprender mejor estas estrategias:

  • Ejemplo 1: conociendo que una empresa cotizada va a ser objeto de una OPA (oferta de adquisición por otra compañía) el gestor del fondo compra acciones de dicha compañía, dado que sus acciones es previsible que suban de precio por el proceso de oferta, mientras toma posiciones bajistas en el grupo que ha lanzado la OPA puesto que es previsible que el valor de sus acciones se reduzca por dicho proceso.

 

  • Ejemplo 2: conociendo que una empresa que ha presentado pérdidas dos trimestres consecutivos, y cuyas acciones cotizan a precio muy bajo, tiene como activos de su balance unas plantas fotovoltaicas de generación de electricidad que debido al anuncio de una nueva normativa europea de incentivos a las renovables pueden ser objeto de compra por otras compañías del sector, toma una posición mayoritaria en su accionariado, a fin de poder vender en un plazo corto dichos activos y obtener un retorno elevado de la inversión.

En definitiva, los gestores y analistas que utilizan esta estrategia identifican acciones donde la evolución bursátil estará desacoplada respecto a los mercados, pues lo que más influirá en el futuro de la compañías en cuyas acciones se invierten son eventos extraordinarios y no correlacionados con la marcha ordinaria de dicho mercado.


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Breve introducción al mercado de renta fija privada

Las dos vías de financiación de las empresas: Banca y Mercados.

Cuando las empresas necesitan financiación para desarrollar su actividad pueden acudir básicamente a dos vías de financiación: una vía es la bancaria, donde los prestamistas son instituciones financieras cuyos recursos provienen de los clientes que depositan allí sus ahorros, intermediando por tanto entre clientes de pasivo (ahorradores) y clientes de activo (demandantes de préstamos); la otra vía es la de acudir directamente a los mercados financieros, emitiendo títulos de deuda que los inversores podrán valorar y adquirir para sus carteras.

La vía directa de los mercados financieros.

Esta segunda vía se impone para compañías de una cierta dimensión, que no pueden depender exclusivamente de la deuda bancaria. Y es que los bancos trabajan bajo una estricta normativa pública que limita los riesgos que pueden asumir y el capital que pueden exponer a cada empresa, proyecto o tipo de financiación en general.

Renta fija y renta variable.

Y en la vía directa de los mercados financieros las empresas pueden emitir diferentes tipos de activos para financiarse, que se clasifican principalmente entre activos de renta fija y activos de renta variable. Los de renta fija otorgan al inversor el derecho a cobrar un rendimiento periódico determinado, como por ejemplo un cupón trimestral, y suelen tener una amortización cierta e igualmente determinada, como por ejemplo la devolución del principal a los 10 años. Por su parte, los activos de renta variable no pagan un cupón determinado, siendo el ejemplo principal la acciones, que pagan a sus propietarios vía dividendos cuando así lo deciden los administradores de la compañía.

Renta fija a corto o largo plazo.

Ya concretamente dentro de los activos de renta fija, podemos realizar una clasificación de los mismos en función de su plazo de vencimiento: renta fija a corto plazo y renta fija a largo plazo. Se considera corto plazo el vencimiento hasta 12 o 18 meses, mientras que los activos a largo plazo son aquellos cuyo vencimiento supera dicho plazo.

La renta fija a corto plazo suele revestir la forma de Pagarés, y se denominan Pagarés de Empresa.

Mientras que la renta fija a largo plazo abarca Bonos, Obligaciones y Participaciones.

El mercado primario y los mercados secundarios.

La distinción entre mercado primario y mercados secundarios se refieren al momento del tiempo en el que se realiza la transacción entre el vendedor del título de renta fija y los inversores.

Cuando la empresa que necesita financiarse emite los valores de renta fija y los vende a los inversores se entiende que la transacción se realiza en el mercado primario. Dicho de otra manera, el mercado primario sería el mercado de emisión inicial de los valores de renta fija.

Pero al tratarse de títulos al portador, esto es, activos cuyo propietario puede vender a otro nuevo inversor después de adquirir el mismo a la empresa que ha emitido los mismos en el mercado primario, y de forma sucesiva cada nuevo tenedor puede volver a venderlos a su vez hasta llegado el vencimiento de los mismos, estas operaciones de compraventa se realizan en el denominado mercado secundario.

Estos mercados secundarios permiten a los inversores gozar de una gran liquidez, pudiendo poner a la venta en cualquier momento sus títulos de renta fija, y permitiendo igualmente poder valorar en todo momento el activo en función de la cotización de títulos similares en el mercado.

Tipos de emisión y rentabilidad de la renta fija.

Los pagarés se suelen emitir “al descuento”, método también denominado “cobro de intereses del tirón”: el inversor los adquiere con un descuento sobre su valor nominal, por lo que su rentabilidad se obtiene por la diferencia entre el precio de compra y el valor nominal del pagaré que se recibe en la fecha de amortización. Los vencimientos se suelen fijar en 3 meses, 6 meses, 9 meses, 12 meses, 15 meses o 18 meses. Por ejemplo, en la emisión de unos pagarés a 12 meses con valor nominal de 100 € y valor de emisión al 98 %, los inversores los adquieren por 98 € y cobrarán a vencimiento 100 €, lo que implica una rentabilidad anual del 2 %.

Los Bonos y las Obligaciones suelen emitirse con plazos de amortización entre 5 y 20 años, y las Participaciones suelen sin embargo emitirse sin plazo de vencimiento, como deuda perpetua. Suelen pagar intereses de una de las siguientes formas: en la modalidad denominada “cupón cero” donde el título se adquiere por su valor nominal y se va amortizando a lo largo del tiempo con diferentes primas según el plazo de reembolso; o bien en la modalidad de “interés referenciado” donde el interés se referencia a un índice del mercado, como el Euribor.

AIAF: Mercado oficial de Renta Fija privada.

El mercado secundario oficial de renta fija en España, está organizado y gestionado por AIAF (Asociación de Intermediarios de Activos Financieros) y en él se negocian los Pagarés y otros tipos de deuda a corto plazo de empresas privadas.

Se trata como decimos de un mercado organizado, en contraposición a los mercados OTC (over the counter) creado en 1986 por iniciativa del Banco de España, y perteneciente a BME (Bolsas Y Mercados Españoles) desde 2001. Cuenta con 80 miembros entre los que se encuentran los principales Bancos, sociedades y agencias de inversión.

Se negocian en este mercado los siguientes tipos de activos:

  1. Corto Plazo: Pagarés de Empresa.
  2. Medio y Largo Plazo: Bonos, Obligaciones, Cédulas Hipotecarias, Emisiones Titulizadas, Participaciones preferentes y Bonos Matador.

Los requisitos que deben cumplir las empresas y sus emisiones para ser admitidas a negociación en este mercado son muy elevados, por lo que garantiza una elevada seguridad y solvencia a los compradores.

SEND: Sistema Electrónico de Negociación de Deuda.

Se trata de una plataforma electrónica destinada específicamente a la negociación de Renta Fija para minoristas, creada por AIAF en 2010 para mejorar la transparencia y la liquidez del mercado español de Deuda Corporativa.

Se negocian en SEND participaciones preferentes, bonos y obligaciones simples, obligaciones subordinadas, obligaciones con bonificación fiscal, cédulas y los pagarés con vencimiento superior a 6 meses, emitidas a partir de 2009, con nominal unitario igual o inferior a 1.500 euros, y cuyos destinatarios son inversores particulares.

SEND permite a los particulares realizar transacciones electrónicas sobre los activos allí negociados de forma directa y con menores costes de transacción. Y con la garantía del mercado AIAF en todo momento.

MERF: Mercado Alternativo de Renta Fija.

Se trata del mercado no oficial de renta fija, alternativo a AIAF. Forma parte también de BME pero adopta la estructura jurídica de Sistema Multilateral de Negociación, lo que le permite operar como un mercado privado. Esto implica que los emisores y los títulos negociados no deben cumplir una regulación tan estricta como la del mercado oficial AIAF, y ello dota de flexibilidad a las empresas que necesitan financiación.

Se negocian en este mercado los siguientes tipos de activos:

  1. Corto Plazo: Pagarés de Empresa.
  2. Medio y Largo Plazo: Bonos, Obligaciones y Titulaciones.

La flexibilidad de MERF ha hecho que la mayor parte de las emisiones empresariales y corporativas de los últimos años coticen aquí en vez de en AIAF.


* Más información| BMERF  Finanzas para Todos  Cuanto vale un euro
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Ciclos Económicos: Expansión, Crisis y Recesión.

EL DESARROLLO ECONÓMICO.

El desarrollo y crecimiento de una economía se fundamenta en el ahorro. Cuándo existen agentes en la economía que no consumen toda su producción, sino que pueden ahorrar una parte de la misma, este ahorro podrá destinarse a servir de capital o bienes de capital, que servirán a la producción de más y mejores bienes de consumo.

Sin embargo, si los procesos de expansión y desarrollo económico se llevan a cabo sin ahorro real que lo sustente, el proceso finaliza inevitablemente en una crisis financiera y económica.

EL SISTEMA BANCARIO COMO INTERMEDIARIO.

Según se desarrolla la complejidad de una economía, y se genera mayor ahorro, aparecen intermediarios especializados en captar el ahorro de los agentes excedentarios en forma de depósitos o inversiones financieras, utilizando dicho ahorro para su custodia hasta el futuro consumo, o bien para prestar a los agentes que demandan inversión en su actividad empresarial.

Si han recibido un depósito, deberán custodiarlo. Y si reciben el dinero por parte de su propietario como destinado a la inversión, podrán prestarlo a terceros clientes inversores, dentro del marco del contrato firmado con el titular del dinero, y obteniendo el margen de la diferencia entre el tipo de interés cobrado al prestatario y el abonado al cliente que les confió el dinero. Esta es su labor de intermediación financiera, haciendo más eficiente el mercado.

Sin embargo, si prestan lo que no tienen (es decir, más dinero del que recibieron para inversión, ya sea utilizando dinero recibido en depósito, o bien con anotaciones contables) estarán inyectando nueva inversión no respaldada por ahorro real, dando lugar al proceso de expansión crediticia que desemboca en crisis, tal y como vamos a ver más adelante, y como ya se apuntó más arriba.

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DINERO FIDUCIARIO Y ABANDONO DEL PATRÓN ORO. 

El dinero es una mercancía que puede intercambiarse por cualquier otra mercancía de la economía, y que permite por tanto conservar el valor excedentario de manera duradera en el tiempo, es decir, permite el ahorro.

Durante la historia, muchas mercancías han servido como dinero, por ejemplo la sal, los diamantes o principalmente la plata y el oro. El oro ha sido sin embargo el dinero por excelencia tradicionalmente, desde la edad antigua. Llegando a existir un “standard” internacional denominado “patrón oro” que mantenía los tipos de cambio fijos de cada moneda en torno a esta mercancía.

A lo largo de los siglos, conforme se desarrolló el sistema bancario, se empezó a utilizar el dinero-papel por motivos prácticos: los banqueros custodiaban el dinero mercancía (oro o plata) y entregaban a cambio al depositario un recibo, billete, que según se fue aceptando por el mercado giraba en la economía con los mismos efectos que el dinero real cuyo valor nominal representaba.

Cuándo se abandona una mercancía real como “standard” de dinero, y se impone a los ciudadanos la utilización del dinero fiduciario, es decir, dinero-papel no respaldado por el depósito de una mercancía real, se destruye buena parte del valor del dinero, puesto que la garantía del dinero que circula en la sociedad es etérea, el gobierno puede emitir la cantidad de dinero que desee en cada momento sin tener reservas. Si por ejemplo existen en el banco central reservas de oro por 100 millones y el gobierno autoriza emitir 200 millones en dinero papel, solo el 50 % del nominal del dinero-papel estará respaldado por dinero real.

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Desde 1971 todo el dinero en circulación es fiduciario, y no convertible en oro. Lo que quiere decir que los gobiernos y los Bancos Centrales emiten todo el dinero-papel que consideran adecuado en cada momento.

A la creación del dinero fiduciario debemos sumar, además del abandono del patrón oro, el abandono de la reserva integra de los depósitos. Es decir, desde 1844 se permite a los bancos de la mayor parte de países operar con reserva fraccionaria, es decir, no mantener de manera íntegra el cien por cien de los depósitos que representan el nominal de los billetes emitidos. Ello se fundamentó en la ley estadística de los grandes números, argumentando que existen muy pocas probabilidades de que todos los depositantes acudan el mismo día a retirar sus depósitos. Sin embargo, lo que subyace es el deseo de los gobernantes de ostentar mayor financiación para su deuda pública, y el importante aumento de rentabilidad que ello supone para los banqueros.

Y desde luego que algo sea poco probable no significa que sea imposible. Ni lo convierte en legítimo.

EXPANSIÓN CREDITICIA Y CRISIS.

Cuándo los Bancos pueden crear dinero de la nada, es decir, emitir dinero-papel sin que el mismo esté garantizado por un subyacente en oro, o bien generar dinero mediante anotaciones contables, o bien utilizar dinero recibido en depósito (reserva fraccionaria) están incrementado de manera artificial el dinero en circulación.

Si la expansión crediticia se produce con ahorro real, el ahorro implica que se ha dejado de consumir en las etapas más cercanas del consumo, dejando por ello mano de obra y recursos ociosos en el mercado. Puesto que la expansión supone que el nuevo ahorro se destina a inversión en bienes de capital en etapas más alejadas del consumo, los recursos y mano de obra que quedaron libres en las etapas más cercanas al consumo se destinan a las etapas que reciben la nueva inversión, y ello evita la subida de precios de los bienes de producción, y por ende la inflación.

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Pero cuándo la expansión se genera con dinero no respaldado por ahorro real, ello implica que los inversores de las etapas más alejadas del consumo compiten por la mano de obra y los recursos económicos con las etapas cercanas al consumo, puesto que no ha bajado el consumo dado que no se ha ahorrado de verdad. Ello implica que suban los precios de los salarios y recursos. Este es un primer efecto pernicioso de la expansión artificial, puesto que conlleva inflación sin que exista una razón real para ello (desabastecimiento).

Toda expansión crediticia no generada con ahorro real deriva en crisis. La recesión supone la liquidación de las malas inversiones

Ha de tenerse en cuenta que si la expansión económica se financia con ahorro real, al aumentar el ahorro habrá disminuido el tipo de interés. Pero cuándo lo que se emite es dinero ficticio sin respaldo de ahorro real, se tendrá que bajar de manera artificial el tipo de interés en el sistema para hacer atractivo que los inversores tomen a préstamo el nuevo dinero, haciendo creer a los empresarios que sus proyectos son rentables. Así, se está falseando uno de los indicadores económicos más importantes, el tipo de interés con el que el empresario puede realizar sus previsiones. A partir de aquí es fácil ver que todos los planes empresariales financiados con ahorro ficticio están partiendo de tesis equivocadas, pues se están calculando con un tipo de interés falseado.

Como podemos ver, los empresarios invierten como si los recursos de la sociedad hubiesen aumentado por el ahorro real, mientras que los consumidores mantienen su nivel de consumo puesto que no están ahorrando.

Al subir los precios de la mano de obra y de los factores de producción, los planes empresariales que se hicieron teniendo en cuenta unos costes determinados (los que había en el mercado) ven como dichos costes se elevan (por la competencia con otras etapas económicas, al no haberse restringido el consumo en ninguna etapa para generar el ahorro, dado que la expansión es ficticia). Ello determina que sus planes tengan rentabilidades inferiores a las proyectadas.

Además como dijimos más arriba el incremento de salarios conlleva incremento de consumo y demanda de bienes finales, lo cual implica un proceso inflacionario importante.

Lógicamente, conforme el mercado ve que las ventas de bienes de consumo son más altas, la nueva inversión se va dirigiendo a estas etapas finales, restando recursos a las etapas anteriores que recibieron el dinero procedente de la expansión crediticia artificial.

Los precios de los bienes de consumo acaban subiendo mucho más que los precios de salarios, por lo cual baja el poder adquisitivo de los trabajadores, siendo los salarios reales más bajos. Ello a nivel marginal supone que se vuelven más rentables los trabajadores que los bienes de equipo, desincentivando a los empresarios a adquirir nuevos bienes de capital, que fue precisamente donde se dirigió la inversión derivada de la expansión crediticia artificial.

Los tipos de interés tenderán a subir de manera importante, integrando la inflación y la prima de riesgo. Como ya expusimos, los empresarios han invertido en proyectos manejando un tipo de interés falseado, y unos costes que después han visto subir de manera importante, por lo que dichos planes van dando en quiebra. Las empresas empiezan a quebrar, a declararse insolventes y a cerrar.

Y según se van demostrando inviables los proyectos empresariales que recibieron la inversión, y por ende se van declarando incobrables los préstamos que la banca facilitó sin ahorro real, los bancos se ven abocados a aflorar las pérdidas en sus balances, deviniendo insolvente (sus pasivos son más altos que sus activos).

ALARGAMIENTO DE LA EXPANSIÓN.

Si cuándo el mercado empieza a acusar los síntomas de la crisis se vuelve a inyectar nuevo dinero en la economía, se estará <<dando una patada adelante>> a la situación, y se alargará el desencadenamiento de la crisis, a la vez que se aumentará la misma, puesto que se generarán más malas inversiones, y se profundizarán las ya existentes.

CRISIS Y RECESIÓN.

Una vez que ya resulta imposible retrasar la crisis, la única manera de superar la misma es atravesar el proceso de recesión necesario.

Y es que la recesión no es otra cosa que el período de ajuste del mercado para eliminar y corregir las malas inversiones realizadas durante la etapa de expansión artificial. Se han comenzado proyectos empresariales que después han resultado inviables, y para los mismos las empresas se dotaron de unos bienes de capital (naves, camiones, maquinaria, materias primas, etc…) que ahora ya no pueden aplicarse a dichos proyectos, pues supondrían más perdidas. Por lo que los empresarios irán tomando decisiones sobre dichos bienes de capital, que en algunos casos se reutilizarán en otros procesos productivos, o se reconvertirán para otros proyectos, y en otros casos se perderán.

Al final, la salida de la crisis llegará cuándo el mercado haya podido reasignar el capital y los bienes de capital a proyectos viables, a la luz de los nuevos tipos de interés, del ahorro real de la sociedad disponible para la inversión, y de los deseos y demanda de los consumidores.

FALSA SALIDA.

Si los gobiernos y los Bancos centrales no dejan que el mercado limpie (vía recesión) las malas inversiones, la salida de la crisis no será real, sino una ficción que volverá a acarrear una nueva crisis (más profunda) en el futuro.

Cuándo el sistema de banca central rescata a los bancos privados que participaron en el proceso de expansión crediticia, en vez de dejarlos quebrar, está alargando la crisis, pues está en definitiva creando nueva expansión artificial para cubrir las pérdidas reales originadas por la anterior expansión.

Cuándo los gobiernos generan más deuda pública, y mayor intervención económica en los mercados, están igualmente dando una salida ficticia a la crisis, pues como en el caso anterior estarán generando mayores pérdidas, que al final darán lugar a nuevos rescates: programas de compra de deuda por parte de los Bancos Centrales, para “salvar” a los gobiernos, que no son otra cosa que nuevas expansiones crediticias que como hemos estudiado en este ensayo darán lugar a una futura crisis, cada vez más profunda.

Dinero, Crédito Bancario y Ciclos Económicos. Jesús Huerta de Soto. Unión Editorial. ISBN 978-84-7209-547-2

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