Tres buenas razones para invertir en ETFs

Aunque los ETFs han adquirido un peso muy importante en el mercado financiero, llegando a alcanzar en Europa una cifra de 450.000 millones de euros, a la parte que suponen un total de dos billones de euros de ahorro invertido a nivel internacional, aún siguen siendo unos grandes desconocidos para muchos inversores particulares.

En este pequeño ensayo vamos a explicar brevemente en qué consisten, y vamos a dar tres buenas razones para utilizarlos en nuestras inversiones. Aunque primero parece recomendable recordar brevemente los conceptos básicos de este vehículo de inversión colectiva.

¿Qué es un ETF?

Su nombre es un acrónimo formado por las iniciales de su denominación en inglés, Exchange Trade Fund, que podemos traducir como fondo de inversión cotizado. Es decir, estamos antes fondos de inversión cuyas participaciones cotizan en la Bolsa, esto es, en el mercado secundario oficial, creando un híbrido entre los fondos y las acciones.

Primera Razón, la gestión pasiva.

Tenemos que traer aquí al frente otro concepto básico muy importante, concretamente el de que hay básicamente dos posibles estrategias de inversión en los mercados financieros:

  1. Gestión activa: existe una labor activa de análisis de los mercados, para determinar en qué valores o activos invertir, o bien cuáles hay que vender de los que ya hemos invertido, y en qué momento comprar o vender. Esta gestión intenta superar la rentabilidad media del mercado, para cuya medida se utiliza un índice como referencia del mercado. Por ejemplo, si en un fondo de gestión activa en las principales empresas cotizadas del mercado español su gestor ha logrado en el último año una rentabilidad del 5 % mientras que el índice de referencia de dicho mercado, el Ibex 35, ha logrado un 3,5 % de subida, entendemos que la gestión ha batido y superado en un 1,5 % de rendimiento al mercado. En definitiva, asume la premisa de que el análisis generará un mejor entendimiento de la información del mercado, pudiendo batirlo de manera recurrente.
  2. Gestión pasiva: es aquella que se limita a replicar el índice de mercado, por entender que intentar batir dicho rendimiento medio del mercado implica una gran cantidad de coste de análisis, y quizá un mayor riesgo, mientras que simplemente replicando el índice nos aseguramos su rentabilidad. Es decir, asume la premisa de que el mercado en sí mismo es eficiente, y el coste del análisis no nos va a permitir batirlo de manera recurrente. Replicar el índice ya implica por sí mismo diversificar e invertir en las empresas más representativas.

 

Era necesario especificar el concepto anterior ya que la mayor parte de los ETFs se construyen con un modelo de gestión pasiva, y están indexados a un índice, al cual replican. Por tanto, son el instrumento que nos permite realizar una gestión pasiva pura como inversores particulares, asegurando que la gestora del ETF revisará sus posiciones diariamente para que nuestra inversión replique la media del mercado, obteniendo por tanto su rendimiento medio, sin asumir mayores riesgos y sin asumir costes de análisis.

Segunda razón, la liquidez.

El alto grado de liquidez de los ETFs es su segundo principal atributo para optar por estos vehículos de inversión. Y es que su principal diferencia con los fondos ordinarios reside especialmente en la liquidez que les otorga cotizar en el mercado.

Y es que en los fondos tradicionales las participaciones se compran a la Gestora del Fondo, y su liquidez futura está supeditada a que dicha Gestora pueda asumir su compra posterior, o bien deshacer posiciones para poder atender las necesidades de venta del partícipe.

Sin embargo las participaciones de un ETF se pueden vender en todo momento en Bolsa, como las acciones o cualquier otro título cotizado.

Dado que la cartera de inversión del ETF se compone de los valores del índice al que replica, su liquidez es en esencia la misma de dicha cartera. Además, el acceso a esta liquidez está garantizado por medio de la figura de unos intermediarios especialistas que asumen el compromiso de ofrecer en todo momento precios de compra y venta de las participaciones del ETF durante las sesiones de mercado. De ello de hecho depende su admisión a cotización en el mercado oficial (en España BME) y su cumplimiento está también supervisado por el organismo rector de la Bolsa, lo cual es una garantía muy importante de dicha liquidez para los inversores.

Estos intermediarios especialistas que adoptan la función de “market makers” en los ETFs y que garantizan su liquidez suelen ser Bancos de inversión e instituciones financieras que tienen capacidad para otorgar en todo momento de las sesiones de mercado abierto precios de compra y venta de las participaciones del ETF en una horquilla (spread) determinada.

Tercera razón, la diversificación.

Apuntábamos ya en la primera de las razones para utilizar ETFs en nuestra inversión (gestión pasiva) que el invertir en el índice de mercado nos otorga por sí mismo una diversificación de nuestra inversión, ya que el propio índice está compuesto por una muestra representativa de este mercado al que nos indexamos.

Pero la razón que aquí queremos exponer como diversificación va más allá de ello, y es más elevada, porque lo que realmente nos permite el comprar participaciones de ETFs es el acceder a múltiples mercados a través de ETFs que replican diferentes índices internacionales.

Así por tanto, si creemos que USA y Europa deben tener un peso del 60% de nuestra cartera, pero el otro 40% lo tenemos que destinar a mercados emergentes, por ejemplo con un 20% en mercados de Sudamérica, un 10% en Indica y un 10% restante en Asia, podríamos ejecutar esta estrategia invirtiendo en ETFs que repliquen mercados norteamericanos, europeos y emergentes repartiendo la inversión entre ellos con la proporción descrita.

Es decir, invertir en diferentes ETFs internacionales nos permite diversificar por partida doble sin grandes costes de análisis y selección de valores: primero, cada ETF nos acerca a un país determinado; segundo, en cada uno de los ETFs estamos diversificando la inversión en aquél mercado.


* Más información| BME  Economipedia
* Imagen| Pixabay

Anuncios

La regla del 72 en finanzas

Todos los que hemos estudiado contabilidad conocemos a Fray Luca Pacioli, fraile franciscano italiano del s. XV a quien debemos el sistema contable de partida doble (el debe y el haber) que desde entonces se ha utilizado en todas las instituciones y compañías mercantiles.

Pero este monje no solo desarrolló la moderna contabilidad, sino que aportó obras tan importantes como la Divina Proporción, manuales de matemáticas y manuales de Ajedrez.

Entre todas sus aportaciones, queremos aquí destacar una muy importante, denominada “la regla del 72”. Se trata de un método de resolución de problemas financieros que se aproximó a los logaritmos casi un siglo antes de que Jhon Napier desarrollase la logarítmica.

Esta regla del 72 nos permite de forma muy sencilla calcular cuántos años necesitamos para duplicar nuestra inversión, o bien dado un plazo de años determinado a qué tipo de interés se tendría que reinvertir para duplicar la inversión.

Primero recordemos que nuestra inversión se puede capitalizar a interés simple o bien a interés compuesto. El interés simple significa que los interese se cobran por el inversor y no se reinvierten, por lo que la fórmula matemática para calcular el rendimiento sería

Donde Cn es el capital final obtenido, Co es el capital inicial invertido, “i” es el tipo de interés que se cobra, y “n” es el término temporal en el que se cobran intereses por dicha inversión.

Como vemos, calcular aquí cuánto se tardaría en duplicar la inversión es relativamente sencillo, dado que basta con realizar operaciones aritméticas simples.

Sin embargo, el interés compuesto implica que los intereses generados por la inversión se reinvierten al mismo tipo de interés. Así, la fórmula matemática sería como sigue:

Dado que en este caso del interés compuesto el factor tiempo actúa como exponente, puesto que los nuevos intereses generados cada cierto tiempo se añaden a la inversión inicial, calcular el plazo necesario para duplicar la inversión requeriría operaciones complejas que hoy resolveríamos con logaritmos.

Sin embargo, Fray Luca Pacioli nos dio la regla simple para calcular aritméticamente el plazo de tiempo para necesario para multiplicar por dos lo invertido. Basta con dividir 72 entre el tipo de interés (multiplicado por 100) y obtendremos el tiempo necesario.

Veamos cómo funciona con un ejemplo. Pensemos que invertimos 10.000 € a un tipo de interés compuesto anual del 4 %. Cada año aplicando la fórmula del interés compuesto ganamos 400 € por lo que el capital final tras la inversión de un año será de 10.400 €

Con la regla del 72 podemos calcular de forma rápida el número de años necesario para que este capital final de nuestro ejemplo sea al menos de 20.000 € habiendo duplicado con el tiempo la inversión inicial.

Procedemos a dividir 72 entre el tipo de interés en términos absolutos, es decir, entre 4, y obtenemos como resultado 18 años. Veamos cómo efectivamente el resultado es aproximadamente correcto.

Si probamos con cualquier otro tipo de interés, veremos que el número de años calculado siempre permite hacer duplicar la inversión según el tipo de interés compuesto utilizado.

A la inversa, si tenemos un capital y un plazo de tiempo durante el cual podremos invertirlo, también podemos calcular el tipo de interés compuesto al cual lo debemos invertir para duplicar la inversión en dicho tiempo. Sería tan sencillo como dividir 72 entre el número de años, y el resultado sería el valor en términos absolutos del tipo de interés a requerir para aproximadamente multiplicar la inversión por dos en el plazo de años que tendremos disponible el capital.

Por ejemplo, si durante 10 años que nos faltan para la jubilación vamos a disponer de 30.000 € ahorrados, ¿qué tipo de interés deberíamos requerir para duplicar este capital en el momento de jubilarnos?. Al dividir 72 entre 10 obtenemos 7,2 por lo que el interés que duplica esta inversión en 10 años es de 7,2%.

Cómo es posible que esta regla tan sencilla funcione? La respuesta es que si calculamos a qué exponente es necesario elevar la suma del tipo de interés porcentual más 1 para que el resultado sea 2, dicho exponente necesario será igual siempre al resultado de la fracción entre 72 y el tipo de interés (este último multiplicado por 100, no en términos porcentuales).  Este cálculo corresponde en las matemáticas modernas al campo de los logaritmos y del cálculo infinitesimal, pero el conocimiento de Fray Luca Pacioli nos lo brindó en forma de sencilla regla financiera hace ya cinco siglos.


* Más información| BiografiasyVidas  AcademiadeInversión
* Imagen| Pixabay   Wikipedia

Conociendo los fondos con estrategia “event driven”

Los particulares con unos ahorros en nuestra sucursal bancaria solo tenemos acceso a los fondos comercializados por nuestro Banco, normalmente fondos de la propia gestora del grupo bancario y con escasa rentabilidad pero altas comisiones. Sin embargo los inversores con mayor capacidad tienen acceso a Fondos de gestoras independientes, bien sea en el extranjero, bien sea en entidades de banca privada o de banca personal en España.

Algunos de estos fondos tienen se gestionan con estrategias alternativas, y entre ellos destacan los denominados “hedge fund” donde el riesgo asumido por los inversores es “a priori” superior, pero donde los gestores establecen estrategias que pueden ser verdaderamente atractivas y rentables.

Los “hedge funds” se caracterizan por no tener limitación en sus inversiones, y gozan de una amplia flexibilidad en su política de inversión, así como en los instrumentos que pueden utilizar para conseguirlas. Los gestores de estos fondos suelen utilizar tres tipos de estrategias:

  1. Valor Relativo (Relative Value): realizan arbitraje con bonos convertibles, con títulos de renta fija, o con posiciones largas y cortas para lograr resultados independientes a los del mercado.
  2. Oportunistas (Opportunistic): identifican oportunidades de inversión seleccionando diferentes países o en economías emergentes, realizando ventas en corto de determinadas compañías, con estrategias long-short, o con estrategias a través de futuros.
  3. Eventos Relelvantes (Event Driven): tratan de obtener beneficios identificando eventos extraordinarios e independientes de los movimientos de renta variable y renta fija.

Para llevar a cabo estas estrategias de inversión los gestores cuentan con importantes equipos de análisis, que estudian continuamente los mercados financieros y de materias primas internacionales e investigan con detenimiento cada posible oportunidad. Los datos y su correcto análisis son el gran activo de estos fondos.

Y cabe destacar que mientras que en los casos de estrategias “Relative Value” y “Opportunistic” el análisis se centra en aspectos financieros clásicos, tanto del mercado como de los activos o sociedades objeto de dicho análisis, en el caso de las estrategias Event Driven el análisis es más suspicaz, en tanto que se centra en buscar eventos relevantes que condicionan el valor futuro de la compañía en mayor medida que cualquier otro factor (mercado, situación económica, balance, etc…).

Esta estrategia permite al gestor del fondo desmarcarse del resto de inversores principalmente por dos razones:

  1. El resto de actores del mercado tenderán a valorar la compañía según los factores clásicos como el análisis de su balance, de su cuenta de resultados, de su sector, de su situación actual, de su correlación con el benchmark, etc… sin tener en cuenta correctamente estos eventos relevantes.
  2. El valor de cotización de estas empresas tenderá a la baja, y a estar infravalorado, al no tener en cuenta correctamente el evento en cuestión.

Estos eventos relevantes suelen ser procesos concursales, procesos de fusión y adquisición, procesos de reestructuración o bien procesos y situaciones poco comunes.

Por lo tanto, lo que buscan los analistas de este tipo de fondos es indicios o información sobre estos posibles movimientos. Veamos diversos ejemplos que pueden responder a situaciones reales, para comprender mejor estas estrategias:

  • Ejemplo 1: conociendo que una empresa cotizada va a ser objeto de una OPA (oferta de adquisición por otra compañía) el gestor del fondo compra acciones de dicha compañía, dado que sus acciones es previsible que suban de precio por el proceso de oferta, mientras toma posiciones bajistas en el grupo que ha lanzado la OPA puesto que es previsible que el valor de sus acciones se reduzca por dicho proceso.

 

  • Ejemplo 2: conociendo que una empresa que ha presentado pérdidas dos trimestres consecutivos, y cuyas acciones cotizan a precio muy bajo, tiene como activos de su balance unas plantas fotovoltaicas de generación de electricidad que debido al anuncio de una nueva normativa europea de incentivos a las renovables pueden ser objeto de compra por otras compañías del sector, toma una posición mayoritaria en su accionariado, a fin de poder vender en un plazo corto dichos activos y obtener un retorno elevado de la inversión.

En definitiva, los gestores y analistas que utilizan esta estrategia identifican acciones donde la evolución bursátil estará desacoplada respecto a los mercados, pues lo que más influirá en el futuro de la compañías en cuyas acciones se invierten son eventos extraordinarios y no correlacionados con la marcha ordinaria de dicho mercado.


* Más información| Andbank Rankia
* Imagen| Pixabay

Cómo reducir el WAAC o coste de financiación

El coste de financiación de las empresas, también conocido por sus siglas en inglés WACC (Weighted Average Cost of Capital) es el coste promedio que tiene la compañía como resultado del coste de financiación de los fondos propios (Equity o capital social, por la retribución exigida por los accionistas) y del coste de financiación de los fondos ajenos (por el tipo de interés exigido por los acreedores financieros y prestamistas).

Un coste muy alto lastraría la rentabilidad de la compañía y podría derivar incluso en su quiebra por incapacidad de acceder a la financiación.

Existen diversas claves para reducir el coste de financiación. Dado que el WACC como hemos visto es una media ponderada del coste de los fondos propios y del coste de los fondos ajenos, las medidas para reducir el mismo se dividen igualmente en dos partes bien diferenciadas:

  1. Reducir el coste de financiación de los fondos propios.
  2. Reducir el coste de financiación de los fondos ajenos.

Respecto del primer punto, existen fundamentalmente dos vías:

1.a) Reducir el dividendo. En la medida en que la compañía destine un menor porcentaje de beneficios a retribuir a sus accionistas, dicho importe podrá ser destinado a reservas, ampliando los capitales propios para financiar la actividad e inversiones de la compañía. Esta medida merma la rentabilidad de los inversores, por lo que debería consensuarse por la Junta de Accionistas, y el equipo de dirección debería explicar correctamente a qué se van a dedicar los beneficios no repartidos. Esta medida es también habitual cuando la compañía tiene dificultades para financiarse con fondos ajenos, es decir, si no obtiene otra financiación recurre a sus propios beneficios (autofinanciación) en detrimento del accionista. También es habitual en compañías de reciente creación y en crecimiento.

1.b) Ampliar el capital. Si la medida anterior implicaba reducir la retribución a los accionistas, esta medida implica requerir financiación por parte de ellos. Para la compañía, estos nuevos fondos derivados de una ampliación de capital no implican un coste directo, dado que no existe una obligatoriedad de reembolsar el capital social. Y le permite por tanto acometer nuevas inversiones en el activo fijo o circulante sin incrementar sus costes financieros. También cabe realizar una ampliación con

Estas dos medidas no serán posibles sin la confianza de los accionistas en los proyectos de la empresa, por lo que repetimos que el equipo directivo tendrá que dar buena cuenta de su correcta gestión.

Y respecto del segundo punto, indicaremos igualmente dos vías fundamentales:

2.a) Trasladar la financiación al largo plazo: El coste de los créditos bancarios a corto plazo tiende a ser superior, ya que el cuadro de amortización es más exigente. Es decir, si hay menos tiempo para reembolsar el crédito o préstamo, es mayor la probabilidad de que el negocio aborde problemas para su devolución, y ello encarece el tipo de interés. En tanto que se pueda derivar financiación del corto al largo plazo tenderá a reducirse dicho tipo de interés exigido por el banco o entidad prestamista. Por ejemplo, un préstamo para comprar una maquinaria que tardará al menos tres años en optimizar su función dentro de la cadena de producción no debería financiarse con un préstamo, crédito o renting de plazo inferior a tres años, sino en un plazo de unos cuatro años, para que el retorno de la inversión pueda contribuir correctamente a amortizar la inversión. Al estar contemplado el retorno de la inversión en el plazo de amortización crediticia, el Banco o prestamista podrá reducir el interés exigido al ser inferior la prima de riesgo.

2.b) Reforzar garantías en la financiación: cuantas mayores garantías aporte la empresa a sus acreedores financieros externos en cada operación, menor tenderá a ser la prima de riesgo de las operaciones y por lo tanto menor será el tipo de interés de préstamos y créditos, reduciendo el coste de financiación. Principalmente se contemplan dos tipos de garantías, las reales y las personales. Mientras que en el caso de la garantía real se aporta al préstamo o crédito un bien mueble o inmueble de la compañía en garantía de la correcta devolución, en el caso de la garantía personal es el empresario el que avala con su patrimonio personal dicha devolución. Un ejemplo típico de garantía con bien inmueble es la constitución de una hipoteca sobre un edificio o nave industrial, mientras que un ejemplo de garantía mobiliaria (bien mueble) lo constituye la prenda o la reserva de dominio sobre los vehículos de la compañía.

Finalmente debemos indicar que, con la implementación de estas medidas y reduciendo el coste de financiación o WAAC, la compañía se volverá más atractiva para los potenciales inversores, lo cual genera un circulo virtuoso ya que contribuirá a seguir reduciendo dicho coste vía nuevas aportaciones de capital.

* Más información| Blog EFPA España Economipedia
* Imagen| Pixabay

¿Cómo tributa la inversión en acciones extranjeras?

Actualmente las 10 mayores compañías por valor bursátil del mundo son de Estados Unidos y cotizan en Wall Street. Y si ampliamos el listado a las 100 mayores del planeta, solo dos de ellas son españolas y cotizan en la Bolsa de Madrid. Por lo tanto no es extraño que los pequeños inversores que pretenden consolidar sus ahorros en compañías de valor deban dirigirse al extranjero.

Por ello se hace necesario entender correctamente los aspectos más importantes del régimen de compraventa y fiscalidad de las acciones en el extranjero.

¿Qué operaciones tengo que declarar en el IRPF?

Como en el caso de la inversión en valores nacionales, hay que declarar la compraventa de acciones y el cobro de dividendos, que en ambos casos se consideran ganancias patrimoniales.

¿Cómo tributa la compraventa?

Sólo se paga por el beneficio total derivado de restar a las ganancias patrimoniales las pérdidas, existiendo un plazo de hasta cuatro años para restar las pérdidas patrimoniales a las ganancias patrimoniales. Estos beneficios netos tributan rendimientos del capital mobiliario: se aplica un tipo impositivo del 19% a los primeros 6.000 euros, del 21% desde dicha cantidad y hasta 50.000 euros, y del 23% para todo lo que exceda de este límite.

¿Cómo tributa el cobro de dividendos?

Se aplica el convenio de doble imposición vigente entre España y el país donde cotizan las acciones. Dicho país aplica la retención allí establecida para dividendos, la cual se devuelve (con límites) al realizar la declaración de IRPF en España, a fin de evitar la doble tributación.

¿Cómo funcionan los convenios de doble imposición?

Los convenios firmados por España en materia tributaria con otros países tienden a seguir el modelo previsto por la OCDE, donde el contribuyente que percibe dividendos de una empresa extranjera soporta una retención de un mínimo del 15%. Este porcentaje será el máximo que podrá recuperar en el IRPF; en caso de que se superase, el ahorrador tendría que reclamar la Hacienda del otro país en caso de que quiera recuperar el dinero cobrado de más. En paralelo tendrá que tributar por los dividendos cobrados según el tipo que corresponda en España, del 19%, 21% o 23%.

La Agencia Tributaria española parte de la presunción de que en origen se ha retenido el 15% y devolverá hasta dicho porcentaje como máximo. Por ejemplo, por 2.000 euros cobrados en dividendos en acciones de Apple en Wall Street su bróker le retendrá un 15% (300 euros) de ese dinero para la Hacienda estadounidense. Pero también ha de retener el 19% para España (323 euros, resultado de los 1.700 euros netos cobrados tras restar 300 euros a los 2.000 euros inicialmente cobrados). Al realizar la declaración anual de IRPF el inversor recupera los 300 euros. Sin embargo, en otros países como Italia, la retención sobre dividendos es del 26% por lo que el inversor deberá luego solicitar la devolución al fisco italiano de lo que sobrepase el 15% del Convenio.

¿Cómo tributan los gastos en los que incurre el accionista?

El inversor tiene al menos dos gastos inherentes a la inversión en acciones extranjeras: a) las comisiones de administración y depósito de la entidad bancaria o de valores donde tiene depositadas las acciones; b) las comisiones de compraventa del bróker.

Dichos gastos se pueden restar al beneficio derivado de las acciones, por lo que disminuirían la base imponible.

Esto es importante, ya que una de las desventajas de invertir en acciones extranjeras es que tanto las comisiones de compraventa como las comisiones de administración o depósito suelen ser muy superiores a las que se aplican a las acciones nacionales.

¿Cómo tributa el cambio de divisas?

El cambio de divisas necesario para la compraventa de las acciones extranjeras puede derivar a su vez en una ganancia o pérdida patrimonial. Esta ganancia o pérdida se sumará o restará a la ganancia o pérdida patrimonial derivada de la compraventa de los valores.

Por ejemplo, puede ser que adquiramos dólares para comprar acciones de Alphabet en Estados Unidos, compremos dichas acciones, y unos meses después vendamos las acciones obteniendo una ganancia resultado de la compraventa. Sin embargo, en dicha operación es posible que, al vender los dólares resultado de la venta de las acciones el tipo de cambio sea peor que cuándo compramos los dólares, lo cual dará lugar a una pérdida patrimonial en la operación de divisas. La pérdida por divisas se restará al beneficio por las acciones.

Resumen.

En definitiva, el régimen general para la tributación de las acciones extranjeras es similar al régimen fiscal de las acciones nacionales, pero con las peculiaridades derivadas del cobro de dividendos (sujeto al Convenido internacional en vigor) y del resultado en el tipo de cambio de divisas.


* Más información| InvirtiendoPocoAPoco  Bankinter  Selfbank
* Imagen| Pixabay

 

Breve introducción al mercado de renta fija privada

Las dos vías de financiación de las empresas: Banca y Mercados.

Cuando las empresas necesitan financiación para desarrollar su actividad pueden acudir básicamente a dos vías de financiación: una vía es la bancaria, donde los prestamistas son instituciones financieras cuyos recursos provienen de los clientes que depositan allí sus ahorros, intermediando por tanto entre clientes de pasivo (ahorradores) y clientes de activo (demandantes de préstamos); la otra vía es la de acudir directamente a los mercados financieros, emitiendo títulos de deuda que los inversores podrán valorar y adquirir para sus carteras.

La vía directa de los mercados financieros.

Esta segunda vía se impone para compañías de una cierta dimensión, que no pueden depender exclusivamente de la deuda bancaria. Y es que los bancos trabajan bajo una estricta normativa pública que limita los riesgos que pueden asumir y el capital que pueden exponer a cada empresa, proyecto o tipo de financiación en general.

Renta fija y renta variable.

Y en la vía directa de los mercados financieros las empresas pueden emitir diferentes tipos de activos para financiarse, que se clasifican principalmente entre activos de renta fija y activos de renta variable. Los de renta fija otorgan al inversor el derecho a cobrar un rendimiento periódico determinado, como por ejemplo un cupón trimestral, y suelen tener una amortización cierta e igualmente determinada, como por ejemplo la devolución del principal a los 10 años. Por su parte, los activos de renta variable no pagan un cupón determinado, siendo el ejemplo principal la acciones, que pagan a sus propietarios vía dividendos cuando así lo deciden los administradores de la compañía.

Renta fija a corto o largo plazo.

Ya concretamente dentro de los activos de renta fija, podemos realizar una clasificación de los mismos en función de su plazo de vencimiento: renta fija a corto plazo y renta fija a largo plazo. Se considera corto plazo el vencimiento hasta 12 o 18 meses, mientras que los activos a largo plazo son aquellos cuyo vencimiento supera dicho plazo.

La renta fija a corto plazo suele revestir la forma de Pagarés, y se denominan Pagarés de Empresa.

Mientras que la renta fija a largo plazo abarca Bonos, Obligaciones y Participaciones.

El mercado primario y los mercados secundarios.

La distinción entre mercado primario y mercados secundarios se refieren al momento del tiempo en el que se realiza la transacción entre el vendedor del título de renta fija y los inversores.

Cuando la empresa que necesita financiarse emite los valores de renta fija y los vende a los inversores se entiende que la transacción se realiza en el mercado primario. Dicho de otra manera, el mercado primario sería el mercado de emisión inicial de los valores de renta fija.

Pero al tratarse de títulos al portador, esto es, activos cuyo propietario puede vender a otro nuevo inversor después de adquirir el mismo a la empresa que ha emitido los mismos en el mercado primario, y de forma sucesiva cada nuevo tenedor puede volver a venderlos a su vez hasta llegado el vencimiento de los mismos, estas operaciones de compraventa se realizan en el denominado mercado secundario.

Estos mercados secundarios permiten a los inversores gozar de una gran liquidez, pudiendo poner a la venta en cualquier momento sus títulos de renta fija, y permitiendo igualmente poder valorar en todo momento el activo en función de la cotización de títulos similares en el mercado.

Tipos de emisión y rentabilidad de la renta fija.

Los pagarés se suelen emitir “al descuento”, método también denominado “cobro de intereses del tirón”: el inversor los adquiere con un descuento sobre su valor nominal, por lo que su rentabilidad se obtiene por la diferencia entre el precio de compra y el valor nominal del pagaré que se recibe en la fecha de amortización. Los vencimientos se suelen fijar en 3 meses, 6 meses, 9 meses, 12 meses, 15 meses o 18 meses. Por ejemplo, en la emisión de unos pagarés a 12 meses con valor nominal de 100 € y valor de emisión al 98 %, los inversores los adquieren por 98 € y cobrarán a vencimiento 100 €, lo que implica una rentabilidad anual del 2 %.

Los Bonos y las Obligaciones suelen emitirse con plazos de amortización entre 5 y 20 años, y las Participaciones suelen sin embargo emitirse sin plazo de vencimiento, como deuda perpetua. Suelen pagar intereses de una de las siguientes formas: en la modalidad denominada “cupón cero” donde el título se adquiere por su valor nominal y se va amortizando a lo largo del tiempo con diferentes primas según el plazo de reembolso; o bien en la modalidad de “interés referenciado” donde el interés se referencia a un índice del mercado, como el Euribor.

AIAF: Mercado oficial de Renta Fija privada.

El mercado secundario oficial de renta fija en España, está organizado y gestionado por AIAF (Asociación de Intermediarios de Activos Financieros) y en él se negocian los Pagarés y otros tipos de deuda a corto plazo de empresas privadas.

Se trata como decimos de un mercado organizado, en contraposición a los mercados OTC (over the counter) creado en 1986 por iniciativa del Banco de España, y perteneciente a BME (Bolsas Y Mercados Españoles) desde 2001. Cuenta con 80 miembros entre los que se encuentran los principales Bancos, sociedades y agencias de inversión.

Se negocian en este mercado los siguientes tipos de activos:

  1. Corto Plazo: Pagarés de Empresa.
  2. Medio y Largo Plazo: Bonos, Obligaciones, Cédulas Hipotecarias, Emisiones Titulizadas, Participaciones preferentes y Bonos Matador.

Los requisitos que deben cumplir las empresas y sus emisiones para ser admitidas a negociación en este mercado son muy elevados, por lo que garantiza una elevada seguridad y solvencia a los compradores.

SEND: Sistema Electrónico de Negociación de Deuda.

Se trata de una plataforma electrónica destinada específicamente a la negociación de Renta Fija para minoristas, creada por AIAF en 2010 para mejorar la transparencia y la liquidez del mercado español de Deuda Corporativa.

Se negocian en SEND participaciones preferentes, bonos y obligaciones simples, obligaciones subordinadas, obligaciones con bonificación fiscal, cédulas y los pagarés con vencimiento superior a 6 meses, emitidas a partir de 2009, con nominal unitario igual o inferior a 1.500 euros, y cuyos destinatarios son inversores particulares.

SEND permite a los particulares realizar transacciones electrónicas sobre los activos allí negociados de forma directa y con menores costes de transacción. Y con la garantía del mercado AIAF en todo momento.

MERF: Mercado Alternativo de Renta Fija.

Se trata del mercado no oficial de renta fija, alternativo a AIAF. Forma parte también de BME pero adopta la estructura jurídica de Sistema Multilateral de Negociación, lo que le permite operar como un mercado privado. Esto implica que los emisores y los títulos negociados no deben cumplir una regulación tan estricta como la del mercado oficial AIAF, y ello dota de flexibilidad a las empresas que necesitan financiación.

Se negocian en este mercado los siguientes tipos de activos:

  1. Corto Plazo: Pagarés de Empresa.
  2. Medio y Largo Plazo: Bonos, Obligaciones y Titulaciones.

La flexibilidad de MERF ha hecho que la mayor parte de las emisiones empresariales y corporativas de los últimos años coticen aquí en vez de en AIAF.


* Más información| BMERF  Finanzas para Todos  Cuanto vale un euro
* Imagen| Pixabay

¿Qué tipos de deuda privada existen para invertir?

Todas las compañías necesitan recursos financieros para financiar tanto sus activos como sus operaciones corrientes, y ello supone una oportunidad para los ahorradores, en la medida en que pueden obtener un beneficio al convertirse en inversores y prestar dichos recursos a las empresas.

Los tipos de recursos financieros a los que puede acudir la empresa para financiarse pueden clasificarse en función de las garantías que aporten dicha financiación. En líneas generales, cuanto mayor garanticen el pago al inversor, menor tipo de interés tendrán que ofrecer a cambio; por el contrario, tendrán que pagar un tipo de interés más alto en la medida en que ofrezcan una menor garantía a los recursos captados para financiarse.

El criterio de ordenación, de menor a mayor riesgo, reside en el orden en el que el acreedor ocuparía ante una situación concursal (quiebra de la empresa).

deuda

  1. Deuda Bancaria.

La deuda de la empresa con las entidades bancarias tiende a ser la que más garantías requiere. La estricta regulación bancaria en sus políticas de riesgos hace que se restringa la concesión de crédito solo a las empresas con menor endeudamiento o riesgo, y requiriendo garantías como colateral.

  1. Deuda con garantía de primer rango. el Banco puede ejecutar como acreedor principal la garantía aportada, en caso de impago del principal o de los intereses.
    • Financiación de circulante.
      1. Cuenta de crédito, crédito revolving o préstamo para circulante: se amortiza con los cash flows del negocio.
      2. Factoring: se garantíza con las facturas a cobrar de los clientes, y el Banco anticipa un porcentaje de las mismas, normalmente hasta un 85 % de importe.
  • Confirming: Al emisor le sirve para realizar a sus proveedores pagos confirmados. Al receptor le sirve para anticipar el pago sin esperar al vencimiento, asumiendo el coste financiero que exija el banco que actúa confirmando dicho pago.
  • Financiación de activos fijos con garantía real mobiliaria o inmobiliaria:
    1. Hipoteca inmobiliaria: la garantía del préstamo es un bien inmueble.
    2. Préstamo respaldado con activos mobiliarios: se depositan activos monetarios o títulos valores en el Banco, en garantía del préstamo.
  1. Deuda con garantía de segundo rango. La diferencia reside en que se inscribe la garantía al acreedor bancario en segundo o posterior lugar, tras otras anotaciones en el registro inmobiliario o registro de bienes muebles existentes sobre el bien aportado como colateral o garantía.

 

  1. Bonos “High Yield”.

Se trata de empréstitos o bonos emitidos por las empresas para financiar sus inversiones, y que pagan un tipo de interés o cupón más alto que el que se pagaría en el mercado financiero por un préstamo bancario.

Este término de “High Yield” se refiere generalmente a la calificación otorgada a la empresa por parte de las agencias externas de calificación como Standard & Poor’s, Moody’s o Fitch. Estas agencias, al estudiar los estados financieros de las compañías otorgan a los bonos corporativos dos grandes tipos de calificación:

  • Investment Grade: Alta calificación crediticia. Estos bonos suelen comprarse por los Bancos.
  • High Yield: menor calificación crediticia, a la cual corresponde un mayor tipo de interés.

Estos bonos suelen pagar intereses a sus tenedores de manera semestral o trimetral, y amortizar el principal a vencimiento en un plazo de entre siete y diez años.

Se denominan “Bonos Senior” o “Deuda Senior” porque ocupan un mejor rango de prelación de créditos en caso de quiebra o concurso de acreedores, respecto del resto de deuda no garantizada, denominada generalmente “junior” o “mezzanie” y que estudiaremos a continuación.

Puede emitirse también en la modalidad “Subordinada”, en cuyo caso se denomina “Deuda Senior Subordinada” o “Bonos Senior Subordinados”. Esta modalidad implica que el pago periódico de intereses queda subordinado a un nivel determinado de beneficios.

 

  1. Deuda “Mezzanie”.

El término anglosajón “mezzanie” podemos traducirlo como “intermedio”, y se refiere a que este tipo de deuda se sitúa en un nivel intermedio entre las acciones ordinarias, que ocupan el último lugar en caso de concurso de acreedores, y la deuda “senior” que ocuparía un lugar mejor al de la deuda “mezzanie”. También por ello se suele denominar como deuda “junior”, por tener peor condición que la deuda “senior”.

Las empresas recurren a esta deuda cuando su calificación crediticia, endeudamiento o planes de negocio le impiden financiarse de forma más barata con deuda bancaria o bonos “senior”, e implica un mayor tipo de interés a pagar a los inversionistas, por el mayor riesgo que asumen en la operación. También suele tener plazos de amortización del principal más largos que los de la deuda “senior”, pudiendo llegar a ser incluso títulos de deuda perpetua o sin plazo de vencimiento.

En el caso de las participaciones denominadas “preferentes” no hay plazo de vencimiento, es decir, son deuda perpetua. Y el pago del cupón o intereses se supedita a la obtención del beneficio. Además ocupan el último lugar, solo por delante de las acciones ordinarias, en caso de concurso de acreedores, por detrás de otras emisiones de deuda junior. Sin embargo, pagan un mayor tipo de interés.

Para las instituciones financieras, este tipo de emisiones tienen la consideración de capital en sus balances, según la normativa contable, lo cual favorece su solvencia. En contrapartida, el accionista preferente debe ser consciente de que asume el riesgo de no cobrar intereses en caso de que el negocio no genere beneficios, así como de que puede perder el total de su inversión.

  1. Acciones ordinarias.

Finalmente, las acciones ordinarias constituyen una participación alícuota en el capital social de la empresa. Es decir, su tenedor se convierte en propietario de una parte de la sociedad, por lo que ocupa el último lugar en caso de quiebra de la misma. Sin embargo, en caso de que la compañía genere beneficios, el accionista tenderá a ser retribuido vía dividendos con un mayor importe al del tipo de interés del resto de acreedores.


* Vía|Rosenbaum, J. Pearl, J., (2009), Investment Banking, Hoboken, New Jersey, USA: John Wiley and Sons.
* Más información| CNMV Expansión El Economista
* Imagen| Pixabay