Los 9 riesgos que asumes en tu inversión financiera.

Invertimos para ganar más de lo que tenemos, pero debemos tener en cuenta que el rendimiento de todo activo financiero está determinado por la función de tres variables:

  • Riesgo
  • Tiempo
  • Rentabilidad

Así por ejemplo un activo determinado puede tener una rentabilidad del 10 % en un período de 1 año, y que durante este tiempo que dura la inversión el inversor asumirá un riesgo determinado.

Pero lo más importante de una inversión no es tanto el rendimiento que nos ofrecen o el tiempo que durará la inversión, sino el saber identificar, analizar, entender y valorar el riesgo que supone, dado que un activo cuyo rendimiento a priori nos puede parecer muy atractivo, podría resultar totalmente desaconsejable cuando entendemos realmente el riesgo que implica.

Básicamente podríamos clasificar los distintos riesgos de una inversión dentro de las siguientes categorías:

  1. Riesgo de contrapartida.

Es la calidad crediticia de la otra parte de la operación, es decir, de quien debe responder de la devolución del principal y los intereses.

Se trata por tanto de la solvencia del deudor en quien invertimos. Si compramos por ejemplo bonos de la empresa Vodafone, nuestro riesgo de contrapartida es el grado de solvencia que le otorguemos a esta empresa como futuro pagador del principal más los intereses de dicho bono.

  1. Riesgo de tipo de interés.

Si el tipo de interés del mercado sube respecto del tipo de interés que obtenemos por nuestra inversión, bajará el valor de mercado del activo en el que hemos invertido.

Por ejemplo, si invertimos en bonos que pagan un 1,5 % anual estando el Euribor al 1 % nuestra inversión es más rentable que el tipo oficial, pero si en un momento posterior a lo largo de la vida de la inversión el Euribor sube al 2,5 % nuestra inversión fluctuará a la baja al perder interés, dado que ahora es menos rentable que el tipo de interés del mercado.

  1. Riesgo de tipo de cambio.

Si el activo en el que invertimos está denominado en una moneda distinta a la nuestra y la cotización de dicha divisa se devalúa respecto de nuestra moneda, nuestra inversión se verá también devaluada.

Por ejemplo, si invertimos en un bono denominado en yenes y dicha moneda se devalúa respecto del euro, nuestra inversión tenderá a fluctuar a la baja, dado que cuando nos paguen intereses y nos reinviertan el principal, el deudor nos lo pagará en yenes, y al transformarlo a nuestra moneda, es decir, en euros, el importe final que conseguiremos será inferior por dicha devaluación.

  1. Riesgo por inflación.

La inflación es la subida del nivel medio de precios en una economía y en un período de tiempo determinado.

Por ejemplo, si invertimos 1.000 euros en un bono a 5 años y al 1 % anual en el año 2.000 y con dicho importe podríamos haber comprado una cesta de bienes de consumo, y posteriormente en el año 2005 esa misma cesta de bienes está valorada en 1.400 euros nuestra inversión se habrá devaluado por la inflación, ya que a vencimiento en 2005 los 1.000 euros que nos devolverán valen en términos relativos un 40 % menos que los que 1.000 euros invertidos en el inicio, y además los intereses que cobraremos de 50 euros (1% anual durante 5 años) no compensan más que una parte de la devaluación sufrida (400 euros).

  1. Riesgo de liquidez.

La liquidez es la facilidad para vender un activo, por lo cual podemos afirmar que un activo es más líquido en la medida en que resulta más fácil venderlo en cualquier momento.

Por tanto, el riesgo de liquidez lo constituye la dificultad que puede presentar nuestro activo de inversión para ser vendido en cualquier momento que lo deseemos.

Por ejemplo, si compramos acciones de una pequeña empresa que no cotiza en ningún mercado bursátil asumiremos un riesgo de liquidez ya que si deseamos vender en el futuro dichas acciones nos resultará mucho más difícil que si hubiésemos comprado acciones de una empresa que cotiza en el mercado bursátil.

  1. Riesgos endógenos.

Son los que se refieren a circunstancias propias e internas del deudor de la inversión.

Por ejemplo, si hemos invertido en acciones de una compañía, la dirección estratégica que adopten sus gerentes o las decisiones de su consejo de administración pueden afectar a la viabilidad de la empresa y por tanto de nuestra inversión como accionistas de la misma.

  1. Riesgos exógenos.

Son los que se refieren a la coyuntura socio-política y normativa en la que se enmarca nuestra inversión financiera:

  • Riesgo político: las decisiones del gobierno pueden ser contrarias a los intereses de la compañía en la que hemos invertido. Por ejemplo, si invertimos en acciones de una empresa con restaurantes de comida rápida y la política nacional dictada en un momento determinado por el Gobierno se posiciona en contra de este tipo de comida, podría afectar en contra de nuestra inversión.
  • Riesgo regulatorio: un cambio en la normativa que regula el sector en el que hemos invertido puede ir en contra del valor de nuestra inversión. Por ejemplo, si invertimos en acciones de una compañía tabaquera y se aprueba una ley que incremente los impuestos sobre el tabaco, las ventas de dicho producto podrían bajar, afectando negativamente al valor de nuestras acciones.
  • Riesgo sistémico o de mercado. La coyuntura económica de la región en la que radican los intereses de la compañía en la que hemos invertido pueden afectar negativamente a nuestra inversión. Por ejemplo, si invertimos en bonos de una compañía china y se produce una crisis bancaria en Asia podría caer el valor de nuestros bonos.
  1. Riesgo de volatilidad.

Si los valores financieros en los que hemos invertido cotizan en un mercado bursátil, la volatilidad que presenta la cotización del activo en dicho mercado constituye su riesgo financiero. Es decir, dicha cotización puede llevar al precio del activo a fluctuar al alza o a la baja, y la potencialidad de que baje su precio constituye este riesgo.

En la medida en que el mercado tiende a refleja el resto de riesgos del activo en su cotización, podemos considerar que la volatilidad constituye la valoración del riesgo total de la inversión. Si bien, dado que los mercados financieros no son perfectos, esta no sería una regla absoluta.

  1. Riesgo por apalancamiento.

Si la inversión se realiza con fondos ajenos, esto es, con financiación de un tercero al que debemos reintegrar el préstamo con el que hemos invertido, a los riesgos antes relacionados se le añade el riesgo de que las fluctuaciones negativas agraven la deuda que mantenemos con el financiador, así como nuestra capacidad de devolución del préstamo.

Por ejemplo, si invertimos 10.000 euros en acciones de una empresa con dinero prestado por un banco, esperando devolver el préstamo con los rendimientos de dichas acciones, en caso de que la empresa dé en quiebra no solo habremos perdido los 10.000 euros de nuestra inversión sino que además tendremos que responder de la deuda de 10.000 euros con el Banco.

Otro riesgo por apalancamiento lo constituye la inversión en activos financieros con el solo pago de garantías o de una parte del valor del activo. Este riesgo es típico de la inversión en derivados, warrants, opciones y futuros.

Por ejemplo, si compramos un activo valorado en 1.000 € pero solo me exigen pagar un 10 % del valor hoy y el resto en un plazo de tiempo determinado, podré hacer la inversión con 100 €. Pero si el valor del activo cae a 0 € tendré unas pérdidas de 1.000 % dado que con 100 € he perdido 1.000 €.


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* Imagenes| Elaboración propia

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Capital, Solvencia y Gestión Financiera

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ACTIVOS

Los Activos de una empresa son los bienes y derechos que le permiten llevar a cabo sus operaciones comerciales. Con sus activos, la compañía vende bienes y servicios a sus clientes, obteniendo un retorno positivo de dichas operaciones. Es decir, contribuyen a la generación de valor añadido, los clientes compensan dicho valor, y el retorno positivo supone el beneficio de los propietarios de la empresa.

Veamos un ejemplo muy resumido: en una bodega los activos son los depósitos en los que el mosto fermenta para convertirse en vino, así como el propio mosto comprado a los agricultores. Una vez que la bodega vende el vino elaborado a sus clientes, obtiene un retorno superior al coste del mosto más el coste proporcional que, de la vida útil de los depósitos, corresponda imputar a dicha cantidad de vino elaborada. Con la diferencia positiva entre los ingresos y los costes la bodega puede pagar a sus trabajadores, hacer frente al resto de costes directos e indirectos, y reportar beneficio para los accionistas de la misma.

ACTIVO CORRIENTE Y NO CORRIENTE

conta1En este ejemplo podemos observar que existen Activos Corrientes o de corto plazo, como el mosto, que se consumen en el propio proceso de producción. Si el mosto cuesta 10.000 €, este será el coste que se imputará al producto final, el vino. Y Activos No Corrientes o de largo plazo, como los depósitos en los que fermenta el mosto para transformarse en vino. Los activos no corrientes tienen una vida útil superior a un año, y sirven por tanto a diversos procesos de producción durante los años que duren. Si por ejemplo el depósito de nuestro ejemplo costó 100.000 € y tiene una vida útil de 10 años, y cada año se fermenta en él una partida de mosto que se convierte en vino, imputaremos 10.000 € de coste al producto de este año. Por lo tanto, tenemos 10.000 € de coste de activos corrientes (mosto) y 10.000 € de coste de activos no corrientes (depósito) en nuestro ejemplo.

Desde luego, la producción vinícola es mucho más compleja, intervendrán otros bienes y costes. Y dará lugar a un nuevo activo corriente, en forma de mercancía final, el vino. Pero a partir de nuestro pequeño ejemplo podemos visualizar las tipologías bienes que forman el Activo de una compañía.

Según hemos dicho al principio, el Activo está formado por bienes y derechos. Los derechos son los bienes jurídicos de una empresa que se le permiten reclamar un bien físico a un tercero. Así por ejemplo, si la empresa bodeguera del ejemplo anterior mantiene en su activo corriente el vino, como mercancía, y firma en un determinado momento un contrato de compraventa con un cliente que le abona el importe de la transacción mediante un Pagaré a 60 días, cambiará un activo físico (el vino) por un derecho (el pagaré, que le da derecho a cobrar el importe de la compraventa dentro de dos meses). Dado que el derecho tiene un vencimiento inferior a un año, integrará también el Activo Corriente de la sociedad. Si el derecho a favor de la compañía tuviese vencimiento superior a un año, se contabilizaría como Activo No Corriente.

CAPITAL. PASIVO CORRIENTE Y NO CORRIENTE.

El Capital es el valor contable neto de los Activos. Si los activos han sido pagados en su totalidad, el Capital de una empresa es igual a la suma de sus activos corrientes y no corrientes. Si los activos están pendientes de pago en un plazo inferior a doce meses, estas obligaciones de pago suponen el Pasivo Corriente de la sociedad. Si dichas obligaciones tuviesen vencimiento superior a doce meses, constituirían el Pasivo No Corriente. Por tanto, cuándo existen obligaciones de la sociedad con terceros (Proveedores, Bancos, Hacienda, etc…) el Capital de la misma será igual a la diferencia entre la suma de los activos (corriente y no corriente) y la suma de los pasivos (corriente y no corriente).

Capital = Activo – Pasivo

CAPITAL Y RATIO DE CAPITAL

conta2Vamos con otro ejemplo dónde volveremos a simplificar la realidad para entender los conceptos que nos ocupan. Imaginemos ahora una sociedad inmobiliaria, que tiene en el Activo de su balance un edificio de oficinas y locales comerciales por el centro de la ciudad. Su negocio reside en alquilar estos locales y oficinas a empresarios y profesionales. Si la vida útil de este edificio es de 70 años, está claro que su activo es No Corriente, y se imputará una parte de su coste de manera anual cada ejercicio a la cuenta de resultados. Pero le reporta ingresos mensuales, por el alquiler que cobra a sus inquilinos. Pensemos que el edificio tiene un valor de 1.000.000 € y que se compró hace diez años, con un préstamo hipotecario de 800.000 € a 20 años, más otros 200.000 € que la empresa tenía en Caja por aportaciones de sus accionistas. La sociedad por tanto mantiene un Pasivo No Corriente por obligación a largo plazo a día de hoy de 360.000 € por la parte del préstamo hipotecario que vence en los próximos nueve años, más un Pasivo Corriente por los 40.000 € del préstamo hipotecario que debe pagar en los próximos doce meses. En total, con unos Pasivos de 400.000 €, tiene un Capital a día de hoy será de 600.000 € (Obviamente en nuestra simplificación, a efectos didácticos, no estamos teniendo en cuenta intereses, mantenimiento, etc…).

Llevando estas cifras a términos relativos, en el ejemplo de más arriba la cifra de Capital asciende al 60 % de los Activos.

SOLVENCIA Y CAPITAL

La palabra solvencia tiene su raíz en el latín “solve” que significa pago. El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define Solvencia como <<1. Acción de resolver o pagar; 2. Carencia de Deudas; 3. Capacidad de satisfacerlas; 4. Cualidad del solvente>>.

Por lo que podemos decir que la solvencia de una empresa se mide por su ausencia de deudas, así como por su capacidad de cumplir con sus obligaciones.

Llegados a este punto podemos afirmar que, cuanto mayor es el Capital de una empresa, mayor es su solvencia, pues implica que los Activos son muy superiores a los Pasivos. Una empresa dónde el Capital es igual a los Activos es una empresa totalmente solvente, sin ninguna obligación pendiente en el corto o largo plazo. Por el contrario, una empresa dónde el Capital fuese igual a un 10 % de los Activos será una empresa muy endeudada, o de reducida solvencia, puesto que si todos los deudores y acreedores solicitasen el pago de sus correspondientes obligaciones a esta compañía, la sociedad solo estaría en condiciones de devolverles 10 de cada 100 euros prestados.

GESTIÓN FINANCIERA Y SOLVENCIA

conta3La gestión financiera de una empresa tiene como misión precisamente evitar que esto pase. El responsable financiero tiene que negociar los plazos de las obligaciones con vencimientos en el tiempo posteriores a los flujos de ingresos que proporcionan los activos, para evitar que, aunque el nivel de endeudamiento sea alto, ello no suponga un problema para la viabilidad y generación de valor de la compañía.

Por ejemplo, en el caso de la sociedad inmobiliaria que hemos visto antes, la hipoteca de 800.000 € estaba negociada a 20 años, lo cual significa que cada año se pagan 40.000 € al Banco que otorgó la financiación. Si el Director Financiero de esta empresa sabe que el edificio reporta una media de 10.000 € mensuales en alquiler, podrá negociar el pago de 3.333 € al mes en amortización de dicho préstamo hipotecario. Sin embargo, sería un gran error negociar la devolución del préstamo en menos años, puesto que comprometería su capacidad de generación de ingresos, y podría dar lugar a tener vencimientos que no pudiese cubrir con sus flujos de caja.

La gestión financiera de una empresa, en resumen, es asegurar que los devengos de pagos de las obligaciones son asumibles con los ingresos corrientes de la compañía. Esto convierte a una sociedad de menor solvencia, por elevado endeudamiento, en una sociedad totalmente viable y generadora de beneficios.

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