Cómo reducir el WAAC o coste de financiación

El coste de financiación de las empresas, también conocido por sus siglas en inglés WACC (Weighted Average Cost of Capital) es el coste promedio que tiene la compañía como resultado del coste de financiación de los fondos propios (Equity o capital social, por la retribución exigida por los accionistas) y del coste de financiación de los fondos ajenos (por el tipo de interés exigido por los acreedores financieros y prestamistas).

Un coste muy alto lastraría la rentabilidad de la compañía y podría derivar incluso en su quiebra por incapacidad de acceder a la financiación.

Existen diversas claves para reducir el coste de financiación. Dado que el WACC como hemos visto es una media ponderada del coste de los fondos propios y del coste de los fondos ajenos, las medidas para reducir el mismo se dividen igualmente en dos partes bien diferenciadas:

  1. Reducir el coste de financiación de los fondos propios.
  2. Reducir el coste de financiación de los fondos ajenos.

Respecto del primer punto, existen fundamentalmente dos vías:

1.a) Reducir el dividendo. En la medida en que la compañía destine un menor porcentaje de beneficios a retribuir a sus accionistas, dicho importe podrá ser destinado a reservas, ampliando los capitales propios para financiar la actividad e inversiones de la compañía. Esta medida merma la rentabilidad de los inversores, por lo que debería consensuarse por la Junta de Accionistas, y el equipo de dirección debería explicar correctamente a qué se van a dedicar los beneficios no repartidos. Esta medida es también habitual cuando la compañía tiene dificultades para financiarse con fondos ajenos, es decir, si no obtiene otra financiación recurre a sus propios beneficios (autofinanciación) en detrimento del accionista. También es habitual en compañías de reciente creación y en crecimiento.

1.b) Ampliar el capital. Si la medida anterior implicaba reducir la retribución a los accionistas, esta medida implica requerir financiación por parte de ellos. Para la compañía, estos nuevos fondos derivados de una ampliación de capital no implican un coste directo, dado que no existe una obligatoriedad de reembolsar el capital social. Y le permite por tanto acometer nuevas inversiones en el activo fijo o circulante sin incrementar sus costes financieros. También cabe realizar una ampliación con

Estas dos medidas no serán posibles sin la confianza de los accionistas en los proyectos de la empresa, por lo que repetimos que el equipo directivo tendrá que dar buena cuenta de su correcta gestión.

Y respecto del segundo punto, indicaremos igualmente dos vías fundamentales:

2.a) Trasladar la financiación al largo plazo: El coste de los créditos bancarios a corto plazo tiende a ser superior, ya que el cuadro de amortización es más exigente. Es decir, si hay menos tiempo para reembolsar el crédito o préstamo, es mayor la probabilidad de que el negocio aborde problemas para su devolución, y ello encarece el tipo de interés. En tanto que se pueda derivar financiación del corto al largo plazo tenderá a reducirse dicho tipo de interés exigido por el banco o entidad prestamista. Por ejemplo, un préstamo para comprar una maquinaria que tardará al menos tres años en optimizar su función dentro de la cadena de producción no debería financiarse con un préstamo, crédito o renting de plazo inferior a tres años, sino en un plazo de unos cuatro años, para que el retorno de la inversión pueda contribuir correctamente a amortizar la inversión. Al estar contemplado el retorno de la inversión en el plazo de amortización crediticia, el Banco o prestamista podrá reducir el interés exigido al ser inferior la prima de riesgo.

2.b) Reforzar garantías en la financiación: cuantas mayores garantías aporte la empresa a sus acreedores financieros externos en cada operación, menor tenderá a ser la prima de riesgo de las operaciones y por lo tanto menor será el tipo de interés de préstamos y créditos, reduciendo el coste de financiación. Principalmente se contemplan dos tipos de garantías, las reales y las personales. Mientras que en el caso de la garantía real se aporta al préstamo o crédito un bien mueble o inmueble de la compañía en garantía de la correcta devolución, en el caso de la garantía personal es el empresario el que avala con su patrimonio personal dicha devolución. Un ejemplo típico de garantía con bien inmueble es la constitución de una hipoteca sobre un edificio o nave industrial, mientras que un ejemplo de garantía mobiliaria (bien mueble) lo constituye la prenda o la reserva de dominio sobre los vehículos de la compañía.

Finalmente debemos indicar que, con la implementación de estas medidas y reduciendo el coste de financiación o WAAC, la compañía se volverá más atractiva para los potenciales inversores, lo cual genera un circulo virtuoso ya que contribuirá a seguir reduciendo dicho coste vía nuevas aportaciones de capital.

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El aseguramiento de préstamos empresariales con FRAs.

Es una realidad que todas las compañías, en mayor o menor medida según su modelo de negocio e industria competitiva, necesitan financiar sus inversiones y operaciones, dado que por lo general necesitarán desembolsar dinero en maquinaria, inmuebles, vehículos, etc… antes de obtener un retorno suficiente a través de la venta de los productos y servicios elaborados gracias a dichas inversiones.

La financiación puede ser con fondos propios, cuando la compañía cuenta en reservas con dinero suficiente, si bien este caso tenderá a ser la excepción ya que el objetivo de las empresas no es acumular fondos, sino repartir el beneficio que se genera cada año entre sus accionistas.

Por tanto, será más habitual que recurran a la financiación vía fondos ajenos, pudiendo aquí financiarse a través de sus accionistas (con una ampliación de capital, o bien con préstamos de los accionistas a la sociedad).

Si la inversión no puede ser acometida por los accionistas, o estratégicamente no se desea realizar una ampliación de capital, se recurrirá a entidades de crédito como los Bancos, los Fondos de Inversión o las Cooperativas de Crédito. En este caso podrán realizar emisiones de Bonos o deuda, o bien recurrir a préstamos bancarios, siendo el objetivo de este artículo precisamente los préstamos.

Estos préstamos que denominaremos aquí bancarios tienen siempre un plazo de devolución, que en la práctica no suele ser superior a 10 o 12 años, pues se entiende que no es viable realizar inversiones en activos empresariales que necesiten un mayor plazo de retorno, dado que su amortización física podrá devenir en dicho caso antes de su amortización financiera.

Para plazos que superen los 5 años se suele exigir garantías reales (bienes físicos que garanticen el préstamo con prenda o hipoteca).

Y evidentemente la empresa prestataria tendrá que devolver el préstamo con un tipo de interés como retribución al prestamista (además de otras posibles comisiones que se puedan establecer).

Este tipo de interés puede determinarse como fijo para todo el plazo de duración, y en este caso se conocerá desde el inicio el importe total a devolver.

Pero como es sabido, el tipo de interés varía a lo largo del tiempo, y por tanto establecer un tipo fijo implica un riesgo para el prestamista, en el sentido de que si el interés sube durante la vida del préstamo, habrá obtenido un tipo de interés inferior al que se cotiza en el mercado.

Por ello, para importes elevados y en coyunturas fluctuantes las entidades financieras suelen establecer tipos de interés variables, y aquí el problema de la empresa prestataria radica en que no puede conocer desde el inicio el importe total que le supondrá el préstamo.

Por ejemplo, imaginemos un préstamo a una empresa de 20.000.000 € a devolver en 4 años, a través de 4 amortizaciones anuales de 5.000.000 € cada una. Si pudiésemos fijar un tipo de interés para toda la vida del préstamo del 5%, y cada año junto con cada cuota de amortización de capital se pagase una cuota de interés anual del 5% sobre el capital pendiente, el total de intereses que la empresa pagaría sería de 2.500.000 € en el plazo de duración del préstamo.

Sin embargo, si el Banco no está de acuerdo en fijar un tipo para toda la vida del préstamo, a fin de salvaguardarse de posibles subidas del tipo de interés, o de exigencias de cobertura del Banco Central, etc… y dicho préstamo se fija a interés variable, referenciado a Euribor, Libor u otro tipo de referencia, aquí la empresa será quién asuma la volatilidad en la evolución del tipo de referencia. Lo que hará el Banco para indexar el interés al mercado será fijar un tipo total igual a la suma de una prima o diferencial más el tipo de referencia (por ejemplo, Euribor más 4%).

Siguiendo con nuestro ejemplo, imaginemos que el tipo de interés sube en los años siguientes a la firma del préstamo: el primer año el interés a pagar del préstamo es del 5%, el segundo año es del 6%, el tercer año es del 4,5%, y el cuarto año se eleva al 6%. El coste total resultante por intereses sería de 2.650.000 €, es decir 150.000 € más que si la empresa hubiese podido cerrar el tipo fijo del 5%.

Si bien es cierto que, de haber bajado el tipo de mercado la empresa de nuestro ejemplo hubiese podido obtener un resultado más favorable, lo que es evidente es que el riesgo al alza siempre existe, y ello impide poder conocer de antemano a la empresa el coste financiero del préstamo (como sí hubiese sucedido en el caso del tipo fijo).

Aquí la solución para la empresa reside en contratar un FRA, acrónimo de Forward Rate Agreement (acuerdo futuro de tipos de interés). Este contrato consiste en que la otra parte, que será un Banco u otra entidad financiera, se compromete a liquidar la diferencia entre el tipo de interés de mercado en un momento futuro y el tipo de interés referenciado en el contrato FRA.

Por lo tanto, la empresa suscribe dos contratos: 1) un contrato de préstamo, a devolver en cinco años y con tipo de interés variable, y 2) un contrato FRA con el cuál consigue asegurar el tipo de interés del préstamo subyacente.

El FRA tendrá un coste que se pagará al Banco o asegurador por parte de la empresa prestataria que asegura con ello en tipo de interés.

Así todo tanto, aplicando un FRA con nuestro ejemplo,:

  • si el tipo de interés resultante según la fórmula del préstamo es en cada momento de pago de intereses es superior al que hubiese resultado de haber podido cerrar un tipo fijo, y coincidiendo dicho tipo fijo con el tipo asegurado en el FRA, el prestatario recibirá un abono del asegurador del FRA (año 2 y año 4 del ejemplo).
  • A la inversa, pagará un cargo al asegurador del FRA (año 3 de nuestro ejemplo).
  • Si coindicen, no existirá cargo ni abono.


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El tipo de ordenes en Bolsa

Existe un gran interés por parte de los pequeños ahorradores en acceder al mercado bursátil, para poder invertir en las grandes empresas y diversificar su cartera de inversión.  Pero resulta conveniente entender correctamente cómo funcionan las órdenes de compra y venta en la Bolsa antes de acudir al mercado de valores, ya que el precio de compra o venta del activo puede variar de forma sustancial según el tipo de orden, y dicha variación afectará por supuesto al rendimiento final de la inversión.

¿Qué tipo de mercado es La Bolsa?

Lo primero que tenemos que saber para entender correctamente cómo funciona la Bolsa de Valores es los diferentes tipos de negociación en base a los cuáles se puede organizar un mercado de compraventa de valores financieros:

  1. Transacciones Bilaterales: respondería al tipo más básico, donde un vendedor oferta el activo a un precio determinado, y aquél comprador que está conforme con dicho precio de venta lo adquiere.
  2. Subasta: aunque se puede organizar de diferentes formas, por lo general la subasta consiste en que el vendedor pone un precio mínimo de venta, y a partir del mismo los compradores interesados pujan al alza sobre dicho mínimo, adjudicándose el bien finalmente aquel comprador que mayor precio oferta en la subasta.
  3. Mercado continuo: Existe un agente intermediario, organizador del mercado, que recibe los precios de venta de los propietarios de los activos, y las cantidades a la venta. A la par, recibe las órdenes de compra de los compradores interesados, por la cantidad de activos que demanda cada uno así como el precio al que están dispuestos a comprarlo. Actúa como contrapartida para vendedores y compradores, y casa según las reglas establecidas las órdenes de compra y venta, para determinar las transacciones.

En el caso de la Bolsa, su funcionamiento es de Mercado Continuo, salvo en el momento de la apertura y cierre, donde realiza un procedimiento de Subasta para determinar los precios de apertura y cierre de cada activo.

Así por lo tanto, las órdenes de compra y venta se van anotando por el organismo de mercado en el libro de Órdenes, anotando el tipo de orden, la cantidad de activos que se compran o venden, el precio y las condiciones de la misma. Y se van liquidando dichas órdenes a lo largo de la sesión.

laptopTambién cabe mencionar que hacemos aquí referencia al mercado de órdenes, ya que en el Sistema de Interconexión Bursátil Español (SIBE) existen además otras dos modalidades: un mercado de bloques (para la negociación de grandes cantidades de activos) y un mercado de operaciones especiales (que se ejecuta con el mercado cerrado y para operaciones determinadas).

Igualmente tratamos aquí la denominada modalidad principal de SIBE, que tiene lugar de lunes a viernes, con un periodo de “mercado abierto” desde las 9:00 hasta las 17:30 h. La subasta de apertura es de 8:30 h a 9 h, y la de cierre de 17:30 h a 17:35 h. Al margen de la modalidad principal existe una modalidad fixing, que se realiza por subasta para valores poco líquidos dos veces al día.

¿Cuántos precios tiene un activo financiero?

Aunque el mercado determina un precio de cotización para el activo, la realidad es que los activos siempre tienen dos precios:

  1. Bid: Se trata del precio de la oferta. Es el precio mínimo de venta. Entre todas las órdenes de venta recibidas, el precio mínimo de todas ellas para una cantidad de activos determinada es el que establece el precio Bid en cada momento en el mercado.
  2. Ask: Se trata del precio de la demanda. Es el precio máximo de compra. Entre todas las órdenes de compra recibidas, el precio máximo de todas ellas para una cantidad de activos determinada es el que establece el precio Ask en cada momento en el mercado.

Así, si vamos a comprar tenemos que fijarnos en el precio Bid, porque es el precio al cuál podríamos cruzar nuestra orden de compra con cierre inmediato.

Mientras que si vamos a vender tendríamos que fijarnos en el precio Ask, porque es el precio al cuál podríamos cruzar nuestra orden de venta con cierre inmediato.

El diferencial entre el Bid y el Ask determina la volatilidad de un activo:

  1. Una horquilla muy amplia entre el Bid y el Ask implica una gran dificultad de que se crucen órdenes de compra y de venta en el mercado. Esto determina que el activo tiene muy poca liquidez.
    1. Por ejemplo, si las acciones de la empresa Aura S.A. tienen un precio Bid de 100 € y un precio Ask de 30 €, significa en la práctica que si compro “a mercado” una acción la compraré a 100 € y si la vendo “a mercado” unos minutos después la estaré vendiendo a 30 €.
  2. Una horquilla muy estrecha entre el Bid y el Ask implica una gran facilidad de que se crucen órdenes de compra y de venta en el mercado. Esto determina que el activo goza de gran liquidez.
    1. Por ejemplo, si las acciones de la empresa Beta S.A. tienen un precio Bid de 100 € y un precio Ask de 99 €, significa en la práctica que si compro “a mercado” una acción la compraré a 100 € y si la vendo “a mercado” unos minutos después la estaré vendiendo a 99 €.

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¿Qué tipo de órdenes puedo poner en la Bolsa?

Existen tres tipos de órdenes de compra o venta que se pueden poner en Bolsa:

  1. De mercado: se introduce la orden por un volumen de activos determinada, al precio Bid en caso de compra y al precio Ask en caso de venta. Es decir, la orden de compra “a mercado” se ejecutará por el precio más bajo de venta en ese momento, mientras que la orden de venta “a mercado” se ejecutará al precio más alto de compra en ese momento. Si no hay una orden en contrapartida con volumen suficiente como para que se pueda ejecutar la orden de mercado en su totalidad, se ejecutará ésta de forma parcial y sucesiva, hasta alcanzar la totalidad del volumen de activos de la orden a los sucesivos precios escalados de las órdenes de contrapartida. Así por tanto el precio final será el precio ponderado de las diferentes órdenes casadas de forma escalonada.
  2. Por lo mejor: se introduce la orden por un volumen determinado y sin precio, pero a diferencia de la orden “a mercado” se ejecuta solo por el mejor precio Bid en el caso de la orden de compra, y por el mejor precio Ask en el caso de la orden de venta. Si no se cubre la totalidad de la cantidad de la orden, se ejecuta parcialmente y el resto de la orden queda retenida a dicho precio. Esta última es la diferencia con la orden “a mercado”, dado que el precio para el total siempre será el mejor, y no la ponderación de los diferentes precios Bid y Ask a los que se irían ejecutando las ordenes parciales en el caso de la orden “a mercado”.
  3. Limitada: se introduce la orden con un precio máximo de compra, o bien con un precio mínimo de venta.Por lo que en el caso de la orden de compra limitada se ejecuta cuando encuentra contrapartida al precio máximo marcado o inferior, mientras que en el caso de la orden de venta limitada se ejecuta cuando encuentra contrapartida al precio mínimo marcado o superior.

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¿Qué tipo de condiciones se pueden poner en las órdenes?

En los diferentes tipos de órdenes admitidas en Bolsa, se pueden establecer las siguientes condiciones:

  1. Volumen mínimo: Al entrar la orden, de no ejecutarse por un volumen mínimo se rechazaría.Así, el ordenante condiciona la ejecución por el precio determinado a que se cruce por un volumen mínimo necesariamente.
  2. Todo o nada: el volumen mínimo es la totalidad del volumen de acciones de la orden de compra o venta. Así, si no se ejecuta por la totalidad al precio determinado, se rechazaría.
  3. Ejecutar o anular: La parte no ejecutada se elimina. Así, el ordenante compra o vende solo al precio estipulado, aunque no consiga todo el volumen de la orden.
  4. Volumen oculto: Se introducen permitiendo mostrar únicamente en el sistema una parte del volumen total de la orden. Una vez ejecutada esta parte, el resto va saliendo al mercado en paquetes del mismo volumen que el primer paquete. Esto permite al ordenante no mostrar al mercado el total de su interés de compra o venta cuando se trata de un volumen elevado, a fin de que no se altere el precio por ello.

Así por tanto, la clase de órdenes posibles en Bolsa es el resultado de la posible combinatoria entre el tipo de orden (de mercado; por lo mejor; limitada) y el tipo de condición o condiciones que se le incluyan (volumen mínimo; todo o nada; ejecutar o anular; volumen oculto).

¿Cómo se determina el valor de cotización de las acciones?

Las órdenes de compra y venta van acumulándose en el libro de órdenes hasta que se cruzan y ejecutan. Este valor al que se cruzan determina el valor de cotización en cada momento.

Durante las sesiones, entre las 9:00 h a 17:30 h las órdenes se acumulan en el libro según se reciben, y se ejecutan cada minuto. Si no hay coincidencia, permanece como cotización o precio de mercado el último precio al que se cruzaron órdenes de compraventa.

Entre las 17:30 h y las 17:35 h las órdenes se acumulan y se produce a la finalización de este período de 5 minutos la denominada “subasta de cierre”, donde se determina el precio final de la sesión, que viene dado por aquel precio al cuál se cruza un mayor número de órdenes. Este precio quedará publicado como precio de cotización hasta la siguiente sesión.

Entre las 8:30 h y las 9:00 h se produce la denominada “subasta de apertura”, donde se determina el precio inicial de la sesión. En este período se reciben órdenes de compra y venta que se van acumulando, con un cierre aleatorio para evitar manipulaciones (poniendo órdenes de gran volumen y precio distante del de cierre del día anterior, que luego se anulen). Una vez terminado este período se fija un precio de equilibrio mediante un algoritmo que tiene en cuenta todas las órdenes. Este es el precio de apertura de la sesión.

 

 

La diferencia entre el VAN y el TIR para analizar una inversión

Para poder tomar decisiones de inversión se hace necesario valorar de forma correcta las diferentes alternativas que se nos presentan. Y para ello debemos contar con la adecuada técnica matemática que nos permita hacer esa valoración.

Existen dos técnicas fundamentales sobradamente conocidas, que a veces se confunden pero que presentan claras diferencias:

  • VAN: Valor Actual Neto (NPV en inglés, Net Present Value)
  • TIR: Tasa Interna de Retorno.

El VAN es el método consistente en descontar al momento actual todos los cash flows o flujos de caja que nos va a reportar la inversión, con una tasa de descuento o actualización que tenga en cuenta el coste medio del capital utilizado para financiar el proyecto (WACC o weight average cost of capital).

Veamos cómo funciona con un sencillo ejemplo. Imaginemos que se nos presenta la oportunidad de comprar un apartamento en la playa, que nos va a costar 100.000 €. Los gastos por Escrituras, impuestos, Registro y demás costes en la adquisición ascienden a 10.000 €.

Estimamos, según nuestro estudio del mercado de apartamentos vacacionales en la zona, que podremos alquilar el apartamento obteniendo unos ingresos de 12.000 € de media anual, y los costes de la comunidad de propietarios son de 1.200 € al año. Estimamos también una vida útil para el apartamento de 40 años, y para asegurar que está en buenas condiciones durante todos esos años suponemos que tendremos que gastar unos 1.500 € al año de media en mantenimiento y reformas. Para adquirir el apartamento invertimos 50.000 € de fondos propios y financiamos el resto con una Hipoteca a 20 años, al 3% de tipo de interés. Finalmente hay que indicar que si en vez de invertir los 50.000 € en el apartamento los hubiésemos depositado a plazo fijo en el Banco estimamos que habríamos obtenido de media un 1% de tipo de interés anual.

Así, el coste total de la vivienda es de 110.000 €. Y el coste medio del capital será del 2,09 % dado que 50.000 € de fondos propios tienen un coste de oportunidad del 1 % y los 60.000 € restantes que hemos financiado tienen un coste financiero del 3%.

Los cash flows durante los 20 primeros años serán positivos y ascenderán a 5.300 € como resultado de restar a los 12.000 € de ingresos anuales que prevemos obtener por alquiler el coste de los pagos a la comunidad de propietarios (1.200 €), el coste anual medio de mantenimiento (1.500 €), el coste medio por intereses de la hipoteca (1.500 € de media resultado de multiplicar 50.000 € por el tipo de interés anual) y el coste medio anual de amortización de la Hipoteca (2.500 € resultado de dividir 50.000 € por 20 años). Durante los siguientes 20 años los cash flow serán positivos y ascenderán a 9.300 € como resultado de restar a los 12.000 € de ingresos anuales los costes de la comunidad de propietarios y el coste medio estimado de mantenimiento.

Si utilizamos como tasa de actualización el coste medio de capital, y descontamos con dicha tasa todos los cash flow al momento actual, obtendremos un VAN de 185.561 €. Lo cual restado a los 110.000 € de inversión anual nos da un resultado positivo de 75.561 €. Dado que el plazo de inversión que hemos tenido en cuenta es de 40 años, esto supone una rentabilidad anual de 1.889 € que sería equivalente a haber invertido los 110.000 € iniciales al 1,7 % de interés anual medio, por encima del 1% anual que de partida estimábamos que podíamos obtener en una inversión bancaria a plazo fijo.

Si tuviésemos en cuenta finalmente una inflación media del 1% durante los 40 años que estimamos para la inversión, es decir, que cada año el coste medio de los bienes y productos se incrementará de media un 1%, con el VAN obtenido aseguramos un rendimiento positivo sobre la inflación del 0,7% mientras que con el 1% de rendimiento del depósito bancario solo cubriríamos nuestra inversión del valor anual de la inflación.

En tanto que el VAN nos ha dado como resultado un valor absoluto, con la TIR lo que obtendríamos es una tasa o valor relativo de rentabilidad de la inversión. Podríamos definir la TIR como la media geométrica de los rendimientos esperados con la inversión, asumiendo la reinversión de los mismos a similar tipo de interés. Y su cálculo se realiza así mismo bajo la premisa de que la TIR es la tasa que iguala los cash flows positivos y negativos de la inversión.

Así, en tanto que con el VAN hemos actualizado todos los cash flows con el coste promedio de capital (calculamos un 2,09%), y hemos determinado un rendimiento positivo del 1,7 % anual durante los 40 años en base a los ingresos obtenidos, con la TIR lo que hacemos es calcular con los flujos de ingresos y gastos una tasa de descuento que iguale dichos flujos.

En nuestro ejemplo, tendremos en el momento inicial un flujo negativo de 110.000 €, durante los 20 primeros años tendremos 20 flujos positivos de 5.300 € y los 20 años siguientes tendremos 20 flujos positivos de 9.300 € tras amortizar en los 20 primeros años la hipoteca.

Si utilizamos la fórmula TIR de Excel para calcular la tasa que iguala los flujos positivos y los negativos en esta inversión, y que realiza un proceso iterativo para calcular la tasa que habría en el denominador en el descuento de los cash flows de la inversión para dicha igualdad, obtenemos una TIR del 4,98 %.

Como podemos ver y para una misma inversión, mientras que con el VAN calculamos un rendimiento aproximado del 1,7% con la TIR tendríamos la expectativa de ganar un 4,98%, dos resultados sustancialmente diferentes.

Ahora por tanto cabría preguntarnos qué método es el más adecuado. En mi opinión deberíamos utilizar el VAN siempre que fuese posible, esto es, siempre que contemos con una tasa de actualización con la que poder descontar al momento actual los flujos de caja. Este método es más aproximado y nos permite determinar de manera fiable los ingresos reales que obtendremos en el plazo de inversión, asumiendo dicha tasa o coste financiero.

Sin embargo, habrá ocasiones en las que no contaremos con una tasa financiera determinada, sino que solamente sabremos a ciencia cierta la inversión a realizar, y los flujos futuros que vamos a obtener. Por ejemplo, si nos proponen invertir 50.000 € en un bono financiero que nos va a reportar 1.000 € al año durante 10 años con amortización al vencimiento; en este caso utilizaremos la TIR y obtendremos el 2%. Este resultado tendremos que compararlo con el tipo de interés medio del mercado financiero en ese momento para tomar nuestra decisión de inversión.

En resumen, el VAN es el método más aproximado, pero requiere la necesidad de contar con un tipo de descuento cierto y conocido de antemano. Mientras que el TIR nos permitirá aproximar un tipo de descuento para los flujos de inversión.


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¿Qué tipos de deuda privada existen para invertir?

Todas las compañías necesitan recursos financieros para financiar tanto sus activos como sus operaciones corrientes, y ello supone una oportunidad para los ahorradores, en la medida en que pueden obtener un beneficio al convertirse en inversores y prestar dichos recursos a las empresas.

Los tipos de recursos financieros a los que puede acudir la empresa para financiarse pueden clasificarse en función de las garantías que aporten dicha financiación. En líneas generales, cuanto mayor garanticen el pago al inversor, menor tipo de interés tendrán que ofrecer a cambio; por el contrario, tendrán que pagar un tipo de interés más alto en la medida en que ofrezcan una menor garantía a los recursos captados para financiarse.

El criterio de ordenación, de menor a mayor riesgo, reside en el orden en el que el acreedor ocuparía ante una situación concursal (quiebra de la empresa).

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  1. Deuda Bancaria.

La deuda de la empresa con las entidades bancarias tiende a ser la que más garantías requiere. La estricta regulación bancaria en sus políticas de riesgos hace que se restringa la concesión de crédito solo a las empresas con menor endeudamiento o riesgo, y requiriendo garantías como colateral.

  1. Deuda con garantía de primer rango. el Banco puede ejecutar como acreedor principal la garantía aportada, en caso de impago del principal o de los intereses.
    • Financiación de circulante.
      1. Cuenta de crédito, crédito revolving o préstamo para circulante: se amortiza con los cash flows del negocio.
      2. Factoring: se garantíza con las facturas a cobrar de los clientes, y el Banco anticipa un porcentaje de las mismas, normalmente hasta un 85 % de importe.
  • Confirming: Al emisor le sirve para realizar a sus proveedores pagos confirmados. Al receptor le sirve para anticipar el pago sin esperar al vencimiento, asumiendo el coste financiero que exija el banco que actúa confirmando dicho pago.
  • Financiación de activos fijos con garantía real mobiliaria o inmobiliaria:
    1. Hipoteca inmobiliaria: la garantía del préstamo es un bien inmueble.
    2. Préstamo respaldado con activos mobiliarios: se depositan activos monetarios o títulos valores en el Banco, en garantía del préstamo.
  1. Deuda con garantía de segundo rango. La diferencia reside en que se inscribe la garantía al acreedor bancario en segundo o posterior lugar, tras otras anotaciones en el registro inmobiliario o registro de bienes muebles existentes sobre el bien aportado como colateral o garantía.

 

  1. Bonos “High Yield”.

Se trata de empréstitos o bonos emitidos por las empresas para financiar sus inversiones, y que pagan un tipo de interés o cupón más alto que el que se pagaría en el mercado financiero por un préstamo bancario.

Este término de “High Yield” se refiere generalmente a la calificación otorgada a la empresa por parte de las agencias externas de calificación como Standard & Poor’s, Moody’s o Fitch. Estas agencias, al estudiar los estados financieros de las compañías otorgan a los bonos corporativos dos grandes tipos de calificación:

  • Investment Grade: Alta calificación crediticia. Estos bonos suelen comprarse por los Bancos.
  • High Yield: menor calificación crediticia, a la cual corresponde un mayor tipo de interés.

Estos bonos suelen pagar intereses a sus tenedores de manera semestral o trimetral, y amortizar el principal a vencimiento en un plazo de entre siete y diez años.

Se denominan “Bonos Senior” o “Deuda Senior” porque ocupan un mejor rango de prelación de créditos en caso de quiebra o concurso de acreedores, respecto del resto de deuda no garantizada, denominada generalmente “junior” o “mezzanie” y que estudiaremos a continuación.

Puede emitirse también en la modalidad “Subordinada”, en cuyo caso se denomina “Deuda Senior Subordinada” o “Bonos Senior Subordinados”. Esta modalidad implica que el pago periódico de intereses queda subordinado a un nivel determinado de beneficios.

 

  1. Deuda “Mezzanie”.

El término anglosajón “mezzanie” podemos traducirlo como “intermedio”, y se refiere a que este tipo de deuda se sitúa en un nivel intermedio entre las acciones ordinarias, que ocupan el último lugar en caso de concurso de acreedores, y la deuda “senior” que ocuparía un lugar mejor al de la deuda “mezzanie”. También por ello se suele denominar como deuda “junior”, por tener peor condición que la deuda “senior”.

Las empresas recurren a esta deuda cuando su calificación crediticia, endeudamiento o planes de negocio le impiden financiarse de forma más barata con deuda bancaria o bonos “senior”, e implica un mayor tipo de interés a pagar a los inversionistas, por el mayor riesgo que asumen en la operación. También suele tener plazos de amortización del principal más largos que los de la deuda “senior”, pudiendo llegar a ser incluso títulos de deuda perpetua o sin plazo de vencimiento.

En el caso de las participaciones denominadas “preferentes” no hay plazo de vencimiento, es decir, son deuda perpetua. Y el pago del cupón o intereses se supedita a la obtención del beneficio. Además ocupan el último lugar, solo por delante de las acciones ordinarias, en caso de concurso de acreedores, por detrás de otras emisiones de deuda junior. Sin embargo, pagan un mayor tipo de interés.

Para las instituciones financieras, este tipo de emisiones tienen la consideración de capital en sus balances, según la normativa contable, lo cual favorece su solvencia. En contrapartida, el accionista preferente debe ser consciente de que asume el riesgo de no cobrar intereses en caso de que el negocio no genere beneficios, así como de que puede perder el total de su inversión.

  1. Acciones ordinarias.

Finalmente, las acciones ordinarias constituyen una participación alícuota en el capital social de la empresa. Es decir, su tenedor se convierte en propietario de una parte de la sociedad, por lo que ocupa el último lugar en caso de quiebra de la misma. Sin embargo, en caso de que la compañía genere beneficios, el accionista tenderá a ser retribuido vía dividendos con un mayor importe al del tipo de interés del resto de acreedores.


* Vía|Rosenbaum, J. Pearl, J., (2009), Investment Banking, Hoboken, New Jersey, USA: John Wiley and Sons.
* Más información| CNMV Expansión El Economista
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Insights del CAPEX y del OPEX

Todas las empresas necesitan activos para generar beneficio. Por ejemplo una bodega necesita depósitos donde el mosto pueda fermentar para transformarse en vino, y una empresa que se dedique a transportar vino a granel entre distintos países necesita camiones con cisternas adecuadas a tal fin.

Al realizar el análisis financiero de una empresa se hace necesario por tanto valorar adecuadamente:

  • Los activos productivos de la sociedad.
  • Y los costes de adquisición, renovación y mantenimiento de los mismos.

Pues del valor de estos activos y de sus costes asociados dependerá la capacidad en el futuro de generar flujos de caja libres (free cash flows). En nuestro anterior ejemplo, la capacidad de generar ingresos futuros de la bodega dependerá del estado de sus depósitos y resto de activos, y por su parte la capacidad de generación de ingresos de la empresa transportista dependerá del estado de sus camiones cisternas.

Pero como todo movimiento financiero, los activos productivos tienen un doble tratamiento:

  • En el balance, como imagen de la estructura patrimonial de la sociedad:
    • tendremos en el activo los bienes productivos (inmuebles, vehículos, maquinaria, etc…) por su valor contable de adquisición.
    • Y tendremos igualmente en el activo pero con signo negativo las correspondientes amortizaciones de dichos bienes.
  • En la cuenta de resultados, como imagen del resultado económico anual:
    • Tendremos los gastos de capital, derivados de la adquisición, mejora y mantenimiento de los activos. Estos gastos se denominan CAPEX (Capital Expenditures).
    • Y tendremos los gastos operativos, derivados del coste de mantenimiento de los activos. Estos gastos se denominas OPEX (Operating Expense)

Y es así como llegamos a estos dos conceptos, muy importantes en el análisis financiero: el CAPEX y el OPEX.

Y digo que son muy importantes porque estudiando el importe que las empresas destinan como media anual a cada uno de estos conceptos (con un histórico de al menos entre 3 y 5 años) y en concreto su porcentaje sobre el total de gastos de la compañía, podemos extraer los siguientes insights:

  • Un porcentaje de CAPEX sobre gastos totales muy elevado implica que el modelo de negocio de la compañía es capital intensivo. Es decir, que requiere mucho capital en su actividad ordinaria. Por lo tanto, si vamos a comprar la compañía o bien tomar una parte relevante de su accionariado, tendremos que tener en cuenta que requeriremos de musculo financiero para hacer frente al negocio.
    • Esto es habitual en industrias como la energética, donde cada año es necesario realizar grandes inversiones como explorar pozos de petróleo o mantener centrales eléctricas. También es habitual en empresas que están en sus primeros años de actividad, puesto que estarán invirtiendo en activos.
    • Sin embargo, fuera de estas casuísticas no sería habitual que de forma recurrente exista un alto CAPEX, y por tanto esto sería una alarma a revisar.
  • Un porcentaje de OPEX sobre gastos totales muy elevado implica que el modelo de negocio de la compañía requiere de una estructura de gatos corrientes elevada. Por lo tanto, si vamos a comprar la compañía o bien tomar una parte relevante de su accionariado, tendremos que tener en cuenta que requeriremos de tesorería suficiente y recurrente para hacer frente al negocio.
    • Esto es habitual en industrias dedicadas a explotar bienes inmuebles (v.gr. alquiler de oficinas y locales comerciales), o activos singulares (v.gr. autopistas, estaciones de esquí). También puede ser habitual en empresas consolidadas, donde los activos productivos están en fase de maduración, y no es la inversión sino el mantenimiento de dichos activos el principal coste anual.
    • Sin embargo, no sería ordinario en otros modelos de negocio, donde no tengamos grandes activos a mantener, y donde constituirían por tanto una alarma a revisar.

Finalmente cabe indicar que las empresas pueden optar por motivos fiscales o por motivos financieros por adquirir sus bienes productivos a través de leasing o análogas. Esto haría por tanto que, a pesar de estar la compañía invirtiendo en activos, no veamos un alto porcentaje de CAPEX sino que veamos en nuestro análisis un alto porcentaje de OPEX.

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El PPA como contrato de energía y como contrato financiero

La energía eléctrica es uno de los grandes pilares de nuestra sociedad, no sería posible el mundo tal y como lo conocemos ahora mismo sin electricidad. Todo lo que nos rodea, todas las empresas en todos los sectores, todo nuestro tiempo de ocio, necesitan de aparatos y elementos que se alimentan con corriente eléctrica.

El contrato de suministro eléctrico.

Para tener suministro eléctrico, las empresas y hogares realizan un contrato de suministro con una comercializadora eléctrica. Para atender estos contratos, las comercializadoras compran cada día en el mercado mayorista la electricidad a los generadores. Esta energía llega al consumidor final a través de las redes de transporte y distribución, se contabiliza en los contadores de cada instalación, y los consumos contabilizados se envían por el distribuidor al comercializador, que agregará mensualmente dichos consumos para su facturación al consumidor final (empresas y hogares).

Como vemos por tanto, el contrato de suministro entre la compañía comercializadora y el cliente final es el que da acceso a la industria de suministro eléctrico. La relación entre el generador de la electricidad y el consumidor es indirecta.

El contrato de PPA como alternativa al contrato tradicional.

Pero en este marco general se está abriendo camino en los últimos años una nueva forma de contratación, que podemos denominar contratación directa, donde un generador realiza un contrato directamente con un consumidor. Esta modalidad contractual se conoce como PPA, siglas en inglés de Power Purchase Agreement.

El PPA es como decimos un contrato entre un consumidor y un generador de electricidad, donde el primero se compromete a consumir la energía generada por el segundo durante el plazo de duración del contrato, a cambio de pagar un precio fijo y determinado en el contrato para dicha energía.

A través de un PPA los firmantes obtienen diversas ventajas:

  • El productor de energía asegura un flujo constante de caja, dado que tiene cerrada de antemano la venta de toda la energía producida a un precio determinado.
  • El consumidor se asegura un precio fijo para sus consumos de electricidad.

El largo plazo como esencia del PPA.

El plazo es un elemento determinante del PPA. Todo productor puede obtener un precio de mercado en el corto plazo, si bien dicho precio estará sujeto a la volatilidad del mercado. Lo mismo le pasa al consumidor, el precio que pague por sus consumos estará marcado por dicha volatilidad. Por lo tanto, el objetivo principal del PPA es pactar un precio a largo plazo, que cubra a ambas partes de los riesgos alcistas o bajistas del precio de mercado.

Por ello, los PPA suelen tener un plazo de duración largo, en principio equivalente a la vida útil de la planta de generación. Aunque también pueden pactarse a plazos de 20, 15 o 10 años, por ejemplo.

Con un PPA que asegure flujos de caja constantes al generador, e impliquen una rentabilidad positiva además de asegurar la amortización de la inversión, los promotores de una planta de generación pueden tener un mejor acceso a la financiación para su construcción.

El PPA como garantía de financiación. 

Es decir, cuando una empresa que desea instalar por ejemplo una planta de generación termosolar se dirige al Banco para pedir financiación, y presenta un PPA que asegura la venta de la energía producida durante la vida útil, o al menos durante un plazo de tiempo suficiente para amortizar el préstamo, obtendrá esta financiación para su proyecto con mucha más seguridad y a un tipo de interés mucho más reducido que si sus ingresos dependen de la volatilidad del mercado.

Por su parte como dijimos el consumidor, que suele ser otra empresa con un consumo intensivo de electricidad, asegura sus costes energéticos a largo plazo. Y fija un presupuesto para su energía, con el cuál poder mantener los costes estructurados de cara a determinar sus márgenes a largo plazo.

Este aspecto financiero resulta crucial y es el que ha potenciado los contratos PPA en el sector energético.

Funcionamiento del PPA: liquidación por diferencias.

En función del modo de entrega de la energía este contrato puede ser:

  • PPA Directo: El consumidor tiene una red directa de conexión al generador, a través de la cual recibe la energía en su instalación.
  • PPA Indirecto: el consumidor tiene su instalación conectada a la red general de transporte y distribución de electricidad, por lo que no recibe de forma directa la energía del generador. Éste último a su vez vierte la energía a la red general.

El PPA Directo requiere físicamente que la planta de generación esté a una distancia corta del consumidor, o bien desarrollar toda una infraestructura de trasporte de la energía desde el punto de generación hasta el consumo, lo cual no suele ser optimo desde un punto de vista económico y técnico.

Por lo tanto, el PPA Indirecto es el más habitual, y más aún en países donde la red de transporte y distribución de energía eléctrica está muy desarrollada.

En este caso, el vendedor vende su energía en el mercado, y el comprador realiza un contrato de suministro con una comercializadora ordinaria, pero al margen de sus respecitovs contratos cierran el PPA, y en base a dicho contrato  se produce entre ellos una liquidación por diferencias:

  • Si el consumidor en un mes determinado ha tenido un coste superior por el término de energía de su factura respecto del precio que pactó con el generador, este último deberá abonar la diferencia. Por ejemplo, si el precio del PPA es de 40 €/MWh y el coste del consumidor ha sido de 50 €/MWh, existirá un abono del generador al consumidor de 10 €/MWh. El generador por su parte habrá obtenido un ingreso en la venta a mercado de 50 €/MWh, por lo que ganará los 40 €/MWh netos, y el coste del consumidor, que recibe los 10 €/MWh, será los 40 €/MWh pactados en el PPA al haber recibido el abono de la diferencia.
  • Si el consumidor en un mes determinado ha tenido un coste inferior por el término de energía de su factura respecto del precio que pactó con el generador, deberá abonar la diferencia al generador. Por ejemplo, si el precio del PPA es de 40 €/MWh y el coste del consumidor ha sido de 30 €/MWh, existirá un abono del consumidor al generador de 10 €/MWh. El coste por tanto del cliente será de 40 €/MWh por la suma de lo que ha pagado en factura más lo que debe abonar al generador. Mientras que el generador habrá ganado al verter su energía a la red 30 €/MWh por el precio de mercado más los 10 €/MWh que le abona el consumidor en base al PPA.

Como podemos ver, el PPA tendría un funcionamiento de cobertura para ambas partes y asegura los flujos de cobros y pagos (ingresos y costes) del negocio de cada uno de los contratantes.

* Más información| El Períodico de la Energía DLA Piper World Bank
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