El PIB como magnitud macroeconómica.

El conocimiento del PIB y sus implicaciones nos permite mejorar nuestras decisiones de inversión en lo referente al riesgo país. Debemos tener en cuenta, cuando compramos participaciones de fondos de inversión, acciones, renta fija internacional, o bien participaciones de planes de pensiones con perspectiva internacional, que el factor y distribución geográfica puede hacer variar mucho el perfil real de riesgo que asumimos.

¿Qué es el PIB?

Se trata del valor monetario de la producción total de bienes y servicios de demanda final en un período de tiempo determinado (normalmente un año) y en una región determinada (normalmente un país).

Es decir, aplicado a un año y a un país concreto, nos permite medir la producción finalista total en una economía. Utilizando como magnitud de medida el valor en dinero (euros, dólar, etc…) de todos los bienes y servicios que han realizado las empresas de dicho país y se pueden comprar o adquirir en el mercado.

¿Para qué sirve?

Nos permite tener un orden de magnitud con el que comparar la evolución de la economía en un país, respecto de años precedentes. Igualmente podemos utilizarlo para comparar un país o región con otros países.

¿cómo se calcula?

La valoración de bienes se puede realizar de dos formas alternativas. La primera sería “a precios de mercado”, lo que significa tener en cuenta en el valor monetario los impuestos indirectos como por ejemplo el IVA, y no tener en cuenta las subvenciones a la explotación. La segunda alternativa sería “a coste de factores” lo que implica no incluir impuestos indirectos y sumar las subvenciones a la explotación. El PIB valorado de la primera forma equivaldría a la valoración que tienen en cuenta los ciudadanos al adquirir dichos bienes o servicios. Mientras que de la segunda forma equivaldría a la perspectiva de las empresas productoras.

elec 1Para tener en cuenta los bienes y servicios producidos se valoran tanto los de las empresas nacionales o residentes en la región objeto de estudio, como los producidos por empresas extranjeras en el territorio de dicho país o región.

Igualmente debe tenerse en cuenta que existen tres enfoques para realizar la valoración. El primero sería el basado en gasto o demanda, sumando la demanda final de bienes y servicios en un período dado de familias, empresas, administraciones públicas y saldo neto exterior.  El segundo es el basado en la oferta, y a diferencia del enfoque anterior significaría sumar el valor de mercado de todos los productos en cada etapa de su producción, menos el valor de mercado de los costes utilizados para obtener dicho producto. Finalmente, el tercer enfoque sería el de los ingresos, sumando todos los factores implicados en el proceso productivo: sueldos, comisiones, alquileres, honorarios, costes de producción, etc..

Actualmente en España en INE hace la valoración según lo dispuesto en el Reglamento (UE) nº 549/2013 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 21 de mayo relativo al Sistema Europeo de Cuentas Nacionales y Regionales de la Unión Europea (SEC 2010), Reglamento (UE) nº 549/2013 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 21 de mayo.

¿Cuál es la cifra del PIB en España?

En la última década el promedio del PIB anual en nuestro país asciende a 1.086.000 millones de euros, mientras que el de 2018 fue de 1.200.000 millones de euros, por encima de la media de la década, que parece que será muy similar al cierre de 2019.

En la década de 2000 a 2010 el valor medio fue de 900.000 millones de euros, por debajo del PIB actual.

¿Qué sectores tienen más peso en el PIB de España?

Destaca el sector servicios con un 65 % del total, y dentro del sector servicios el que mayor PIB concentra es el turismo, seguido de los servicios financieros y Banca, el sector salud y el comercio minorista. La industria suma un 11% del total, mientras que la construcción a su vez concentra un 9% del total. Así estos tres sectores (servicios, industria y construcción) aglutinan un 85% del PIB nacional.

architecture-1727807__340Al margen de estos sectores tendríamos los sectores primarios, como la agricultura, pesca, ganadería y minería con 2,5% del total del PIB.

El sector de la energía agrega un 2,8 % del PIB, con lo cual los cinco sectores citados (servicios, industria, construcción, sector primario y energía) componen el 90% del PIB total nacional.

¿Cuál es el PIB en los países de Europa?

El PIB total de la Unión Europea (suma de todos los países que la componen) en el ejercicio 2018 (incluyendo Reino Unido) ascendía aproximadamente a 16.000.000 millones de euros.

Destacando el peso de los siguientes países: Alemania con unos 3.500.000 millones de euros, Reino Unido con 2.400.000 millones de euros, Francia con 2.300.000 millones de euros, y finalmente Italia con 1.700.000 millones de euros.

¿Cuál es el PIB mundial?

Subiendo un escalón, a nivel mundial se estima un PIB de 85.000.000 millones en el año 2018.

Destacando el peso de los siguientes países: Estados Unidos con 17.000.000 millones, China con 11.000.000 millones, Japón con 4.000.000 millones o Indica con 2.300.000 millones.

Conclusión.

Teniendo en cuenta el PIB del país o conjunto de países en los que vamos a invertir, y su comparación con el del resto de países, podemos determinar qué peso tiene la economía de dicha región en relación con el resto de economías, siendo ello importante como factor geopolítico relevante en el comercio internacional.

 

El consumo de electricidad como indicador económico adelantado.

Los indicadores económicos son datos, series de datos o números índices que se utilizan para el análisis económico. Algunos de los más conocidos son el Producto Interior Bruto (PIB), el Índice de Precios al Consumo (IPC) o la tasa de desempleo.

Sin embargo, estos indicadores macroecómicos, aunque son muy útiles para analizar la coyuntura actual, no nos permiten estimar con facilidad la dirección o la tendencia del ciclo económico. Por ejemplo, el PIB nos permite valorar si una economía ha crecido en oferta total de bienes y servicios finales respecto del año anterior, pero no nos permite predecir qué sucederá con dicho valor de bienes finales al año siguiente.

Indicadores Económicos Adelantados.

Para poder predecir estos cambios en el crecimiento económico resultan especialmente interesantes los indicadores adelantados.

Algunos de los indicadores más utilizados en España como indicadores adelantados para el análisis de la coyuntura económica son el ISI (Indicador Sintético de Actividad Industrial) o el ISA (Indicador Sintético de Actividad Económica).

El consumo eléctrico como indicador adelantado.

Si bien los indicadores sintéticos comentados en el punto anterior tienen en cuenta en su elaboración varios factores (cifra de ventas de grandes empresas, consumo aparente de cementos, etc..) entre los cuales se cuenta el consumo eléctrico, vamos a conocer en este artículo el estudio del consumo de energía eléctrica como indicador adelantado “per se” o sin conjugar con otros factores (como pasa en los indicadores sintéticos), así como su utilidad para el análisis predictivo de la economía.

El interés por este dato de consumo de electricidad para analizar la situación y tendencia de la economía de un país radica en la correlación directa entre la energía eléctrica y la mayor parte de procesos de producción, así como de consumo, de los bienes y servicios de una economía.

Por ejemplo, el PIB no tiene en cuenta los bienes en proceso de producción, porque no los contabiliza hasta que están disponibles para su venta. Así, los coches que se están produciendo en este momento en las fábricas, y cuyo proceso hasta convertirse en coches a la venta puede ser de meses, no se reflejarán hasta el próximo año en el PIB, y no sabremos si son más o menos. Pero conociendo qué cantidad de energía se está demandando por la Industria podemos entender que, si baja, es que se están produciendo menos. Con lo cual podemos predecir que los bienes finales de futuros PIB serán inferiores. A su vez ello nos da cuenta de una próxima recesión, y nos guía en nuestra inversión.

¿Qué indicadores eléctricos podemos considerar en España y quién los publica?

Toda la energía que se produce, transporta y distribuye en España, es operada por las líneas de alta tensión así como centros de control de la compañía Red Eléctrica de España S.A (en adelante REE). Y dicha compañía publica dos datos que nos indican el consumo eléctrico nacional:

  • La serie estadística de Demanda de electricidad
  • El Indide Red Electrica (IRE).

Con estos datos podemos analizar el consumo de electricidad y utilizarlo según venimos diciendo como indicador económico adelantado.

La Demanda de Electricidad.

En el análisis de esta serie estadística habrá de tenerse en cuenta la posible estacionalidad. Por ello, REE publica este mismo dato corregido por dos variables: a) Climatología, dado que un incremento o bajada en las temperaturas conllevará un mayor consumo energético que en el mismo período anterior; que no responderá de forma directa a un incremento neto de la demanda para procesos de producción o consumo. b) Laboralidad, puesto que el calendario laboral administrativo, esto es, que haya más o menos días laborales en un mes determinado respecto del mismo mes del período anterior, debe tenerse en cuenta para comparar correctamente el dato.

elec 1En REE podemos consultar en cada momento la demanda en tiempo real, pero lo más práctico y que aporta perspectiva es seguir el dato del Boletín Mensual, que nos facilita el dato comparado con el del mismo mes del año anterior, así como el acumulado anual. La unidad es en GWh (giga watios hora de energía). Y se publica diferenciado en el sistema eléctrico peninsular, y en los sistemas de Baleares y Canarias.

Por ejemplo, en el Boletin REE de diciembre 2019 el dato de demanda (peninsular) es el siguiente: 249.144 GWh acumulados anuales. La corrección por laboralidad y climatología expone que este dato implica una bajada del 2,7 % respecto de diciembre 2018. Dicho de otra forma, la producción y consumo de electricidad ha descendido, lo cual es indicio de una menor actividad económica.

Sin embargo, el PIB de 2019 ha crecido un 2,4% respecto del PIB del año 2018. Así, con este ejemplo real y actual, podemos comprobar cómo el PIB nos refleja datos de coyuntura, que ya son casi historia, porque se trata de bienes “en el almacén”. Mientras que la demanda de electricidad nos permite avistar una recesión.

El IRE (Índice Red Eléctrica).

En segundo lugar, el IRE publicado por REE registra la evolución de consumo eléctrico de las medianas y grandes empresas del país, concretamente 13.900 empresas que por su tipo de instalación eléctrica (conectadas a la Red con una potencia contratada superior a 450 kW en cada punto de suministro de los que integran el IRE, con un total de 23.400 puntos de suministro titularidad de dichas empresas).

 

Una potencia de más de 450 kW corresponde a una gran instalación (fábrica, almacén, planta industrial, etc..). Según indica REE el 47 % de la demanda total de electricidad en España corresponde a los consumidores con suministros de más de 450 kW de potencia, por lo cual este Índice agrupa la mitad de la demanda nacional. Y desde luego es este segmento de la demanda, el de los grandes consumidores, el que tenderá a agrupar a las empresas inmersas en el proceso económico de creación y venta de los bienes industriales y finales.

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Fuente: REE

 

Como podemos apreciar en la imagen anterior, con el gráfico del evolutivo del IRE desde enero de 2013 (la base de este Índice es 2010) estamos asistiendo en los últimos meses a una recesión en el consumo de las grandes empresas.

En términos corregidos (con laboralidad y temperatura) el IRE cae en julio 2016 (fecha del informe de donde hemos extraído el gráfico, por ser el último publicado a la redacción del presente artículo) un 1,8 % en términos interanuales, y está cayendo desde diciembre 2015.

También podemos observar en los gráficos expuestos que REE desglosa el IRE en un Indice para Industria y un Índice para el sector Servicios. Y ello debido al muy distinto comportamiento que pueden presentar ambos sectores de actividad.

A su vez, esta segmentación nos permite estudiar de manera bien diferenciada el sector industrial, donde se encuentran principalmente las empresas dedicadas a la producción de bienes de segundo y sucesivos órdenes, de acuerdo a nuestra anterior exposición del sistema productivo. Y el sector servicios, donde se engloban mayormente las empresas que comercializan bienes de primer orden.

 

El consumidor y los precios de mercado

En un mercado libre los vendedores no fijan el precio de mercado, sino que dicho precio se fija por el libre juego de la oferta y la demanda, teniendo finalmente más peso en la negociación los compradores que los vendedores, dado que ninguna transacción se fijará en el libre mercado si los compradores no valoran de forma suficiente el bien objeto de compraventa, y no están dispuestos a pagar el precio necesario para cerrar la misma.

El poder de los compradores.

Lo que intuitivamente tiende a pensarse es que los vendedores fijan el precio de mercado, y que dicho precio se ajustará a los costes en los que hayan incurrido en la producción. Por ejemplo, un promotor inmobiliario no venderá una vivienda por debajo de 200.000 € si para producirla ha incurrido en unos costes de dicho importe, dado que solo obtendrá una ganancia vendiendo por encima de dicha cantidad.

Pero muy al contrario, son realmente las valoraciones de los compradores las que fijan el precio de mercado, puesto que, y siguiendo con el ejemplo anterior, si no hay ningún comprador dispuesto a gastarse más de 180.000 € en dicha vivienda, finalmente el precio de mercado acabaría siendo el de 180.000 €, con las correspondientes perdidas empresariales para el vendedor en caso de cerrarse la transacción.

Precio de venta y precio de mercado.

El primer paso para entender correctamente las relaciones entre precios y valoraciones es diferenciar el precio de venta (PVP) del precio de mercado (PM).

Mientras que el PVP lo fija el vendedor, en base a su valoración empresarial del producto que ofrece (que tendrá en cuenta los costes de producción, y el margen que desea ganar), el PM se fija en el mercado por el acuerdo entre comprador y vendedor, por lo que el vendedor puede decidir no aceptar el PVP, y mientras que no exista acuerdo en el PM no se cerrará la venta.

Precio de mercado y valoración del comprador.

Por tanto podemos así visualizar que será el comprador el que acabe fijando el precio en una negociación libre. Si no está dispuesto a pagar el PVP exigido por el vendedor, no hay compraventa.

Y si no estando el comprador dispuesto a pagar el PVP pero sí estando dispuesto a adquirir el bien por un precio inferior al PVP se iniciase una negociación entre ambas partes, derivando en la aceptación del vendedor de dicho precio inferior, el PM al que se cruzan oferta y demanda terminaría siendo inferior al PVP.

Precio de mercado en los mercados masivos.

Esto último no sucede de manera directa en los mercados masivos, donde el vendedor pone a la venta miles de unidades a través de sus canales de distribución, y no existe por tanto una negociación “uno a uno”. Por ejemplo, Coca Cola pone a disposición de sus potenciales compradores millones de productos cada día, a través de distintos canales y a un precio determinado, y por ello no puede entrar a negociar con cada consumidor individual el PVP.

Pero de manera indirecta sucede lo mismo: cuando los compradores tienden a no comprar porque no quieren pagar el PVP (lo cual puede suceder por múltiples circunstancias: bienes sustitutivos, competencia, renta disponible, etc…) Coca Cola se verá obligada a rebajar el PVP (buena parte de la misión del marketing en mercados masivos pasa precisamente por estudiar y gestionar estos procesos).

Valoraciones de comprador y vendedor.

Un error muy común en el pensamiento popular, y presente en la Historia de Occidente ya desde la Grecia clásica, es la creencia de que comprador y vendedor deben valorar igual los bienes que intercambian, porque si no dicho intercambio no se produciría.

Sin embargo, nada más lejos de la realidad: realmente lo que sucede en una compraventa es que el comprador valora más lo que va a adquirir que lo que va a dar a cambio, y lo mismo pasa con el vendedor. Es decir, la transacción se produce porque cada una de las partes valoran más lo que van a adquirir que lo que van a utilizar en pago. De otra forma, no habría compraventa.

Valor y Utilidad marginal.

Por tanto, ya hemos visto que el precio de mercado se acaba fijando no por el vendedor, sino más bien por el comprador.

Pero ahora cabe preguntarse ¿a qué responde la valoración del comprador? Las valoraciones de los compradores se fijan en función de la utilidad que estiman que les reportarán los bienes que van a adquirir. 

Los fines del comprador son subjetivos e internos, y se ordenan de primero hasta el último según la intensidad con que este comprador desea cada uno de ellos. Los bienes que se le presentan son medios para alcanzar dichos fines. Por ejemplo, el primer fin de una persona en un momento determinado puede ser beber agua, y el segundo lavarse las manos. Si tiene a su disposición un vaso de agua, podrá cubrir su primer fin de beber agua, y con dos vasos de agua cubriría todos sus fines.

La valoración en cada momento es acorde a la utilidad que le reporta el bien como medio para cubrir los fines. Si cubre los fines que más arriba se sitúan en su escala de preferencias, lo valorará más, y en la medida en que cubra fines de menor graduación, valorará menos los fines. Por ello, estará dispuesto a pagar menos por los mismos.

Los consumidores mandan.

Así por tanto, en un libre mercado son las valoraciones de los consumidores las que fijan los precios de mercado, y en función de dichos precios de mercado los vendedores podrán determinar las preferencias de éstos a fin de organizarse para satisfacerlas con el mejor resultado económico para su empresa. Pues realizarán sus inversiones y planes de negocio en base a dicha satisfacción del consumidor.


* Más información| Lybertik Punto de vista económico
* Imagen|Pixabay

La luz en la recuperación de la economía española

Con elecciones nacionales a la vista el 20 de diciembre, existe un gran interés por parte del Gobierno central en demostrar que durante su mandato se ha conseguido una efectiva recuperación de la economía española. A la par que todos los partidos opositores se empeñan en repetir que España está igual o peor que hace cuatro años.

¿A quién hacemos caso? ¿Quién dice la verdad? Desde luego, todos los partidos, tanto el del gobierno como los de la oposición, tienen firmes intereses electorales en desacreditarse los unos a los otros, por lo que para poder entender la realidad debemos dejar al margen sus valoraciones, y acudir a los datos ciertos del comportamiento económico.

Uno de los indicadores económicos que más luz nos pueden aportar a nuestro estudio es el comportamiento de la demanda de electricidad.

La energía eléctrica es básica en nuestra actividad diaria, tanto para el mantenimiento de nuestros hogares, como para el funcionamiento de nuestras industrias. Además, la electricidad no puede almacenarse para consumirse en cualquier momento futuro (salvo en cantidades ínfimas y en plazos muy cortos) por lo que la generación de electricidad es siempre igual a su efectivo consumo.  Por estas dos razones, si estudiamos el comportamiento de la demanda eléctrica podremos comprobar directamente si la economía real ha utilizado más o menos energía en sus procesos productivos y de servicios, así como en la actividad residencial:

Fuente: Red Eléctrica de España

Fuente: Red Eléctrica de España

En este cuadro de más arriba, extraído del último Boletín Mensual de Red Eléctrica, constatamos que mientras desde 2011 a 2014 arrastrábamos tasas negativas en el crecimiento de la demanda, a cierre de agosto 2015 tenemos un crecimiento del 3,4 %.

De dicho crecimiento, casi el 56 % viene motivado por factores climatológicos, por lo que más de la mitad de la mayor demanda de energía en 2015 no puede atribuirse a factores económicos.

Sin embargo, un 41 % de este crecimiento (1,4) se produjo por el mayor crecimiento económico nacional. Y el 3 % restante se lo debemos a la mayor laboralidad.

Esto termina con los argumentos de todos aquellos que niegan la recuperación y el crecimiento. Además, si vemos los años anteriores, en 2014 casi el total del crecimiento negativo en la demanda de electricidad se debió a factores climatológicos, y no a factores económicos. Lo cual implicaba ya en sí una recuperación de la economía, en tanto que en los años 2011, 2012 y 2013 era la influencia negativa de la situación económica la que arrastraba a la baja el crecimiento de la demanda energética.

Estos datos pertenecen al sistema eléctrico peninsular, si bien la situación en los sistemas extrapeninsulares es muy parecida, arrojando crecimientos tanto en Canarias (1,4 %) como en Baleares (6,6 %).

Los procesos de producción que han usado esta energía pueden haber generado bienes y servicios que ya se han consumido (imaginemos la actividad de una panadería con horno eléctrico), lo cual responde a una mayor demanda actual, o bien pueden haber generado bienes de equipo que se vayan a vender en el futuro (por ejemplo, la producción de un vehículo en una factoría automovilística), lo que significa una previsión industrial de ventas futuras.

Aquí debemos reseñar que el PIB, pese a no ser un buen indicador real, puesto que no contabiliza los bienes en proceso de producción, solo los terminados, cerró 2014 con un crecimiento del 1,4 % (dato que reafirmaría el menor peso negativo de la actividad económica en la menor demanda eléctrica en dicho año), y en el segundo trimestre de 2015 arroja un crecimiento anual del 3,1 %.

En la parte de energía no utilizada en procesos productivos o prestación de servicios, sino en los hogares y mercado residencial, debemos indicar que una mayor demanda obedece a una mayor disposición de renta por parte de los ciudadanos. 

En definitiva no podemos negar el crecimiento y la recuperación real de nuestra economía tanto en la actualidad, como desde 2014.

Vía | Red Eléctrica de España

Más Información | Periódico de la Energía   Datos Macro

Imágenes | Elaboración Propia y Pixabay

Lo que debe cambiar McDonald’s

El prestigioso diario británico Financial Times publicaba el pasado 9 de marzo en su edición digital “McDonald’s warns of ‘urgent’ need for change”, un interesante artículo donde pone de relieve la importante caída en ventas que acusa el gigante de las hamburguesas.

Mientras que los analistas descontaban una caída de la cifra de negocio del 0,3 % la cadena de restaurantes de comida rápida publicó un descenso del 1,7 %, un problema muy serio que debe enfrentar esta compañía, que factura en torno a 20.000 millones de dólares al año.

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McDonald’s cuenta con unos 31.000 restaurantes repartidos por todo el mundo, de los cuales 14.000 están en Estados Unidos. Este país por tanto concentra su mayor cuota de negocio, y parece que también uno de sus principales focos de preocupación, pues los gustos de los consumidores estadounidenses parece que van derivando hacia otro tipo de comida que perciben como más sana que la ofrecida por la cadena del Big Mac. Fuera de Estados Unidos también se está enfrentando a problemas del mismo tipo, perdiendo posicionamiento principalmente en Asia porque los consumidores de aquellos lares, dónde McDonald’s ha abierto numerosos restaurantes en la última década, no perciben su comida como una opción saludable.

Un problema que pasa factura en una caída del 4 % en ventas en U.S.A. y del 4,4 % en la región Asía Pacífico, y que lastra los resultados globales de la compañía.

Sin duda todo un desafío para su nuevo Consejero Delegado Steve Easterbrook, al cual muchos analistas ahora preguntan ¿Va a cambiar McDonald’s su modelo de negocio?. Aunque más bien habría que preguntarse ¿Tiene que cambiar McDonald’s su modelo de negocio? Una pregunta cerrada a la cual la respuesta correcta es No.

Desde que se abriera el primer restaurante McDonalds en 1955 en Des Plaines, Illinois (USA) siempre ha trabajado con un modelo de negocio claro y definido: un menú estándar, con diversas unidades alternativas (pollo, ternera, etc..); con procesos de preparación también estandarizados que permiten prepararlo en cualquier parte del mundo, adaptando ciertas condiciones a los gustos locales; que puede vender a un precio relativamente bajo, logrando márgenes gracias a asumir una contratación de personal poco cualificado (jóvenes, inmigrantes, etc..) aún a riesgo de contar con una alta rotación; y logrando una expansión continua sin inversión gracias al modelo de franquicia. Tan exitoso se ha demostrado este modelo de negocio que ha logrado en poco más de 50 años abrir más de 30.000 restaurantes en todo el mundo, y facturar más de 20.000 millones de dólares, siendo hoy objeto de estudio en las principales escuelas de negocios.

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Un modelo tan exitoso no puede cambiarse por una pérdida del 2 % de la cifra de negocio, aunque esta venga acompañada de una tendencia negativa, incluso más acusada como dijimos en Asia o Estados Unidos.

Y es que no es el modelo de negocio lo que falla, sino que lo que se está degradando es la percepción del producto por parte del público. De hecho, McDonald’s es consciente de ello desde hace años, y ha trabajado en diversas campañas de marketing a nivel global para cambiar dicha imagen de comida poco sana, intentando por el contrario asociar su menú a la imagen de una vida sana, y a productos naturales.

El hecho constatado de que no sea fácil, pues la compañía lleva ya mucho tiempo y dinero gastado en cambiar la imagen de comida “basura”, no significa que no sea imposible. Si de verdad los consumidores pensaran en términos más tajantes que la comida de McDonald’s es poco sana, no estaríamos viendo caídas del 4 %, sino probablemente muy superiores.

Y lo que no es imposible, puede lograrse, no sería la primera compañía que logra cambiar su posicionamiento de marca, o la percepción de producto por parte de sus consumidores. Por poner un ejemplo que tenemos cercano, la marca Hacendado hace diez año podía asociarse a una imagen de poca calidad, mientras hoy goza de buen prestigio entre los consumidores.

Por lo que la verdadera misión del nuevo consejero delegado es seguir trabajando en crear una imagen de marca y producto que logre romper con la percepción actual.

Vía | Financial Times 

Más Información | Yahoo Finance  Blogs Icemd

Imágenes | wikimedia    geograph

El método científico en Economía

El método científico constituye una sistemática ordenada de trabajo que permite alcanzar un conocimiento utilizando de una determinada manera de procesar la información. El método científico más conocido y utilizado es el método empírico. El empirismo es en esencia utilizar la percepción sensorial de la realidad para la formación del conocimiento. Así, formulando hipótesis y realizando experimentos para percibir la realidad podemos llegar a tesis que explican el conocimiento científico.

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El método empírico ha demostrado ser el mejor método para estudiar las ciencias naturales. Y es que en la física o en la química todo está dado de inicio, la estructura del mundo es la que es, y todo lo que sucede se basa en el principio “acción-reacción”. Si aplicamos una fuerza X sobre el cuerpo Y recorrerá N metros por segundo, teniendo en cuenta la fuerza de la gravedad a la que se ve sujeto dicho cuerpo, y el coeficiente de rozamiento.

La idoneidad del método empírico para estudiar el mundo de las ciencias naturales llevó a filósofos y científicos a pensar que cualquier materia científica era susceptible de estudiarse mediante dicho método. Así, desde finales del s. XIX los economistas adoptaron el método empírico para estudiar la Economía, sin ser conscientes del enorme error que estaban cometiendo.

Y es que las ciencias sociales, aquellas en las que el sujeto de estudio es la acción humana, la voluntad del hombre, no pueden ser abordadas con el método empírico: no todo está dado como en la física o la química, el libre albedrío permite al hombre tomar sus propias decisiones. En Economía es imposible afirmar que siempre que pongamos en circulación una cantidad X de dinero en un país Y se generarán N millones de producto interior bruto, teniendo en cuenta la inflación del país y el tipo de cambio de su divisa.

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El método científico adecuado en Economía es el método lógico deductivo: partiendo de axiomas fundamentales, argumentamos de manera lógica para deducir el conocimiento. Es decir, conociendo las premisas básicas de la acción humana, podemos razonar sus consecuencias. Así, el axioma fundamental y evidente es que el hombre actúa para alcanzar sus fines (saciar la sed) utilizando los medios a su disposición (un vaso de agua). A partir de aquí podemos deducir que si tiene varios medios (dos vasos de agua) utilizará el que valore como más idóneo para el fin concreto (el vaso más lleno, el más fresco, etc..) y por tanto creará una escala ordinal de valor para los medios (primero el más lleno, o primero el más fresco, segundo el menos lleno o segundo el menos fresco) siendo el valor algo subjetivo y no objetivo (para unos vale más el vaso más lleno, para otros más fresco). Y así podrían seguirse deduciendo razonamientos lógicos desde el axioma fundamental.

En el ejemplo del párrafo anterior, si nos acercamos a la Economía con el método empírico y vemos que unos hombres eligen el vaso más lleno mientras que otros eligen el vaso más fresco tendremos que crear hipótesis y realizar experimentos para intentar entender por qué unos hombres eligen vasos más llenos y otros vasos más frescos. Las conclusiones alcanzadas serán poco científicas y poco acertadas. Porque cuándo se intenta estudiar la acción humana como si estudiásemos el comportamiento de los átomos se está incurriendo en el gran error de obviar que el hombre posee libre albedrío, no es un objeto sujeto a parámetros definidos, sino que toma sus propias decisiones.

Vía | La Acción Humana. Ludwig Von Mises. 1949 (ISBN: 9788472094499 Unidad Editorial)

Más Información | Método Científico  Método de Razonamiento  

Imágenes | Pixabay    Pixabay 

La Economía: la Ciencia más compleja.

Friedrich A. Von Hayek es uno de los más grandes economistas de la historia. Galardonado con el Premio Novel de Economía en 1974, y en la mejor tradición de los economistas de la Escuela Austríaca, Hayek no solo fué economista, sino también filosofo, sociologo, jurista, historiador y politologo, dejandonos grandes aportes en todas las ramas de la ciencias sociales.

En el campo de la filosofía de la ciencia, Hayek describió en su libro “The Sensory Order” (University of Chicago Press, 1964) una teoría muy interesante sobre el distinto orden de las ciencias, que va a ser el objeto de éste artículo. Me refiero a la hipótesis de la pirámide de la ciencia, una pirámide inversa respecto de la que tradicionalmente se ha expuesto para jerarquizar la ciencia.

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Esta pirámide ordena las distintas ciencias, desde las más simples hasta las más complejas, partiendo del áxioma de que las de mayor complejidad son capaces de explicar, o contener en sí mismas, las de menor complejidad, si bien no sucede lo mismo a la inversa, pues las ciencias de orden inferior no pueden explicar o contener a las de orden superior.

La estructura de la pirámide identifica por tanto en la parte inferior los órdenes científicos menos complejos, y según se va subiendo hacia la parte superior van apareciendo los órdenes científicos de mayor complejidad, que como decimos explican e integran a los que están situados por debajo suyo. Ahora bien, ningún orden puede explicarse a sí mismo, sino que solo podría ser explicado desde el orden superior.

Y es que cada orden es una estructura de elementos y categorías, que puede dar cuenta de un orden con menos elementos y categorías, su orden inferior, pero sería imposible que un orden inferior subsuma a uno de mayor complejidad, o incluso que pueda razonar y explicarse a sí mismo.

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En primer lugar, los fenómenos más simples y que se inscriben en la base de la pirámide son los que engloba la Física. Todo en física está definido: si aplico una fuerza “X” sobre el cuerpo “Y” éste cuerpo se desplaza “L” metros durante “C” segundos.

El siguiente escalón lo ocupa la Química, con las relaciones entre los átomos que forman las moléculas, y las reacciones entre los mismos. La química es capaz de subsumir la física, y la integra: dentro de la química podemos encontrar las reglas de la física, y aplicarlas a los átomos que forman las partículas. Sin embargo, la física por sí misma, en un grado inferior, no puede explicar las covalencias o las reacciones químicas.

Avanzando un paso más en la complejidad del mundo llegamos a la Biología, la ciencia que estudia a los seres vivos. El biólogo puede estudiar un insecto, o un corazón humano, como objetos complejos formados por células, donde son aplicables las reglas de la química y de la física. La química por sí misma no sería capaz de explicar el funcionamiento de un corazón humano, mientras que la biología contiene a las ciencias de orden inferior.

Conforme vamos escalando en nuestra pirámide invertida nos damos cuenta de que cada vez las ciencias se vuelven menos exactas, más complejas, y ello porque los fenómenos que estudian son también de mayor complejidad. Mientras que en la física como decíamos estaba todo definido, las reacciones químicas presentaban ya mayor complejidad, y el biólogo o el médico no pueden afirmar que siempre (100% de los casos) que a un corazón humano se le aplique tal o cuál tratamiento responderá de una manera concreta. Como vemos, llegado a este punto ya no existen certezas absolutas (100% de probabilidad) al contrario de lo que pasaba en la parte inferior de la pirámide de la ciencia.

Al mundo natural estudiado por la física, la química y la biología podemos denominarlo Mundo Uno, y en el sentido clásico correspondería al mundo de las ciencias naturales.

Ahora sigamos subiendo, para llegar a un mundo de mayor complejidad, el de las ciencias sociales. Y es que los distintos órganos del cuerpo humano pueden explicarse por el  médico mediante la biología, la química y la física, pero la acción humana, el comportamiento del ser humano, solo pueden ser estudiados desde un orden superior, de mayor complejidad.

Así llegamos al Mundo Dos, el de las ciencias sociales, que estudian los fenómenos más complejos. Afirma Hayek y no sin razón que el orden más complejo del universo es el mercado económico. Y ahí nos dirigimos según subimos en nuestra pirámide.

Subimos hasta la Praxeología de Mises, es decir, el estudio de la acción humana en abstracto, que en el esquema clásico equivale al estudio de la Historia o la Sociología, y especialmente la Economía. Porque solo con un correcto conocimiento de teoría Económica podemos entender y estudiar la Historia, el Derecho,  la Política o la Sociología.

Así, la Economía es la más alta de las ciencias, y contiene a la Catalactica, el estudio del mercado como orden espontáneo. Intenta dar respuestas a preguntas como:¿Cómo se relacionan Oferta o Demanda? ¿Y los tipos de interés con el empleo?. Este tipo de conocimiento abstracto es el más complejo de la pirámide de la ciencia humana.

A veces los científicos sociales se sienten frustrados al preguntarse ¿Cómo es que un físico puede poner a un hombre en la luna, y yo no puedo determinar cómo se comportará el PIB de un país pequeño para el próximo año? La respuesta está aquí, en la inmensa complejidad que supone el estudio económico de la acción humana.

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Por último, indicar que la mente humana puede dar cuenta y estudiar la Física, la Química o la Biología, y con gran dificultad la Economía. Pero la mente humana no puede explicarse a sí misma.

Solo desde un Mundo Tres, superior en complejidad al Mundo Uno y al Mundo Dos, con una estructura de elementos y categorías superior  (y que escapa) al de la mente humana podría explicarse al ser humano, el Mundo Dos. Este sería un buen razonamiento de la existencia de Dios, algo que debe estar ahí, en un orden superior, pero que no podemos explicar cientificamente porque vivimos en un orden de categoría inferior, el Mundo Dos.

¿Podría un ser humano conocer algo del Mundo Tres? La respuesta es sí, dado que aúnque no lo pueda enterder cientificamente, tiene dos maneras: la Fe y la Revelación. Si el Mundo Tres se pone en contacto con un ser humano, y le “revela” una verdad, éste conocerá la existencia de algo que no puede abarcar con su propia mente, pero que sin embargo ahora sabe gracias a dicha revelación. Por ejemplo, los profetas en el Antiguo Testamento recibían revelaciones, de las que daban cuenta a su pueblo. La figura de Cristo en el Nuevo Testamento sería también una revelación. Las apariciones marianas, como la de Fátima, serían revelaciones. En segundo lugar, una vez que se ha revelado una verdad de un mundo superior, el resto de personas pueden realizar un acto de Fe, y creer en dicha revelación que les es comunicada. Incluso quizá a través de dicha Fe puedan acabar ellos mismos siendo participes de una nueva revelación del mundo superior.

En definitiva, una teoría muy interesante, que cambia ciertos paradigmas de nuestra sociedad, en la que habitualmente se tienen por mayores verdades las de la física que las de la Economía o la Fe.

Vía | Clases de Economía Prof. Jesús Huerta de Soto

Más Información | Ricardo Aguilaniedo   Chicago Press  Tomas Bradanovic 

Imágenes | wikipedia  Ricardo Aguilaniedo    Tomas Bradanovic