La diferencia entre Aval y Fianza

¿Qué diferencia hay entre ser avalista o ser fiador? Es fácil confundir estos dos conceptos, y el objetivo del presente ensayo es el de diferenciar correctamente cada uno de ellos, dado que pueden implicar muy distintos grados de responsabilidad para el firmante en una operación de crédito, afianzamiento o contrato en general.

Origen de la Fianza.

La fianza es una figura propia del Derecho Romano, y más concretamente se cataloga dentro de las denominadas deudas accesorias, que son aquellas que tienen un carácter de refuerzo de la garantía de cumplimiento de un contrato principal. Se daban tres tipos de deudas accesorias:

  1. La Intercessio: intervención de una persona en una relación jurídica determinada para obligarse en lugar del deudor o al lado de este. Podríamos verlo como una cesión de crédito.
  2. La Adpromissió: Bajo esta denominación general se contemplaba toda promesa hecha en un contrato verbis destinada a constituir una deuda u obligación personal accesoria. La adpromissio podía tener dos formas:
    1. la Sponsio, que solo puede hacer uno el ciudadano romano y donde el sponsor es el fiador (esta figura se dio en la República, años 509 a.C. – 27 a.C.)
    2. y la Fidepromissio donde puede también intervenir el peregrinus o extranjero como fiador (fidepromissor) (esta figura aparece en una etapa más avanzada).
  3. La fideiusso o fianza: Es un contrato verbal accesorio, mediante el cual una persona (fiador) se obliga a pagar una deuda ajena en el caso en que el deudor principal no pague llegado el término. Se trata por tanto de una garantía personal. Su aplicación no se restringía a las obligaciones nacidas del contrato verbis, como en el caso de la Adpromissió, y podía garantizar toda clase de obligaciones (nacidas de cualquier contrato, y no solamente obligaciones civiles, sino también de obligaciones naturales).

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Como podemos ver, mientras que la Intercessio era una mera subrogación en una posición jurídica, y la adpromissio se limitaba a un tipo de contrato específico (verbis) la fideiusso o fianza tenía un carácter más amplio y genérico, y permitía constituir como obligación accesoria la responsabilidad de una persona de responder por otra que era a su vez deudor en el contrato principal al cuál la fianza era contrato accesorio.

La fianza en nuestro Derecho español.

En nuestro Código Civil, la fianza se regula en los artículos 1822 y siguientes, como un contrato accesorio en el que una persona se obliga a pagar o cumplir por un tercero, en el caso de no hacerlo éste, es decir, de forma subsidiaria.

Aunque este carácter genérico de subsidiariedad es una norma de carácter dispositivo, y puede por tanto pactarse la solidaridad del fiador, así como la renuncia a sus beneficios (excusión, orden y división).

Origen del Aval.

Mientras que, como acabamos de ver, la fianza es una institución de Derecho Civil y tiene su origen en el Derecho Romano, el concepto de Aval es más moderno y se origina en el derecho mercantil medieval y moderno, como garantía accesoria a la Letra de Cambio.

puerto de indiasDistintos autores señalan el origen concreto del Aval en  Italia, con los Estatudos de Genova, y los Estatutos de Bolognia (1589) que eran normas mercantiles de cumplimiento para los comerciantes, y que ya prescribían la posibilidad de una fianza solidaria con características de autonomía. Otros autores se decantan como origen por lo usos jurídicos mercantiles de Francia, concretamente en la Ordenanza de Colbert de 1673. Mientras que finalmente existe también doctrina que señala su origen concreto está en Londres (mayo de 1913, sesión del Congreso Internacional de las Cámaras de Comercio, para unificar la normativa reguladora de lechas, cheques y pagarés).

En cualquier caso, el Aval nace como un contrato accesorio a la Letra de Cambio, que refuerza las garantías de cobro de ésta, donde un tercero (avalista) garantiza con su firma el pago de la obligación reflejada en la Letra o documento cambiario.

Así, el contrato de Aval se configura con un contrato accesorio e independiente, que constituye un compromiso unilateral de pago, generalmente solidario, en favor de un tercero (beneficiario), que recibirá la prestación en caso de no cumplir el avalado (deudor del beneficiario). El garante obligado por el aval se denomina avalista.

El Aval en nuestro Derecho español.

Se regula en los artículos 35, 36 y 37 de la Ley 19/1985 Cambiaria y del Cheque, que adopta lo dispuesto a nivel supranacional en arts. 30 a 32 de la Ley Uniforme de Ginebra de 1930.

Principales diferencias entre el Aval y la Fianza.

Como hemos visto, mientras que la fianza es una institución de derecho civil, el aval es una institución del derecho mercantil, y mantienen orígenes y usos diferenciados.

Las principales diferencias entre ambas instituciones serían:

  1. El aval es una garantía solidaria. La ejecución del aval cambiario se ajusta en todo caso a los específicos criterios legales de solidaridad cambiaria establecido en el art.57 LC. Es decir, el beneficiario puede dirigirse indistintamente contra el avalista y contra el deudor principal. Por el contrario, la fianza tiene carácter subsidiario (art. 1822 CC) pues salvo pacto expreso de fianza solidaria, se entiende subsidiaria, es decir, solo se puede requerir el pago al fiador cuando falle el pago del deudor principal.

 

  1. El avalista no goza en caso alguno del beneficio de excusión, orden o división. La ley cambiaria no le otorga ninguno de estos beneficios. Sin embargo, el Código Civil sí prevé para el fiador los beneficios (aunque se puede renunciar a los mismos) de:
    1. excusión (obligación para el beneficiario de dirigirse primero contra el patrimonio del deudo principal),
    2. orden (es una garantía de segundo orden, debiendo probarse que se ha dirigido de manera infructífera primero contra el patrimonio del titular principal)
    3. y división (dado que no es una garantía solidaria, en caso de existir varios fiadores se deberá dirigir solo proporcionalmente contra cada uno de ellos, mientras que si existen varios avalistas la responsabilidad es solidaria, si puede proceder por el total de la deuda contra todos ellos)

 

  1. El avalista no podrá oponer las excepciones personales que correspondan a la persona avalada frente al tenedor del documento cambiario que le reclamase el pago (art.37.1º LC). Para la fianza, aunque el fiador tampoco podrá oponer excepciones extrictamente personales del deudor (por ejemplo un derecho de crédito contra el acreedor por parte del deudor) el artículo 1.853 del Código Civil establece que el fiador sí podrá oponer al acreedor todas las excepciones relativas a la existencia, legitimidad, validez y extensión de la deuda.

 

  1. El aval es una garantía autónoma. El avalista responde aunque la obligación principal del avalado fuese nula por cualquier causa que no sea la de vicio de forma (art.37.1º LC). Esto dota de mayor fuerza al documento cambiario, y le permite circular en el tráfico comercial como documento de garantía o de pago. El fiador sin embargo, y en línea con lo expuesto en el punto anterior, sí podrá oponer la nulidad del negocio principal para evitar el pago.

 

  1. El aval en la letra de cambio, cheque o pagaré es una garantía formal. Presupuesto necesario de eficacia es que el aval quede expresado por escrito en una letra de cambio válidamente existente como tal (art.36 LC), no produciendo efecto cambiario alguno el aval prestado en documento separado. La fianza sin embargo puede pactarse en un contrato accesorio al contrato principal

 

Diferencias en la práctica bancaria y mercantil entre el Aval y la Fianza.

En la práctica bancaria y mercantil en general estas dos figuras suelen corresponderse con negocios bien diferenciados:

  • El Aval se instrumenta como un contrato de fianza donde una de las partes, denominado avalista, se compromete a responder por otra de las partes, denominada avalado, a favor de un tercero ante el cuál el avalado pone a disposición dicho Aval, denominado beneficiario. Se suele constituir en póliza notarial. El avalado utiliza este aval para ofrecerlo como garantía de otros contratos donde él es deudor, siendo el beneficiario su acreedor.

Un producto bancario muy extendido es una línea de avales, que no es otra cosa que un contrato de aval con un límite económico que puede dividirse en partes, utilizando el avalado estas partes por separado para responder de distintos contratos (letras de cambio, cheques, pagarés, contratos de suministro, etc..) y sumando todas las partes el límite económico total del contrato de aval.

 

  • La fianza se constituye como negocio accesorio y refuerzo de la garantía del deudor de un contrato. Normalmente este contrato principal es un préstamo o crédito, y el fiador firma reforzando con su garantía personal el cumplimiento del prestatario o deudor principal.

Consideración final.

A pesar de que las diferencias entre Aval y Fianza han quedado expuestas y son claras en su respectiva regulación, es necesario un análisis de cada caso para determinar el alcance de las obligaciones del avalista o deudor, ya que a veces se utilizan en los contratos estos términos de manera entremezclada, y se requiere de un estudio exhaustivo de la letra de cada contrato para entender la responsabilidad que corresponde a cada caso en concreto.

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La nulidad del proceso judicial a Jesús de Nazaret

Hace unos años se publicó  Proceso a Jesús (Almuzara, 2013), una obra que ha adquirido cierta fama y en la que su autor, José María Ribas Alba, profesor de Derecho Romano de la Universidad de Sevilla, defiende que el proceso judicial a Cristo fue justo y legítimo, de acuerdo con la legalidad de su momento.

Según el profesor Ribas, a Jesús no lo mataron los fariseos ni los romanos, sino la ley y el Derecho. Pero nada más lejos de la realidad, dado que como aquí expondremos a Jesús lo mataron los intereses de la clase social que ostentaba el poder en el pueblo judío.

Mi propósito por tanto con este ensayo es demostrar, en base al texto histórico recogido en los Evangelios, así como en base a la historiografía de fuentes romanas y judías, la nulidad de la sentencia de muerte a Jesús de Nazaret, sobre la base la nulidad de los procesos judiciales que dieron lugar a dicha sentencia.

Nulidad

La nulidad es un concepto jurídico que declara que un acto, hecho o negocio jurídico no reúne los requisitos necesarios para su válida existencia, por lo que se debe tener por inexistente: nunca realmente ha llegado a nacer válidamente, y no despliega por tanto ningún efecto; todo lo que se haya hecho en base al mismo debe retrotraerse, para que las cosas queden como si nunca hubiese existido dicho acto, hecho o negocio jurídico declarado nulo, pues jurídicamente no ha llegado a existir.

La nulidad puede ser parcial (afecta solo a una parte del acto, hecho o negocio) o total. En el caso del proceso judicial a Jesús debemos entender que es total, pues no habría ninguna parte válida de los distintos procesos seguidos.

Coyuntura política y jurídica.

Judea y Galilea eran reinos clientelares, formaban una provincia perteneciente al Imperio Romano, que la había ocupado y se la había anexado en el año 63 a.C.

En la época de Jesús, la región de Judea contaba como autoridad romana con Poncio Pilatos, y la de Galilea con Herodes Antípas. La ley vigente era la del Derecho Romano, y el pueblo estaba sometido a la jurisdicción de los magistrados y las autoridades del Imperio.

No obstante los romanos permitían que los representantes del pueblo judío ejerciesen la autoridad moral y juzgasen en base a la ley y normas del pueblo judío, recogida desde miles de años antes en sus Escrituras. Este órgano era el Sanedrín o  Consejo Supremo Judío, formado por el sumo sacerdote y 70 hombres prominentes de Israel.

Así por tanto, había una doble autoridad:

  • Imperio Romano:
    • Judea: Poncio Pilato
    • Galilea: Herodes Antipas
  • Moral o Religiosa: El Sanedrín, sometido a su vez a la autoridad imperial.

Diversidad de procesos judiciales

El proceso judicial a Jesús de Nazaret fue doble:

  • Por un lado fue juzgado por el Sanedrín, la autoridad judía, bajo la acusación de blasfemia: declararse un Dios a sí mismo. Al declararse “Hijo de Dios” se ponía al mismo nivel de Dios mismo, y esto iba en contra de la ley judía. La pena en caso de demostrarse la comisión del delito era de muerte. Este proceso se inició e impulsó por buena parte de los altos representantes de los fariseos.
  • Por otro lado fue procesado por la autoridad romana, bajo la acusación de lesa majestad  y sedición: declararse un Rey y agitar al pueblo contra el Cesar. Al declararse “Rey de los Judíos” atenta contra el César, y la pena en caso de demostrarse la comisión del delito era de muerte. Este proceso se inició e impulsó por los representantes del Sanedrín.

Los fariseos

En la época de Jesús de Nazaret había distintos grupos o sectas religiosas judías, que se distinguían por su distinta interpretación de las ley judía o Escrituras Sagradas:

  • Fariseos
  • Esenios
  • Saduceos
  • Zelotes

De todos ellos, los que mayor aceptación por parte del pueblo, y también mayor poder habían alcanzado eran los fariseos, que ocupaban los puestos más prominentes en la jerarquía judía, y eran por lo general hombres ricos, con posesiones y formación. Eran la élite del pueblo, y representaban por así decirlo el judaísmo oficial.

Sus creencias religiosas se caracterizaban por enfatizar el formalismo: para ellos las formas eran lo más importante. Partían de la premisa de que no se podía explorar el interior de un hombre, por lo que el exterior, es decir, sus actos y lo que hacía, determinaban el fondo.

Esto chocó fuertemente con las enseñanzas de Jesús, que predicaba una visión de Dios menos formal y más afectiva, basada en el amor al prójimo.

Valga aquí en aras a la brevedad este burdo resumen, para poner en situación y contexto al lector, ya que este choque  doctrinal es desde luego mucho más amplio, y requeriría de un análisis e informe mucho más profundo, en tanto que la doctrina impartida por Jesús desbancaba de manera absoluta a lo que durante siglos había predicado y establecido la élite de los fariseos.

Lo buscaban para matarlo.

La sentencia de muerte a Jesús de Nazaret ya estaba dictada antes del proceso.

El citado enfrentamiento entre Jesús y los fariseos, que como ya dijimos antes eran hombres poderosos, se había recrudecido a lo largo de los años de vida pública de Jesús. Su gran autoridad a la hora de enseñar era acompañada de signos y milagros, y muchos ciudadanos tanto del pueblo judío como de otros pueblos creían en su mensaje.

Esto le convirtió en un hombre de gran prestigio y, según nos indican los Evangelios en distintas ocasiones, los fariseos lo buscaban para matarlo. Cada milagro que se hacía público y adquiría relevancia suponía un duro golpe contra el poderoso Sanedrín.

Tras uno de sus más importantes milagros, el de devolver a la vida a Lazaro, nos dice el Evangelio de Juan que se reunió el Sanedrín, preocupados por la gran fama que había adquirido Jesús. Dado que gracias a la resurrección de Lazaro muchos judíos creían en él como el Cristo, el hijo de Dios. Y decidieron que era un peligro y debían matarle.

¿Cómo puede ser justo un juicio si, antes de que se inicie el mismo, y sin contradicción ni pruebas, ni existiendo posible defensa para el acusado, ya se ha decidido la sentencia? Ésta sería la primera prueba de la absoluta nulidad, por tanto, del proceso seguido contra Jesús.

El prendimiento.

No fue ni mucho menos un proceso justo, sino una trama que tenía por objetivo asesinar a un opositor que ponía en entredicho el gobierno religioso de los poderosos fariseos.

Éstos, aprovechando su poder económico, compraron (con 30 monedas de plata) a uno de los discípulos del Nazareno, concretamente a Judas Iscariote, como infiltrado en el círculo privado de Jesús, a fin de señalar su paradero y entregarlo al Sanedrín.

Debemos aquí tener en cuenta que Jesús no tenía una residencia fija, se movía por un territorio extenso, y contaba con muchos seguidores que lo protegían, por lo cual no resultaba una misión fácil para los jefes fariseos el darle caza; de hecho los Evangelios nos indican que varias veces habían ya intentado apresarlo. Además en su prendimiento tenían que tratar de no escandalizar al pueblo y a los seguidores de Jesús, debía tratarse de una acción rápida y efectiva.

Finalmente, antes de la celebración de la Pascua (para no levantar escándalo durante la fiesta sagrada) y con nocturnidad y alevosía, mediante la ayuda de Judas Iscariote pudieron los hombres del Sanedrín apresar a Jesús mientras oraba en el huerto de Getsemaní.

Desde luego, la injusticia del proceso se vuelve aquí a poner de manifiesto, y es que el miedo por parte de los fariseos a capturar al Nazareno de forma pública revela que no estaban haciendo bien las cosas, no hubiesen tenido problemas en capturar a un verdadero delincuente a plena luz del día y sin tantos rodeos.

El proceso ante el Sanedrín.

El primer proceso judicial que afronta Jesús es ante el máximo órgano judicial y de poder religioso judío. La acusación que se le realiza es la de blasfemia, y se pide para él la pena de muerte.

Nada más detenerlo, y siendo de madrugada, se lo llevan a casa de Anás, que había sido sumo sacerdote. Un juicio ordinario nunca se podría producir de noche, sino que se habría producido de día y con una convocatoria pública ordinaria. Reunirse de noche y tan extraordinariamente es otro indicio más de la injusticia del proceso.

Desde luego, y según todo lo ya expuesto, podemos afirmar que no se trataba de juzgar de manera objetiva el delito, sino que perseguían obtener a toda costa la sentencia que buscaban los propios jueces, esto es, la muerte de Jesús.

Por ello, no existió defensa posible ni principio de contradicción entre las partes. Y tampoco declararon testigos objetivos. De hecho, se comenzó interrogando al acusado, y solicitando de él una declaración autoinculpatoria, mientras un guardia le pegaba. La ley judía exigía audiencia pública y la defensa del acusado ante un delito penado con pena capital, pero nada de eso se dio aquí.

De casa de Anás lo llevan a casa de su yerno Caifás, actual sumo sacerdote, donde está reunido el Sanedrín. Allí la táctica de los juzgadores fue la misma, siguieron intentando una declaración inculpatoria por parte del propio acusado.

Dado que los testigos tenían una gran relevancia en el proceso judicial de los judíos, pues según su ley varias declaraciones en contra suponían una prueba muy firme, llevaron los acusadores a falsos testigos que declaraban contra Jesús. Pero al no haber preparado adecuadamente dichos falsos testimonios, se contradecían unos con otros. Desesperados, seguían pidiendo al acusado que se declarase culpable.

“Plantearle preguntas al acusado y condenarlo en función de su respuesta constituyó [una] violación de la justicia formal” como bien indicaba en sus escritos el famoso abogado inglés Alexander Taylor Innes.

Finalmente el sumo sacerdote le pregunta bajo juramento divino “Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios” a lo que Jesús le respondió “Tú lo has dicho”. De lo cual Caifás dijo a los demás “Ha blasfemado, ¿qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia ¿qué decís?” y los demás sacerdotes dijeron “Es reo de muerte”.

Ya habían conseguido por tanto su objetivo, la pena de muerte.

Todo el proceso violaba la justicia formal y los más elementales principios del derecho procesal judío. Es decir, el proceso era nulo de pleno derecho.

El Gobernador Pilato.

Dado que bajo la soberanía romana el Sanedrín no tenía poder para ejecutar su propia sentencia, puesto que solo el Imperio Romano podía ordenar la muerte de un reo, llevaron al sentenciado al palacio del gobernador Pilato.

El delito de blasfemia por el que lo habían sentenciado quedaba en la esfera de la religión judía, y por tanto no era motivo de muerte ante el derecho romano. Fue por ello que los sacerdotes judíos presentaron a Jesús ante Pilato como “Rey de los Judíos”, es decir, como rebelde ante el Imperio Romano.

Además indicaron a Pilato que Jesús era un elemento subversivo para el pueblo, y predicaba que no se pagasen impuestos al Cesar. Estas falsas acusaciones lo convertían en reo de sedición contra el Imperio, lo cual si podía dar lugar a su condena a muerte.

Sin embargo, debía ser tan evidente que Jesús no lo era que Pilato indicó que no veía delito alguno en él, y no quiere firmar su sentencia de muerte.

Interrogándolo de nuevo, Pilato descubre que Jesús es natural de Nazaret, perteneciendo esta localidad a la jurisdicción de Galilea, bajo el mandato de Herodes Antipas. Y dado que Herodes se encontraba esos días en su palacio de Jerusalen para celebrar la Pascua lo envía a él. Es decir, se declara incompetente judicialmente para condenar a un ciudadano de otra región.

En el Palacio de Herodes Antipas.

Así por tanto los fariseos se vieron obligados a llevar a Jesús ante Herodes. Y éste, que había oído hablar mucho de él, pues debía ser como dijimos antes un hombre de gran fama y prestigio sobre el pueblo, le pidió que hiciese un milagro. Dado que Jesús no le respondía, Herodes se enfadó y se burló de él, pero no atreviéndose a condenarlo a muerte lo devuelve a Pilato concediéndole a éste la jurisdicción.

De nuevo ante Pilato.

El gobernador Pilato sigue sin creer en la culpabilidad de Jesús como reo de sedición, pues no existen pruebas ni antecedentes, ni tampoco testigos fiables, y se nota que solo es una estratagema del Sanedrín para matar al nazareno por motivos religiosos. Así por tanto, y buscando de nuevo eludir su responsabilidad, saca al balcón a Jesús.

Dado que tenía otro delincuente apresado para crucificarlo, llamado Barrabás, sacó a ambos a su balcón, y concedió al pueblo por estar en ciernes de la fiesta de la Pascua que pudiesen liberar a uno de ellos. Desde luego es lógico deducir que pretendía con esta estrategia que no quisiesen soltar al criminal real, Barrabás, mientras que liberarían al hombre que nada había hecho, Jesús de Nazaret.

Aquí resulta clave lo que nos dice el Evangelio de Lucas: «Ustedes me han traído a este hombre, acusándolo de incitar al pueblo a la rebelión. Pero yo lo interrogué delante de ustedes y no encontré ningún motivo de condena en los cargos de que lo acusan; ni tampoco Herodes, ya que él lo ha devuelto a este tribunal. Como ven, este hombre no ha hecho nada que merezca la muerte. 16 Después de darle un escarmiento, lo dejaré en libertad.

Sin embargo, los judíos allí presentes gritaron que liberase a Barrabás y crucificase a Jesús. ¿Cómo pudo ser esto así? Debemos tener en cuenta que todos los sacerdotes, junto con sus familiares, amigos y dirigentes fariseos habían sido quienes habían llevado allí a Jesús pidiendo su muerte, por lo que éstos debían estar allí en primera línea, agitando al pueblo. No era una representación real y homogénea del pueblo, sino que estaba muy sesgada por la presencia de los fariseos.

Sentencia de muerte.

Nos indican los evangelios que ante esto, Pilato se lavó públicamente las manos, en señal de que reconocía la profunda injusticia que se iba a cometer al soltar a un delincuente real y crucificar a un inocente. Pero no queriendo asumir más problemas con el pueblo judío, firmó finalmente la sentencia de muerte, indicando en una tablilla para público conocimiento que el reo se había declarado Rey de los Judíos.

Nulidad absoluta del proceso.

De todo lo expuesto se concluye la total y absoluta nulidad del proceso judicial seguido contra Jesús de Nazaret, siendo por tanto también nula la condena de muerte dictada contra el Nazareno.

  • La sentencia de muerte estaba decidida antes del proceso, por motivos políticos y religiosos, dado que Jesús amenazaba el poder de los fariseos.
  • La detención se realizó con nocturnidad y sin ningún tipo de garantías para el imputado.
  • El proceso ante el Sanedrín se desarrolló igualmente de noche, de manera sumaria, rápida, privada y sin audiencia pública.
  • No se respetaron los más elementales principios de un proceso justo, sin ningún tipo de garantías procesales para el acusado.
  • No se presentaron pruebas de cargo de entidad suficiente, ni testigos de cargo reales y fidedignos. No se probó la acusación de ninguna manera.
  • La culpabilidad y condena por blasfemia se derivó de una afirmación indirecta del propio acusado: “Tú lo has dicho”.
  • El Sanedrín lo presentó como culpable de sedición contra el Imperio Romano ante el gobernador: una falsa acusación, dado que lo habían condenado por blasfemia. El objetivo único de esta acusación en falso era obtener con dicha mentira la condena de muerte que ellos no podían ejecutar.
  • El gobernador romano Pilato indicó que era evidente que el reo era inocente del delito imputado, y lo quería soltar. Por ello no se atrevía a firmar la condena.
  • Herodes Antipas, gobernador de Galilea (y por tanto con jurisdicción sobre Nazaret) tampoco quiso firmar la condena, lo cual reafirma de nuevo la evidente inocencia de Jesús de los delitos de los que le acusaban.
  • Devuelto por Herodes a Poncio Pilato, este intentó de nuevo salvar a Jesús, entendiendo que se trataba de un inocente, pero la manipulación de los fariseos logró salvar al delincuente Barrabas y obligar a Pilato a condenar a Jesús.
  • Finalmente, se vuelve a evidenciar la inocencia cuando Pilato se lava las manos y firma la sentencia de muerte solo porque no ve otra salida para no crear conflicto con los poderosos del pueblo judío.

En definitiva, un proceso a todas luces injusto y nulo tanto en el fondo como en las formas.


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Una Ley para un Imperio: Las Siete Partidas de Alfonso X El Sabio

Las Siete Partidas son el código legal que más años ha estado vigente en lo que hoy es España: unos 600 años. Desde el reinado de Alfonso X de Castilla (1252-1284) se mantuvo como cuerpo legislativo general hasta el s. XIX. Su vocación de corpus iuris general ya lo reflejaba su nombre original “Libro de las Leyes”, si bien a partir del XIV se empezó a denominar como libro de Las Siete Partidas por estar estructurado en siete partes bien diferenciadas.

El código de las Siete Partidas abarca de forma unitaria todo el Derecho de la época: derecho real y de instituciones públicas, civil, mercantil, penal, procesal civil y procesal penal. Sus citas van acompañadas de referencias a autores, ejemplos, exposiciones doctrinales y fundamentos en otras obras legales anteriores.

Su fuente principal es el “Corpus Iuris Civilis”, la gran compilación de derecho romano del emperador Justiniano. También utilizó las glosas y comentarios romanistas de autores como Acursio o Azzo, estudiosos que analizaban y comentaban en detalle los textos jurídicos romanos.

Así también se recogieron los Fueros, que eran normas jurídicas locales que regían una ciudad o comarca, y que otorgaban a la misma por su Rey. Junto a los Fueros se recogen obras jurídicas castellanas como Las Flores del Derecho, del autor Jacobo de las Leyes, que era el principal jurista de la Corte de Alfonso X, o La Margarita de los Pleitos, de Fernando Martínez de Zamora, que recoge jurisprudencia.

Pero esa vocación de generalidad y universalidad a la que antes nos referíamos hizo que no solo se recogiesen e integrasen cuerpos jurídicos o legales, sino también las principales obras filosóficas, religiosas e históricas: Aristóteles, Séneca, Cicerón, la Biblia, la Patrística, San Isidoro de Sevilla y Santo Tomás de Aquino. Así la obra integra todo el Derecho romano y castellano de la época junto al derecho canónico, al derecho feudal y a la filosofía.

alfonso_x_de_castilla_02Por esta universalidad se ha especulado que el objetivo que subyacía en su realización por parte de Alfonso X era el de crear un cuerpo jurídico general que poder aplicar a todo un imperio. Y es que una de las grandes pretensiones de este Rey fue la de  ser elegido como Emperador, esto es, Rey de los Romanos del Sacro Imperio Romano-Germánico, en el episodio histórico conocido como <<Fecho del Imperio>>. Cuando en 1256 muere el Emperador y Rey de los Romanos Guillermo de Holanda varios fueron los monarcas que se postularon a este título, entre ellos Alfonso X de Castilla. Así se cree que esta obra jurídica formaba parte de la candidatura a Emperador de este Rey castellano, que ofrecía al Papa el hecho de tener un cuerpo jurídico universal con que poder gobernar a todo un imperio.

En 1348 las Cortes de Alcalá establecieron para la Corona de Castilla unas normas jurídicas comunes en materia de contratos y herencias; y decreta que en todo lo no regulado expresamente en este llamado Ordenamiento de Alcalá se regirá por el Fuero Juzgo (traducción en lengua romance del Liber Iudiciorum, código legal visigodo que desde el año 654 había regido en gran parte de la Península Ibérica, y que tenía como fuentes el derecho romano postclásico) y en última instancia y con caracter general el Código de Las Siete Partidas.

Así, al regular de manera muy amplia tan distintos ámbitos del Derecho como ya expusimos más arriba, Las Siete Partidas fueron el derecho general que se aplicó primero en toda España con los Reyes Católicos, y después en América y buena parte del imperio español.

Sin duda se trata de la gran obra jurídica que integró y unificó a nivel legal el Reino de España, y que rigió la vida y patrimonio de los grandes personajes de nuestra Historia.


* Más información|Historia del Derecho  Historia General.com  Biblioteca Digital Mundial
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* En QAH| Derecho Medieval en España

Los cuasicontratos en el Derecho Civil

Introducción.

Uno de los conceptos centrales del Derecho Civil es el de obligación. La obligación es la relación jurídica que une a dos (o más) personas, llamadas acreedor y deudor, y en base a la cual el deudor está obligado al cumplimiento de una determinada prestación, ya sea de dar, hacer o no hacer.

Las obligaciones suelen derivarse de un contrato entre las partes, aunque también pueden provenir del mandato de lo establecido en una Ley. Otra fuente de las obligaciones son los actos u omisiones ilícitos, así como los actos u omisiones en los que intervenga culpa o negligencia, pues de ellos nacerán obligaciones de restitución.

Pero existe otra fuente de obligaciones que resulta generalmente mucho más desconocida: los cuasicontratos.

Origen en el Derecho Romano.

moneda-cesarFue el jurisconsulto Gayo (s. II d.C.) quién estableció el concepto de cuasicontrato. Las fuentes de la obligación en el Derecho Romano eran los contratos y los delitos, pero sin embargo había obligaciones “ex variis causarum figuris” que no devenían de ninguna de estas dos fuentes, si bien obligaban a cumplir una prestación determinada. Lo que Gayo propuso fue agrupar todas estas obligaciones que no dimanaban de un delito ni de un contrato y categorizarlas como una tercer figura denomianda “cuasi contractu”.

Más adelante la compilación de Justiniano estableció cuatro fuentes para las obligaciones: contrato, cuasicontrato, delito y cuasidelito.

Los cuasicontratos en nuestro Código Civil.

Los Cuasicontratos aparecen definidos en el artículo 1887 C.C. como <<los hechos lícitos y puramente voluntarios de los que resulta obligado su autor para con un tercero y, a veces una obligación recíproca entre los interesados>>.

Así por tanto existen dos premisas fundamentales en los cuasicontratos:

  • Son actos realizados con carácter voluntario.
  • Se trata de actos lícitos.
  • Su realización por genera una obligación para su autor respecto de con un tercero.
  • En determinadas ocasiones puede quedar obligado su autor y cualquiera de los interesados en aquel hecho lícito y voluntario.

Como vemos, no estamos aquí entre una convención entre las partes, pues esto sería un contrato. Sino que es la sola voluntad de una de las partes la que crea la obligación.

El Código Civil regula de manera expresa dos tipos de cuasicontratos (Capítulo I del Título XVI del Libro IV de las obligaciones y contratos del Código Civil):

  • la gestión de negocios ajenos sin mandato.
  • el cobro de lo indebido.

Gestión de negocios ajenos sin mandato.

Según establece el artículo 1.888 C.C. <<El que se encarga voluntariamente de la agencia o administración de los negocios de otro, sin mandato de éste, está obligado a continuar su gestión hasta el término del asunto y sus incidencias, o a requerir al interesado para que le sustituya en la gestión, si se hallare en estado de poder hacerlo por sí>>.

Nuestro Código distingue claramente dos supuestos:

  1. Si el titular principal o “dominus” ratifica el contrato, se producen los efectos del Mandato, (artículo 1.892 C.C.) y tendrá en tal caso las obligaciones propias del mandante.
  2. Si no ratifica el contrato, el dueño de bienes o negocios que aproveche las ventajas de la misma será responsable de las obligaciones contraídas en su interés, e indemnizará al gestor los gastos necesarios y útiles que hubiese hecho y los perjuicios que hubiese sufrido en el desempeño de su cargo.

En ambos casos, las obligaciones del dueño serán frente a terceros el responder de las obligaciones contraídas en su interés. Y frente al gestor, indemnizarle los gastos necesarios y útiles que hubiese hecho, y cubrir los perjuicios que hubiese sufrido éste en el desempeño de su cargo.

Cobro de lo Indebido

law3El pago o cobro de lo indebido consiste en la relación o vínculo jurídico que se establece entre la persona que recibe lo que no tenía derecho a recibir y aquella que paga por error, en cuya virtud el cobrador se constituye en la obligación de restituir lo indebidamente recibido.

La regulación de nuestro Código Civil distingue claramente los efectos en caso de que el que cobra lo indebido lo haga de buena o mala fe.

Según el art. 1.897 <<El que de buena fe hubiera aceptado un pago indebido de cosa cierta y determinada, sólo responderá de las desmejoras o pérdidas de ésta y de sus accesiones, en cuanto por ellas se hubiese enriquecido. Si la hubiese enajenado, restituirá el precio o cederá la acción para hacerlo efectivo >>.

En caso de mala fe en el que aceptó el pago, el art. 1.896 C.C. dispone: ”El que acepta un pago indebido, si hubiera procedido de mala fe, deberá abonar el interés legal cuando se trate de capitales, o los frutos percibidos o debidos percibir cuando la cosa recibida los produjere.>>

Cuasicontratos Innominados o Atípicos.

Aunque nuestro Código Civil tipifica solo estos dos casos de cuasicontratos,  en la práctica sin embargo aparecen actos voluntarios y lícitos que, realizados por una persona, dan lugar al establecimiento de una obligación.

A estos se les denomina cuasicontratos innominados o atípicos, y nuestra jurisprudencia así los ha identificado y reconocido en determinadas ocasiones. Según ha declarado nuestro Tribunal Supremo, el enriquecimiento injusto late en la entraña de todo cuasicontrato. Por lo que habrá de tenerse ello en cuenta a la hora de calificar jurídicamente un acto lícito y voluntario como cuasicontrato.

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Las obligaciones naturales

En la realidad jurídica, junto a las obligaciones que la doctrina denomina “perfectas”, y que son aquellas que devienen de la ley, los contratos, los cuasicontratos, los actos u omisiones ilícitos, y los actos u omisiones culposos o negligentes, que encuentran su regulación en nuestro Derecho positivo (cuyo incumplimiento conllevará la sanción de deudor) también podemos encontrar obligaciones imperfectas, llamadas obligaciones naturales.

cc3Las obligaciones naturales son aquellas dónde, sin existir “a priori” una obligación perfecta entre deudor y acreedor, se registra un cumplimiento o pago voluntario de una parte a otra, y no cabe que el que ha cumplido voluntariamente solicite el reintegro de lo pagado. Así, sus dos características definitorias serían: 1) en caso de incumplimiento, no puede el acreedor exigir el mismo, y ello porque no existe entre ambos una obligación perfecta como base para ello; 2) en caso de cumplimiento voluntario, no puede el que pagó exigir su reintegro, lo cual se conoce como “irrepetibilidad de lo pagado voluntariamente”.

En el derecho comparado, el Código alemán de las obligaciones, y el Código suizo, no reconocen formalmente la existencia de las obligaciones naturales, si bien en hablan en algunos casos de la irrepetibilidad de lo pagado voluntariamente. En otra corriente distinta, el Código francés, el holandés y el portugués reconocen la existencia de las obligaciones naturales y regulan su régimen jurídico.

El Código civil español, en la línea del código de las obligaciones alemán, no reconoce de manera expresa las obligaciones naturales, pero sin embargo regular tres supuestos en los cuáles podemos apreciar su existencia:

  1. No repetición del pago en juegos ilícitos. “la Ley no concede acción para reclamar lo que se gana en juego de suerte, envite o azar; pero el que pierde no puede repetir lo que haya pagado voluntariamente, a no ser que hubiese mediado dolo, o que fuera menor, o estuviera inhabilitado para administrar sus bienes” art. 1798 CC.
  2. Pago de lo indebido. “se presume que hubo error en el pago cuando se entregó cosa que nunca se debió o que ya estaba pagada; pero aquel a quien se pida la devolución puede probar que la entrega se hizo a título de liberalidad o por otra justa causa” art. 1901 CC.
  3. Intereses no estipulados. “no se deberán intereses sino cuando expresamente se hubieran pactado” art. 1755 CC. “el prestatario que paga intereses sin estar estipulados no puede reclamarlos ni imputarlos al capital” art. 1756 CC.

Así, en el primer caso estamos en el caso de un deudor que ha participado en un juego ilícito, lo cual no puede hacer nacer una obligación perfecta, dado que el objeto de la obligación ha de ser lícito, pero si dicho deudor pagó voluntariamente su deuda por haber perdido en dicho juego, no podrá solicitar después su reintegro.

En el segundo caos nos encontramos un supuesto parecido, pues el deudor ha pagado voluntariamente sin mediar contrato u obligación formal que le obligue a ello, pero si después solicita su reintegro y el que recibió el pago demuestra que el mismo se realizó con causa de liberalidad u otra justa causa (donación encubierta, por ejemplo) operará la irrepetibilidad de lo pagado.

Por último, en un préstamo donde no se hubiesen pactado intereses, nada deberá en tal concepto el deudor del mismo. Pero si voluntariamente pagase intereses a su acreedor, no podrá después reclamar su devolución.

Así, vemos como existen obligaciones naturales cuándo, sin existir una obligación perfecta como ya se explicó, se ha creado un vínculo jurídico entre acreedor y deudor por la libre voluntad de ambos, y el ordenamiento jurídico reconoce “a posteriori” efectos a dicho vinculo, aunque “a priori” no hubiese hecho nacer obligación alguna de la misma voluntad.

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Nulidad, Anulabilidad y Rescisión en nuestro Código Civil

Ineficacia de los contratos.

Los contratos son la principal fuente de derechos y obligaciones entre los ciudadanos en una sociedad avanzada. El libre acuerdo de voluntades entre dos o más personas, formalizado en un contrato, hace nacer y extinguirse obligaciones, y esto es precisamente lo que se conoce como “eficacia de los contratos”, la creación de una relación jurídica entre las partes, que produce consecuencias para ambas, y para los bienes o derechos objetivo de dicho contrato.

Por tanto, ineficacia es justamente lo contrario, esto es, la falta de producción de dichas consecuencias. Ello se deriva del hecho de que el contrato, tal y como es previsto por el ordenamiento jurídico, no se ajusta al contrato tal y como ha sido llevado a cabo en la realidad, y dicho desajuste es sancionado por el mismo ordenamiento con la ineficacia.

El objeto del presente artículo es definir los diferentes supuestos jurídicos por los que un contrato deviene ineficaz en nuestro Derecho Civil:

  1. Inexistencia y Nulidad.
  2. Anulabilidad.
  3. Rescisión.

Inexistencia y Nulidad.

law3En el Derecho Romano se conoció solo la nulidad de los contratos, en los casos taxativamente marcados por la Ley. La inexistencia fue una figura jurídica creada por la doctrina francesa para aquellos casos en los que los contratos, sin incurrir en causa de nulidad prevista legalmente (existían motivos tasados por Ley) no debían producir efectos por la naturaleza misma de las cosas.

Actualmente, el concepto de nulidad y de inexistencia se refieren al mismo supuesto jurídico: el de la falta total y absoluta de algún elemento esencial del contrato, esto es, consentimiento, objeto o causa, lo cual implica que no produzca efectos jurídicos. Se considera al contrato como no realizado (nullum est negotium; nihil est actum).

La nulidad supone la falta de producción de efectos por la violación de una norma imperativa prevista en el ordenamiento jurídico.

Son causas de nulidad en nuestro Código Civil:

1.- Que las partes contratantes traspasen los límites a la autonomía privada, como son ley, moral y orden público. (art. 1.255 CC)

2.- Falta absoluta de consentimiento. (art. 1.261 CC)

3.- Inexistencia, falta absoluta de determinación o ilicitud del objeto del contrato. (art. 1261 CC)

4.- Inexistencia o ilicitud de la causa. (art. 1261 CC)

5.- La falta de forma cuando venga exigida por la ley con el carácter de forma “ad solemnitatem”. (v.gr. art. 1279 CC)

Los efectos de la nulidad son los siguientes:

  1. El contrato nulo no produce efectos. “Quod nullum est nullum effectum producit”.
  2. No debe ser admitido en ningún registro público.
  3. No sirve como título para la usucapión.
  4. No admite sanación o regularización.
  5. De haberse ejecutado prestaciones, procede su restitución.

La acción de nulidad es imprescriptible, y tiene legitimación activa cualquier persona que ostente un interés legítimo, pudiendo ser apreciada “ex oficio” por el órgano judicial.

Anulabilidad

A diferencia de la nulidad, que supone una ineficacia originaria, el caso de la anulabilidad es el de  una ineficacia sobrevenida.

A tenor de lo dispuesto en el Art.1300 CC:

“Los contratos en que concurran los requisitos que expresa el artículo 1.261 pueden ser anulados, aunque no haya lesión para los contratantes, siempre que adolezcan de alguno de los vicios que los invalidan con arreglo a la ley.”

hammer-311342__180Es decir, se trata de un contrato válidamente celebrado, pero que adolece alguno de los vicios que lo invalidan con arreglo a la ley, siendo irrelevante la existencia de lesión (arts. 1.300 y 1.301 CC). Dichos vicios invalidantes serían:

  1. – Concurrencia de vicios de la voluntad: error esencial excusable, dolo causante, intimidación y miedo grave (Arts.1265 y ss CC)

2.- Falta de plena capacidad de obrar o incapacidad relativa: los contratos celebrados por incapaces de obrar, por sí solos o sin reunir los complementos de capacidad necesarios.

3.- Falta de consentimiento del cónyuge cuándo así lo exija la Ley.

Los efectos de la anulabilidad son los siguientes:

1.- En tanto no se ejercite la acción de anulación, el contrato anulable es un contrato de eficacia claudicante. Se ha perfeccionado, pero frente a cualquier pretensión de eficacia puede ejercitarse la acción de anulación u oponerse el carácter de anulable por vía de excepción. El contrato es sanable, mediante confirmación, desde el momento en que el interesado conoce la causa de anulación. No puede acceder al Registro de la Propiedad, pero sirve como título para usucapir.

2.- Una vez ejercitada la acción de anulación u opuesta como excepción y recaída sentencia que declare la nulidad, los efectos son los de la nulidad radical: dicho contrato no produce efecto alguno, con carácter retroactivo. Como en el caso de la nulidad, procede la restitución de las cosas.

La acción de nulidad tiene un plazo de caducidad de cuatro años. Tienen legitimación activa  los obligados principal o subsidiariamente en virtud de los contratos impugnados.

Rescisión.

La rescisión es la ineficacia sobrevenida del contrato, derivada del ejercicio de una acción, la cual se fundamenta en que este contrato, válidamente celebrado y formado, produce un resultado injusto o contrario a Derecho: una lesión o un fraude.

El Art. 1291 Cc dispone que:

“Son rescindibles:

  1. Los contratos que pudieren celebrar los tutores sin autorización judicial, siempre que las personas a quienes representan hayan sufrido lesión en más de la cuarta parte del valor de las cosas que hubiesen sido objeto de aquéllos.
  2. Los celebrados en representación de los ausentes, siempre que éstos hayan sufrido la lesión a que se refiere el número anterior.
  3. Los celebrados en fraude de acreedores, cuando éstos no puedan de otro modo cobrar lo que se les deba.
  4. Los contratos que se refieran a cosas litigiosas, cuando hubiesen sido celebrados por el demandado sin conocimiento y aprobación de las partes litigantes o de la Autoridad judicial competente.
  5. Cualesquiera otros en que especialmente lo determine la Ley.”

El punto número 3 del anterior artículo instituye en nuestro Código Civil la llamada acción Pauliana del Derecho Romano.

A continuación, el art. 1.292 CC establece:

“Son también rescindibles los pagos hechos en estado de insolvencia por cuenta de obligaciones a cuyo cumplimiento no podía ser compelido el deudor al tiempo de hacerlos.”

La acción rescisoria es de carácter subsidiario, cuando el perjudicado carezca de todo otro recurso legal para obtener la reparación del perjuicio. Y tiene un plazo de caducidad para su ejercicio de 4 años. (arts. 1.294 y 1.299 CC).

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El título y el modo en nuestro Derecho Civil

En del Derecho Romano, de dónde deriva nuestro actual sistema jurídico, se consolidó la traditio como forma común de transmitir la propiedad.

El desarrollo del Derecho Romano abarca más de 1.300 años (desde el años 753 a.c. hasta el año 565 de nuestra era), tiempo durante el cual sus instituciones fueron evolucionando. En época Justiniana, fase final del Derecho Romano en la que se asientan las bases de los sistemas jurídicos contemporáneos, encontramos que la traditio se ha consolidado como el modo de transmisión de la propiedad de las cosas (antes existieron también como formas de transmitir la propiedad la mancipatio, contrato de carácter verbal, y la in iure cesio, contrato formal y verbal ante un magistrado).

El vocablo latín traditio  deriva del verbo tradere, que está formado por trans (de la otra parte, más allá) y do (dar), es decir,  entregar o poner en manos de otro.

derecho1En la traditio una de las partes (tradens) transmite a la otra (accipiens) la propiedad de una cosa en base a un contrato anterior. El que transmite es el actual propietario de la cosa y puede por ello disponer de la misma. Y el que adquiere debe contar con capacidad de obrar suficiente para ello.

Existe por tanto una voluntad recíproca para adquirir y transmitir la propiedad de la cosa, y una entrega física de la misma. De igual manera existe un contrato previo que dicta dicha transmisión, una iusta causa.

En resumen, el sistema jurídico romano exigía para la efectiva y legal transmisión de la propiedad de una cosa que existiese un justo título (contrato, iusta causa) y un modo (entrega de la cosa, traditio). Y esto es lo que llamamos en Derecho “la teoría del título y el modo”.

De esta manera no basta por tanto, para que se transmita la propiedad, un contrato que dicte dicha transmisión. Por ejemplo, un contrato de compraventa firmado por ambas partes. Es necesario que además se produzca una entrega efectiva de la cosa.

derecho6Este sistema podría tener su fundamento en que se pudiera establecer un contrato sin que alguna de las partes entendiese totalmente el mismo. Pensemos que hasta época reciente no ha sido habitual que todo el mundo supiese leer y escribir, o conociese los formalismos jurídicos más básicos. Por lo que un mero contrato (título,  iusta causa) no daría lugar a la transmisión de la propiedad sin que posteriormente y en el campo de los hechos físicos se transmitiese efectivamente el bien.

En el desarrollo de otros sistemas de Derecho Civil, como por ejemplo el francés, se ha dejado a un lado dicho requisito de la tradición, y se adquiere directamente la propiedad con el solo contrato que lo indique.

Sin embargo, en nuestro Derecho español pervive la teoría del título y el modo, en tanto que el artículo 609 de nuestro Código Civil dicta:

<<La propiedad se adquiere por la ocupación.

La propiedad y los demás derechos sobre los bienes se adquieren y transmiten por la ley, por donación, por sucesión testada e intestada, y por consecuencia de ciertos contratos mediante la tradición.

Pueden también adquirirse por medio de la prescripción.>>

Es decir, si la forma de transmitir la propiedad deriva de un contrato, se requiere además del mismo de la entrega de la cosa o tradición. Si existe solo el título, existirá una obligación de entregar la cosa objeto de transmisión en base al mismo, por ejemplo obligación del vendedor en el contrato de compraventa. Si existe solo el modo o traditio, tendremos una simple transferencia de la posesión, pero no de la propiedad.

Sin embargo, existe un caso en nuestro Derecho dónde el contrato de compraventa equivale a la transmisión de la propiedad. Es decir, se unifican el título y el modo. Y es cuándo interviene en la compraventa un Notario. Así el artículo 1462 C.C. establece:

<< Se entenderá entregada la cosa vendida, cuando se ponga en poder y posesión del comprador.

Cuando se haga la venta mediante escritura pública, el otorgamiento de ésta equivaldrá a la entrega de la cosa objeto del contrato, si de la misma escritura no resultare o se dedujere claramente lo contrario>>.

negocioNo obstante, aunque la ley es clara, y en el caso de que se otorgue escritura pública esta equivale a la entrega de la cosa o tradición, es aconsejable que los compradores exijan una tradición física. Así por ejemplo en el caso de la compraventa de una vivienda se suele exigir la entrega de las llaves de la misma, con lo cual el comprador que está firmando la escritura y entregando normalmente en el mismo acto el dinero en pago de la misma al vendedor recibe a su vez el elemento físico necesario para ocupar y poseer el inmueble, esto es, las llaves de dicho inmueble. Pensemos que posesión y propiedad son cosas distintas, y de otra manera podría encontrarse el comprador con que, posteriormente a la firma de las escrituras, el vendedor siguiese poseyendo la vivienda.

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