La luz en la recuperación de la economía española

Con elecciones nacionales a la vista el 20 de diciembre, existe un gran interés por parte del Gobierno central en demostrar que durante su mandato se ha conseguido una efectiva recuperación de la economía española. A la par que todos los partidos opositores se empeñan en repetir que España está igual o peor que hace cuatro años.

¿A quién hacemos caso? ¿Quién dice la verdad? Desde luego, todos los partidos, tanto el del gobierno como los de la oposición, tienen firmes intereses electorales en desacreditarse los unos a los otros, por lo que para poder entender la realidad debemos dejar al margen sus valoraciones, y acudir a los datos ciertos del comportamiento económico.

Uno de los indicadores económicos que más luz nos pueden aportar a nuestro estudio es el comportamiento de la demanda de electricidad.

La energía eléctrica es básica en nuestra actividad diaria, tanto para el mantenimiento de nuestros hogares, como para el funcionamiento de nuestras industrias. Además, la electricidad no puede almacenarse para consumirse en cualquier momento futuro (salvo en cantidades ínfimas y en plazos muy cortos) por lo que la generación de electricidad es siempre igual a su efectivo consumo.  Por estas dos razones, si estudiamos el comportamiento de la demanda eléctrica podremos comprobar directamente si la economía real ha utilizado más o menos energía en sus procesos productivos y de servicios, así como en la actividad residencial:

Fuente: Red Eléctrica de España

Fuente: Red Eléctrica de España

En este cuadro de más arriba, extraído del último Boletín Mensual de Red Eléctrica, constatamos que mientras desde 2011 a 2014 arrastrábamos tasas negativas en el crecimiento de la demanda, a cierre de agosto 2015 tenemos un crecimiento del 3,4 %.

De dicho crecimiento, casi el 56 % viene motivado por factores climatológicos, por lo que más de la mitad de la mayor demanda de energía en 2015 no puede atribuirse a factores económicos.

Sin embargo, un 41 % de este crecimiento (1,4) se produjo por el mayor crecimiento económico nacional. Y el 3 % restante se lo debemos a la mayor laboralidad.

Esto termina con los argumentos de todos aquellos que niegan la recuperación y el crecimiento. Además, si vemos los años anteriores, en 2014 casi el total del crecimiento negativo en la demanda de electricidad se debió a factores climatológicos, y no a factores económicos. Lo cual implicaba ya en sí una recuperación de la economía, en tanto que en los años 2011, 2012 y 2013 era la influencia negativa de la situación económica la que arrastraba a la baja el crecimiento de la demanda energética.

Estos datos pertenecen al sistema eléctrico peninsular, si bien la situación en los sistemas extrapeninsulares es muy parecida, arrojando crecimientos tanto en Canarias (1,4 %) como en Baleares (6,6 %).

Los procesos de producción que han usado esta energía pueden haber generado bienes y servicios que ya se han consumido (imaginemos la actividad de una panadería con horno eléctrico), lo cual responde a una mayor demanda actual, o bien pueden haber generado bienes de equipo que se vayan a vender en el futuro (por ejemplo, la producción de un vehículo en una factoría automovilística), lo que significa una previsión industrial de ventas futuras.

Aquí debemos reseñar que el PIB, pese a no ser un buen indicador real, puesto que no contabiliza los bienes en proceso de producción, solo los terminados, cerró 2014 con un crecimiento del 1,4 % (dato que reafirmaría el menor peso negativo de la actividad económica en la menor demanda eléctrica en dicho año), y en el segundo trimestre de 2015 arroja un crecimiento anual del 3,1 %.

En la parte de energía no utilizada en procesos productivos o prestación de servicios, sino en los hogares y mercado residencial, debemos indicar que una mayor demanda obedece a una mayor disposición de renta por parte de los ciudadanos. 

En definitiva no podemos negar el crecimiento y la recuperación real de nuestra economía tanto en la actualidad, como desde 2014.

Vía | Red Eléctrica de España

Más Información | Periódico de la Energía   Datos Macro

Imágenes | Elaboración Propia y Pixabay

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El sistema bancario moderno. Historia de la conversión del oro en dinero fiduciario.

DEPÓSITOS BANCARIOS.

El contrato de depósito, desde el antiguo derecho romano, es aquél por el que una de las partes, denominado depositante, entrega un bien a la otra parte, el depositario, obligándose esta última a guardarla y restituirla en el futuro al depositante.

El dinero es una de las instituciones más importantes de una sociedad avanzada, puesto que permite ejercer el cambio indirecto, frente al trueque de la sociedad primitiva. Así, el dinero sirve como medio de intercambio, y como medio de conservación del valor en el tiempo, además de su funcionalidad como unidad de cuenta.

Y por esta importancia, desde antiguo surgieron instituciones dedicadas a custodiar depósitos de dinero para aquellas personas que habían generado valor en su trabajo o en su negocio, y deseaban conservar una parte del mismo, sus ahorros, para un consumo o inversión futura. En la antigua Babilonia, o en la Grecia clásica, eran los templos religiosos los que ofrecían a los ciudadanos el servicio de depósito de dinero. Más tarde, mercaderes u orfebres se especializarían en ofrecer estos servicios.

OBLIGACIONES DEL DEPOSITARIO.

Por supuesto, durante toda la Historia de la humanidad el depositario (Banco) mantenía la obligación de custodiar el cien por cien del importe depositado. Puesto que el contrato de depósito tiene como finalidad la custodia del bien entregado por el depositante.

No ha de ser necesariamente el mismo dinero entregado, sino el “tantundem”. Es decir, el depositario cumple entregando un bien del mismo importe, especie, género y calidad. Porque el dinero es un bien fungible. No es un bien específico, como lo pueda ser una obra de arte. Si se entrega en depósito “El Quitasol” de Goya, el depositario solo cumple su obligación contractual devolviendo este mismo cuadro, no existe otra posibilidad física de cumplir. Pero si se entrega un kilo de sal (bien fungible) en depósito, el depositario cumplirá devolviendo un kilo de sal, sin que tenga que ser físicamente el mismo grano a grano. Y ello porque los bienes fungibles como la sal, el aceite o el trigo son bienes de características muy genéricas, lo que permite su intercambio en un almacén sin alterar los mismos. Y el dinero es un bien fungible.

Sin embargo, que el depósito bancario sea un bien fungible no significa que el depositario no deba cumplir con su obligación de custodiar íntegramente el bien entregado en depósito, por supuesto. Un banquero podrá recibir dinero en forma de monedas o billetes similares de cien clientes distintos, y mantener su totalidad guardada en la misma caja fuerte, cumpliendo con su obligación al devolver el número de monedas exacto que cada depositante le haya entregado, aunque no sean exactamente las mismas monedas o billetes. Pero mientras que están en vigor los contratos deberá custodiar íntegramente el cien por cien de todas y cada una de las monedas. Si un banquero utilizase una parte de estas monedas, que recibió en custodia, estaría cometiendo un delito patrimonial, pues estaría apropiándose indebidamente de algo que no es suyo.

BANCARROTA.

A lo largo de la historia son múltiples los banqueros que han caído en la tentación de utilizar de forma indebida el dinero recibido en depósito en su propio beneficio. Si han recibido un número importante de depósitos, y creen que sus depositarios no van a reclamar a corto plazo su devolución, utilizan el dinero para realizar inversiones en nombre propio, creyendo que basta con tener solo una parte de dicho dinero disponible por si alguien viene y reclama una devolución.

Parten de suponer que no todo el mundo va a venir en el mismo momento a retirar su depósito, por lo que será difícil que se descubra su delito. Se apoyan en ley estadística de los grandes números. Además, como estamos ante bienes fungibles y el depositante cumplirá devolviendo una cantidad determinada de monedas o billetes, y no exactamente los mismos depositados, la propia naturaleza fungible del bien objeto de depósito ayuda a reforzar el planteamiento fraudulento.

Pero por supuesto saben que están delinquiendo, pues es necesario repetir que el depósito no traslada la posesión ni la propiedad, sino la mera tenencia de la cosa, con obligación de custodia.

Desde luego, si tienen 100 monedas en depósito, y utilizan 50 monedas incumpliendo el contrato de depósito, estarán en bancarrota en cuánto los legítimos propietarios de 51 monedas exijan la retirada de sus depósitos.

Y como decimos son múltiples los ejemplos históricos de banqueros y Bancos que se han declarado en bancarrota por no tener el dinero cuándo sus clientes le han solicitado la devolución de los depósitos. El profesor Jesús Huerta de Soto cita varios de ellos, acaecidos en la antigua Grecia, durante el imperio Romano o en la Edad Media en su libro “Dinero, Crédito Bancario y Ciclos Económicos”.

Desde la antigüedad los banqueros utilizaban un Trapeza o banco para salir a la calle, en los mercados y zonas comerciales, ofreciendo sus servicios de depósito y custodia a los ciudadanos. De ahí deriva su nombre. Y cuándo un banquero se veía en apuros para devolver el dinero a sus clientes, se le rompía la banca en público, contra el suelo o incluso contra su cabeza, derivando de aquí el término de bancarrota.

En la Barcelona de la baja edad media, al igual que en otros momentos y legislaciones, el Código legal exigía que se le cortase la cabeza al banquero quebrado y se clavase dicha cabeza en la plaza o mercado, permaneciendo a la vista de todo el mundo durante unos días para ejemplificar el delito cometido y persuadir a los otros banqueros de que cuidasen con diligencia los depósitos recibidos. Tal era la gravedad que se daba al delito de bancarrota, pues se entendía que el bien jurídico lesionado con la apropiación indebida del banquero, esto es, la legítima propiedad del dinero, así como la seguridad jurídica y económica del sistema, revestía la máxima importancia.

COMISIONES O INTERESES

Aunque nuestro Código Civil recoge la tradición jurídica de presumir el contrato de depósito como gratuito, a nadie escapa que sería extraño que un empresario esté dispuesto a custodiar de manera gratuita el dinero de sus clientes, sino que la lógica empresarial exige que el banquero cobre una comisión o precio por sus servicios. Por ello, una primera señal de que no se cumplía con garantía la misión del depositante es que un banquero realizase su trabajo de manera gratuita, o incluso que estuviese dispuesto a pagar una pequeña cantidad o comisión a sus clientes depositantes. Desde luego, si guardaba el dinero gratis o pagaba por guardar dinero era muy probable que a espaldas de los clientes utilizase dicho dinero en otros negocios que le reportasen ganancias.

Si bien es cierto que podemos encontrar muchos casos de Bancos y banqueros que han incurrido en bancarrota a lo largo de la historia, desde los escritos griegos y romanos hasta nuestra más reciente historia, también han existido ejemplos como el del Banco de Amsterdan, que fundado en el año 1609 mantuvo el 100 % de los depósitos entregados por sus clientes durante más de 150 años. Ello lo hizo brillar como el Banco más solvente y de mayor prestigio de su época. Sus beneficios nunca fueron tan extraordinarios como los de otros bancos aquellos años, pues se limitaba a cobrar una pequeña comisión de depósito por sus servicios, así como comisiones por otros servicios añadidos como el cambio de moneda o la emisión de billetes y cheques, pero aseguraba de forma plena los intereses de sus clientes.

Y es que si un cliente desea obtener un beneficio de sus ahorros, tendrá que entregar al Banco el dinero en préstamo, exigiendo un interés del mismo, que el Banco le pagará dado que después podrá prestar a su vez ese dinero a clientes que lo demanden. Pero al hacer esto el cliente sabe que obtiene una rentabilidad a la vez que asume un cierto riesgo, el de perder todo o parte de su dinero.

FINANCIACIÓN DEL ESTADO.

Todos los gobernantes de la edad antigua, así como de la edad media y moderna, han necesitado siempre financiar de alguna manera sus políticas. Pues por lo general sus proyectos siempre han sido deficitarios, es decir, siempre han superado los ingresos que dichos gobiernos eran capaces de generar vía impuestos y tributos a sus súbditos o ciudadanos.

Y muchos han sido los banqueros que han apoyado a monarcas y gobernantes a lo largo de la historia, proporcionando los recursos necesarios a los mismos con que pagar sus campañas de guerra o sus proyectos imperiales.

A veces, los Reyes devolvían los préstamos con la concesión de recaudar tributos en una zona geográfica determinada durante un determinado plazo de tiempo, hasta reponer el principal y los intereses del préstamo. En ocasiones nunca se devolvía el préstamo, pues el monarca o gobierno perdía una guerra o era derrocado por otro nuevo gobernante, que no se hacía cargo de las deudas del anterior.

El caso es que pronto vieron los gobernantes que tenían en los banqueros una buena fuente de recursos, con el dinero que éstos ostentaban en depósito de sus clientes. Utilizaban estos soberanos los mismos argumentos falaces de la ley estadística de los grandes números, y de la naturaleza fungible del dinero, que a veces habían utilizado los propios banqueros en sus apropiaciones indebidas, para justificar ahora el expropiar el dinero de estos banqueros en nombre de sus proyectos imperiales.

Y ahí nació muchas veces la justificación legal a que el banquero no tuviese que cumplir “estrictamente” con el contrato de depósito, como cualquier otro depositario hubiese debido hacerlo. Con el devenir de los años, como vamos a ver a continuación, esta es la razón de fondo de las actuales legislaciones que regulan la actividad bancaria con reserva fraccionaria.

LA LEY DE PEEL.

Tras distintos avatares históricos donde muchos bancos habían quebrado al no conservar siempre sus depósitos, y existiendo corrientes doctrinales enfrentadas sobre la necesidad de que los Bancos mantuviesen de manera continua el cien por cien del dinero recibido en depósito, se planteaba esta cuestión en el Parlamento inglés en la década de los años cuarenta del s. XIX. Y siendo Robert Peel el Primer Ministro de Reino Unido se aprobó en 1844 la Ley de Banca, conocida después como Ley de Peel, que obliga a las entidades bancarias a conservar en oro un coeficiente de caja del 100 % del dinero recibido.

Sin embargo esta Ley se refería en su texto a la obligación para las instituciones bancarias de conservar un coeficiente del 100 % de los billetes de banco o papel moneda, pero no de los depósitos. Cuándo un cliente entregaba dinero en efectivo, es decir, monedas de oro o plata, a un banquero, este le entregaba como justificante del depósito de dichas monedas unos billetes “al portador” que además de recibo del depósito podían servir a su tenedor para pagar deudas e impuestos (función de giro). Es decir, todo billete en manos de un ciudadano estaba respaldado por una cantidad de oro, de importe similar al valor nominal del billete, y depositado en el banco que había emitido dicho billete. Por lo que en cualquier momento podía acudir el tenedor de dicho billete a ese banco y convertir su papel por las monedas de oro o plata equivalentes.

Pero esto eran depósitos “a la vista”. Sin embargo, como decimos, la Ley de Peel no impuso la necesidad a los Bancos de conservar el 100 % del coeficiente de caja para el dinero de los depósitos a plazo. Así, si un ciudadano depositaba su dinero a un plazo de, por ejemplo, un año, el Banco estaba por supuesto obligado a devolver el dinero en el vencimiento pactado, pero no tenía obligación legal de custodiar en caja el 100 % del dinero recibido en tal concepto.

Este hecho histórico marcó el principio de la aceptación legal de la moderna Banca con Reserva Fraccionaria, pues este modelo legislativo se fue extendiendo y aceptando por el resto de países.

COEFICIENTE DE CAJA.

Llamamos “coeficiente de caja” o “coeficiente de reserva” a porcentaje que el banco debe conservar del dinero depositado. Así, si debe mantener 50 euros de cada 100 que recibe en depósito, decimos que trabaja con un coeficiente de caja del 50%.

Por supuesto, la posibilidad de utilizar una parte del dinero de los depósitos en beneficio propio multiplica exponencialmente los beneficios del Banco, y es que le permite hacer inversiones con un capital muy superior al que ostentaría solo con sus fondos propios, o con los fondos recibidos en concepto de préstamo de sus clientes (mediante la emisión de bonos, acciones o cualesquiera otros títulos mercantiles de financiación). A la vez de que dicho capital ficticio lo utiliza con un precio de financiación muy bajo. Esta es la razón de que, cuanto menor sea el coeficiente de caja, mayores serán los beneficios del Banco.

Los Estados y Gobiernos que legislaban para sus Bancos un coeficiente de caja inferior al 100 % podían financiarse acudiendo a la parte de recursos que dicho Banco podía destinar a la inversión sin necesidad de custodiar, siendo ello un gran incentivo para que se extendiese por todo Occidente el coeficiente de Reserva Fraccionaria.

Los teóricos defensores de este modelo de banca fraccionaria se apoyan de nuevo en la teoría estadística de los grandes números, que afirma que es muy poco probable que todos los clientes acudan el mismo día y a la misma hora a retirar sus depósitos, por lo que ello permite a los banqueros utilizar al menos una parte de los mismos, pues hay pocas probabilidades estadísticas de que tengan que devolver todo el dinero a la vez. Es más, el no hacerlo así es criticado por algunos autores como un delito contra la economía, pues crea recursos ociosos que podrían estar empleados en algún otro negocio.

Sin embargo que algo sea poco probable no significa que sea improbable. Ante hechos catastróficos, una guerra o una crisis económica, puede ser lógico que todos los clientes se dirijan a retirar sus fondos, y en ese momento el Banco que ha operado con reserva fraccionaria está por supuesto en quiebra, se tendrá que declarar en Bancarrota.

Además de que, como ya expusimos antes en este ensayo, los banqueros realizan una apropiación indebida de los fondos de sus clientes durante el tiempo que operan con reserva fraccionaria, pues las más de las veces no les fue entregado el dinero por sus clientes para la inversión sino para la custodia.

 

INICIO DEL FIN DEL PATRÓN ORO.

Junto al coeficiente de caja, existía antiguamente otro mecanismo que impedía las expansiones monetarias: El Patrón Oro.

Como hemos visto, aún después de la Ley de Peel todos los billetes que circulaban en la economía eran redimibles por una cantidad en oro equivalente a su valor facial.Así, en el s. XIX los Bancos y los Gobiernos estaban atados por el coeficiente de caja del cien por cien, y por el Patrón Oro.

Pero los Gobiernos requerían para sus planes de mayor financiación, que vía impuestos actuales no podían pagar, y los Bancos obtenían grandes beneficios con las expansiones monetarias.

El dinero representa como dijimos la riqueza y el valor que cada persona ha logrado obtener en su trabajo o en su negocio. O bien que ha heredado del trabajo, empresa y esfuerzo de sus antepasados. Y cada vez que un banquero utiliza sin consentimiento y para sus propios fines dicho dinero entregado en depósito, el depositante está siendo víctima de un delito contra su patrimonio, donde terceras personas están utilizando ilegítimamente su dinero, a riesgo de que esta persona lo pierda.

Por supuesto, si el cliente del banco deposita su oro o su plata y se le entregan unos billetes a cambio, sobre el valor del oro depositado, y posteriormente se devalúa el valor de estos mismos billetes con la consecuencia de que cuándo acuda a retirarlos no se le devolverá la misma cantidad de oro que depositó al inicio, estamos igualmente ante un robo en toda regla de una parte de su dinero. Esto es lo que hacen los gobiernos cuándo, ante la imposibilidad de devolver sus deudas, ordenan la emisión de nuevo dinero para pagar, disminuyendo el valor real del dinero. Esto es un impago vía deflación.

Lo que hicieron por tanto con el devenir de los años los Gobiernos, permitiendo a los Bancos el coeficiente de reserva fraccionaria y la abolición del patrón oro, fue robar el oro y la plata de los ciudadanos.

LA ISLA DE JEKYLL.

Desde el s. XVII hasta el s. XIX todos los países fueron creando Bancos Centrales. A través de los mismos, los Reyes y Gobiernos mantenían una uniformidad de los billetes en circulación, es decir, intentaban que solo hubiese un dinero legal y formalmente válido, para poder controlar el mismo. El fin último de este sistema no era otro que poder controlar la cantidad y calidad del dinero en circulación, para financiar sus intereses.

En Estados Unidos, tierra de la libertad, llegado el s. XX y a pesar de varios intentos en su favor por parte de algunos miembros del Congreso, no había fraguado ningún Banco Central. Esto salvaba los intereses de los ciudadanos, pues conservaban aún la propiedad de su oro y de su dinero. Pero por supuesto impedía a los Bancos estadounidenses obtener los beneficios extraordinarios que sus competidores extranjeros obtenían en las expansiones crediticias. Impidiendo también al Gobierno estadounidense financiar la totalidad de sus ideas y planes burocráticos.

Sin embargo, en 1910 se reunieron en secreto los principales banqueros de Estados Unidos en la Isla de Jekyll, junto con varios miembros del Congreso y del Gobierno estadounidense, para diseñar un sistema de Banca Central, denominado sistema de Reserva Federal (FED) que entraría en funcionamiento en 1913.

La FED asumía desde entonces la totalidad de las reservas de oro de sus asociados, y emitía billetes sobre dichas reservas a los bancos federales, estandarizándose la moneda de todos los grandes bancos federales. Los bancos federales podían entonces ofrecer dichos billetes a cambio de depósitos a sus clientes. Y después rentabilizar los depósitos ofreciéndolos como préstamos a los bancos de cada Estado. Desde su inicio, la FED emitió más billetes que reservas tenía, creando por tanto un sistema de pirámide invertida que inyectaba en el sistema una expansión monetaria en toda regla. En el siguiente escalón los bancos federales no tenían tampoco una paridad definida en su actuación, respecto de los billetes recibidos, creándose una segunda inyección de expansión monetaria (por los mismos billetes podían captar más o menos depósitos). Finalmente los Bancos de cada Estado terminaban creando una tercera inyección de expansión monetaria al volver a ofrecer crédito sin una paridad definida sobre los billetes recibidos que servían como contrapartida. Esta expansión monetaria sin precedentes fue el verdadero origen años más tarde de la conocida como “Gran Depresión”.

PATRÓN CAMBIO DE ORO.

El Patrón Oro que vinculaba a todas las monedas nacionales seguía suponiendo un estrecho corsé al apalancamiento de los Bancos y por ende al endeudamiento de los Estados. Y estos fueron buscando maneras de liberarse de dicho corsé que los oprimía.

Así, en la Conferencia de Génova de 1922 se alcanzó un acuerdo para abandonar el tradicional Patrón Oro, por el cuál todas las monedas eran convertibles en oro, sustituyéndose por el Patrón Cambio de Oro, en el que solo el dólar y la libra esterlina eran directamente convertibles en oro, quedando el resto de monedas con una relación de cambio con la libra esterlina o el dólar. El gran inspirador intelectual de este nuevo sistema de cambio fue John M. Keynes.

Esto permitía a los gobiernos de los distintos países devaluar sus monedas, realizando expansiones monetarias donde al aumentar la cantidad de moneda convertible en circulación podían aumentar su nivel de deuda, al precio de hacer crecer el ratio de cambio de su moneda frente al dólar o la libra (con el consecuente efecto inflacionario en su economía interna). Devaluando su divisa frente a las monedas que sí tenían correspondencia directa con el oro. Pudiendo así cada Gobierno realizar expansiones monetarias para financiar su deuda pública, a costa de expropiar riqueza a sus ciudadanos.

En aquel momento, la mayor parte del oro o de la plata estaba depositada por los ciudadanos en los bancos, que a su vez llevaban sus depósitos a los bancos centrales a cambio de billetes (incluso en algunos países como Estados Unidos se había ordenado previamente por ley que los ciudadanos no podían mercadear con oro, solo con billetes, y no podían tener oro para uso privado sin justificación). Así los gobiernos de Inglaterra, a través de su Banco Central, y de Estados Unidos, a través de la FED, devaluaban a conveniencia sus propias monedas rebajando la proporción de oro que correspondía a cada billete. A esto hay que añadir que la moneda más importante, el Dólar, ya había sufrido una importante devaluación a través de la macroexpansión monetaria que puso en marcha tras su  constitución la FED.

 

BRETTON WOODS

Como ya hemos dicho, esta expansión monetaria internacional sin precedentes originó la Gran Depresión, así como distintos ciclos de auge y crisis en los años posteriores en todo el mundo. Tras las segunda guerra mundial los gobiernos de las grandes naciones volvieron a reunirse en 1944 en la conferencia de Bretton Woods, que iluminada de nuevo por Keynes y buscando seguir flexibilizando las monedas para dar lugar a más deuda pública y a mayores expansiones crediticias bancarias, se decidió que solo el Dólar serían convertible en oro, siendo el resto de divisas a su vez convertibles en dólares.

 

LA DESAPARICIÓN DEFINITIVA DEL DINERO REAL. EL FIN DEL PATRÓN ORO.

Como ya sabemos, después de los acuerdos de Bretton Woods la economía internacional siguió sufriendo importantes ciclos de auge y recesión, efecto sin duda de las sucesivas expansiones monetarias. Se calcula que a día de hoy un dólar vale un 95 % menos en términos de oro de lo que valía a finales del s. XIX.

Puesto que los Gobiernos y los Bancos no estaban dispuestos a dar marcha atrás a sus planes expansivos, alegando el coste económico que ello supondría, finalmente el 15 de agosto de 1971 el Presidente Richad M. Nixon decreto que el Dólar dejaba de ser convertible en oro. Por lo que el expolio ya estaba totalmente finalizado.

LA MODERNA RESERVA FRACCIONARIA.

Y dado que de las crisis económicas originadas por expansiones crediticias solo se puede salir a través de una profunda recesión que sirva como período de reajuste, o bien alargar los ciclos con nuevas expansiones, una vez finalizado el patrón oro la nueva herramienta de los Gobiernos y los Bancos Centrales ha sido ir disminuyendo el coeficiente de caja para seguir expandiendo la base monetaria.

Ha día de hoy el coeficiente de caja exigido a los Bancos en la Zona Euro es del 2 % para los depósitos a menos de dos años, y del 0 % para pasivos de más largo plazo. Es decir, el banco puede utilizar el 98 % del dinero recibido en depósito.

En Estados Unidos el coeficiente es del 10 % para depósitos a la vista, y del 0 % para depósitos a plazo.

CONCLUSIÓN.

Con el devenir de los años, el sistema bancario ha cambiado la riqueza real de todos los ciudadanos, representada por oro y plata, por un dinero fiduciario sin garantía alguna. Con la ayuda por supuesto de los Gobiernos, siempre en busca de un mayor nivel de gasto y una mayor presencia y poder de control sobre el mercado y los ciudadanos.

El Crecimiento Económico.

¿Qué es el crecimiento económico?

El crecimiento económico consiste en que a la etapa final de consumo de una sociedad llega una mayor abundancia de bienes de consumo, o bienes de consumo mejores y de mejor calidad, que en definitiva satisfacen mejor sus necesidades y mejoran su vida respecto de la situación anterior a que llegasen los mismos. En los últimos siglos de la historia, desde la Revolución Industrial, hemos asistido a un crecimiento económico (interrumpido en los períodos de guerra) en el que cada vez los bienes y servicios de consumo que se han ido poniendo a disposición de los ciudadanos han ido mejorando la vida de los consumidores, permitiendo satisfacer cada vez mejor las necesidades de los mismos. El aparato de TV de 1960 era un gran avance para los ciudadanos de aquella época, mientras que el de 2014 es aún mejor que aquél y satisface de manera más avanzada los deseos del consumidor. Lo mismo sucede con la oferta televisiva de 2014, mucho más sofisticada y abundante que en 1960.

Un país económicamente más avanzado es aquél que mayor crecimiento económico ha registrado. Esto podrá constatarse entrando simplemente a un supermercado de dicho país, pues si en un supermercado de España encontramos abundancia de productos a disposición del consumidor, en Burkina Faso encontraremos muy pocos supermercados en todo el país, y con escasez de productos.

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¿Cuál es el origen del desarrollo económico?

Desde luego, para desarrollar más y mejores bienes en la etapa final de consumo, es necesario contar en las anteriores etapas de producción con más y mejores bienes de capital, que permitan producirlos.

Y como sabemos, los bienes de capital (el capital en definitiva) solo pueden lograrse mediante el ahorro. Si un empresario ahorra una parte de sus beneficios, podrá destinarla a adquirir nueva maquinaria más productiva; o bien podrá acudir al ahorro ajeno, mediante un préstamo, para adquirir dicha maquinaria. De una manera u otra, solo con ahorro podrá generarse nueva inversión.

El ahorro es la única base del crecimiento económico, a pesar de que keynesianos, monetaristas, neoclásicos, socialistas y demás intervencionistas en general piensen equivocadamente que la base del crecimiento es el consumo y la demanda. Recordemos la Ley de Say, es la Oferta la que genera la Demanda, y no al revés. Solo con ahorro podemos financiar el futuro de una sociedad, y el consumo es todo lo contrario al ahorro.

¿Cómo se relaciona el ahorro con la inversión?

Existe una ley económica fundamental que es la de la preferencia temporal, y que postula que en igualdad de condiciones el hombre prefiere satisfacer sus necesidades hoy antes que mañana. Así, ahorrar va contra dicha ley básica, pues el ahorro es no consumir, postergar el consumo de hoy para contar mañana con los bienes no consumidos. Sin embargo, en tanto que una sociedad va madurando y se va haciendo más rica, contará con mayor posibilidad de ahorrar, esto es, de generar excedentes sobre las necesidades de consumo para contar en el futuro con dichos bienes.

También podemos ver la relación entre el consumo y el ahorro como una relación entre bienes presentes y bienes futuros. Los recursos que no consumimos de inmediato podremos consumirlos en un momento futuro del tiempo. A la relación proporcional entre consumo y ahorro la denominamos “tasa de preferencia temporal”, que según estamos analizando podemos definir cómo relación entre bienes presentes y bienes futuros. Si la tasa de preferencia temporal es muy alta, es decir,  si hay que entregar una gran cantidad de bienes presentes a cambio de bienes futuros, significará que se valora por el mercado más el consumo en ese momento. Por ejemplo, si hay un período de escasez de cosechas de cereales, existirá poco excedente sobre el consumo básico de cereales, el precio de los mismos tenderá a subir en el mercado, y el ahorro de cereal tendería ser bajo. Serán bajos tanto el precio al contado como el precio a futuro. Por lo que la tasa de preferencia temporal será alta.

En el mercado de capitales, la tasa de preferencia temporal se materializa en la tasa de interés. Cuándo hay poco ahorro disponible, el precio de dicho ahorro, es decir, el tipo de interés, tenderá a ser alto. Por lo cual la inversión será escasa. Sin embargo, en tanto que la sociedad vaya generando ahorro, el tipo de interés tenderá a bajar y como consecuencia de ello la inversión tenderá a subir.

En resumen aquí, conforme crece el ahorro podrá crecer la inversión en bienes de capital podrá ser también mayor. A nivel individual los empresarios podrán dotarse de más bienes de equipo, ya sea con su ahorro propio que ha crecido, ya sea con un préstamo de ahorro ajeno habiendo bajado los tipos de interés.

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¿Cómo se asigna el ahorro a los proyectos empresariales?

Según disminuye la tasa de preferencia temporal, y la gente decide ahorrar más, crece el ahorro y baja el tipo de interés. Existen más recursos por tanto para financiar bienes de capital.

Los empresarios estudian sus proyectos de inversión según la tasa de interés, puesto que si creen que un proyecto empresarial les va a generar un retorno del 6 % y el tipo de interés en el mercado de capitales es del 7 % el proyecto no resulta viable. Al aumentar el ahorro y bajar por tanto el tipo de interés, supongamos al 2 %, el proyecto tiene ya una rentabilidad positiva del 4 %. Así, muchos proyectos  que los empresarios tienen en cartera, por ejemplo para fabricar nueva ropa, nuevos ordenadores personales, nuevas viviendas o mejores teléfonos móviles se vuelven rentables cuándo bajan los tipos de interés.

Por lo tanto, con la bajada de los tipos de interés por el aumento de la cantidad de ahorro, el mismo tenderá a ser demandado para convertirlo en nueva inversión. Según vaya creciendo la demanda de ahorro por parte de los empresarios, tenderá en contrapartida a subir de nuevo tipo de interés, lo cual rebalancea y equilibra el mercado de ahorro. Pues conforme suba los proyectos empresariales menos rentables se quedarán sin poder captar ahorro. El mecanismo del libre mercado permite así asignar el ahorro, un bien escaso, de la manera más eficiente posible a los distintos proyectos empresariales.

Con la asignación de ahorro a la inversión en bienes de capital, o en definitiva a los proyectos empresariales en los que se van a aplicar dichos bienes por parte de los inversores, se inicia el desarrollo y crecimiento económicos.

¿Cómo se convierte el ahorro en desarrollo económico?

Y es que como empezábamos diciendo el desarrollo supone contar con más y mejores bienes de consumo. La esencia de la acción humana radica en que el hombre actúa para satisfacer sus necesidades, y cuántos más y mejores bienes tenga para ello a su disposición, mayor grado desarrollo económico podremos afirmar que tiene dicha sociedad. Hoy en día, gracias al desarrollo de los últimos siglos, un obrero medio cuenta con mejor ropa, mejor comida y mejores condiciones de vida en definitiva de las que tenía un Rey en la edad media, o un Emperador en época romana, o un Faraón del antiguo Egipto.

Y para producir más y mejores bienes, como también explicamos, y puesto que los bienes y servicios de consumo son la última etapa de un proceso de producción más complejo, la clave reside en que las etapas anteriores cuenten con capital suficiente, o dicho de otra manera, con los bienes de capital necesarios para ejecutar los planes empresariales que culminarán en bienes finales.

Es la función empresarial la que transforma el ahorro disponible, mediante la inversión y la ejecución de los planes empresariales, en desarrollo económico.

¿Cómo es el ciclo de desarrollo y crecimiento económico?

Como es fácil intuir de la lectura de los párrafos precedentes, en las épocas de crecimiento y desarrollo económico el ahorro tiende a dirigirse hacia las etapas de producción más alejadas de la etapa final de consumo, pues el interés de los inversores y empresarios es dotarse de nuevos bienes de capital con los que acometer planes empresariales que son rentables gracias al ahorro disponible y a la consecuente bajada del tipo de interés.

A su vez, en contrapartida, un aumento del ahorro supone que baja el consumo. Por lo que los bienes de producción, capital y mano de obra quedan ociosos en las industrias más cercanas a la etapa de consumo. Puesto que son las etapas más alejadas del consumo las que demandan inversión, utilizarán el ahorro que logren captar para sus planes y demandarán la mano de obra y recursos que quedan disponibles al reducirse el consumo.

Vemos por tanto un doble efecto de la correcta coordinación del libre mercado: el ahorro está utilizándose para financiar en etapas más alejadas del consumo nuevos proyectos que culminarán en el futuro en nuevos bienes finales, a la vez que el precio de los factores y mano de obra no tiende a subir toda vez que tiende a quedar desocupado de las etapas más cercanas al consumo.

Un efecto colateral es que los bienes de capital se abaratan, con la reducción de los tipos de interés. Así, las estructuras productivas se vuelven más “capital intensivas” puesto que resulta relativamente más barato utilizar bienes de capital. El Profesor Huerta de Soto ejemplifica el abaratamiento de los bienes de capital con la variación en el valor de un inmueble: si el valor actual es el valor descontado de todos los flujos de caja futuros, en el caso de un inmueble como bien de muy larga duración donde podemos tomar la licencia de aplicar la fórmula de las rentas perpetuas, y suponiendo un valor actual de 500 € al mes para dicha vivienda, la misma tendrá un valor neto de mercado de  60.000 € con un tipo de interés del 10 % ((500*12)/0.1) mientras que su valor actual neto subirá hasta 120.000 € con un tipo de interés del 5 % ((500*12)/0.05). Conclusión: se revalorizan los bienes reales y los bienes de capital, incentivando la inversión y el desarrollo. Y en un mercado libre no existirá riesgo de burbujas puesto que como ya adelantamos el tipo de interés irá subiendo conforme se vaya incrementando la demanda de ahorro.

Otro efecto colateral ya adelantado también: el precio de los bienes de consumo tenderá a bajar, en tanto que como se dijo la demanda de consumo se ve restringida por efecto del mayor ahorro, haciendo ello que los precios tiendan a reducirse.

Y el poder adquisitivo de los trabajadores tenderá a subir. Como consecuencia de que el precio de los salarios tenderá a haberse mantenido durante el desarrollo económico estudiado, puesto que la mano de obra que queda ociosa en los sectores más cercanos al consumo, por la bajada de la demanda de bienes de consumo, tiende a ser demandada por los sectores más alejados de la etapa final del proceso productivo, que son los que utilizan el ahorro para invertir en los ciclos de auge, y como consecuencia de que los precios de los bienes de consumo tenderá a bajar, según se explicó en el párrafo inmediatamente anterior. Es decir, los trabajadores mantienen su nivel salarial pero pueden adquirir los mismos bienes de consumo a menor precio, por lo que son más ricos, su poder adquisitivo es mayor.

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¿Y cuál es el resultado del desarrollo económico?

El ahorro se ha dirigido a la inversión, haciendo viables nuevos proyectos empresariales al poder los empresarios utilizar la inversión para adquirir nuevos bienes de capital con los que acometer sus proyectos, y dando finalmente lugar a una nueva estructura productiva que culmina en la situación que empezábamos anunciando: nuevos bienes y servicios de consumo a disposición de los consumidores, en mayor calidad y cuantía.

Al existir más bienes de consumo, el precio de los mismos tenderá a bajar, o tenderán a existir categorías de precios que permiten el acceso a todas las economías domésticas.

Además, y también como consecuencia del desarrollo económico que hemos estudiado, los trabajadores obtienen un mayor poder adquisitivo, puesto que aunque se hayan mantenido sus salarios nominales, en tanto que la mano de obra que queda libre en una parte de las etapas productivas se recoloca en otras etapas que demandan la nueva inversión, sus salarios reales son más altos pues, al bajar los precios de los bienes de consumo, tanto por una menor demanda al principio (como consecuencia del ahorro) como por una mayor abundancia al final (como consecuencia del desarrollo económico) pueden comprar más y mejores bienes con el mismo sueldo.

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¿Cuándo finaliza el desarrollo económico?

Las etapas económicas no son funciones ni modelos matemáticos, con un principio y un fin bien definidos. Al contrario, son consecuencia de la acción humana, y están por tanto en continua dinámica, y sujetas al libre albedrío y al futuro incierto. No existe un momento determinado en el que da comienzo el crecimiento, ni puede calcularse de ninguna manera el momento en que terminará.

Pero podemos saber en términos de teoría económica que en un momento determinado, conforme se vaya demandando ahorro por parte de los sectores inversores, el tipo de interés irá subiendo, haciendo cada vez menos viables los procesos empresariales. Esto regula el mercado, y equilibra el ahorro disponible.

De manera dinámica, y según vaya subiendo o bajando la tasa de preferencia temporal en la sociedad, habrá más o menos ahorro, equilibrándose la economía en cada momento. Cuándo la inversión demande menos ahorro, por la subida de tipos, los ahorradores tendrán menos incentivo para ahorrar y por tanto tenderán a destinar más recursos al consumo presente.

Fuente | Dinero, Crédito Bancario y Ciclos Económicos. Jesús Huerta de Soto. Unidad Editorial. ISBN 9788472095472

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