Las cuatro claves del liderazgo

Se buscan líderes, no jefes. Esta frase la hemos leído repetidamente en los últimos años, y viene a poner de manifiesto que al frente del éxito empresarial siempre hay un líder que dirige con éxito a su destino a toda la organización, no solo un jefe con una gestión diligente.

Y es que como nos decía P. Drucker  “un líder eficaz no es alguien a quien se le quiera o admire. Es alguien cuyos seguidores hacen lo que es debido. La popularidad no es liderazgo. Los resultados sí lo son”.

Pero la gran pregunta es ¿Qué cualidades definen realmente a un líder?

Recientemente escuché una conferencia del Dr. M. Alonso Puig, conocido investigador en distintos campos relacionados con la Medicina, el Management o el Coaching, y cuyas conclusiones sobre el liderazgo creo que son realmente acertadas.

Por ello me propongo aquí compartir su tesis sobre las cuatro cualidades que convierte a una persona en un líder, así como  qué tipo de liderazgo es el correcto.

Liderar significa conducir.

Líder es una palabra de origen sajón, que deriva del término Leader, el cual a su vez significa guiar por un camino, servir como indicador de ruta. En el inglés moderno el término Lead tiene las siguientes acepciones: conducir; guiar; acaudillar; adiestrar; inducir; capitanear; mandar; llevar la punta

Por tanto, lo primero y más evidente que podemos afirmar es que liderar es conducir un proyecto, servir de guía a un grupo de personas. Y en un nivel de abstracción más elevado, liderar equivaldría a influir en los demás e inspirar determinados comportamientos de seguimiento voluntario.

Liderar es un verbo.

Liderar no es una condición de una persona, sino que se trata de un verbo, de una acción que todo el mundo puede llevar a cabo.

Por tanto líder no es alguien concreto y particular, como a veces tendemos a pensar. Líder es todo aquel que ejerce el verbo liderar.

Todos podemos liderar.

Pero bailar también es un verbo, y no solo basta con ponerse a bailar para hacerlo bien. Al margen de las cualidades intrínsecas de cada persona, tanto físicas como psíquicas, que pueden llevarle a cantar mejor o bailar mejor que otros, lo cierto es que todos podemos cantar y bailar, cada uno a nuestro nivel.

Con el liderazgo  pasa lo mismo, no todos vamos a ser los grandes líderes empresariales o políticos de nuestro tiempo, pero sin embargo todos podemos liderar a nuestro nivel y en nuestro ámbito personal y profesional.

Las cuatro claves del liderazgo.

El líder a cualquier nivel requiere de modo “sine qua non” de cuatro cualidades específicas:

1.- Competencia.

2.- Visión.

3.- Carácter

4.- Empatía.

  1. Competencia.

El líder debe ser una persona suficientemente competente en el campo en el que va a liderar. Es decir, debe contar con un bagaje académico y profesional que le acredite como persona competente para opinar, pues su discurso no puede nacer de su mera opinión, en tanto que no sería creíble. La opinión del líder debe basarse en un profundo conocimiento y en una exitosa experiencia.

Por ejemplo, difícilmente alguien sin ningún tipo de conocimientos arquitectónicos podrá convertirse en el líder de la arquitectura moderna entre el resto de arquitectos, pues su opinión será siempre cuestionable y las más de las veces técnicamente errónea.

  1. Visión.

Además de contar con la suficiente competencia para liderar en su campo, tendrá que tener una visión ilusionante del destino a alcanzar. Los líderes conducen a otras personas a alcanzar fines comunes, y para ello deben saber dónde está el destino de dicho viaje. Es más, el destino lo marcan ellos mismos, lo marca su visión de futuro. Incluso en situaciones complicadas, el líder tiene visión, sabe lo que hay que hacer.

La visión es la capacidad de abstraerse de las cuestiones de corto plazo, salir de la caja y poder ver las cosas a un nivel superior, lo cual permite diseñar la estrategia de largo plazo más adecuada y exitosa. Es lo que el Dr. Covey llama “trabajar en el segundo cuadrante” en su obra “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva”.

  1. Carácter.

En tercer lugar, un líder debe tener carácter, pues de otra forma aunque cuente con una gran experiencia, y tenga visión de futuro, no será capaz de movilizar a otras personas a seguirle. El carácter implica seguridad en sí mismo y un alto coeficiente de inteligencia emocional: el líder es fiable, íntegro, honesto, justo, coherente, y aunque no es perfecto y se puede equivocar hace siempre lo que dice, y dice siempre de forma transparente lo que hace. Por ello mueve con su ejemplo.

  1. Empatía.

Por último, pero no menos importante, el líder tiene un alto grado de empatía, es capaz de conectar fácilmente con los demás, con sus sentimientos y emociones. Pues si le sobra carácter pero le falta empatía no podrá ganarse el afecto de sus seguidores.

Así por tanto, a cualquier nivel y en todas las materias el líder es aquel que es competente, tiene visión, tiene carácter y conecta con los demás.

Poder y Autoridad.

Por ello el líder no impone, el líder atrae. Y por eso empezábamos diciendo que el jefe tiene poder, y utiliza el mismo para gestionar, pero el líder no consigue movilizar gracias al poder, sino gracias a su gran autoridad, que resulta ser el potente detonante que mueve al equipo.

Liderazgo de servicio.

Mientras que lo intuitivo es imaginar al líder como alguien superior a los demás, por encima el grupo, el verdadero liderazgo efectivo es el liderazgo de servicio, es decir, aquél en el que el líder está realmente al servicio de su equipo y de los fines a conquistar.

Así, se reconoce a sí mismo como uno más del grupo, de ninguna manera superior a los demás, pero sí con la responsabilidad de dar servicio a los fines comunes.

Transmitir ideas.

El líder en definitiva transmite de forma efectiva a los demás sus ideas, los persuade para seguir un camino determinado.

Si recordamos la obra Retórica, de Aristóteles (384-322 a.C.) el discurso persuasivo que resulta eficaz consta de tres partes argumentales:

1.- Logos. → Argumento lógico.

2.- Ethos. → Apelación a la solvente autoridad del que expone el argumento.

3.- Pathos. → Apelación a los sentimientos y al lazo sentimental entre el que expone el argumento y su audiencia.

Y las cuatro cualidades del líder se pueden enmarcar en esta estructura de argumentos:

  1. a) La competencia con la que se construye el discuro, y la parte racional de la visión del líder conforman el Logos de su discurso.
  2. b) La propia competencia personal y profesional del líder, la parte emocional de su visión, y el carácter del líder se corresponden con el Ethos, con su autoridad para liderar.
  3. c) Por último, su conexión emocional con el grupo al que lidera, la empatía que conecta con sus seguidores y su vocación de servicio constituyen el Pathos del discurso.


* Vía|Madera de Lider (Mario Alonso Puig, 2004, Empresa Activa)
* Más información|Harvard Business Review
* Imagen|pixabay

Estudiando los 7 hábitos (VII). Busca primero entender y luego ser entendido.

En el campo de las relaciones interpersonales, las personas altamente efectivas actúan siempre, tal y como vimos en el anterior artículo, bajo el paradigma Ganar-Ganar. En sus relaciones deben aplicar igualmente otro principio de suma importancia, el de buscar primero entender a la otra persona, de manera verdadera y profunda, y después ser entendido por dicha persona. Este hábito dota de efectividad las relaciones de la gente altamente efectiva, dado que no podemos relacionarnos de forma efectiva con los demás si no los hemos entendido, ni tampoco si tras entenderles ellos no nos entienden a nosotros.

Dice Covey, y no sin razón, que pasamos muchos años de nuestra vida aprendiendo a leer, escribir y hablar. Pero apenas dedicamos tiempo para aprender a escuchar. Hay que señalar que muchas personas tienen formación en el campo de la escucha activa, como por ejemplo vendedores, médicos, docentes o abogados. Pero escuchar de manera plena y efectiva es mucho más que aplicar técnicas de escucha activa. No se trata de utilizar la psicología para hacer ver al otro que le escuchamos, sino de escucharle de verdad, con el corazón, con los cinco sentidos, porque de verdad nos importa lo que siente.

Escuchar para influir.

Para ser efectivos, y poder influir de manera positiva en todas aquellas personas con las que interactuamos cada día, primero tenemos que entenderlas. Y ellos no se van a abrir a nosotros si antes nosotros no les demostramos, con nuestra conducta, que somos personas integras, honestas, nobles. Nuestro carácter y nuestras obras crean la imagen que de nosotros tienen los demás, por ello debemos ser siempre ejemplares. Y como ya hemos visto, esto lo lograremos: a) siendo personas proactivas; b) con una constitución personal firme, basada en valores correctos; c) delegando de manera efectiva en los demás y confiando en las personas; d) teniendo un saldo positivo en nuestras cuentas corrientes emocionales con aquellos con quienes interactuamos; e) y buscando siempre un resultado ganar-ganar en todo aquello que hacemos.

Nuestro carácter demuestra todo ello, y hace que los demás se sientan cómodos al confiar en nosotros. A partir de ahí, debemos escucharles con empatía, para llegar a comprenderlos de manera profunda.

Escucha empática.

old-friends-555527__180Como ya adelanté, escuchar de manera empática no significa aplicar técnicas de escucha activa. Porque esto último equivale poco más que a hacer creer a los demás que los estamos escuchando, porque asentimos, o nos callamos mientras hablan, o decimos “sí” a veces a lo que dicen, mientras que en realidad, en nuestro interior, no estamos escuchando sinceramente al otro.

Escuchar con empatía es escuchar con el corazón, con la mente, y con todos los sentidos. Y esto es difícil, porque el paradigma habitual no es el de escuchar para comprender, sino el de escuchar para contestar. Es decir, escuchar pensando en uno mismo, en nuestras propias vivencias e inquietudes. Escuchar pensando en lo que vamos a decir a continuación, en cómo contraargumentar o reafirmar las palabras de la otra persona. Preparándonos para hablar.

Pero escuchar de verdad es escuchar con empatía, pensando en el otro, poniéndonos en su piel, para entender sus inquietudes y necesidades.

Podríamos diferenciar cinco niveles de escucha: a) Ignorar, no escuchar en absoluto al otro; b) fingir, hacer como que parece que escuchamos, cuándo simplemente estamos utilizando técnicas de escucha activa, y preparando nuestra respuesta, pensando en nosotros mimos. Aunque queramos hacer ver que estamos escuchando, no es así; c) Escucha selectiva, prestando solo atención a ciertas parte de lo que nos dice la otra persona, mientras pensamos en nosotros mismos, en nuestras cosas y en nuestra respuesta; d) escuchar atentamente, poniendo todos nuestros sentidos en lo que la otra persona nos dice; e) escucha empática, la forma más alta de escuchar al otro, tratando de ponernos en su piel para entenderle de verdad.

La gente altamente efectiva procura primero entender de verdad a las otras personas con las que interactúa, por ello práctica la escucha empática.

Escuchar para contestar.

Si nos limitamos a escuchar para contestar, tenderemos a responder de alguna de estas cuatro maneras:

  • Evaluación: estamos de acuerdo o disentimos.
  • Sondeo: hacemos preguntas partiendo de nuestros propios paradigmas y marcos de referencia.
  • Consejo: sobre la base de nuestra experiencia.
  • Interpretación: explicando su conducta o sus motivos a través de los nuestros.

Es decir, escuchamos pensando en nosotros, y no en nuestro interlocutor. Este tipo de escucha no es efectiva.

Habilidades para la escucha empática.

No se puede entender de verdad, con profundidad, a otra persona, escuchando para contestar.

Tenemos que escuchar como ya dijimos con el corazón, con la mente y con los cinco sentidos. Poniéndonos en la piel del otro. Esto es una actitud más que una técnica. Pero citaremos un guion técnico que nos podrá ayudar a estructurar nuestra escucha empática:

  1. Imitar el contenido. La primera técnica sería la de la <<escucha refleja>>, repitiendo lo que el otro ha dicho. No es por si misma altamente efectiva, pero es un paso para entrar en lo que el otro dice, y despegarnos de nosotros mismos.
  2. Reflejar los sentimientos. Un paso adelante respecto de la técnica anterior, ya no se trata de repetir o parafrasear lo que el otro dijo, sino sentir lo que el otro siente.
  3. La siguiente técnica supone mezclar las dos anteriores, parafraseando lo que nos dice nuestro interlocutor, e imitando a la vez sus sentimientos.

vintage-791942__180La clave no obstante, debemos repetir, no está en la técnica, sino en la actitud de procurar realmente el bienestar de los demás, entendiendo profundamente sus inquietudes y motivaciones. Así lograremos que la otra persona se abra a nosotros, entendiéndola realmente.

Con nuestra actitud, y las técnicas introductorias antedichas, conseguiremos escuchar verdaderamente a nuestro interlocutor. Hay que pensar en él, y no en nosotros.

Una vez se haya abierto profundamente, nos contará todo confiando plenamente en nosotros, porque de verdad le estamos escuchando.

Lo siguiente, si creemos que podemos ayudarle, y para poder influir positivamente en él, es procurar ser entendido.

Cómo ser entendido.

Para argumentar de manera efectiva, y que nuestro interlocutor entienda perfectamente lo que deseamos transmitir, podemos acudir al modelo de argumentación que describió Aristóteles en su famosa obra Retórica, estructurada en los argumentos ligados al Ethos, los relativos al Pathos y los que se refieren al Logos.

La argumentación del Ethos es la parte de nuestro argumento que apela a la integridad, honestidad y autoridad del orador. Es decir, apelan a nuestra propia credibilidad, por lo que tendrá efecto cuándo hayamos cosechado previamente un alto saldo en nuestra cuenta bancaria emocional.

La argumentación del Pathos, por su parte, se refiere a la parte del discurso empática, que pone de manifiesto que entendemos profundamente a la otra persona, y que nos hemos puesto en su lugar para construir nuestro discurso.

Finalmente, la argumentación del Logos es la parte de nuestro dscurso que se refiere a la argumentación lógica de nuestra propuesta.

La secuencia correcta que nos ayudará a ser entendidos es la de presentar nuestra parte de argumentación Ethos, después nuestros argumentos Pathos, y finalmente nuestra argumentación Logos.

Ampliando nuestro circulo de influencia.

emocional 1Según vamos interiorizando los distintos hábitos de efectividad, vamos ampliando hacia afuera nuestro círculo de influencia. Cuándo sabemos realmente escuchar a las personas con las que interactuamos cada día, y posteriormente somos capaces de hacernos entender por ellas de manera efectiva, escuchando y hablando con el corazón, nuestro circulo de influencia se expande con ellas, y nuestro liderazgo personal se refuerza. A la vez, nosotros también nos vemos reforzados en nuestra propia estima y seguridad personal.

Vía | Stephen R. Covey Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva (Paidos Ibérica, 2011)
Más información|  psicología online  El arte de presentar
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Estudiando Los 7 hábitos (III) Comienza con un fin en mente

El primer hábito, la proactividad, significa asumir que somos responsables de nuestra vida y de todo lo que nos pasa. Así que el segundo hábito llamado “Empieza con un fin en mente” supone establecer de manera proactiva y responsable los objetivos que queremos conseguir en nuestra vida, así como establecer igualmente cómo vamos a vivir para conseguir dichos objetivos.

OBJETIVOS VITALES

abuelosEstablecer nuestros objetivos vitales significa visualizar cómo queremos que nos recuerden las personas con las que interactuamos en nuestros distintos roles cuándo finalice nuestra vida. Es decir, identificar si queremos que nuestros hijos nos recuerden como un magnífico padre, si queremos que nuestro cónyuge nos recuerde como la mejor pareja, o si queremos que nuestros compañeros de trabajo, clientes y proveedores nos recuerden como un gran profesional. Una vez hayamos visualizado la impronta que queremos dejar en los demás, podremos definir nuestro objetivo vital, por ejemplo ser un buen marido, o una buena esposa, ser un gran padre o madre, ser el mejor empresario, o la mejor arquitecta del país.

Según distintos estudios sobre neurociencia, la parte izquierda del cerebro es la racional, es más lógica y verbal, mientras que la parte derecha del cerebro es la intuitiva y creativa. Normalmente nos centramos en la parte racional, pero para visualizar aquello que queremos lograr tenemos que imaginar, ser creativos, utilizar y desarrollar en definitiva la parte derecha.

Las personas altamente efectivas, de manera proactiva y responsable, utilizan su capacidad de imaginación y creatividad para visualizar cómo quieren ser, sus objetivos vitales. El profesor Covey nos propone el siguiente ejercicio: Imaginar que es el día de nuestro entierro, y que nos podemos ver a nosotros mismos, como si de un tercero se tratase, de cuerpo presente en la iglesia; todos los que nos rodean cada día, nuestros familiares, amigos y compañeros, han asistido al mismo para despedirnos; si nos preguntamos cómo queremos que ellos nos recuerden, como un buen padre, esposo, amigo y compañero, por ejemplo, estaremos estableciendo ahí nuestros objetivos vitales.

Esto es visualización a largo plazo, pero las personas altamente efectivas utilizan también su capacidad creativa, de imaginación y visualización, para establecer sus objetivos a corto plazo. Imaginan las cosas antes de hacerlas. ¿Qué objetivos quiero cumplir este año en mi trabajo? ¿Cómo puedo ayudar a mi esposa para cuidar de los niños y la casa? ¿Qué enseñanzas le quiero proporcionar a mi hijo en los próximos meses? El primer peldaño del éxito es visualizar todo aquello que queremos lograr, y una vez puesto el objetivo establecer el guion necesario para lograrlo.

CONSTITUCIÓN PERSONAL

Y es que las personas altamente efectivas, en tanto que comienzan siendo proactivas y haciéndose responsables de sus propias vidas, no viven los guiones diseñados por terceras personas, o por el destino, sino que escriben su propio guion y marcan su propio destino.

Una vez que hemos visualizado nuestros objetivos vitales, tendremos que escribir el guion para conseguirlos.

Igual que cada País soberano tiene su propia Constitución como norma suprema y fundamental, en la cúspide de su sistema jurídico, y que define los principios y objetivos de la nación, nosotros podemos establecer nuestra propia Constitución personal.

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Así por tanto de la misma manera que la Constitución nacional desarrolla los principios fundamentales de su país, y establece valores inalterables como la paz, la igualdad, el respeto y la justicia, nuestra Constitución personal debe recoger los valores que van a fundamentar nuestra vida, y que vamos a seguir siempre como norma suprema para alcanzar nuestros objetivos finales, que también vendrán recogidos en nuestra Constitución personal.

Siguiendo con la identificación entre la norma jurídica constitucional, y nuestra constitución personal, cada vez que veamos que una actuación en nuestra vida no se corresponde con nuestra Constitución personal, deberemos declararla “inconstitucional” y no llevarla a cabo.

Esto en definitiva es llevar a la práctica la proactividad del primer hábito, pues recordemos que las personas proactivas subordinan los impulsos a los valores.

Enlacemos ahora con un ejemplo nuestra constitución personal con nuestros objetivos vitales, y con nuestros objetivos de corto plazo: Si visualizamos una discusión con nuestro cónyuge, dónde vemos que tendemos a reaccionar gritando por algo que nos parece equivocado, podemos visualizar también cómo corregirlo, respetando nuestros valores (respeto, dignidad, amor) y supeditando nuestro sentimiento de ira a dichos valores, lo cual nos llevará a evitar la reacción violenta, y a proceder explicando sosegadamente el razonamiento de por qué creemos que nuestro cónyuge se equivoca. Estamos siendo proactivos, respetando nuestros valores recogidos, previa visualización de largo plazo, en nuestra constitución personal, visualizando también y estableciendo un objetivo de corto plazo (no crear conflictos con nuestro cónyuge) y mejorando con todo ello nuestra relación conyugal. Estamos incrementando nuestra efectividad personal.

De la misma manera, al redactar nuestra Constitución personal estamos creando el guion de nuestra propia vida, y no viviremos el guion establecido por otras personas, o por las circunstancias. Y es que las personas reactivas viven su vida en base a los guiones que les han proporcionado terceras personas (sus padres, sus cónyuges, sus amigos o sus enemigos). Mientras que las personas proactivas tienen la capacidad de vivir su propio guion, esto es, vivir su propia vida con su propia constitución.

Para redactar nuestra Constitución personal, utilicemos el hemisferio derecho de nuestro cerebro, ampliemos nuestra perspectiva y visualicemos aquello que queremos ser. Después procedamos a identificar los roles (v. gr. padre, hijo, compañero, amigo, cónyuge, empresario) y las metas (v. gr. ser un gran padre, ser un magnífico marido, ser el mejor arquitecto).

EL CENTRO DE NUESTRA VIDA: LOS VALORES.

Aquello que ponemos en el centro de nuestra vida marca la misma. Como podemos ver en la siguiente imagen, del centro de nuestra vida salen cuatro factores que determinan cómo vivimos: la seguridad, la guía, el poder y la sabiduría.

centro vital

La seguridad es la valía, la autoestima, la fuerza personal. La guía es la dirección de nuestra vida, nuestro marco de referencia. El poder representa nuestra fuerza y capacidad de actuar, nuestra energía personal para afrontar la vida. Por último, la sabiduría persona representa la perspectiva y equilibro con el que afrontamos todo aquello que nos pasa, y con la que influimos en los demás.

Por lo tanto, es de suma importancia establecer el centro adecuado, pues de otra manera nos guiaremos de manera equivocada, frenaremos nuestro poder o nuestra seguridad, y mermaremos nuestra sabiduría.

La gente tiende a poner en el centro de su vida elementos como el cónyuge, la familia, los amigos, el dinero, el trabajo, el patrimonio, el placer, los enemigos, sus creencias religiosas, o ellos mismos. Cuando uno de estos factores, o la mezcla de varios, constituye el centro de nuestra vida desatendemos el resto de roles y grupos de los que formamos parte, y nos volvemos poco efectivos.

Las personas altamente efectivas ponen en el centro de su vida los valores. Las decisiones basadas en los valores correctos son las decisiones más efectivas. Recordemos que según el primer hábito las personas proactivas identifican los valores que mejor representan los principios universales (humildad, autoestima, respeto, amor, desarrollo personal, justicia, paz, etc…).

Cuando el centro de nuestra vida lo constituyen los valores adecuados, nos dotamos de gran seguridad para afrontar todo aquello que nos pasa, tenemos la guía correcta para conseguir nuestros objetivos, poseemos el poder necesario para ello, y nos convertimos en fuente de sabiduría en nuestro desarrollo personal.

Por ello es necesario que nuestra Constitución personal recoja los valores que deben dictar nuestra vida, y que los pongamos en el centro de la misma para vivir una vida realmente efectiva.

 

LIDERAZGO PERSONAL

Al haber interiorizado el primer hábito, la proactividad, y el segundo hábito, de comenzar con un fin en mente, nos volvemos líderes. Y es que los líderes son aquellos que visualizan dónde hay que llegar, y marcan el camino para llegar.

emocional4Lo que distingue a un administrador de un líder es que los administradores hacen las cosas bien, y los líderes hacen las cosas correctas (Peter Drucker). Y es que hacer solo las cosas bien puede derivar en el fracaso, cuándo descubrimos que estamos siguiendo el guion marcado por otras personas, o que hemos pasado nuestra vida siguiendo un camino incorrecto. Lo hemos hecho bien, pero no hemos hecho lo correcto. Hacer las cosas correctas pasa por visualizar e identificar nuestros propios objetivos, de manera responsable y proactiva, y perseguirlos de acuerdo a una constitución personal basada en los valores correctos.

En el mundo empresarial, mientras que existen grandes administradores, con buenas dotes para la contabilidad, las finanzas o la organización, hay muy pocos líderes que sean capaces de marcar el objetivo y el camino, y dirigir a su organización, proveedores y clientes hacia el mismo. En el marco personal pasa lo mismo, debemos convertirnos en líderes y perseguir nuestros objetivos de acuerdo a los valores adecuados.

Lo fácil es ser administrador, no tener que hacerse responsable de su propia vida y poder echar la culpa a las circunstancias. Pero aquellas personas que deciden ser proactivas y empezar con un fin en mente están dando los pasos adecuados para ser altamente efectivas, y se convertirán por tanto en líderes de sus propias vidas y de aquellos con los que interactúan.

Antes de administrador hay que ser líder.

Vía | Stephen R. Covey Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva (Paidos Ibérica, 2011)

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Estudiando “Los siete hábitos” (I)

INTRODUCCIÓN.

Descubrí la obra “Los siete hábitos de la gente altamente efectiva” a principios del año 2012. Había oído hablar mucho de ella, como obra fundamental para entender la vida y lograr un verdadero crecimiento personal y profesional. Pero finalmente fue la insistencia de un amigo lo que me animó a leerlo.

Con su lectura descubrí que efectivamente se trata de una guía fundamental para todo lo que hacemos en nuestras vidas. Covey ha sabido sintetizar con brillantez aquello que convierte a los individuos en personas excelentes.

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Hace varias semanas comencé a leer por tercera vez este libro, ya que no estamos ante una obra para leer y dejar olvidada, sino que requiere de un continuo estudio y análisis. Cada vez que se aborda un capítulo, aunque se haya leído varias veces, se descubre una nueva enseñanza, o se interioriza mejor una enseñanza anterior.

Y en esta tercera lectura (y tercer estudio) de la obra de Covey, he ido recabando notas y apuntes que voy a transformar en una serie de ensayos, a modo de síntesis de “Los 7 hábitos”.

Este es el primero de dichos ensayos, y está dedicado a instruir al lector en los conceptos básicos en los que se asientan “Los 7 hábitos”.

EFECTIVIDAD PERSONAL

Es la cualidad de generar los resultados apropiados y esperados mediante acciones, en los distintos medios y con las distintas personas que interactúa.

Resultados apropiados: Lo primero a destacar de esta breve definición de efectividad personal es que hablamos de resultados apropiados, adecuados a la buena fe y dentro de la legalidad. Hablamos de lograr relacionarnos mejor con nuestra familia, con nuestros amigos, o conseguir realizar mejor nuestro trabajo. Pero engañar a un familiar para lograr un objetivo no estaría dentro de lo que entendemos por efectividad.

Resultados esperados: Se trata de dirigir nuestra vida, por lo que los resultados que logramos son los que hemos planificado. En contra, alguien que no controla su propio rumbo, sus sentimientos o reacciones, puede encontrar resultados que le parezcan apropiados, pero no será una persona efectiva en tanto que no lo habrá logrado proactivamente y de manera planificada, sino por azar o gracias a otros.

Interdependencia: Hablamos no solo de lograr un control de la propia persona, en base a una efectividad intrapersonal. Sino de un control del medio en el que se mueve e interactúa, y de su relación con el resto de personas con las que se desenvuelve en dichos medios, una efectividad intrapersonal. Es decir, no se trata solo de autonomía personal, entendida como la capacidad de controlar nuestras emociones y nuestros resultados en casa, en el trabajo, o con los amigos. Se trata de ser efectivo también en nuestras relaciones interpersonales con las distintas personas con las que interactuamos en casa, en el trabajo o en nuestro círculo de amistades. La realidad es interdependiente.

Cualidad: Según el Diccionario la palabra cualidad significa “Rasgo, componente permanente, diferenciado, peculiar y distintivo de la naturaleza o la esencia de una persona o cosa que contribuye, junto con otros, a que alguien o algo sea lo que es y como es.” Por lo cual se trata de interiorizar la efectividad como un rasgo personal propio. Esto se logra adquiriendo los hábitos adecuados.

PRINCIPIOS Y VALORES

La realidad es objetiva, pero nosotros la percibimos de manera subjetiva, por medio de nuestros sentidos, y procesamos dicha información en base a nuestras creencias y conocimientos. Por ello, aunque la realidad pudiera afirmarse por las leyes de la física que es objetiva, dos personas distintas con valores y creencias distintos, podrían entender de manera distinta un mismo hecho objetivo. Por lo que podríamos afirmar que para un ser humano la realidad es siempre subjetiva.

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Hablamos de interpretar en tanto que, como dijimos, percibimos de manera subjetiva la realidad, a través de nuestros sentidos y creencias. Por ello, para comprender lo mejor posible dicha realidad es necesario contar con el mapa adecuado, y dicho mapa son los Valores.

Las personas altamente efectivas viven su vida en base a los valores adecuados. Pero ¿cuáles son y cómo determinamos dichos valores? Si los valores son un mapa, este tendrá que ser lo más parecido al terreno que vamos a explorar, pues nuestra interpretación del terreno vendrá determinada por el mapa que estemos utilizando.

Existen unos principios universales inherentes a los seres humanos, que todos compartimos de manera independiente a nuestra raza, época, religión o postulado. Podríamos enumerar aquí algunos como el respeto a la vida, la libertad, la igualdad, la justicia, o el respeto a las otras personas. Muchas veces, incluso cuándo nuestras creencias o nuestros sentimientos nos llevan a lesionar algunos de estos principios naturales, nuestra brújula interior nos dice que no estamos haciendo lo correcto, inconscientemente sabemos que hay algo que no estamos haciendo bien. De la misma manera, cuándo ayudamos a los demás, o realizamos acciones acordes con dichos principios naturales intuimos que estamos haciendo lo correcto.

El Derecho Natural, de gran importancia a lo largo de la historia de la humanidad, es un ejemplo del intento del ser humano por entender y regirse por dichos principios naturales.

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Pero no podemos conocer de manera empírica o positiva dichos principios, puesto que como pasa en el resto de ciencias sociales el objeto de estudio somos nosotros mismos, el ser humano. Sin embargo, sí podemos aproximarnos lo máximo posible mediante los Valores, entendiendo por valores los códigos morales que rigen la conducta del ser humano.

Por tanto, cuánto más se parezcan nuestros Valores a los Principios naturales y universales del ser humano, mejor será nuestro mapa de la realidad. Y cuánto más nos ciñamos a estos valores en todo lo que hacemos, menores serán los equívocos en nuestra conducta.

Es por todo ello por lo que las personas altamente eficientes deben basar necesariamente su vida en los Valores.

HABITO

<<Los hábitos son la intersección de conocimiento, capacidad y deseo.>> Esta es la definición literal que nos da el profesor Covey en su obra, y me parece muy acertada. Encontramos un hábito allí donde se cruzan el querer hacer algo (deseo, motivación, querer hacerlo), la capacidad de hacerlo (cómo hacerlo), y el conocimiento (qué hay que hacer).

Como podemos leer en el diccionario, un hábito es una práctica habitual de una persona. Decía Aristóteles que “Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia, entonces, no es un acto; es un hábito.” Es decir, la excelencia, el hacer las cosas siempre bien, es un hábito.

La obra <<Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva>> nos proporciona, como su nombre bien indica, siete hábitos a los cuales ceñirnos para lograr la efectividad personal que empezábamos describiendo en el presente ensayo.

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PRODUCCIÓN Y CAPACIDAD DE PRODUCCIÓN.

La efectividad es una función que depende de dos valores, que el profesor Covey define como Producción y Capacidad de Producción. Aquello que logramos gracias a nuestra efectividad lo llamamos Producción, y a la habilidad desarrollada para poder lograrlo la llamamos Capacidad de Producción. Y decimos que la efectividad es función de ambas variables porque, para maximizar la misma, será necesario cuidar la capacidad, e ir cosechando producción.

Intentaré explicarme con un sencillo ejemplo: un deportista profesional. Su Producción son las medallas de oro y trofeos que ha ganado gracias a su capacidad física. Pero evidentemente tendrá que entrenar todos los días para volver a ganar las competiciones en el futuro. No puede centrarse solamente en las medallas ya ganadas, y olvidarse del entrenamiento. Pero de nada sirve centrarse en entrenar si no es para volver a cosechar triunfos en su carrera.

Por ello el profesor Covey nos indica que las personas altamente efectivas deben encontrar el equilibrio entre la Producción y la Capacidad de Producción, que denomina como P/CP. Es un proceso continuado y retroactivo.

RESUMEN.

En definitiva, las personas altamente efectivas son aquellas que logran los objetivos que se proponen alcanzar, gracias a sus acciones personales, y en todos los ámbitos de su vida. Guiados siempre por una conducta basada en Valores, lo cual determina la nobleza de sus objetivos.

Dicha efectividad personal la logran gracias a que desarrollan e interiorizan como hábitos propios las conductas necesarias. Logrando por ello la excelencia en todo lo que hacen (familia, amigos, trabajo, comunidad, etc…). Y cuidando siempre de engrasar continuamente su engranaje, a fin de que se mantenga en correcto funcionamiento. 

Stephen R. Covey. Los siete hábitos de la gente altamente eficiente. (Paidos Ibérica. 2011)

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