El aseguramiento de préstamos empresariales con FRAs.

Es una realidad que todas las compañías, en mayor o menor medida según su modelo de negocio e industria competitiva, necesitan financiar sus inversiones y operaciones, dado que por lo general necesitarán desembolsar dinero en maquinaria, inmuebles, vehículos, etc… antes de obtener un retorno suficiente a través de la venta de los productos y servicios elaborados gracias a dichas inversiones.

La financiación puede ser con fondos propios, cuando la compañía cuenta en reservas con dinero suficiente, si bien este caso tenderá a ser la excepción ya que el objetivo de las empresas no es acumular fondos, sino repartir el beneficio que se genera cada año entre sus accionistas.

Por tanto, será más habitual que recurran a la financiación vía fondos ajenos, pudiendo aquí financiarse a través de sus accionistas (con una ampliación de capital, o bien con préstamos de los accionistas a la sociedad).

Si la inversión no puede ser acometida por los accionistas, o estratégicamente no se desea realizar una ampliación de capital, se recurrirá a entidades de crédito como los Bancos, los Fondos de Inversión o las Cooperativas de Crédito. En este caso podrán realizar emisiones de Bonos o deuda, o bien recurrir a préstamos bancarios, siendo el objetivo de este artículo precisamente los préstamos.

Estos préstamos que denominaremos aquí bancarios tienen siempre un plazo de devolución, que en la práctica no suele ser superior a 10 o 12 años, pues se entiende que no es viable realizar inversiones en activos empresariales que necesiten un mayor plazo de retorno, dado que su amortización física podrá devenir en dicho caso antes de su amortización financiera.

Para plazos que superen los 5 años se suele exigir garantías reales (bienes físicos que garanticen el préstamo con prenda o hipoteca).

Y evidentemente la empresa prestataria tendrá que devolver el préstamo con un tipo de interés como retribución al prestamista (además de otras posibles comisiones que se puedan establecer).

Este tipo de interés puede determinarse como fijo para todo el plazo de duración, y en este caso se conocerá desde el inicio el importe total a devolver.

Pero como es sabido, el tipo de interés varía a lo largo del tiempo, y por tanto establecer un tipo fijo implica un riesgo para el prestamista, en el sentido de que si el interés sube durante la vida del préstamo, habrá obtenido un tipo de interés inferior al que se cotiza en el mercado.

Por ello, para importes elevados y en coyunturas fluctuantes las entidades financieras suelen establecer tipos de interés variables, y aquí el problema de la empresa prestataria radica en que no puede conocer desde el inicio el importe total que le supondrá el préstamo.

Por ejemplo, imaginemos un préstamo a una empresa de 20.000.000 € a devolver en 4 años, a través de 4 amortizaciones anuales de 5.000.000 € cada una. Si pudiésemos fijar un tipo de interés para toda la vida del préstamo del 5%, y cada año junto con cada cuota de amortización de capital se pagase una cuota de interés anual del 5% sobre el capital pendiente, el total de intereses que la empresa pagaría sería de 2.500.000 € en el plazo de duración del préstamo.

Sin embargo, si el Banco no está de acuerdo en fijar un tipo para toda la vida del préstamo, a fin de salvaguardarse de posibles subidas del tipo de interés, o de exigencias de cobertura del Banco Central, etc… y dicho préstamo se fija a interés variable, referenciado a Euribor, Libor u otro tipo de referencia, aquí la empresa será quién asuma la volatilidad en la evolución del tipo de referencia. Lo que hará el Banco para indexar el interés al mercado será fijar un tipo total igual a la suma de una prima o diferencial más el tipo de referencia (por ejemplo, Euribor más 4%).

Siguiendo con nuestro ejemplo, imaginemos que el tipo de interés sube en los años siguientes a la firma del préstamo: el primer año el interés a pagar del préstamo es del 5%, el segundo año es del 6%, el tercer año es del 4,5%, y el cuarto año se eleva al 6%. El coste total resultante por intereses sería de 2.650.000 €, es decir 150.000 € más que si la empresa hubiese podido cerrar el tipo fijo del 5%.

Si bien es cierto que, de haber bajado el tipo de mercado la empresa de nuestro ejemplo hubiese podido obtener un resultado más favorable, lo que es evidente es que el riesgo al alza siempre existe, y ello impide poder conocer de antemano a la empresa el coste financiero del préstamo (como sí hubiese sucedido en el caso del tipo fijo).

Aquí la solución para la empresa reside en contratar un FRA, acrónimo de Forward Rate Agreement (acuerdo futuro de tipos de interés). Este contrato consiste en que la otra parte, que será un Banco u otra entidad financiera, se compromete a liquidar la diferencia entre el tipo de interés de mercado en un momento futuro y el tipo de interés referenciado en el contrato FRA.

Por lo tanto, la empresa suscribe dos contratos: 1) un contrato de préstamo, a devolver en cinco años y con tipo de interés variable, y 2) un contrato FRA con el cuál consigue asegurar el tipo de interés del préstamo subyacente.

El FRA tendrá un coste que se pagará al Banco o asegurador por parte de la empresa prestataria que asegura con ello en tipo de interés.

Así todo tanto, aplicando un FRA con nuestro ejemplo,:

  • si el tipo de interés resultante según la fórmula del préstamo es en cada momento de pago de intereses es superior al que hubiese resultado de haber podido cerrar un tipo fijo, y coincidiendo dicho tipo fijo con el tipo asegurado en el FRA, el prestatario recibirá un abono del asegurador del FRA (año 2 y año 4 del ejemplo).
  • A la inversa, pagará un cargo al asegurador del FRA (año 3 de nuestro ejemplo).
  • Si coindicen, no existirá cargo ni abono.


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* Imagen| Pixabay

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