Breve introducción al mercado de renta fija privada

Las dos vías de financiación de las empresas: Banca y Mercados.

Cuando las empresas necesitan financiación para desarrollar su actividad pueden acudir básicamente a dos vías de financiación: una vía es la bancaria, donde los prestamistas son instituciones financieras cuyos recursos provienen de los clientes que depositan allí sus ahorros, intermediando por tanto entre clientes de pasivo (ahorradores) y clientes de activo (demandantes de préstamos); la otra vía es la de acudir directamente a los mercados financieros, emitiendo títulos de deuda que los inversores podrán valorar y adquirir para sus carteras.

La vía directa de los mercados financieros.

Esta segunda vía se impone para compañías de una cierta dimensión, que no pueden depender exclusivamente de la deuda bancaria. Y es que los bancos trabajan bajo una estricta normativa pública que limita los riesgos que pueden asumir y el capital que pueden exponer a cada empresa, proyecto o tipo de financiación en general.

Renta fija y renta variable.

Y en la vía directa de los mercados financieros las empresas pueden emitir diferentes tipos de activos para financiarse, que se clasifican principalmente entre activos de renta fija y activos de renta variable. Los de renta fija otorgan al inversor el derecho a cobrar un rendimiento periódico determinado, como por ejemplo un cupón trimestral, y suelen tener una amortización cierta e igualmente determinada, como por ejemplo la devolución del principal a los 10 años. Por su parte, los activos de renta variable no pagan un cupón determinado, siendo el ejemplo principal la acciones, que pagan a sus propietarios vía dividendos cuando así lo deciden los administradores de la compañía.

Renta fija a corto o largo plazo.

Ya concretamente dentro de los activos de renta fija, podemos realizar una clasificación de los mismos en función de su plazo de vencimiento: renta fija a corto plazo y renta fija a largo plazo. Se considera corto plazo el vencimiento hasta 12 o 18 meses, mientras que los activos a largo plazo son aquellos cuyo vencimiento supera dicho plazo.

La renta fija a corto plazo suele revestir la forma de Pagarés, y se denominan Pagarés de Empresa.

Mientras que la renta fija a largo plazo abarca Bonos, Obligaciones y Participaciones.

El mercado primario y los mercados secundarios.

La distinción entre mercado primario y mercados secundarios se refieren al momento del tiempo en el que se realiza la transacción entre el vendedor del título de renta fija y los inversores.

Cuando la empresa que necesita financiarse emite los valores de renta fija y los vende a los inversores se entiende que la transacción se realiza en el mercado primario. Dicho de otra manera, el mercado primario sería el mercado de emisión inicial de los valores de renta fija.

Pero al tratarse de títulos al portador, esto es, activos cuyo propietario puede vender a otro nuevo inversor después de adquirir el mismo a la empresa que ha emitido los mismos en el mercado primario, y de forma sucesiva cada nuevo tenedor puede volver a venderlos a su vez hasta llegado el vencimiento de los mismos, estas operaciones de compraventa se realizan en el denominado mercado secundario.

Estos mercados secundarios permiten a los inversores gozar de una gran liquidez, pudiendo poner a la venta en cualquier momento sus títulos de renta fija, y permitiendo igualmente poder valorar en todo momento el activo en función de la cotización de títulos similares en el mercado.

Tipos de emisión y rentabilidad de la renta fija.

Los pagarés se suelen emitir “al descuento”, método también denominado “cobro de intereses del tirón”: el inversor los adquiere con un descuento sobre su valor nominal, por lo que su rentabilidad se obtiene por la diferencia entre el precio de compra y el valor nominal del pagaré que se recibe en la fecha de amortización. Los vencimientos se suelen fijar en 3 meses, 6 meses, 9 meses, 12 meses, 15 meses o 18 meses. Por ejemplo, en la emisión de unos pagarés a 12 meses con valor nominal de 100 € y valor de emisión al 98 %, los inversores los adquieren por 98 € y cobrarán a vencimiento 100 €, lo que implica una rentabilidad anual del 2 %.

Los Bonos y las Obligaciones suelen emitirse con plazos de amortización entre 5 y 20 años, y las Participaciones suelen sin embargo emitirse sin plazo de vencimiento, como deuda perpetua. Suelen pagar intereses de una de las siguientes formas: en la modalidad denominada “cupón cero” donde el título se adquiere por su valor nominal y se va amortizando a lo largo del tiempo con diferentes primas según el plazo de reembolso; o bien en la modalidad de “interés referenciado” donde el interés se referencia a un índice del mercado, como el Euribor.

AIAF: Mercado oficial de Renta Fija privada.

El mercado secundario oficial de renta fija en España, está organizado y gestionado por AIAF (Asociación de Intermediarios de Activos Financieros) y en él se negocian los Pagarés y otros tipos de deuda a corto plazo de empresas privadas.

Se trata como decimos de un mercado organizado, en contraposición a los mercados OTC (over the counter) creado en 1986 por iniciativa del Banco de España, y perteneciente a BME (Bolsas Y Mercados Españoles) desde 2001. Cuenta con 80 miembros entre los que se encuentran los principales Bancos, sociedades y agencias de inversión.

Se negocian en este mercado los siguientes tipos de activos:

  1. Corto Plazo: Pagarés de Empresa.
  2. Medio y Largo Plazo: Bonos, Obligaciones, Cédulas Hipotecarias, Emisiones Titulizadas, Participaciones preferentes y Bonos Matador.

Los requisitos que deben cumplir las empresas y sus emisiones para ser admitidas a negociación en este mercado son muy elevados, por lo que garantiza una elevada seguridad y solvencia a los compradores.

SEND: Sistema Electrónico de Negociación de Deuda.

Se trata de una plataforma electrónica destinada específicamente a la negociación de Renta Fija para minoristas, creada por AIAF en 2010 para mejorar la transparencia y la liquidez del mercado español de Deuda Corporativa.

Se negocian en SEND participaciones preferentes, bonos y obligaciones simples, obligaciones subordinadas, obligaciones con bonificación fiscal, cédulas y los pagarés con vencimiento superior a 6 meses, emitidas a partir de 2009, con nominal unitario igual o inferior a 1.500 euros, y cuyos destinatarios son inversores particulares.

SEND permite a los particulares realizar transacciones electrónicas sobre los activos allí negociados de forma directa y con menores costes de transacción. Y con la garantía del mercado AIAF en todo momento.

MERF: Mercado Alternativo de Renta Fija.

Se trata del mercado no oficial de renta fija, alternativo a AIAF. Forma parte también de BME pero adopta la estructura jurídica de Sistema Multilateral de Negociación, lo que le permite operar como un mercado privado. Esto implica que los emisores y los títulos negociados no deben cumplir una regulación tan estricta como la del mercado oficial AIAF, y ello dota de flexibilidad a las empresas que necesitan financiación.

Se negocian en este mercado los siguientes tipos de activos:

  1. Corto Plazo: Pagarés de Empresa.
  2. Medio y Largo Plazo: Bonos, Obligaciones y Titulaciones.

La flexibilidad de MERF ha hecho que la mayor parte de las emisiones empresariales y corporativas de los últimos años coticen aquí en vez de en AIAF.


* Más información| BMERF  Finanzas para Todos  Cuanto vale un euro
* Imagen| Pixabay

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Los 9 riesgos que asumes en tu inversión financiera.

Invertimos para ganar más de lo que tenemos, pero debemos tener en cuenta que el rendimiento de todo activo financiero está determinado por la función de tres variables:

  • Riesgo
  • Tiempo
  • Rentabilidad

Así por ejemplo un activo determinado puede tener una rentabilidad del 10 % en un período de 1 año, y que durante este tiempo que dura la inversión el inversor asumirá un riesgo determinado.

Pero lo más importante de una inversión no es tanto el rendimiento que nos ofrecen o el tiempo que durará la inversión, sino el saber identificar, analizar, entender y valorar el riesgo que supone, dado que un activo cuyo rendimiento a priori nos puede parecer muy atractivo, podría resultar totalmente desaconsejable cuando entendemos realmente el riesgo que implica.

Básicamente podríamos clasificar los distintos riesgos de una inversión dentro de las siguientes categorías:

  1. Riesgo de contrapartida.

Es la calidad crediticia de la otra parte de la operación, es decir, de quien debe responder de la devolución del principal y los intereses.

Se trata por tanto de la solvencia del deudor en quien invertimos. Si compramos por ejemplo bonos de la empresa Vodafone, nuestro riesgo de contrapartida es el grado de solvencia que le otorguemos a esta empresa como futuro pagador del principal más los intereses de dicho bono.

  1. Riesgo de tipo de interés.

Si el tipo de interés del mercado sube respecto del tipo de interés que obtenemos por nuestra inversión, bajará el valor de mercado del activo en el que hemos invertido.

Por ejemplo, si invertimos en bonos que pagan un 1,5 % anual estando el Euribor al 1 % nuestra inversión es más rentable que el tipo oficial, pero si en un momento posterior a lo largo de la vida de la inversión el Euribor sube al 2,5 % nuestra inversión fluctuará a la baja al perder interés, dado que ahora es menos rentable que el tipo de interés del mercado.

  1. Riesgo de tipo de cambio.

Si el activo en el que invertimos está denominado en una moneda distinta a la nuestra y la cotización de dicha divisa se devalúa respecto de nuestra moneda, nuestra inversión se verá también devaluada.

Por ejemplo, si invertimos en un bono denominado en yenes y dicha moneda se devalúa respecto del euro, nuestra inversión tenderá a fluctuar a la baja, dado que cuando nos paguen intereses y nos reinviertan el principal, el deudor nos lo pagará en yenes, y al transformarlo a nuestra moneda, es decir, en euros, el importe final que conseguiremos será inferior por dicha devaluación.

  1. Riesgo por inflación.

La inflación es la subida del nivel medio de precios en una economía y en un período de tiempo determinado.

Por ejemplo, si invertimos 1.000 euros en un bono a 5 años y al 1 % anual en el año 2.000 y con dicho importe podríamos haber comprado una cesta de bienes de consumo, y posteriormente en el año 2005 esa misma cesta de bienes está valorada en 1.400 euros nuestra inversión se habrá devaluado por la inflación, ya que a vencimiento en 2005 los 1.000 euros que nos devolverán valen en términos relativos un 40 % menos que los que 1.000 euros invertidos en el inicio, y además los intereses que cobraremos de 50 euros (1% anual durante 5 años) no compensan más que una parte de la devaluación sufrida (400 euros).

  1. Riesgo de liquidez.

La liquidez es la facilidad para vender un activo, por lo cual podemos afirmar que un activo es más líquido en la medida en que resulta más fácil venderlo en cualquier momento.

Por tanto, el riesgo de liquidez lo constituye la dificultad que puede presentar nuestro activo de inversión para ser vendido en cualquier momento que lo deseemos.

Por ejemplo, si compramos acciones de una pequeña empresa que no cotiza en ningún mercado bursátil asumiremos un riesgo de liquidez ya que si deseamos vender en el futuro dichas acciones nos resultará mucho más difícil que si hubiésemos comprado acciones de una empresa que cotiza en el mercado bursátil.

  1. Riesgos endógenos.

Son los que se refieren a circunstancias propias e internas del deudor de la inversión.

Por ejemplo, si hemos invertido en acciones de una compañía, la dirección estratégica que adopten sus gerentes o las decisiones de su consejo de administración pueden afectar a la viabilidad de la empresa y por tanto de nuestra inversión como accionistas de la misma.

  1. Riesgos exógenos.

Son los que se refieren a la coyuntura socio-política y normativa en la que se enmarca nuestra inversión financiera:

  • Riesgo político: las decisiones del gobierno pueden ser contrarias a los intereses de la compañía en la que hemos invertido. Por ejemplo, si invertimos en acciones de una empresa con restaurantes de comida rápida y la política nacional dictada en un momento determinado por el Gobierno se posiciona en contra de este tipo de comida, podría afectar en contra de nuestra inversión.
  • Riesgo regulatorio: un cambio en la normativa que regula el sector en el que hemos invertido puede ir en contra del valor de nuestra inversión. Por ejemplo, si invertimos en acciones de una compañía tabaquera y se aprueba una ley que incremente los impuestos sobre el tabaco, las ventas de dicho producto podrían bajar, afectando negativamente al valor de nuestras acciones.
  • Riesgo sistémico o de mercado. La coyuntura económica de la región en la que radican los intereses de la compañía en la que hemos invertido pueden afectar negativamente a nuestra inversión. Por ejemplo, si invertimos en bonos de una compañía china y se produce una crisis bancaria en Asia podría caer el valor de nuestros bonos.
  1. Riesgo de volatilidad.

Si los valores financieros en los que hemos invertido cotizan en un mercado bursátil, la volatilidad que presenta la cotización del activo en dicho mercado constituye su riesgo financiero. Es decir, dicha cotización puede llevar al precio del activo a fluctuar al alza o a la baja, y la potencialidad de que baje su precio constituye este riesgo.

En la medida en que el mercado tiende a refleja el resto de riesgos del activo en su cotización, podemos considerar que la volatilidad constituye la valoración del riesgo total de la inversión. Si bien, dado que los mercados financieros no son perfectos, esta no sería una regla absoluta.

  1. Riesgo por apalancamiento.

Si la inversión se realiza con fondos ajenos, esto es, con financiación de un tercero al que debemos reintegrar el préstamo con el que hemos invertido, a los riesgos antes relacionados se le añade el riesgo de que las fluctuaciones negativas agraven la deuda que mantenemos con el financiador, así como nuestra capacidad de devolución del préstamo.

Por ejemplo, si invertimos 10.000 euros en acciones de una empresa con dinero prestado por un banco, esperando devolver el préstamo con los rendimientos de dichas acciones, en caso de que la empresa dé en quiebra no solo habremos perdido los 10.000 euros de nuestra inversión sino que además tendremos que responder de la deuda de 10.000 euros con el Banco.

Otro riesgo por apalancamiento lo constituye la inversión en activos financieros con el solo pago de garantías o de una parte del valor del activo. Este riesgo es típico de la inversión en derivados, warrants, opciones y futuros.

Por ejemplo, si compramos un activo valorado en 1.000 € pero solo me exigen pagar un 10 % del valor hoy y el resto en un plazo de tiempo determinado, podré hacer la inversión con 100 €. Pero si el valor del activo cae a 0 € tendré unas pérdidas de 1.000 % dado que con 100 € he perdido 1.000 €.


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