Acerca de Andrés Muñoz Barrios

Licenciado en Derecho. Postgrados en Economía, Finanzas, Marketing, Práctica Jurídica y Comercio Internacional. Miembro de EFPA España 7179 (EFA-II)

Free Cash Flow para valorar empresas

¿Cómo valorar una empresa?

Si nos piden que valoremos una empresa, parece que lo intuitivo es pensar en el volumen de facturación anual de la compañía. Pero evidentemente no todo lo que se factura se convierte en beneficio: solo el volumen de facturación que supere los gastos y costes del negocio se convertirá en margen.

Otro enfoque de valoración pasaría por tener en cuenta el valor de los activos de la empresa, pero realmente es la gestión y explotación de dichos activos la que produce beneficio de la compañía. Por ejemplo, si una bodega tiene unos viñedos de donde obtener la uva, un sistema de prensado para convertir la uva en mosto, y unos depósitos donde el mosto se transforma finalmente en vino, la valoración de dichos activos no refleja realmente el valor de la bodega, sino que su valor será más bien función del precio al que logra vender el vino en el mercado y de los costes en los que incurre para producir dicho vino.

El Método de descuento de flujos de caja libres.

Así por tanto, ¿cuál es el método ideal para valorar una compañía? Aunque valorar adecuadamente una empresa requiere un análisis exhaustivo de cada caso concreto, y podrán darse distintos enfoques según el modelo de negocio de la compañía analizada, se ha impuesto en las últimas décadas en el ámbito financiero un método determinado por encima de los demás: el descuento de flujos de caja libres, también conocido por sus siglas en inglés FCF (Free Cash Flow). También conocido como método DCF (Discounted Cash Flow Analysis).

Este método consiste en valorar los flujos de caja libres, por entender que representan mejor que ninguna otra magnitud contable la capacidad de la empresa de generar rendimientos libres de costes, y que por tanto podrán destinarse a dividendo o a nuevas inversiones que determine la compañía. Si vamos a valorar una empresa, valoremos por tanto estos flujos de caja libres o FCF.

Complementariamente, a estos flujos descontados al momento actual se suma el valor residual de la empresa más el denominado exceso de caja en su caso. Con ello se obtiene el valor total de la compañía estudiada.

 

Donde el primer operador es el sumatorio de flujos década descontados con la tasa del coste promedio de capital (WACC) y VR es el valor residual.

Cálculo de los FCF

Vamos a ver de manera secuencial cómo calcular los FCF:

Paso 1. EBITDA. Es el beneficio operativo. Equivale al beneficio antes de impuestos, intereses y costes financieros, depreciaciones y amortizaciones.

Paso 2. EBIT. Es el EBITDA más las depreciaciones y amortizaciones. Dado que estas partidas suponen un coste contable pero no un coste real, no generan detrimento de caja.

Paso 3. EBIAT. Es el EBIT menos impuestos, dado que los impuestos supondrán una merma en la caja de la empresa.

Paso 4. FCF. Es el EBIAT menos los gastos en activos fijos así como los gastos en activo circulante.

  • CAPEX: son los gastos de caja en capital fijo. Formado por aquellos gastos anuales en compra y mejora de activos de la compañía, como inmuebles, vehículos, maquinaria, etc… Por tanto, en esta partida sumaremos los flujos de caja que se destinan anualmente a incrementar el activo fijo. Se suele utilizar la media de los últimos 5 años o bien de los últimos 10 años, en función de la antigüedad y modelo de negocio de la empresa analizada.
  • Inversión en el fondo de maniobra (también llamado inversión en el capital de trabajo) El Fondo de Maniobra es la diferencia entre el activo circulante y el pasivo circulante, es decir, el spread entre los activos realizables a corto plazo (cuentas a cobrar, inventario, tesorería e inversiones a corto plazo o muy líquidas) y los pasivos exigibles a corto plazo (cuentas a pagar y deudas exigibles en el corto plazo). Por tanto, en esta partida sumaremos los flujos de caja que se destinan anualmente a incrementar el activo circulante. Se suele utilizar la media de los últimos 5 o 10 años.

Calculo FCF

Sumatorio y actualización de los FCF

Una vez obtenido el FCF, la valoración pasa por agregar los FCF anuales de varios años. En la práctica el número de años de FCF que se suelen pagar depende de cada sector y situación, si bien podemos afirmar que suele estar en torno a los 5 años.

Pero los FCF de los próximos cinco años se realizará una proyección. Es decir, no se tendrá en cuenta un dato lineal de FCF de los próximos años, sino que se realiza una proyección teniendo en cuenta el previsible incremento o decremento que sufrirán en función de la coyuntura de la empresa y de su histórico. Por ejemplo, si una compañía ha crecido en los últimos 5 años con tasas del 1,5 % anual en un escenario de recesión económica, y para los próximos 5 años la previsión económica es de crecimiento del PIB, se podrá estimar que el FCF crecerá en tasas del 2% anual; por lo que los FCF de los años siguientes, a tener en cuenta en la valoración, serán superiores en función de dicha tasa de crecimiento.

Finalmente, los FCF ajustados se descuentan al momento actual, y se suman para realizar la valoración de la compañía. La tasa de descuento es el WAAC (coste financiero promedio de una compañía; Weighted Average Cost of Capital)

Cálculo del Valor Residual.

Ahora habrá que sumar al resultado anterior el denominado Valor Residual (Terminal Value). Si por ejemplo hemos agregado en nuestra valoración el FCF de 5 años, el valor residual es el valor que otorgamos a la empresa desde el año 6 hasta un momento indeterminado del futuro en que cesasen sus operaciones. Para calcular este valor, podemos utilizar dos métodos:

  1. Por múltiplos de EBITDA: Se multiplica el EBITDA por un número de años determinado para hallar el valor residual. El múltiplo suele basarse en la media utilizada para valorar empresas del mismo sector.

Donde N es el número de años que se pagarían por el EBITDA.

  1. Asumiendo una renta perpetua: se calcula una renta perpetua con el valor del FCF del último año estimado. Por ejemplo, si la valoración se realiza con 5 años, el FCF proyectado para el año 5 se utilizaría para calcular el valor residual.

Donde G es la tasa constante de crecimiento que se prevé para el futuro (por ejemplo un 1% de crecimiento anual) y r es el WACC utilizado como tasa de descuento al actualizar los FCF.

Cálculo del exceso de caja.

Por exceso de caja entendemos la tesorería y los activos líquidos o inversiones de la empresa que superan la deuda de la compañía. Es importante tenerlo en cuenta para una correcta valoración, y para entenderlo podemos recurrir al siguiente ejemplo: pensemos que tenemos que valorar una vivienda que tiene una tasación pericial de 250.000 € y una hipoteca con saldo pendiente de pago de 100.000 €; en principio, su valor sería de 150.000 € resultado de restar el valor de mercado y la deuda pendiente del inmueble, pero si dicha vivienda incluye una caja fuerte con 20.000 € en efectivo que pasarán a ser propiedad del comprador que la adquiere, realmente el valor se incrementaría en dicha cantidad, debiendo valorarse en 170.000 €. De la misma manera que en este clásico ejemplo, la caja o activos líquidos de la compañía deben sumarse para obtener el valor total.

Ejemplo de valoración de empresas con el método DCF.

La compañía Defge S.A. dedicada a la fabricación de zapatos tuvo un EBITDA en el último año de 2,3 millones de euros y una facturación anual de 10 millones. Ha dotado provisiones en el mismo ejercicio por 0,2 millones y ha pagado Impuesto de Sociedades por 0,15 millones. En los últimos cinco años su gasto de caja anual en activos fijos (CAPEX) viene siendo de 0,5 millones de media, y su inversión media en fondo de maniobra también durante los últimos 5 años es de 0,3 millones. El WACC de la compañía, muy dependiente de la financiación bancaria, se estima en un 6%. La tasa de crecimiento anual para calcular el valor residual es de 0,05% y en el momento de la adquisición la empresa contará en caja con 0,3 millones de euros de tesorería líquida.

Por tanto, el FCF anual es de 1,55 millones de euros. Si para los próximos 5 años estimamos por la coyuntura de mercado una tasa de crecimiento anual del 1 % el FCF del año 2 será 1,566 millones, el del año 3 será de 1,581 millones, el del año 4 será de 1,597 millones y el del año 5 será de 1,613 millones. El sumatorio de la proyección de los FCF actualizado asciende a 6,741 millones de euros y el valor residual es de 27,12 millones.

El valor de la empresa por tanto con este método de valoración ascendería a 34,163 millones (6,741+27,12+0,3), por lo que se valoraría en 3,4 veces su facturación anual, y aproximadamente 15 veces su EBITDA.

 

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La oración de Jesús en la Cruz.

¿Jesús abandonado?

Hace unos meses, un buen amigo me habló con gran interés de un concepto que le había resultado muy interesante en el libro “La unidad y Jesús abandonado”, escrito por la fundadora del movimiento de los focolares, Chiara Lubich

Concretamente los párrafos de los que me hablaba mi amigo se referían a la pasión de Cristo, donde la autora expone el momento en que Jesús desde la cruz grita «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mc 15, 34; Mt 27, 46) como un momento en el cuál Cristo está sintiendo la más absoluta soledad, al no sentir ya ni siquiera la unión con el Padre. Si bien a pesar de ello se abandona plenamente al Él y a su voluntad, como muestra de la más absoluta Fé, para morir en la Cruz.

Este pasaje del Evangelio ha sido uno de los más comentados a lo largo de la Historia. Ha dado pie a muchos autores a afirmar que Jesús, a pesar de su naturaleza divina, también cayó en la desesperación que representa la lejanía de Dios. Al extremo de que Calvino escribió que en este momento Jesús <<llegó a temer por su propia salvación>>.

La interpretación de C. Lubich parece menos radical que la de Calvino, y puede tener sentido para muchos lectores de la Escritura, pero sin embargo creo sinceramente que se trata de una interpretación errónea, al igual que en el caso de Calvino, y que falla al no poner en relación este momento crucial de la Pasión con el resto del Evangelio.

Para entender correctamente cada pasaje de los Evangelios es necesario unir las partes en su totalidad, y realizar un análisis completo y profundo, bajo el prisma también del Antiguo Testamento. No se puede entender el Evangelio por partes separadas.

Así, el objetivo de este ensayo es estudiar, a la luz de la teología cristológica moderna, la interpretación correcta que merecen las palabras de Cristo en la Cruz.

Cristo_crucificado

Jesús hablaba a través de las Escrituras.

En la época de Jesús, lo más importante para un judío eran las Escrituras. Todo judío conocía los textos de la Toráh, constituían su legislación y marcaban todos los usos y costumbres del día a día. A la vez que la Sinagoga se erigía como el centro de cada pueblo, donde se rendía culto diario y se leían las Escrituras.

En distintos momentos de los Evangelios vemos cómo Jesús acudía a la Sinagoga para enseñar, hablar de Dios a los judíos y leer la Escritura. (Mateo 4:23; Juan 18:20; Mt 13,53-58; Mc 6,1-6; Lc 4,16-30).

Con ello se evidencia un aspecto importante de Jesús, y es que era un gran conocedor de las Escrituras, las había leído y analizado. Las entendía en profundidad. Y de hecho buena parte de las palabras de Cristo que encontramos en los diálogos con sus discípulos, con el resto del pueblo o con los fariseos son citas literales del antiguo testamento.

Y es que podemos ver el Antiguo Testamento tanto como la Ley que Dios dio a su pueblo, pero también como la palabra profética que el Espíritu Santo dictó a los profetas miles de años antes del nacimiento del mesías, anunciando la venida del Hijo de Dios para salvar a la humanidad.

En base a lo dicho en los párrafos que preceden, podemos afirmar que cuando Jesús citaba las Escrituras, a veces era para enseñar (ley), otras veces era para unir pasado, presente y futuro, al citar cómo en ese momento concreto se estaba cumpliendo una profecía contenida en la Toráh, y finalmente otras veces era para anunciar que dichas profecías se cumplirían con seguridad en el futuro.

crucifixión

Los Salmos.

El canon cristiano utilizado como criterio para identificar los libros que componen el Antiguo Testamento corresponde esencialmente a la relación de libros que se leían y estudiaban en las sinagogas en Galilea y Judea en tiempos de Jesús. La idea de fondo es que nuestro Antiguo Testamento corresponda exactamente con los libros sagrados que Jesús leyó en su infancia y juventud, y utilizó en su predicación a lo largo de su vida pública.

Dentro de estas Escrituras encontramos el Libro de los Salmos, un conjunto de poemas hebreos escritos según la tradición por el Rey David unos 1.000 años antes del nacimiento de Jesús.

Como en otros libros del Antiguo Testamento, una parte se dedica a la enseñanza de la palabra de Dios, y buena parte de los Salmos son palabras proféticas referidas al mesías y a lo que acontecería en el futuro.

Y Jesús según nos transmiten los Evangelistas muchas veces recita y cumple los Salmos: Mt 21:16; Mc 12:10s; Jn 10:34; Jn 13:18; Mt 26:30;Mc 14:26.

El Salmo 22.

Llegados a este punto nos será ya fácil entender que no está Jesús hablando de forma vanal desde la Cruz, como podríamos erroneamente creer al leer en el Evangelio el lapidario lamento desde la Cruz «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?».

Como hemos puesto de manifiesto en el presente ensayo, al igual que en otros momentos de su vida, Jesús estaba recitando las Escrituras que tan bien conocía, concretamente el Salmo 22 escrito como dijimos 1.000 años antes por el Rey David:

<<Dios mío, Dios mío,
¿por qué me has abandonado?
a pesar de mis gritos,
mi oración no te alcanza.>>

Ahora lo podemos ver claro, y es que Jesús recita el Salmo a modo de oración y de enseñanza. Aún a pesar de estar en el momento más doloroso de su Pasión: tras haber sido sometido a los latigazos; tras la coronación de espinas; tras un doloroso “vía crucis” cargando con la cruz hasta el monte Calvario; tras haber sido clavado de pies y manos en la cruz, y sufrir crucificado; tras todo ello, y justo en el momento antes de su muerte, aún está recitando, orando y enseñándonos con su palabra y ejemplo.

Este Salmo empieza como el lamento de aquél que se siente solo ante el dolor y el sufrimiento, aquél que se siente abandonado por Dios en el peor momento de su vida; pero que a medida que reflexiona resulta que descubre que no está solo, porque en el peor momento le tiene a Él para cuidarle. Es más, necesita a Dios lo más cerca posible, y así lo pide al Señor.

<<Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
fuerza mía, ven corriendo a ayudarme.
líbrame a mí de la espada,>>

Podemos ver así también como en otra parte de este Salmo se anticipa la Pasión de Cristo.

<<Estoy como agua derramada,
tengo los huesos descoyuntados;
mi corazón, como cera,
se derrite en mis entrañas;
mi garganta está seca como una teja,
la lengua se me pega al paladar;
me aprietas
contra el polvo de la muerte.>>

<<me taladran las manos y los pies,
puedo contar mis huesos.
Ellos me miran triunfantes,
se reparten mi ropa,
echan a suerte mi túnica.>>

No estaba abandonado, sino que Oraba.

Así por tanto vemos cómo Jesús estaba, a las puertas de la muerte, orando a su Padre celestial. Con quién es Uno y de quién por tanto es imposible se sintiese abandonado.

Como nos enseña el Papa Benedicto XVI en su magnífica obra “Jesús de Nazaret”, mientras Jesús pronuncia las primeras palabras del Salmo se cumple ya en última instancia la totalidad del mismo y de todas las Escrituras, incluida la certeza de que su oración será escuchada por el Padre y se manifestará la salvación del mundo a través de su Resurrección.

Análisis Financiero: Cómo calcular el Enterprise Value

Para realizar el correcto análisis financiero de una operación de inversión consistente en la compraventa de una empresa, una vez se ha calculado el Equity Value o valor del capital debemos determinar el Enterprise Value (en adelante EV) o valor de la empresa.

Enterprise VAnálisis Financiero: Cómo calcular el Enterprise Valuealue.

Este EV se calcula sumando al Equity Value el valor de la deuda, y restando el importe de efectivo en caja.

A fin de entender este cálculo, tenemos que partir de la premisa de que el EV equivale al coste total que tendrá que desembolsar el inversor que va adquirir la empresa.

Equity Value.

Por ello, lo primero que debe tener en cuenta es el pago del valor del capital social a los accionistas ordinarios más a las acciones correspondientes al pago a los tenedores de derechos de suscripción preferente “in the money” (warrants, options, stock options, bonos convertibles, y valores similares). Este total del número de acciones en circulación más acciones diluidas (derechos de suscripción “in the money”) se denomina total de acciones diluido o “fully diluted shares outstanding”. Y dicho número total de acciones multiplicado por el valor de cotización de la acción es el valor total del capital o Equity Value.

Total Debt.

Además de pagar el valor total de capital calculado según lo antedicho, el inversor deberá asumir el coste del total de deuda de la empresa. Es decir, tendrá que pagar a los accionistas (equity) y a los acreedores (debt). Tanto la deuda a corto plazo como la deuda a largo plazo.

Dentro de este capítulo tendremos en cuenta el pago a los tenedores de acciones y participaciones preferentes, deuda subordinada, bonos y demás títulos análogos emitidos por la sociedad para su financiación y pendientes de amortización de su principal.

Cash.

La suma del valor del capital y del total de deuda será el coste total del inversor. Pero si al comprar la empresa, dentro del activo circulante, la empresa tiene en caja dinero en efectivo, es decir, tesorería, este importe compensará parte de su coste, con lo cual una correcta valoración requiere restar el importe efectivo en caja al coste.

No obstante, dentro del dinero en caja habría que tener en cuenta solamente para restar a nuestro coste el correspondiente al efectivo libre, esto es, al que excede al fondo de maniobra. Este fondo de maniobra se define como la diferencia entre el pasivo corriente y el activo corriente. El importe en caja que exceda el fondo de maniobra se considerará caja libre y se restará al coste de la inversión.

Ejemplo de Cálculo del Enterprise Value.

Para exponer el cálculo con un ejemplo, imaginemos que un inversor quiere adquirir la empresa Adhoc S.A., que cotiza en la Bolsa de Madrid a 10 € por acción.

Esta empresa tiene 10.000.000 acciones en circulación, y su equipo directivo tiene 1.000.000 de stock options con un strike de 9 €. Con el método de valoración TSM (treasury stock method) las stock options se valorarán en 100.000 acciones. El TSM asume la premisa de que las stock options se ejercerán por sus tenedores, con un beneficio de 1 € (cotización menos strike) y el beneficio se reinvierte en acciones al valor de cotización ((1.000.000 * 1)/10).

Por tanto el “fully diluted share outstanding” equivale a 10.100.000 acciones que multiplicado por el valor de cotización de 10 € que se ha tomado en cuenta resulta un valor de capital total o equity value de 101 millones de euros.

Esta sociedad tiene además 1.000.000 de acciones preferentes emitidas con un valor nominal de 6 euros, por lo que el pago a los preferentistas supone 6 millones de euros. Así como una hipoteca y préstamo sindicado con varios bancos, por importe de capital pendiente de pago de 2 millones.

El coste total por tanto es de 109 millones de euros, resultado de sumar el equity value y la deuda por las acciones preferente, más la deuda bancaria.

Del estudio del último balance de Adhoc S.A. publicado en el Registro Mercantil se desprende que la sociedad tiene un pasivo corriente de 10 millones de euros, y un activo corriente de 14 millones de euros, por lo cual su fondo de maniobra positivo es de 4 millones de euros. El activo corriente está compuesto por 12 millones en caja y 2 millones en un depósito bancario (IPF) reembolsable en cualquier momento (en el reembolso solo que asume como penalización los intereses pendientes del trimestre).

Si consideramos ambos activos del corto plazo como Cash, está claro que el inversor, una vez adquirida la compañía, tendría 4 millones de caja libre, que debe restar a los 109 millones quedando un Enterprise Value de 105 millones de euros.

Múltiplo de EV sobre EBITDA.

Una vez conocemos el EV, si lo dividimos entre el beneficio operativo anual obtendremos el número de años necesarios para amortizar la inversión con el beneficio ordinario que la empresa genera anualmente.

El EBITDA (earning before interest, tax, depretiations and amortitations) es el resultado de explotación de la cuenta de resultados anual sin tener en cuenta los costes financieros por intereses, los impuestos, las amortizaciones y las depreciaciones.

Siguiendo con el ejemplo de Adhoc S.A. si la empresa genera un beneficio de explotación anual de 9 millones. Si el coste medio financiero de los intereses es 0,4 millones, dota unas amortizaciones anuales de 1 millón, y paga por impuesto de sociedades 0,6 millones, el EBITDA será de 11 millones. Al dividir 105 millones de EV que habíamos calculado antes entre 11 millones de EBITDA obtenemos un ratio de 9,5 que podemos explicar como que se necesitarían casi 10 años para que la inversión se amortizase con beneficio operativo.

A partir de este múltiplo de 9,5 podemos determinar si estamos ante una buena inversión, mediante la comparación de este múltiplo con los de las empresas de su sector. Imaginemos que los principales competidores de Adhoc S.A. presentan múltiplos de EV sobre EBITDA de 5, en esta situación la empresa estaría “cara” y habría que ver si es que existe un valor diferencial que justifique la diferencia. Por el contrario, si la media de sus principales competidores está en 11 un múltiplo de 9,5 nos indicaría que está “barata” y que puede ser una buena inversión, si bien sería necesario por supuesto un análisis total y detallado a nivel financiero, económico, patrimonial y de negocio para tomar una decisión adecuada.

* Vía| J. Rosenbaun, J. Pearl,(2013) <<Investment Banking>>, John Wiley & Sons Inc , Hoboken, NJ (USA)
* Más información| Investopedia    Investopedia 
* Imagen| Pixabay

 

Cómo calcular el Equity Value

Para invertir en la compra de una empresa, lo primero es determinar el correcto valor de su capital, una tarea que resulta crítica y que constituye el paso previo necesario para poder determinar posteriormente el valor de la empresa.

Normalmente se denomina con los términos anglosajones “Equity Value”  al valor del capital, y “Enterprise Valeu” al valor de la empresa. En el presente artículo voy a utilizar los términos en inglés dado que las obras que utilizo como referencia están en este idioma.

 

Podemos definir el valor del capital como el resultado de multiplicar el valor de mercado de las acciones de la compañía por el número total diluido de acciones de la empresa.

 

Share Price.

Para obtener el primero de los parámetros mencionados, esto es, el valor de las acciones ordinarias en circulación, se utiliza el valor de mercado de las mismas. En una empresa que cotiza en Bolsa u otro mercado secundario se utiliza el valor de cotización en cada momento.

Por ejemplo, si la empresa Adhoc S.A. cotiza en la Bolsa de Madrid, y el valor de cierre de sus acciones el día de la valoración es de 10 euros.

Si la empresa no cotiza en un mercado organizado como la Bolsa, habría que realizar una valoración formal para determinar el valor de las acciones ordinarias. Existen diversos modelos de valoración, siendo el más utilizado el Income Approach o modelo de descuento de flujos de efectivo, y que se basa en descontar los flujos de efectivo que la empresa será capaz de generar en el fututo con una tasa de descuento equivalente a la rentabilidad mínima esperada por el inversor, que se asume como coste del capital.

Fully Diluted Shares Outstanding.

Respecto del segundo componente, es decir, el multiplicador que representa el total de capital diluido (fully diluted shares outstanding), o número total de acciones, contiene el valor de tres componentes:

  • Opciones sobre acciones (Basic Shares Outstanding): suelen corresponderse con las stock options o derechos de adquisición preferente que pueden tener algunos accionistas de la empresa, por indicarlo así los estatutos de la misma, o bien en muchos casos los empleados (mandos intermedios, ejecutivos, directivos, etc..) que los habrían recibido como forma de retribución.
  • Opciones y Warrants: te trata de derechos de adquisición emitidos por la empresa y en manos de inversores que podrán ejercitarlos en el futuro.
  • Bonos convertibles: por último tendremos que tener en cuenta los bonos que la empresa haya emitido para financiarse, y que otorgan a sus tenedores el derecho a convertirlos en acciones.

En los tres casos estamos ante inversores que poseen el derecho a adquirir en el futuro, hasta una fecha determinada (vencimiento) acciones de la compañía a un precio fijado de antemano (strike o precio de ejercicio).

Evidentemente estos derechos se ejercitarán en caso de que resulten beneficiosos a sus tenedores, y esto sucederá cuando el strike sea inferior a la cotización en el mercado de las acciones. Cuando los derechos están en esta situación se dice que están “in the money” (cuando el precio de ejercicio o strike es superior al precio de mercado se dice que están “out of the money”, y no se ejercerá evidentemente el derecho; mientras que si el strike y el valor de mercado son similares se dice que la opción o derecho está “at the money”).

Por tanto, se ejercerán las opciones ordinarias, las opciones financieras, los warrants y los bonos convertibles cuando estén “in the money”.

Su ejercicio conlleva el derecho de los tenedores a adquirir acciones de la compañía a un precio inferior al de mercado. Y ello supone para el inversor que quiera adquirir la compañía contar con que existirán más accionistas a los que deberá pagar por sus acciones. Por este motivo es tan importante valorar correctamente el coeficiente “fully diluted shares outstanding”.

Para valorar las opciones y warrants se suele utilizar el modelo denominado “Treasury Stock Method” (TSM). Este modelo parte de la premisa de que estos derechos “in the money” serían ejercitados, utilizándose el beneficio para la recompra de acciones, por lo que las nuevas acciones que debe emitir la sociedad para compensar a los tenedores de los derechos preferentes serían equivalentes al número de acciones que se podrían recomprar con el susodicho beneficio.

Siguiendo con nuestro ejemplo de Adhoc S.A. si esta empresa tiene emitidos 1 millón de warrants con un strike de 9 € el coeficiente de capital diluido total será de 10.100.000.

Valor por acción (€)  10
Valor bursatil (€)  100.000.000
Acciones ordinarias (nº)  10.000.000
Warrants emitidos (nº)  1.000.000
precio medio de ejercicio (strike) de los Warrants (€)  9
valor teórico de ejecucíón de warrants (€)  9.000.000
acciones teóricas recompradas con la ejecución de warrants (nº)  900.000
warrants emitidos (nº)  1.000.000
acciones teóricas recompradas con la ejeción de warrants (nº)  900.000
nuevas acciones a emitir por la ejecución de warrants (nº)  100.000
Fully diluted shares outstandign  10.100.000

 

Equity Value.

Una vez calculado el este número total de acciones, solo queda multiplicarlo por el valor de la acción para obtener el valor del capital de la empresa.

En nuestro ejemplo, el Equity Value o valor del capital ascendería a 101 millones.

 

Equity Value (€)  101.000.000

* Vía| J. Rosenbaun, J. Pearl,(2013) <<Investment Banking>>, John Wiley & Sons Inc , Hoboken, NJ (USA)
* Más información| Investopedia    Investopedia 
* Imagen| PixabayCómo calcular el Equity Value

Fondos de Inversión: Guía para entender el rating Morningstar

Los fondos de inversión se han convertido en el principal instrumento al alcance de los pequeños y medianos ahorradores para conseguir acceder a los distintos mercados de activos financieros (renta fija, renta variable, materias primas, etc..) de cualquier región del mundo. Actualmente se comercializan centenares de fondos distintos en España en los cuales resulta posible invertir de manera sencilla a través de nuestro Banco o asesor.

Ante tal diversidad de opciones al alcance de cualquier inversor, la primera decisión que debe tomar el ahorrador es la de definir su objetivo de inversión: largo plazo o medio plazo, proporción de renta fija o variable, etc..

Pero tomadas todas estas decisiones, nos vamos a encontrar probablemente con que existen decenas de fondos de inversión distintos que se ajusten a nuestra necesidad, y aquí viene la segunda cuestión, es decir, la de determinar cuál de todos esos fondos es el mejor.

Para resolver esta segunda cuestión existen rankings de fondos, calificados según distintos criterios por compañías especializadas. Podemos encontrar al menos tres que gozan de gran solvencia en el mercado internacinal: Morningstar, Lipper y Standard & Poor’ s.

Pero es sin duda, de todos ellos es Morningstar la de mayor solera entre los inversores, y por ello vamos a estudiar cómo funciona su sistema de calificación.

Esta compañía, con sede en Chicago y fundada en 1984 utiliza en sus distintas valoraciones modelos de análisis complejo que tiene en cuenta múltiples variables, pero que se asientan en todo caso sobre tres criterios básicos para calificar los fondos de inversión:

  1. Rentabilidad: se tiene en cuenta el retorno anual del fondo en los últimos años. Se requieren al menos tres años de histórico de rentabilidad, por lo que si un fondo lleva operando menos de tres años no entrará en la calificación Morningstar.
  2. Riesgo: Se mide la volatilidad en la que ha incurrido el fondo, así como su beta, esto es, la relación entre la volatilidad del fondo y la del índice de referencia o benchmark.
  3. Comisiones: se tienen en cuenta las comisiones de gestión y depósito, así como las comisiones de suscripción y reembolso.

A partir de estos tres grandes ejes, el modelo otorga una valoración numérica a cada uno de los distintos fondos, y con esta valoración numérica se ordenan en un ranking a partir del cual se otorgan las estrellas Morningstar:

  1. El 10 % de los mejores fondos reciben 5 estrellas.
  2. El 22,5 % siguiente reciben 4 estrellas.
  3. El 35 % siguiente reciben 3 estrellas.
  4. El 22,5 % de los siguientes reciben 2 estrellas.
  5. El último 10 % del ranking reciben 1 estrella.

Así por tanto un fondo con 5 estrellas estaría entre los mejores de su categoría, al igual que uno con 1 estrella estaría entre los peores. Con solo conocer las estrellas Morningstar el potencial inversor ya tiene una potente referencia del comportamiento rentabilidad-riesgo y de las comisiones del fondo.

Dado que cuanto mejor gestionado y más éxito tenga un Fondo más tiempo tenderá a estar en el mercado, Morningstar calcula 3 ratings, uno a 3 años, uno a 5 años y uno a 10 años. Si el fondo tiene más de 3 años estará siempre en el primer rating; si tiene más de 5 años su calificación será la suma ponderada del 60% de la calificación en el ratign de más de 5 años y del 40% de la calificación en el rating de más de 3 años; finalmente si el fondo tiene más de 10 años se realizará la suma ponderada del 50 % del rating a 10 años, el 30 % del rating a 5 años y el 20% del rating a 3 años.

Si bien las estrellas Morningstar son como vemos una herramienta muy interesante tanto para los asesores financieros a la hora de recomendar un fondo, como para los potenciales suscriptores, debemos tener en cuenta las limitaciones de este modelo de valoración:

  • Rentabilidades pasadas no aseguran rentabilidades futuras.
  • El rating de Morningstar no tiene en cuenta atributos cualitativos, como el equipo gestor o la potencialidad de los activos subyacentes.

Finalmente cabe señalar que el ranking de Morningstar en Europa tiene como universo el conjunto de fondos que se comercializan aquí, por lo cual se elimina la distorsión que pudiese tener para el inversor o asesor el hecho de que en el ranking un fondo con buena valoración que se comercializa aquí fuese desplazado por fondos que, teniendo unos buenos resultados, sean inaccesibles en Europa por no comercializarse aquí.


* Más información|Blog Compraacciones  Morningstar  Blog Asesora
* Imagen| Pixabay

Calificación del concurso de acreedores.

El concurso de acreedores es el proceso judicial destinado a conseguir el pago a los acreedores cuando un deudor deviene insolvente, es decir, cuando resulta incapaz de atender sus obligaciones de pago.

Este proceso puede abrirse a instancia de los acreedores o bien a petición del propio deudor. Y lo normal será que termine con un convenio en el que, con el patrimonio de este deudor se determine el pago en la medida de lo posible a los acreedores.

Existen determinados casos en los que, dentro de este proceso se abrirá la denominada fase de calificación del concurso:

  • Cuando el convenio incurra en alguno de los siguientes supuestos:
  • Una quita superior a un tercio del importe de los créditos
  • Una espera superior a 3 años
  • En caso de liquidación.

Como podemos apreciar, la calificación procede en caso de que el convenio sea especialmente lesivo para los intereses de los acreedores, o bien cuando ni siquiera se haya podido aprobar un convenio, teniendo que acudir por tanto a la liquidación.

Y tiene como objetivo comprobar si el deudor ha actuado con culpabilidad o no (dolo o culpa grave) y en su caso, depurar las responsabilidades que sean procedentes y determinando las personas que deban ser responsables.

Según la Ley Concursal, el concurso se podrá calificar en una de estas dos categorías:

  • Fortuito
  • Culpable

Veamos con detalle cada una de ellas.

Concurso fortuito

Se trata de una calificación residual o subsidiaria, cuando no se den las circunstancias que permitan calificarlo como culpable.

En la Ley Concursal no existe una definición formal pero anterior a esta Ley el Código de Comercio definía la quiebra fortuita como la del comerciante a quien sobrevinieren infortunios que, debiendo estimarse casuales en el orden regular y prudente de una buena administración mercantil, reduzcan su capital al extremo de no poder satisfacer en todo o en parte sus deudas.

Se trata por tanto de casos no imputables al deudor, sino a circunstancias excepcionales.

Concurso culpable

El concurso se calificará como culpable cuando en la generación o agravación del estado de insolvencia hubiera mediado dolo o culpa grave del deudor o, si los tuviere, de sus representantes legales y, en caso de persona jurídica, de sus administradores o liquidadores, de hecho y de derecho, apoderados generales, de quienes hubieren tenido cualquiera de estas condiciones dentro de los dos años anteriores a la fecha de declaración del concurso, así como de sus socios conforme a lo dispuesto en el artículo 165.2 (art. 164.1 de la Ley Concursal).

Presunciones de culpabilidad del concurso.

El concurso se presume culpable, salvo prueba en contrario (iuris tantum) cuando el deudor o, en su caso, sus representantes legales, administradores o liquidadores:

  • Hubieran incumplido el deber de solicitar la declaración del concurso.
  • Hubieran incumplido el deber de colaboración con el juez del concurso y la administración concursal o no les hubieran facilitado la información necesaria o conveniente para el interés del concurso o no hubiesen asistido, por sí o por medio de apoderado, a la junta de acreedores, siempre que su participación hubiera sido determinante para la adopción del convenio.
  • Si el deudor estuviera obligado legalmente a la llevanza de contabilidad y no hubiera formulado las cuentas anuales, no las hubiera sometido a auditoría, debiendo hacerlo, o, una vez aprobadas, no las hubiera depositado en el Registro Mercantil o en el registro correspondiente, en alguno de los tres últimos ejercicios anteriores a la declaración de concurso.

Por otro lado, el concurso se presume culpable, salvo prueba en contrario (de nuevo, iuris tantum) cuando los socios o administradores se hubiesen negado sin causa razonable a la capitalización de créditos o una emisión de valores o instrumentos convertibles y ello hubiera frustrado la consecución de un acuerdo de refinanciación de los previstos en el artículo 71 bis.1 o en la disposición adicional cuarta o de un acuerdo extrajudicial de pagos. Para que opere esta presunción:

  • Debe existir un informe emitido por un experto independiente que aconseje esta operación de capitalización.
  • el acuerdo propuesto deberá reconocer en favor de los socios del deudor un derecho de adquisición preferente sobre las acciones, participaciones, valores o instrumentos convertibles suscritos por los acreedores, a resultas de la capitalización o emisión propuesta, en caso de enajenación ulterior de los mismos

 

Sistema de hechos de calificación culpable.

Para facilitar la tarea calificadora se prevé un segundo sistema, que puede denominarse “sistema de hechos de calificación culpable”: la mera concurrencia de estos hechos determinará la calificación del concurso como culpable.

Estos hechos consisten en conductas de los referidos sujetos que por su especial gravedad implican de modo necesario la calificación del concurso como culpable (art.164 L.C.):

  • Cuando el deudor legalmente obligado a la llevanza de contabilidad incumpliera sustancialmente esta obligación, llevara doble contabilidad o hubiera cometido irregularidad relevante para la comprensión de su situación patrimonial o financiera en la que llevara.
  • Cuando el deudor hubiera cometido inexactitud grave en cualquiera de los documentos acompañados a la solicitud de declaración de concurso o presentados durante la tramitación del procedimiento, o hubiera acompañado o presentado documentos falsos.
  • Cuando la apertura de la liquidación haya sido acordada de oficio por incumplimiento del convenio debido a causa imputable al concursado.
  • Cuando el deudor se hubiera alzado con la totalidad o parte de sus bienes en perjuicio de sus acreedores o hubiera realizado cualquier acto que retrase, dificulte o impida la eficacia de un embargo en cualquier clase de ejecución iniciada o de previsible iniciación.
  • Cuando durante los dos años anteriores a la fecha de la declaración de concurso hubieran salido fraudulentamente del patrimonio del deudor bienes o derechos.
  • Cuando antes de la fecha de la declaración de concurso el deudor hubiese realizado cualquier acto jurídico dirigido a simular una situación patrimonial ficticia.

Como podemos apreciar, todos los aspectos contables (libros contables y de comercio) adquieren aquí una extraordinaria importancia: la llevanza de las cuentas anuales es una de las obligaciones contables de mayor relevancia para el empresario, pues a través de ellas se ofrece a los terceros una imagen fiel de la situación empresarial.

Cómplices en el concurso culpable.

Se consideran cómplices las personas que, con dolo o culpa grave, hubieran cooperado con el deudor o, si los tuviere, con sus representantes legales y, en caso de persona jurídica, con sus administradores o liquidadores, tanto de derecho como de hecho, o con sus apoderados generales, a la realización de cualquier acto que haya fundado la calificación del concurso como culpable:

Así, serán cómplices todos aquellos terceros ajenos al deudor o que actúen en su representación como personas afectadas, que cooperen en los términos descritos y sin que tengan que limitarse a las personas vinculadas o especialmente relacionadas con el deudor: los asesores, abogados, auditores, que hubiesen cooperado con el deudor, con intención o culpa grave, en los incumplimientos contables, falsedades o simulaciones patrimoniales, fraudes de ingeniería jurídica, etc., con tal que revistan cierta complejidad, excediendo de la comprensión del propio deudor o administrador.

Efectos de la calificación del concurso como culpable.

La calificación del concurso como culpable se realiza por sentencia judicial, y tiene importantes efectos sobre las personas afectadas, pues se podrá decretar:

  • La inhabilitación de las personas afectadas por la calificación para administrar los bienes ajenos durante un período de dos a quince años, así como para representar a cualquier persona durante el mismo período.
  • La pérdida de cualquier derecho que las personas afectadas por la calificación o declaradas cómplices tuvieran como acreedores concursales o de la masa y la condena a devolver los bienes o derechos que hubieran obtenido indebidamente del patrimonio del deudor o hubiesen recibido de la masa activa, así como a indemnizar los daños y perjuicios causados.

Es importante destacar que esta calificación no vinculará a los jueces y tribunales del orden jurisdiccional penal que, en su caso, entiendan de actuaciones del deudor que pudieran ser constitutivas de delito.