Acerca de Andrés Muñoz Barrios

Licenciado en Derecho. Postgrados en Economía, Finanzas, Marketing, Práctica Jurídica y Comercio Internacional. Miembro de EFPA España 7179 (EFA-II)

Diferencia entre responsabilidad mancomunada y responsabilidad subsidiaria

Toda obligación jurídica tiene dos partes: un acreedor y un deudor; estando el deudor obligado a realizar una prestación (dar, hacer o no hacer) a favor del acreedor. Pero ¿qué pasa cuando hay varios acreedores o varios deudores en una obligación? ¿Cómo responden ante la otra parte? ¿Cómo es la relación entre ellos?

Para responder correctamente estas cuestiones, lo primero de todo es determinar el tipo de responsabilidad de la obligación, porque en función del tipo de responsabilidad el régimen será distinto. Existen dos tipos:

  • Mancomunada
  • Solidaria

Siempre rige por defecto el régimen mancomunado, por lo que si en la ley o contrato que determine la obligación no se especifica expresamente que se trate de una obligación solidaria, corresponderá el régimen mancomunado. (art. 1137 C.C.).

Responsabilidad Mancomunada.

Como acabamos de ver, es el régimen general que rige por defecto en nuestro Derecho para las obligaciones en las que existen varios acreedores o varios deudores, por lo que se presumirán las deudas o beneficios mancomunados.

abogadoIgualmente, y salvo que se establezca algo distinto en la Ley o contrato del cuál surge la obligación, ésta se presumirá dividida en tantas partes iguales como acreedores o deudores haya, reputándose créditos o deudas distintos unos de otros (art. 1138 C.C.).

Si la división fuere imposible, sólo perjudicarán al derecho de los acreedores los actos colectivos de éstos, y sólo podrá hacerse efectiva la deuda procediendo contra todos los deudores. Si alguno de éstos resultare insolvente, no estarán los demás obligados a suplir su falta. (art. 1139 C.C.).

Responsabilidad Solidaria.

En este régimen, cada acreedor puede pedir y cada deudor debe prestar íntegramente las cosas objeto de la obligación. Es decir, si hay varios deudores que responden de manera solidaria, se puede exigir el cumplimiento íntegro de la obligación a cualquiera de ellos, debiendo todos ellos responder por el total de la misma. En caso de existir varios acreedores solidarios, cualquiera de ellos puede exigir el cumplimiento total de la obligación.

Así, el principio general es que cada deudor solidario, frente al acreedor, es deudor por entero; mientras que frente al resto de deudores, es deudor por su parte.

Las reglas generales en las obligaciones solidarias son las siguientes:

  • El deudor solidario podrá utilizar, contra las reclamaciones del acreedor, todas las excepciones que se deriven de la naturaleza de la obligación y las que le sean personales. De las que personalmente correspondan a los demás sólo podrá servirse en la parte de deuda de que éstos fueren responsables. (art. 1148 C.C.).
  • El pago hecho por uno de los deudores solidarios extingue la obligación. El que hizo el pago sólo puede reclamar de sus codeudores la parte que a cada uno corresponda, con los intereses del anticipo (art. 1145 C.C.)
  • El acreedor puede dirigirse contra cualquiera de los deudores solidarios o contra todos ellos simultáneamente. Las reclamaciones entabladas contra uno no serán obstáculo para las que posteriormente se dirijan contra los demás, mientras no resulte cobrada la deuda por completo. (art. 1144 C.C.)
  • La incumplimiento por insolvencia de uno de los deudores solidarios será suplida por sus codeudores, a prorrata de la deuda de cada uno (art. 1145 C.C.).
  • La quita o remisión hecha por el acreedor de la parte que afecte a uno de los deudores solidarios, no libra a éste de su responsabilidad para con los codeudores, en el caso de que la deuda haya sido totalmente pagada por cualquiera de ellos. (art. 1146 C.C.).
  • Si la cosa hubiese perecido o la prestación se hubiese hecho imposible sin culpa de los deudores solidarios, la obligación quedará extinguida. Y si hubiese mediado culpa de cualquiera de ellos, todos serán responsables, para con el acreedor, del precio y de la indemnización de daños y abono de intereses, sin perjuicio de su acción contra el culpable o negligente. (art. 1147 C.C)

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La diferencia entre Aval y Fianza

¿Qué diferencia hay entre ser avalista o ser fiador? Es fácil confundir estos dos conceptos, y el objetivo del presente ensayo es el de diferenciar correctamente cada uno de ellos, dado que pueden implicar muy distintos grados de responsabilidad para el firmante en una operación de crédito, afianzamiento o contrato en general.

Origen de la Fianza.

La fianza es una figura propia del Derecho Romano, y más concretamente se cataloga dentro de las denominadas deudas accesorias, que son aquellas que tienen un carácter de refuerzo de la garantía de cumplimiento de un contrato principal. Se daban tres tipos de deudas accesorias:

  1. La Intercessio: intervención de una persona en una relación jurídica determinada para obligarse en lugar del deudor o al lado de este. Podríamos verlo como una cesión de crédito.
  2. La Adpromissió: Bajo esta denominación general se contemplaba toda promesa hecha en un contrato verbis destinada a constituir una deuda u obligación personal accesoria. La adpromissio podía tener dos formas:
    1. la Sponsio, que solo puede hacer uno el ciudadano romano y donde el sponsor es el fiador (esta figura se dio en la República, años 509 a.C. – 27 a.C.)
    2. y la Fidepromissio donde puede también intervenir el peregrinus o extranjero como fiador (fidepromissor) (esta figura aparece en una etapa más avanzada).
  3. La fideiusso o fianza: Es un contrato verbal accesorio, mediante el cual una persona (fiador) se obliga a pagar una deuda ajena en el caso en que el deudor principal no pague llegado el término. Se trata por tanto de una garantía personal. Su aplicación no se restringía a las obligaciones nacidas del contrato verbis, como en el caso de la Adpromissió, y podía garantizar toda clase de obligaciones (nacidas de cualquier contrato, y no solamente obligaciones civiles, sino también de obligaciones naturales).

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Como podemos ver, mientras que la Intercessio era una mera subrogación en una posición jurídica, y la adpromissio se limitaba a un tipo de contrato específico (verbis) la fideiusso o fianza tenía un carácter más amplio y genérico, y permitía constituir como obligación accesoria la responsabilidad de una persona de responder por otra que era a su vez deudor en el contrato principal al cuál la fianza era contrato accesorio.

La fianza en nuestro Derecho español.

En nuestro Código Civil, la fianza se regula en los artículos 1822 y siguientes, como un contrato accesorio en el que una persona se obliga a pagar o cumplir por un tercero, en el caso de no hacerlo éste, es decir, de forma subsidiaria.

Aunque este carácter genérico de subsidiariedad es una norma de carácter dispositivo, y puede por tanto pactarse la solidaridad del fiador, así como la renuncia a sus beneficios (excusión, orden y división).

Origen del Aval.

Mientras que, como acabamos de ver, la fianza es una institución de Derecho Civil y tiene su origen en el Derecho Romano, el concepto de Aval es más moderno y se origina en el derecho mercantil medieval y moderno, como garantía accesoria a la Letra de Cambio.

puerto de indiasDistintos autores señalan el origen concreto del Aval en  Italia, con los Estatudos de Genova, y los Estatutos de Bolognia (1589) que eran normas mercantiles de cumplimiento para los comerciantes, y que ya prescribían la posibilidad de una fianza solidaria con características de autonomía. Otros autores se decantan como origen por lo usos jurídicos mercantiles de Francia, concretamente en la Ordenanza de Colbert de 1673. Mientras que finalmente existe también doctrina que señala su origen concreto está en Londres (mayo de 1913, sesión del Congreso Internacional de las Cámaras de Comercio, para unificar la normativa reguladora de lechas, cheques y pagarés).

En cualquier caso, el Aval nace como un contrato accesorio a la Letra de Cambio, que refuerza las garantías de cobro de ésta, donde un tercero (avalista) garantiza con su firma el pago de la obligación reflejada en la Letra o documento cambiario.

Así, el contrato de Aval se configura con un contrato accesorio e independiente, que constituye un compromiso unilateral de pago, generalmente solidario, en favor de un tercero (beneficiario), que recibirá la prestación en caso de no cumplir el avalado (deudor del beneficiario). El garante obligado por el aval se denomina avalista.

El Aval en nuestro Derecho español.

Se regula en los artículos 35, 36 y 37 de la Ley 19/1985 Cambiaria y del Cheque, que adopta lo dispuesto a nivel supranacional en arts. 30 a 32 de la Ley Uniforme de Ginebra de 1930.

Principales diferencias entre el Aval y la Fianza.

Como hemos visto, mientras que la fianza es una institución de derecho civil, el aval es una institución del derecho mercantil, y mantienen orígenes y usos diferenciados.

Las principales diferencias entre ambas instituciones serían:

  1. El aval es una garantía solidaria. La ejecución del aval cambiario se ajusta en todo caso a los específicos criterios legales de solidaridad cambiaria establecido en el art.57 LC. Es decir, el beneficiario puede dirigirse indistintamente contra el avalista y contra el deudor principal. Por el contrario, la fianza tiene carácter subsidiario (art. 1822 CC) pues salvo pacto expreso de fianza solidaria, se entiende subsidiaria, es decir, solo se puede requerir el pago al fiador cuando falle el pago del deudor principal.

 

  1. El avalista no goza en caso alguno del beneficio de excusión, orden o división. La ley cambiaria no le otorga ninguno de estos beneficios. Sin embargo, el Código Civil sí prevé para el fiador los beneficios (aunque se puede renunciar a los mismos) de:
    1. excusión (obligación para el beneficiario de dirigirse primero contra el patrimonio del deudo principal),
    2. orden (es una garantía de segundo orden, debiendo probarse que se ha dirigido de manera infructífera primero contra el patrimonio del titular principal)
    3. y división (dado que no es una garantía solidaria, en caso de existir varios fiadores se deberá dirigir solo proporcionalmente contra cada uno de ellos, mientras que si existen varios avalistas la responsabilidad es solidaria, si puede proceder por el total de la deuda contra todos ellos)

 

  1. El avalista no podrá oponer las excepciones personales que correspondan a la persona avalada frente al tenedor del documento cambiario que le reclamase el pago (art.37.1º LC). Para la fianza, aunque el fiador tampoco podrá oponer excepciones extrictamente personales del deudor (por ejemplo un derecho de crédito contra el acreedor por parte del deudor) el artículo 1.853 del Código Civil establece que el fiador sí podrá oponer al acreedor todas las excepciones relativas a la existencia, legitimidad, validez y extensión de la deuda.

 

  1. El aval es una garantía autónoma. El avalista responde aunque la obligación principal del avalado fuese nula por cualquier causa que no sea la de vicio de forma (art.37.1º LC). Esto dota de mayor fuerza al documento cambiario, y le permite circular en el tráfico comercial como documento de garantía o de pago. El fiador sin embargo, y en línea con lo expuesto en el punto anterior, sí podrá oponer la nulidad del negocio principal para evitar el pago.

 

  1. El aval en la letra de cambio, cheque o pagaré es una garantía formal. Presupuesto necesario de eficacia es que el aval quede expresado por escrito en una letra de cambio válidamente existente como tal (art.36 LC), no produciendo efecto cambiario alguno el aval prestado en documento separado. La fianza sin embargo puede pactarse en un contrato accesorio al contrato principal

 

Diferencias en la práctica bancaria y mercantil entre el Aval y la Fianza.

En la práctica bancaria y mercantil en general estas dos figuras suelen corresponderse con negocios bien diferenciados:

  • El Aval se instrumenta como un contrato de fianza donde una de las partes, denominado avalista, se compromete a responder por otra de las partes, denominada avalado, a favor de un tercero ante el cuál el avalado pone a disposición dicho Aval, denominado beneficiario. Se suele constituir en póliza notarial. El avalado utiliza este aval para ofrecerlo como garantía de otros contratos donde él es deudor, siendo el beneficiario su acreedor.

Un producto bancario muy extendido es una línea de avales, que no es otra cosa que un contrato de aval con un límite económico que puede dividirse en partes, utilizando el avalado estas partes por separado para responder de distintos contratos (letras de cambio, cheques, pagarés, contratos de suministro, etc..) y sumando todas las partes el límite económico total del contrato de aval.

 

  • La fianza se constituye como negocio accesorio y refuerzo de la garantía del deudor de un contrato. Normalmente este contrato principal es un préstamo o crédito, y el fiador firma reforzando con su garantía personal el cumplimiento del prestatario o deudor principal.

Consideración final.

A pesar de que las diferencias entre Aval y Fianza han quedado expuestas y son claras en su respectiva regulación, es necesario un análisis de cada caso para determinar el alcance de las obligaciones del avalista o deudor, ya que a veces se utilizan en los contratos estos términos de manera entremezclada, y se requiere de un estudio exhaustivo de la letra de cada contrato para entender la responsabilidad que corresponde a cada caso en concreto.

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El Aval Bancario

La confianza como elemento básico en los contratos.

La base de todo contrato es la confianza que cada una de las partes contratantes tiene en que la otra cumplirá con su respectiva obligación. Porque del contrato se derivan obligaciones para ambas partes firmantes, y por tanto los potenciales contratantes tenderán a no cerrar el negocio objeto del contrato cuando perciban como muy elevado el riesgo de incumplimiento de la otra parte.

A veces este riesgo se puede compensar con un mayor precio. Por ejemplo, no cierro un contrato de préstamo por un tipo de interés del 2 % porque percibo un potencial riesgo de impago por parte del interesado en alquilarlo, pero sí estaría dispuesto a realizar el préstamo por un tipo del 6 % de interés a la misma persona. Aquí el nivel de confianza más limitado se cubriría con una prima de riego del 4 % que permitiría cerrar el contrato.

Pero en otras ocasiones puede que los potenciales riesgos percibidos de incumplimiento hagan imposible cerrar el trato incluso añadiendo una prima de riesgo. Es en estos casos donde se exigirá al deudor de la obligación la necesidad de aportar una garantía adicional.

Y la garantía que mayor tradición y mejor fama tiene en España es la del Aval Bancario.

El Aval como contrato de fianza.

El Aval en general es un contrato de fianza donde una de las partes, denominado avalista, se compromete a responder por otra de las partes, denominada avalado, a favor de un tercero ante el cuál el avalado pone a disposición dicho Aval, denominado beneficiario. Es decir, es un contrato donde el avalista se compromete a cubrir las obligaciones del avalado, y que por tanto permite al avalado, al presentar dicho contrato de Aval como garantía de otra operación, incrementar su nivel de confiabilidad, en línea con lo que indicábamos al principio de este ensayo: cuanto mayor sea la confianza que suscite una de las partes respecto del cumplimiento de sus obligaciones futuras derivadas de un contrato, más fácil resultará para las otras partes aceptar un contrato con este avalado.

euro-447209_960_720Siguiendo con los ejemplos que indicábamos antes: en el caso del préstamo al 2 %, puede que con la presentación de aval que se considere suficiente no sea necesaria una prima de riesgo  adicional, o bien dicha prima se reduzca por ejemplo del 4 % al 2 %, quedando un interés total del 4 % en vez del 6 %. Y en el caso de que no se aceptase el contrato por baja confiabilidad (percibir un alto riesgo de incumplimiento) quizá la presentación de aval suficiente permita hacer viable dicha operación.

El contrato de Aval puede verse también como un contrato de seguro, en el que el avalista asegura al beneficiario el riesgo de posible incumplimiento del avalado (en la relación entre beneficiario y avalado).

El avalista, a cambio de asumir el riesgo del avalado, cobrará una contraprestación, normalmente en forma de comisión, en función del tiempo que dure el aval así como de la responsabilidad total que implique. Este riesgo total se referiría tanto a la valoración económica máxima del incumplimiento que se habrá de cubrir, como al grado de probabilidad de que dicho incumplimiento pueda producirse.

El Aval Bancario como paradigma de las garantías en España.

En el caso del Aval Bancario, la principal característica definitoria del mismo es la persona jurídica que se constituye en Avalista: un Banco o entidad de crédito.

Desde luego, una vez descrita en el apartado anterior la figura del contrato de Aval y su uso como garantía para otro contrato, a nadie se le puede escapar la importancia del avalista, y es que el aval en sí será tan bueno como lo sea la solvencia del avalista que lo concede. Si el avalista no tiene solvencia, el aval carecerá de fuerza.

Y a los Bancos (y entidades crediticias y de ahorro) se les tiene como paradigma de solvencia en nuestro país. Tras la gran recesión económica vivida en la última década el espectro de entidades financieras en España se ha visto tremendamente reducido, y es cierto que muchas entidades han desaparecido fruto del proceso de reestructuración bancaria (incluso ha desaparecido la figura de las Cajas de Ahorro tan tradicional de nuestro país). Pero sin embargo las entidades bancarias, que controlan la mayor parte del ahorro y la inversión de la nación, y se encuentran sometidas a una estricta supervisión y regulación, siguen gozando de una amplia solvencia en el tráfico mercantil.

Por ello, por la gran solvencia que se reputa a los Bancos, el Aval Bancario goza de una extremada respetabilidad y solvencia en las operaciones comerciales, y puede hacer viables aquellos negocios que, sin la presentación de dicho Aval, no llegarían a cerrarse.

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Tipos de Aval Bancario.

Los avales bancarios en España se han dividido tradicionalmente en dos tipologías, siendo el criterio distintivo entre ambas si el aval cubre un riesgo de incumplimiento de una obligación financiera, o si bien cubre un riesgo de incumplimiento de una obligación no financiera.

  • Aval económico: Este tipo de aval cubre un riesgo financiero. Por ejemplo, el pago de una renta de alquiler, o de la devolución de un préstamo.
  • Aval técnico: Este tipo de aval cubre un riesgo no financiero, y que se refiere al incumplimiento de obligaciones contractuales que, aun pudiendo valorarse económicamente “a posteriori”, no son “a priori” pagos económicos. Por ejemplo, el cumplimiento de lo dispuesto en un pliego de licitación o concurso público, o la ejecución de una obligación de servicios.

 

Aval a Primer Requerimiento.

Se suelen pactar los contratos de Aval con la fórmula de “A primer requerimiento”. Aunque existen distintas opiniones jurídicas al respecto, lo que se entiende en general como efecto de esta cláusula es el efecto de que el beneficiario puede requerir de manera directa al avalista, sin necesidad de tener que requerir previamente al avalado para luego dirigirse de forma subsidiaria al avalista.

Dado que en la práctica la mayor parte de los avales bancarios suelen ser “A primer requerimiento” se entienden estos avales como garantías solidarias y no subsidiarias.

Además, en la mayor parte de modelos de aval bancario en la práctica se suele indicar expresamente la fórmula “afianza solidariamente y a primer requerimiento” o fórmulas análogas.

Renuncia expresa a los beneficios del fiador.

El contrato de Aval se construye sobre la base de la institución jurídica de la fianza, regulada en el (art. 1822 y ss. C.C.). Y para dar mayor fuerza a la garantía se suele indicar en el documento de Aval la renuncia expresa del Banco a los distintos beneficios que sobre dicha regulación legal le corresponderían:

  • Beneficio de orden: derecho a que el beneficiario dirija su reclamación al Banco solo después de haber reclamado al titular principal de la deuda. Con la renuncia a este beneficio por parte del Banco, ya implícita por otro lado si se ha pactado la fórmula “A primer requerimiento”, el beneficiario del Aval puede dirigirse directamente al Banco para solicitar la ejecución del Aval.
  • Beneficio de excusión: derecho a que el beneficiario se dirija primero contra el patrimonio del avalado antes de dirigirse contra el Banco. Con la renuncia a este beneficio por parte del Banco, se refuerza igualmente la posición del beneficiario del Aval, que no tendrá que ir previamente (antes de proceder contra el Banco) contra el patrimonio del avalado, que se entiende más precario para cobrar.
  • Beneficio de división: derecho a que, en caso de existir varios fiadores, se exija proporcionalmente a cada uno de ellos. Con la renuncia del Banco a este beneficio, el beneficiario puede ir directamente y por el total de la deuda garantizada contra el Banco sin tener que ir contra el resto de fiadores o avalistas en caso de existir, dado que igualmente se entenderán menos solventes y más precarios el resto de posibles avalistas que el Banco.

 

Resumen: el Aval Bancario es una excelente garantía para los beneficiarios.

De todo lo expuesto se desprende que, para un contratante que desee minimizar al máximo el riesgo de incumplimiento de la otra parte en un contrato, la mejor garantía que le puede exigir a ésta es un Aval Bancario, por la enorme solvencia que se presume a su emisor.

Además, lo que más refuerza aún la seguridad para el beneficiario es exigir que el Aval se emita con la cláusula “A primer requerimiento” y con renuncia expresa a los beneficios de excusión, orden y división, lo cual refuerza sobremanera la posición del beneficiario: cualquier incumplimiento del avalado daría la posibilidad al beneficiario, de forma inmediata, para poder dirigirse al Banco y exigir el abono del importe al que ascienda el incumplimiento.

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Los cuatro estilos directivos

La mejor decisión, la más acertada, suele ser aquella que se toma en base a una mejor información sobre los hechos objeto de dicha decisión.

Por ello, a pesar de que se han escrito centenares de artículos académicos, libros y ensayos sobre la función directiva empresarial, resulta sorprendente comprobar que pocas veces se ha estudiado la tarea directiva en función del nivel de información en que se asienta la toma de decisiones.

Lo que voy a exponer en este ensayo es una teoría que clasifica los estilos directivos en función del nivel de información que tienden a utilizar los directivos en su función.

Estilo Directivo.

En primer lugar debo definir lo que aquí voy a denominar como “estilo directivo”:

  • El “estilo” es el modo, forma o manera de hacer algo.
  • Y el término “directivo” se refiere a la función de dirigir o gestionar ejercida por parte de una persona.
  • A esta persona que ejerce la función de dirección se la denomina por igualación a la propia función, es decir, como un directivo.

Así todo ello, el estilo directivo sería la forma o modo en que los directivos realizan su función de dirección.

Categorías.

Por tanto lo que pretendo es categorizar los diferentes modos o formas en que un directivo puede llevar a cabo su trabajo en función del nivel de información que implican o fundamentan sus decisiones.

Las variables de clasificación.

Dirigir supone tomar decisiones, y las decisiones pueden tomarse básicamente en función de dos variables:

  • Los datos. La toma de decisiones en función de los datos supone realizar un análisis de los mismos, y determinar un diagnóstico a partir del resultado de dicho análisis. Si no se utilizan los datos para tomar decisiones, la decisión estará basada en la opinión del directivo, que puede ser más o menos informada y con criterio suficiente, pero no se fundamentaría desde luego en un análisis formal de datos.
  • El conocimiento e implicación directa del negocio. La toma de decisiones en base a un profundo conocimiento del negocio implica un alto grado de implicación del directivo en cada detalle de los procesos y los productos. Si no existe este conocimiento directo, las decisiones se fundamentarán en un conocimiento genérico e indirecto de los detalles del proceso de negocio y de los productos o servicios de la compañía.

Matriz de clasificación.

Voy a construir por tanto las categorías de estilos directivos a partir del cruce de estas dos variables:

  1. La influencia del análisis de datos en la toma de decisiones. Los directivos pueden basar sus decisiones basándose en el análisis de datos en mayor o menor medida. En tanto que los datos y su análisis tiene un menor peso en los motivos que fundamentan su decisión, ésta se basará en mayor medida en su propia intuición o conocimiento personal. Por el contrario, cuanto más fundamentada esté su decisión en base al estudio y análisis de los datos disponibles, menos intuitiva y más racional tenderá a ser la misma.

 

  1. El grado de conocimiento e involucración en el negocio: Los directivos pueden conocer cada pequeño detalle de su negocio; o bien abstraerse de los detalles, y mantenerse al margen de los elementos concretos del negocio, por considerar que deben elevarse y concentrar su esfuerzo en la estrategia.

Si creamos una matriz que cruce ambas variables obtendremos las cuatro intersecciones a las que da lugar, siendo cada una de ellas un estilo directivo determinado, que denominaremos  por un número del 1 al 4.

estilos directivos

Estilo 1: Toma de decisiones basada en el análisis de datos y en un gran conocimiento del negocio.

Estilo 2: Toma de decisiones basa en el análisis de datos desde una perspectiva alejada de los detalles concretos del negocio.

Estilo 3: Toma de decisiones sin análisis de datos, y desde un gran conocimiento de cada detalle del negocio.

Estilo 4: Toma de decisiones sin análisis de datos, y sin un conocimiento exhaustivo del negocio.

Partiendo de la premisa de que la mejor toma de decisiones es la que tiene en cuenta un mayor conocimiento del negocio, así como un mejor análisis de datos, podemos ordenar los estilos directivos descritos, siendo el 1 el estilo más deseable y el 4 el estilo directivo menos deseable.

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Veamos ahora el detalle de cada uno de ellos, comenzando por el que hemos considerado el peor estilo directivo, y subiendo hasta el estilo 1.

 Estilo 4: Toma de decisiones sin análisis de datos, y sin un conocimiento exhaustivo del negocio.

Este estilo es propio de los directivos menos informados, aquellos que se limitan a opinar a la hora de dirigir, y que además no conocen su negocio. ¿Cómo han llegado este tipo de pesonas a ser directivos? Pues por ejemplo por estar puestos a dedo en su función, como en el caso de los políticos que ocupan cargos de libre designación en empresas públicas o participadas por la Administración central, autonómica o local. Otro ejemplo sería el de los que han heredado el negocio, o han sido designados por amistad o filiación por parte de los propietarios o de otros directivos con suficiente poder para ello.

Estilo 3: Toma de decisiones sin análisis de datos, y desde un gran conocimiento de cada detalle del negocio.

Este estilo es propio de los directivos que fundamentan sus decisiones en un alto grado de conocimiento e implicación personal en los procesos y elementos del negocio, sin realizar análisis de datos que fundamente la decisión.

Suele ser el caso de los pequeños y medianos empresarios, que han creado desde cero su negocio, o llevan muchos años trabajando en él, y conocen cada detalle de las ventas, los clientes, los productos, la fabricación, la negociación con proveedores, los empleados en plantilla, los recursos materiales, etc… En este caso puede tener poca importancia el fundamentar con análisis de datos cada una de las decisiones que toma el directivo, dado que su alto grado de conocimiento del negocio ya implica el conocimiento de los principales datos a tener en cuenta, lo cual además es más factible cuanto menor es la dimensión o escala del negocio.

Estilo 2: Toma de decisiones basa en el análisis de datos desde una perspectiva alejada de los detalles concretos del negocio.

Este estilo es propio de los directivos que realizan un profundo análisis de datos que dé soporte a la toma de decisiones, pero desde una perspectiva alejada del “día a día” del negocio.

El directivo de Estilo 2 vive abstraído de los pormenores de su negocio, y considera que su labor es más elevada y debe centrarse en la estrategia. Desde su razonamiento, inmiscuirse en los detalles del negocio supondría una pérdida de tiempo y recursos, pues considera que su labor está por encima de todo ello.

Y no es él directamente quien realiza el análisis de datos, sino que su equipo le presenta el resultado del análisis para que él pueda decidir a la luz de todo ello.

Es un estilo propio de la alta dirección de las grandes empresas, donde se toman decisiones que implican a procesos de negocio de amplio espectro (miles de empleados, millones de clientes, millones de accionistas, miles de millones de facturación, etc…).

Este tipo de puestos directivos tienen a ocuparse cada vez más por profesionales que provienen del mundo de la consultoría y la auditoría, acostumbrados al análisis de datos, el razonamiento lógico y el pensamiento estratégico. Dado que suelen haber hecho carrera como analistas y más tarde jefes de equipo de consultoría, estudiando negocios ajenos y proponiendo soluciones para sus clientes en base al resultado de los análisis de datos, el pasar a posiciones directivas les resulta relativamente sencillo: pasan a ocupar el puesto que antes ocupaba su cliente, dado que sus interlocutores son directivos de la empresa cliente que toman decisiones en base a las recomendaciones del consultor.

Sin embargo, al no adentrarse en los detalles del negocio que dirigen (porque están elevados en la estrategia) y no haber hecho carrera desde las posiciones funcionales o ejecutivas del negocio (dado que no han escalado desde dentro de la industria, sino desde fuera, en empresas de consultoría o auditoría que asesoran a la industria) su grado de conocimiento del negocio es lejano: no conocen al detalle los productos y servicios que vende su propia compañía, nunca han atendido personalmente las necesidades de un cliente de su empresa, no entienden el funcionamiento de los procesos productivos de sus fábricas o instalaciones, etc…

La falta de apego al negocio de estos directivos suele ser compensada por un equipo ejecutivo que intenta transmitir este conocimiento mediante informes y análisis, pero resulta difícil que el alto directivo pueda “sentir” el negocio en primera persona a través de informes de terceros.

Por lo expuesto, este tipo de directivo profesional no tendría el mayor grado posible de conocimiento en la toma de decisiones.

Además también es destacable el hecho de que el perfil consultor, muy analítico y de pensamiento lógico, raramente innova o inventa sobre el negocio actual, y ello porque este tipo de razonamiento es muy efectivo y potente, pero se limita a estudiar los datos de lo que pasa y ha pasado, y no a “inventar” nuevas formas de hacer que las cosas sucedan de forma distinta.

Estilo 1: Toma de decisiones basada en el análisis de datos y desde un gran conocimiento del negocio.

Este tipo de directivos tienen en cuenta el análisis de datos, de la misma forma que los directivos del Estilo 2, pero se distinguen en su profundo conocimiento de su negocio, su mercado y su industria.

Es decir, conocen cada detalle de sus productos, sus clientes, su llegada al mercado, sus procesos productivos, y en definitiva de su negocio.

Este mayor conocimiento de los procesos tiende a tener su origen en que suelen haber hecho carrera en la propia empresa, o bien en otras compañías del mismo sector. Especialmente en puestos de primera línea de negocio, fabricando y vendiendo.

También es un tipo de estilo directivo propio de los empresarios que han fundado una empresa que con su esfuerzo y visión ha llegado a convertirse en una gran empresa, y por tanto conocen el negocio desde abajo y en profundidad, dado que han sido ellos quienes lo han construido. Este podría ser el caso de famosos empresarios como Amancio Ortega (Inditex), Juan Roig (Mercadona), Gabriel Escarrel (Sol Melia), Steve Jobs (Apple), Jeff Bezos (Amazon), Mark Zuckerberg (Facebook), Ingvar Kamprad (Ikea), Sam Walton (Wallmart), Bill Gates (Microsoft), Ray Krock (Mc Donalds), Larry Page y Serguei Brin (Google), Warren Buffet (Berkshire Hathaway), H.D. Sanders (KFC), Kiichiro Toyoda (Toyota), Jack Ma (Alibaba), etc…

Este tipo de directivos suele visitar de forma asidua sus fábricas, tiendas, hoteles de su cadena, restaurantes de su compañía, supermercados de su empresa, o en general puntos de servicio a sus clientes, y tienden a conocer cada detalle de los productos y servicios que comercializan.

Intentan mantenerse muy pegados por tanto a lo que Jan Carlzon denominaba “el momento de la verdad”, que no es sino la primera línea de atención al cliente, al proveedor, al empleado de base y a los procesos de fabricación.

Por ello tienen una opinión muy cualificada a la hora de tomar decisiones, que no obstante deben reforzar con el estudio y análisis de datos, dado que en un momento determinado el negocio llega a tener una gran escala (miles de tiendas, miles de empleados,

Este estilo directivo es el más completo, y de mayor visión de negocio. Requiere una alta implicación del directivo, y permite tomar decisiones con el mayor conocimiento e información posibles, y desde una perspectiva realista y centrada en el negocio.

Además permite al directivo ser más innovador, e inventar nuevas fórmulas que no se basen solo en los datos existentes, sino en imaginar nuevos procesos, productos y formas de llegar al cliente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El fiador en un préstamo bancario

  1. Introducción.

Para la concesión de préstamos y créditos por parte de la banca comercial en España, resulta muy habitual que el Banco solicite a los prestatarios garantías adicionales.

Es decir, el propio préstamo ya tiene una garantía principal:

  • en el caso de los préstamos personales es el deudor o deudores, que responden de la deuda con todos sus bienes presentes y futuros;
  • en el caso de los préstamos con garantía real, la garantía principal es el bien objeto de prenda o hipoteca.

Y sobre dicha garantía principal (personal o real) se exige una garantía adicional con cuyo respaldo se dote de mayor garantía la devolución del préstamo o crédito.

Estas garantías adicionales, al igual que las principales, pueden ser:

  • de carácter real, con un bien mueble o inmueble adicional al bien principal hipotecado o pignorado, y sobre el cual se inscribirá el correspondiente derecho real de garantía: prenda, hipoteca o anticresis.
  • personales, solicitando que otras personas distintas a los deudores principales garanticen personalmente el cumplimiento de la obligación.

Hablaríamos en este último punto del fiador, aunque en el lenguaje común muchas veces se le llama avalista.

  1. Fiador.

Por la fianza se obliga uno a pagar o cumplir por un tercero, en el caso de no hacerlo éste (art. 1822 C.C). Así lo primero que debe destacarse es que la fianza tiene carácter accesorio: el fiador solo paga en caso de que se demuestre el incumplimiento del prestatario principal.

Además, al fiador le ampara el beneficio de excusión: no puede ser compelido a pagar al acreedor sin hacerse antes excusión de todos los bienes del deudor (art. 1830 C.C.).

Cuando son dos o más los fiadores de un mismo deudor y por una misma deuda, el que de ellos la haya pagado podrá reclamar de cada uno de los otros la parte que proporcionalmente le corresponda satisfacer. Si alguno de ellos resultare insolvente, la parte de éste recaerá sobre todos en la misma proporción (art. 1844 C.C.)

La obligación del fiador se extingue al mismo tiempo que la del deudor, y por las mismas causas que las demás obligaciones. (art. 1847 C.C.)

  1. Fiador solidario.

Una manera que tiene el Banco de elevar el nivel de garantía que ofrece la figura del fiador es exigir que el fiador se obligue solidariamente con el deudor principal, denominándose entonces al garante como fiador solidario.

En este caso del fiador solidario se observará lo dispuesto en la sección cuarta, capítulo III, título I del Código Civil, que regula las obligaciones mancomunadas y solidarias.

  • Para el fiador solidario no rige el beneficio de excusión. (art. 1831 C.C.)
  • El acreedor puede dirigirse contra cualquiera de los deudores solidarios o contra todos ellos simultáneamente. Las reclamaciones entabladas contra uno no serán obstáculo para las que posteriormente se dirijan contra los demás, mientras no resulte cobrada la deuda por completo. (art. 1144 C.C.)

Como vemos, el fiador solidario tiene una situación de mayor responsabilidad respecto del mero fiador, dado que el Banco puede dirigirse a él directamente reclamando la deuda, sin que sea requisito que éste pueda oponer excusión.

  1. Renuncia a los beneficios del fiador.

Además, y también para incrementar el nivel de la garantía, el Banco suele exigir, tanto en el caso de la fianza ordinaria como en el caso de la fianza solidaria, a la renuncia por parte de los fiadores de los siguientes beneficios:

  • Beneficio de orden: derecho a que el Banco dirija su reclamación al fiador solo después de haber reclamado al titular principal de la deuda.
  • Beneficio de excusión: derecho a que el Banco se dirija primero contra el patrimonio de los titulares antes de dirigirse contra el patrimonio de los fiadores.
  • Beneficio de división: derecho a que, en caso de existir varios fiadores, se exija proporcionalmente a cada uno de ellos.
  1. Situación real de los fiadores.

Los Bancos han estandarizado e incorporado de forma generalizada a sus documentos contractuales de préstamos y créditos en banca comercial y banca de empresas la figura del fiador solidario, y la renuncia expresa de los fiadores a los beneficios según todo lo expuesto en el presente ensayo.

Por tanto, cuando el fiador avala con su firma a los deudores principales, generalmente se está poniendo casi en la misma posición que el deudor principal, pues en cualquier momento y antes el incumplimiento de los deudores en el pago de sus cuotas y obligaciones derivadas del préstamo o crédito, el Banco podrá dirigirse directamente contra los fiadores.

Es decir, ser fiador implica arriesgar todo nuestro patrimonio presente y futuro sin ningún derecho, al margen de intentar cobrar en segundo término del titular de la hipoteca (lo que probablemente no será posible por la insolvencia de éste).

  1. La opción del hipotecante no deudor.

En el caso de los préstamos hipotecarios en los que el Banco exige a los solicitantes la inclusión de fiadores para reforzar la operación, una opción que los fiadores pueden proponer al Banco es la de ofrecer como segunda garantía al Banco otro inmueble de su propiedad (generalmente libre de cargas, aunque correspondería valorar cada operación: importes y valor neto).

De esta manera, y si el Banco acepta esta segunda garantía en vez de la de incorporar al garante como fiador, se estaría dotando a la operación de préstamo hipotecario de una garantía adicional real, en vez de una garantía adicional personal (según lo que he explicado arriba en la introducción).

Y el Banco solo podría exigir la ejecución hipotecaria de esta segunda garantía de forma accesoria a la ejecución de la garantía principal (vivienda hipotecada objeto del préstamo), sin poder dirigirse contra el patrimonio y limitándose al dinero no cobrado a través de la ejecución del inmueble principal ejecutado.


* Vía|Elaboración propia
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La relación del hombre con Dios

El objetivo del presente ensayo es presentar una teoría sobre cómo la realidad natural del hombre se relaciona con la realidad sobrenatural de Dios, entendiendo por relación la forma en la que se instrumenta la conexión de ambas realidades.

Voy a utilizar dos métodos de razonamiento para exponer la teoría:

  • el método apriorístico deductivo, en el cuál estableceremos unas premisas fundamentales y apodícticas, he iremos deduciendo de forma lógica la teoría a partir de dichos principios.
  • después introduciremos conocimientos que tenemos en la Biblia, en las obras de los Santos, en el Catecismo de la Iglesia Católica y en los tratados teológicos de la Iglesia.
  1. Premisas de partida.

Las premisas fundamentales de las que partimos son las siguientes:

  1. Dios es todopoderoso.
  2. Dios está en el cielo.
  3. Dios nos creó y nos hizo libres.
  4. Dios nos ama.

 

  1. Recta de relación.

A partir de la tercera premisa podemos deducir que el hombre, por su libertad, puede estar más cercano o más alejado de su creador.

recta de relación

La situación del hombre respecto Dios podría representarse gráficamente como una recta, que denominaremos recta de relación, y en la cual existiría un punto que sería aquél en el que el hombre puede estar más cercano a Dios, siendo su extremo opuesto aquel otro punto en el que el hombre estaría más alejado de Dios.

Ahora, en base a la cuarta premisa cabe deducir que cuanto más cerca esté de Dios, más fuerte puede el hombre sentir su amor, mientras que cuánto más se aleje, más distante estará del amor de Dios.

Es decir, el hombre con su libertad elije situarse más cerca o más lejos de Dios, accediendo a su pleno amor cuando está en el punto más cercano al creador, y no pudiendo sentir su amor en el punto más alejado.

Evidentemente, según la primera premisa, Dios lo puede todo y puede hacer llegar su amor al hombre, esté éste en el punto en el que esté de la recta de relación, si bien recibir este amor le arrastraría de forma irremediable hacia Dios.

Un ejemplo paradigmático de un hombre alejado de Dios que recibe su llamada de amor sería el de San Pablo, que estando alejado de Dios (era un judío que perseguía por orden del Sanedrín a los primeros cristianos) tuvo la aparición de Jesucristo y se convirtió al cristianismo, pasando a ser un destacado apóstol de la Palabra.

  1. Situaciones posibles del hombre en la recta de relación.

Una vez establecido lo anterior, esto es, la libertad del hombre para moverse entre el punto más cercano posible a Dios y el punto más alejado, así como el mayor o menor grado de intensidad con que percibe el amor de Dios en cada punto, debemos tener en cuenta el segundo de los principios apodícticos establecidos, esto es, Dios está en el cielo, que se complementaría con los siguientes puntos:

  • A la derecha de Dios padre está sentado Jesucristo.
  • Solo las almas puras pueden estar en el cielo y mirar “cara a cara” a Dios:
    • La Virgen María.
    • Los Santos.
    • Los ángeles de mayor graduación.

También sabemos que :

  • El objetivo del hombre es la santidad, que implicaría estar muy cerca de Dios.
  • Y que por su libertad puede también obrar en sentido contrario, mediante el pecado, que supone una ofensa a Dios, y aleja al hombre del creador.
  • Además conocemos que existen ángeles que han obrado y actúan igualmente en contra del amor de Dios, a los que llamamos demonios.
  • Por último, debemos también recordar que si el hombre deja el mundo y no está limpio de sus pecados, estará en una situación transitoria en el purgatorio, no pudiendo ir al cielo hasta haberse purificado.

Por tanto, estando el hombre en el mundo ordinario y teniendo en cuenta todo lo expuesto en los párrafos que preceden, cabe entender que:

  • Lo más cerca posible que puede estar el hombre de Dios sin estar en el Cielo es ser un Santo en vida.
  • En el purgatorio debe expiar sus pecados y limpiarse para poder ir al Cielo y ver a Dios cara a cara.
  • Lo más lejos posible que puede estar de Dios sin estar en el Infierno es siendo un Demonio en vida.
  • Lo más lejos posible que puede estar de Dios es en el Infierno.

 

  1. Libertad de movimientos.

Solo podremos por tanto ver a Dios cara a cara cuando nuestra alma esté totalmente purificada y podamos estar frente a él, en el Cielo.

Pero mientras tanto podremos sentir su amor a través de la Virgen María, los Ángeles servidores de Dios y de los Santos, todos los cuales a su vez ven a Dios cara a cara. Además podremos sentir su amor a través del Espíritu Santo, tercera persona de la Sagrada Trinidad y manifestación de Dios y de Jesucristo en el mundo de los hombres, o a través de la comunión con Jesucristo en la Eucaristía.

Sin intercesión sobrenatural, esté el hombre donde esté siempre tendrá oportunidad gracias a su libertad de moverse hacia Dios.

Sólo el hombre que se pone totalmente en manos de Dios encuentra la verdadera libertad (Benedicto XVI, Homilía, 8-diciembre-2005)

Pero cuando más lejos se encuentra más difícil le resultará sentir su amor. Los pecados, como ofensas que son al amor de Dios, separan al hombre del creador.

  1. Distancia e influencias.

En las distancias en las que el amor de Dios está más cercano, el hombre será más influenciable a las cosas buenas, a hacer lo correcto, a amar a los demás, así como a la influencia y atracción de los Santos, los profetas, los Ángeles de Dios, la Virgen, Jesucristo o el Espíritu Santo. La cercanía a Dios nos conecta a nosotros, así como a aquellos que nos rodean y a los que queremos, a las cosas buenas.

Por eso podemos concluir que a las personas que rozan la santidad son más proclives a tener apariciones y revelaciones sobrenaturales. Por ejemplo, las apariciones de la Virgen en Fátima y el Lourdes fueron a inocentes niños, cercanos a Dios, libres de pecado y que solían rezar mucho.

Pero según se agranda la distancia, es decir, cuanto más lejano va estando el hombre al amor de Dios, el hombre es más influenciable a las cosas malas, al pecado, a otras personas que también están alejadas y por tanto no son una buena influencia, y a los demonios, que igualmente están en un punto muy alejado de Dios y se mueven en los actos de pecado contra el creador.

Y por eso podemos concluir que las personas más lejanas a Dios son más propensas a no poder salir del pecado, a cometer más pecados, e incluso a caer poseídas por demonios.

No obstante, aunque cerca de Dios el hombre es más influenciable por las cosas buenas, no está exento, por su naturaleza humana y por el pecado original, de poder ser tentado por lo malo, y arrastrado hacia el punto más alejado de Dios de la recta de relación.

La situación contraria sin embargo es positiva, ya que supone que aunque el hombre que está más alejado de Dios es más fácilmente influenciable por lo malo, también puede recibir influencias positivas que lo acerquen a Dios, y lograr así andar hacia su salvación.

  1. Movimientos del hombre.

El hombre se mueve a lo largo de la recta de relación a través de sus actos y actitudes:

  • Cuando realiza actos basados en el amor a Dios y al prójimo se acerca a Dios
  • Cuando realiza actos que ofenden al corazón de Dios se aleja.

Evidentemente ésta es una gran generalización, puesto que el estudio de los actos que acercan o alejan al hombre de Dios requeriría de un profundo análisis e investigación, y daría para una obra que excede las pretensiones del presente ensayo, pero valga esta generalización para dejar aquí constancia de cómo el hombre, con la libertad que le concedió Dios al crearlo, decide entre realizar actos que le acercan o distancian del Padre. Si bien habría que añadir por su naturaleza imperfecta el hombre se ve influenciado como he indicado en el punto anterior, aunque también en su libertad puede alejarse y superar las malas influencias.

El gran error de los prejuicios

¿Qué son los Prejuicios?

Del latín praeiudicium, significa juicio previo o también decisión prematura.

Así define el Diccionario de la RAE la palabra prejuicio, y su sola definición ya nos ofrece muchas señales de que los prejuicios son un error: no es justo ni sensato realizar un juicio previo, sin seguir todos los pasos necesarios para enjuiciar correctamente y de la forma más objetiva posible una situación o hecho; tampoco suele resultar correcta una decisión tomada de forma prematura, sin esperar a tener todos los elementos necesarios para que la decisión sea justificada y con criterio.

Realidad Objetiva Vs Realidad Subjetiva.

El mundo es objetivo, sometido a las leyes de la física y la lógica, pero la realidad que como personas percibimos es subjetiva. Nadie puede ver las cosas de manera absolutamente objetiva, sino que todos vemos la realidad en base a nuestros principios, creencias y paradigmas.

De ello se derivan dos consecuencias lógicas:

  • Nuestra visión de la realidad es limitada y sesgada por nuestras propias creencias y conocimientos.
  • Cada persona tiene su propia visión subjetiva de la realidad.

Valorar la diferencia

Por ello, y siendo conscientes de nuestras propias limitaciones perceptivas, se hace necesario un ejercicio de valoración de la realidad:

  • Solamente con humildad, y dejando de lado la soberbia y el orgullo, podemos tomar verdadera consciencia de que nuestra verdad no tiene por qué ser irrefutable.
  • Con respeto absoluto a las otras personas, escuchando con detenimiento y haciendo un profundo ejercicio de entendimiento, podemos extraer conclusiones y aprendizajes de la visión de la realidad de los demás que corrijan y enriquezcan nuestra visión.

Así podremos valorar los diferentes puntos de vista y ampliar nuestro propio conocimiento de la realidad desde el conocimiento que de las mismas cosas tienen los demás.

Comunicación respetuosa.

Por tanto, cuando somos humildes para reconocer que nuestra visión de la realidad es subjetiva, a la par que somos respetuosos con las visiones de la realidad de las otras personas, estamos en disposición de cooperar con ellos entendiendo sus puntos de vista.

Si sabemos escuchar de forma profunda a los demás y después sabemos exponer con respeto nuestros planteamientos y objeciones, a fin de hacerse entender, el resultado de dicha comunicación será una comprensión mejorada de la realidad.

El error de los prejuicios

Pero los prejuicios nos impiden este proceso de entendimiento y comunicación que mejora nuestra visión subjetiva.

Porque al prejuzgar a la otra persona se anula la posibilidad de análisis y discusión de su visión subjetiva.

Los prejuicios forman parte de nuestras creencias: son concretamente una creencia limitativa, dado que perjudican nuestra visión limitando nuestra capacidad de entendimiento.

La educación como fuente de los prejuicios

Pueden tener su origen en nuestro proceso de aprendizaje, cuando los prejuicios vienen impuestos por las enseñanzas de nuestros padres, maestros, jefes o en general las personas de las que aprendemos cosas a lo largo de la vida.

Un ejemplo típico lo tenemos en los prejuicios políticos, cuando nuestros padres o abuelos nos inculcan que una determinada corriente política es buena y la contraria es mala, considerando a los seguidores políticos de la corriente contraria personas malas o equivocadas completamente en su opinión.

El remedio para ello pasaría por los siguientes puntos:

  • Humildad para reconocer nuestras limitaciones, como ya dijimos antes, y poder valorar la opinión de los demás.
  • Leer, estudiar e intentar entender todo lo posible sobre un tema, sin limitarnos a los puntos de vista preestablecidos por las creencias impuestas.

La razón como fuente de los prejuicios

El otro posible origen de los prejuicios es racional, cuando de nuestras experiencias empíricas sacamos conclusiones categóricas que adoptamos como verdades indubitables. Así por ejemplo si varias veces un colaborador de nuestro equipo se ha equivocado en un tema, establecemos para el futuro la conclusión de que este colaborador siempre se equivocará.

El proceso de creación de estos prejuicios parece asemejarse al proceso científico, y esto resulta peligroso, porque es cientifico solo en apariencia.

El error está escondido en lo que podemos llamar la falacia de la generalización apresurada o no contrastada.

Y es que mientras que en el proceso científico la hipótesis queda contrastada con experimentos suficientes, así como sometida a la regla de falsabilidad, en nuestro proceso de raciocinio en el que concluimos un determinado juicio valorativo que se convertirá en un prejuicio no realizamos una verdadera contrastación empírica de nuestra hipótesis, ni queda sometida tampoco al criterio de falsabilidad. Siguiendo con nuestro ejemplo anterior, que nuestro colaborador se haya equivocado varias veces no implica la regla lógica de que se vaya a equivocar siempre, por lo que si prejuzgamos que todo lo que diga será erróneo, nos estaremos equivocando, limitando nuestra visión al perder su punto de vista.

El remedio para ello pasa por los siguientes puntos:

  • Humildad para reconocer nuestras limitaciones, pues no podemos extraer conclusiones generales y creerlas como verdades irrefutables.
  • Estar abiertos siempre a escuchar a los demás, dejando de lado experiencias previas.

El legítimo pero erróneo intento racional de segmentar la realidad es otra fuente de prejuicios. Así, nos puede parecer óptimo el clasificar a la gente en grupos: los listos, los tontos, los vagos, los brillantes, etc.. y meter a las personas con las que interactuamos en uno u otro grupo. Ello nos permite crear modelos de pensamiento rápido sin tener que perder mucho tiempo en escuchar y valorar detenidamente a la otra persona. Pero evidentemente caemos en la misma falacia comentada antes en nuestro proceso racional.

Categorizar, segmentar o clusterizar a las personas nunca es una buena idea, sino que crea igualmente prejuicios.

Conclusiones

Según todo lo expuesto, podemos concluir que los prejuicios impiden un correcto entendimiento de la realidad, y limitan nuestro proceso de conocimiento.

Es por tanto necesario evitarlos, dado que nos pueden hacer caer en errores cognoscitivos, dificultando además nuestra relación con el resto de personas.

Su origen está en un error intelectual propio (nuestro razonamiento deriva en una falacia) o ajeno (otra persona nos transmite un error de razonamiento en un proceso de aprendizaje).

Y se hace absolutamente necesario ser humilde, dejando la soberbia y el orgullo de lado, para poder evitar los prejuicios y poder comprender mejor la realidad.

Vía | Stephen R. Covey Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva (Paidos Ibérica, 2011)
Más información | Stephen R. Covey  Change Management  Behavior-Change
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