Razonamiento abductivo para resolver problemas en los negocios.

Dentro de los diferentes métodos de razonamiento analítico que existen, el más apropiado para resolver los problemas que surgen en una empresa o gran compañía suele ser el abductivo.

Y es que a pesar de que no resulta muy conocido, ya que todos estamos más familiarizados con el método inductivo o bien con el método deductivo, el método abductivo se ha revelado en las últimas décadas como el más útil en la realidad empresarial a la hora de abordar cuestiones estratégicas, siendo utilizado hoy en día por ello en las principales consultoras de negocio así como por las grandes corporaciones.

Para entender correctamente este método abductivo se hace necesario primero que recordemos cómo funcionan los métodos inductivo y deductivo.

Así mismo vamos a utilizar tres abstracciones similares en todos los casos para visualizar mejor cómo funciona cada método:

  1. Regla: es una ley empíricamente contrastada que implica que si se ejecuta una determinada acción la misma tendrá un determinado resultado. En términos lógicos se podría resumir como “si sucede (A) entonces sucederá el resultado (B)”
    • Por ejemplo, si sube el precio (A) baja la demanda (B)
  2. (A) Caso: es la acción determinada.
    • En nuestro ejemplo, sube el precio.
  3. (B) Resultado: son los hechos a los que da lugar la acción.
    • En nuestro ejemplo, baja la demanda.

Método deductivo.

Podemos utilizar este método de razonamiento cuando conocemos una Regla y el Caso, dado que nos limitamos a aplicar la regla a dicho caso en cuestión.

Por ejemplo, vamos a subir el precio de nuestros productos para cubrir una subida de costes de producción. Si conocemos la regla empírica de que la subida de precios determinará una baja en la demanda de los productos, entonces razonando de forma deductiva determinaremos que nuestra subida va a hacer bajar la demanda.

En términos lógicos este método implica una probabilidad del 100% de que el Resultado se va a cumplir a causa de hacer acontecido el Caso. Se trataría de “Si (A) entonces necesariamente (B)”.

Este método de razonamiento utiliza leyes generales y los aplica a casos concretos para deducir sus consecuencias.

El problema es que en la realidad del día a día de una gran compañía influyen miles de factores internos y externos, contamos muchas veces con millones de datos, y por lo tanto existirían cientos de reglas que podrían dar lugar a los resultados de la misma. Así por tanto, dentro de este nivel de complejidad no podemos limitarnos a aplicar una o varias reglas a un Caso determinado, y además no solemos contar de forma bien definida con una Regla empírica “a priori” y un Caso al cuál aplicar dicha regla.

Método inductivo.

Podemos utilizar este método de razonamiento cuando conocemos un Caso y un Resultado, y el método consistirá en proponer una regla empírica como justificativa de que el Resultado es consecuencia del Caso.

Por ejemplo, sabemos que el departamento de ventas ha subido el precio, y que la demanda del producto objeto de la venta ha bajado. También sabemos Lo que podemos razonar es que la subida del precio ha causado el descenso en las ventas.

En términos lógicos este método NO implica una probabilidad del 100%, sino de un porcentaje siempre inferior, ya que estamos infiriendo que el Resultado probablemente se debe a una regla que lo une al Caso, pero dicha Regla no está contrastada empíricamente “a priori” sino que la estamos induciendo “a posteriori” de la realidad que conocemos (el Caso y el Resultado) Se trataría de “Si (A) entonces probablemente (B)”.

Este método de razonamiento utiliza casos concretos para inducir leyes generales.  

Esta Regla puede ser tanto una hipótesis explicativa inferida de los datos conocidos, como también una Regla que se contrastó válidamente en casos análogos (razonamiento por analogía) pero el hecho que caracteriza este método de razonamiento es que en cualquier caso la Regla no ha sido contrastada “a priori” como determinante para el Caso y el Resultado objeto de estudio.

Método abductivo.

De forma añadida de la gran complejidad del día a día de una gran empresa, determinado por millones de datos y miles de factores tanto internos como externos que interactúan, el gran problema de fondo es que en los problemas a los que se enfrenta una gran compañía lo que nunca se conoce de forma cierta es el Caso o hechos determinantes de dicho problema, pudiendo existir muchos posibles y alternativos.

De hecho, valga la redundancia, ese es el problema al que nos enfrentamos: conocer las verdaderas razones que causan los problemas. Que de manera añadida es más difícil de resolver cuantos más datos y variables se ven implicadas para abarcar dicho problema.

Es decir, en los problemas empresariales normalmente conocemos el Resultado, y la forma de resolverlos (razonamiento abductivo) consiste en acudir a Reglas que podrían funcionar como hipótesis explicativas para probar qué Caso (hechos) puede haber causado el Resultado objeto de estudio.

Por ejemplo, si sabemos que las ventas han bajado (ese es el problema en estudio) vamos analizando los datos (distribución por territorios, tipos de clientes, tipos de mercados, etc..) para identificar reglas explicativas. Siguiendo con nuestro ejemplo, imaginemos que identificamos que los territorios donde menor es el peso de nuestra marca han sido los que han sufrido una mayor caída en las ventas ante un aumento en los precios, por lo que la clave puede ser invertir en imagen de marca en dichos territorios para disminuir su sensibilidad al precio.

En términos lógicos este método NO implica una probabilidad sino una posibilidad, ya que estamos definiendo hipótesis explicativas donde lo único cierto es que el Resultado es posible que se deba al Caso identificado.  Se trataría de “Si (A) entonces es posible (B)”.

Además, normalmente del análisis del problema (datos, variables, factores) se van desprendiendo diferentes hipótesis explicativas que pueden actuar como Reglas, y la labor del analista es identificar entre todas ellas cuál es la que mejor encaja al problema en estudio.

En nuestro ejemplo anterior podemos haber identificado que de los 6 territorios en los que tenemos activa una red de ventas, habiendo subido el precio del producto de forma similar en todos ellos y teniendo 3 territorios con una imagen de marca fuerte así como 3 territorios con una imagen de marca débil. Hay un territorio donde las ventas han caído un 60% pero nuestra marca es fuerte, hay 3 territorios en los que han caído un 40% de media y nuestra marca es débil, y finalmente 2 territorios en los que las ventas han caído un 20% y nuestra imagen de marca es fuerte. Podríamos identificar varias reglas, pero quizá la más explicativa es que la subida de precio tiene mayor impacto allí donde nuestra marca es débil, por lo que una primera recomendación es invertir en imagen de marca; y como segunda medida habría que estudiar las diferencias entre la red de ventas en el territorio donde tenemos una imagen más fuerte pero las ventas han caído en mayor medida respecto de los otros 2 territorios análogos.


* Vía| Barbara Minto, 2018, “The Pyramid Principle”, Upper Saddle River, New Jersey, USAFinancial Times Prencite Hall.
* Más información| Diferenciador.com   Sociología Necesaria
* Imagen| Pixabay

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Las pruebas circunstanciales en el sistema judicial español

Estamos ya acostumbrados al término jurídico “prueba circunstancial” gracias al cine y a las series de televisión norteamericanas. También en el género de novela policíaca solemos leer de forma recurrente esta expresión.

El término inglés concreto sería “circunstantial evidence”. En el derecho anglosajon (common law) las pruebas circunstanciales o “circunstantial evidence” son testimonios que no se basan en conocimientos personales u observaciones de los hechos, sino en otros hechos de los cuales se hacen deducciones, a fin de demostrar de modo indirecto los hechos que se pretenden demostrar ¿esto es equivalente en nuestro sistema jurídico?.

En líneas generales la fase probatoria en el proceso judicial tiene como objetivo poder comprobar la veracidad o falsedad de las afirmaciones sobre los diferentes hechos relevantes para la causa sostenidos por cada una de las partes. En nuestro sistema judicial es doctrina reiterada del Tribunal Constitucional que la única prueba que puede desvirtuar la presunción de inocencia es la efectuada en el juicio oral bajo los principios de contradicción, publicidad e inmediación.

Y los tipos de pruebas admitidas en el proceso judicial en España son: 1) las pruebas documentales (documentos públicos o privados); 2) el reconocimiento judicial; 3) el dictamen pericial; 4) el interrogatorio de las partes; y 5) el interrogatorio de testigos o prueba testifical.

A su vez, con estos medios de pruebas las partes pueden demostrar al juzgador la veracidad o falsedad de las afirmaciones en cuestión de dos formas: a) de forma directa; y b) de forma indirecta.

Cuando el medio de prueba pretende probar un hecho de manera directa, el objeto de la prueba y el hecho a probar coinciden en sí mismos.

Por ejemplo, si se pretende probar ante el tribunal que el acusado de robo forzó la puerta principal para acceder al inmueble acceder al inmueble donde se perpetró el delito y se presenta para ello la grabación de una cámara de seguridad donde este hecho se visualiza, se está probando de forma directa dicho hecho aseverado por la acusación.

Sin embargo, cuando el medio de prueba no puede probar de forma directa el hecho que se pretende demostrar ante el tribunal, pero del mismo se puede deducir de forma racional el hecho que se quiere demostrar, el objeto de la prueba y el hecho no coincidirán y estaremos aquí ante la denominada prueba indirecta, más conocida en España como prueba indiciaria y que equivaldría a la prueba circunstancial. En el proceso penal español se denomina prueba de presunciones judiciales y está regulada en el artículo 386.1 de la Ley de Enjuiciamiento Civil.

La capacidad de la prueba indirecta para destruir la presunción de inocencia está admitida por una extensa jurisprudencia del Tribunal Constitucional siempre que: 1) Conste en la sentencia la existencia de unos hechos básicos, que han de estar completamente acreditados y justificados por otras pruebas; 2) exista un enlace preciso y directo, según las reglas del criterio humano, entre tales hechos y las conclusiones fácticas incriminatorias para los acusados, que de aquellos se infieren; 3) se expresen los razonamientos en virtud de los cuales el Tribunal llegó a tales inferencias. Finalmente la jurisprudencia del Tribunal Supremo exige la existencia de una pluralidad de indicios probados, y que de todos ellos se pueda inducir racionalmente el hecho probado de forma indirecta.

En definitiva, se trata de un proceso racional de inferencia o inducción, que permite inducir con alto grado de probabilidad un argumento (los hechos afirmados) a partir de unas premisas suficientemente probadas.

Pongamos finalmente un ejemplo de prueba indiciaria o circunstancial. Supongamos que como en el ejemplo anterior se pretende probar ante el tribunal que el acusado de robo forzó la puerta principal para acceder al inmueble donde se perpetró el delito, pero no existe grabación de la cámara de seguridad. Sin embargo, el acusado fue detenido por la policía a escasos metros del inmueble, tras haber avisado un vecino a la policía, alertado por unos ruidos sospechosos en mitad de la noche. Dicho vecino declara que vio a una persona con una gorra azul y un abrigo negro saliendo del inmueble, y el acusado vestía de esta misma forma cuando fue detenido. El propietario declaró a la policía que le habían sustraído 11.000 euros. Finalmente consta en las diligencias policiales que en el momento de la detención se le incautaron al detenido una palanca de hierro que coincide con el tipo de elemento que se utilizó para forzar el inmueble, y 10.000 euros que llevaba en su poder. Las pruebas circunstanciales por tanto serían la declaración testifical y el atestado policial donde constan las circunstancias de la vestimenta, hora de la detención y objetos incautados en la detención, y de todas ellas cabe inferir racionalmente que el sospechoso fue con alto grado de probabilidad quién entró a robar en el inmueble.


* Más información| Vlex  Acento.com.do Univ Alicante
* Imagen| Pixabay

La inmatriculación de la Iglesia

Recientemente el actual gobierno del PSOE ha reavivado en España la polémica de la inmatriculación de los bienes de la Iglesia Católica, con la ejecución de una proposición no de Ley que busca cuestionar la legalidad de la posesión de los bienes de la Iglesia.

Desde la prensa de izquierdas, comandada por su buque insignia El País, se abrió una campaña de claro apoyo al PSOE donde se indicaba que la Iglesia había puesto a su nombre en el Registro entre 30.000 y 40.000 inmuebles sin acreditar (aquí) o bien que había puesto a su nombre por 30 € un edificio patrimonio de la Humanidad como es la Mezquita Catedral de Córdoba (aquí).

En este artículo vamos a estudiar la cuestión jurídica de fondo, respondiendo a cinco preguntas con el objetivo de arrojar luz suficiente sobre este asunto.

¿Qué es el Registro de la Propiedad?

Es una institución del Estado, dependiente del Ministerio de Justicia, que permite a los propietarios de bienes inmuebles, a través de la inscripción de dichos inmuebles en los libros del Registro, hacer pública su legítima propiedad ante terceros. Así, ante cualquier otra persona o institución estará claro quién es el propietario del inmueble inscrito.

¿Es obligatoria la inscripción de los inmuebles en el Registro?

No, se trata de un proceso voluntario. El propietario es libre de inscribir el inmueble o de no hacerlo.

¿La inscripción en el Registro otorga la propiedad?

No, dado que la propiedad del inmueble es previa a la inscripción e independiente de la misma. En nuestro Derecho la propiedad de un inmueble se adquiere mediante el sistema del título y el modo proveniente del derecho romano.

  • El sistema jurídico romano que perdura en nuestros días exige que para la efectiva y legal transmisión de la propiedad de una cosa exista un justo título (contrato, “iusta causa”) y un modo (entrega de la cosa, “traditio”). Y esto es lo que llamamos en Derecho el sistema del título y el modo. El título suele ser el contrato de compraventa y el modo o “traditio” suele ser la entrega de las llaves por parte del vendedor al comprador.  En el caso de los inmuebles no obstante el otorgamiento de la Escritura pública de compraventa equivale a la entrega del inmueble (traditio) pero es recomendable exigir las llaves. 
  • También se puede adquirir la propiead por usucapion, sucesión, accesión y por Ley.

¿Qué es la inmatriculación?

Es el acceso por primera vez de los inmuebles rústicos o urbanos al Registro de la Propiedad. Deriva del vocablo “in matricula” que podemos traducir como “entrar en el registro”.

Dado que como hemos visto en los puntos anteriores la propiedad es previa e independiente del Registro, para que un bien conste en el mismo es necesario que acceda por primera vez en algún momento. A partir de ahí, los sucesivos cambios de titular se realizarán partiendo de esta primera inscripción, pero evidentemente no pueden registrarse cambios si previamente no consta el bien en los libros del Registro.

¿Cuándo se creó el Registro de la Propiedad?

El Registro de la Propiedad en España se creó por la Ley Hipotecaria de 8 de febrero de 1861. Por supuesto, la mayor parte de los bienes de la Iglesia Católica están en su propiedad desde siglos antes de la creación del Registro.

Por ejemplo, la Mezquita de Córdoba se construyó en el siglo VI como iglesia de San Vicente Mártir; más tarde con la invasión musulmana se la apropiaron los invasores convirtiéndola en Mezquita, y finalmente en el año 1.238 tras la reconquista volvió a ser propiedad de la Iglesia Católica.

Por ello por supuesto que haya accedido recientemente al Registro no implica que muchos siglos antes no fuese ya propiedad de la Iglesia. El coste de 30 € es por supuesto un coste administrativo establecido para cualquier propietario en el proceso de inmatriculación.

¿Cómo se realiza la inmatriculación?

El interesado debe presentar todos los títulos públicos traslativos del dominio previo; o bien realizar un expediente de dominio ante Notario. En este procedimiento cualquier interesado (titulares alternativos, titulares de derecho u obligaciones sobre el inmueble) pueden hacer valer sus derechos frente al titular que pretende inscribir a su favor.

En el caso de las entidades de Derecho Público pueden realizar la inscripción con los títulos de dominio que ostenten. Igualmente el Registrador se asegurará de que ese bien no estaba previamente a nombre de otro titular, y comunicará a cualquier afectado la inscripción para que pueda oponerse y hacer valer los derechos que considere oportunos.


* Más información|  Notario Francisco Rosales  Registradores.org  Ley Hipotecaria
* Imagen| Pixabay