Los cuasicontratos en el Derecho Civil

Introducción.

Uno de los conceptos centrales del Derecho Civil es el de obligación. La obligación es la relación jurídica que une a dos (o más) personas, llamadas acreedor y deudor, y en base a la cual el deudor está obligado al cumplimiento de una determinada prestación, ya sea de dar, hacer o no hacer.

Las obligaciones suelen derivarse de un contrato entre las partes, aunque también pueden provenir del mandato de lo establecido en una Ley. Otra fuente de las obligaciones son los actos u omisiones ilícitos, así como los actos u omisiones en los que intervenga culpa o negligencia, pues de ellos nacerán obligaciones de restitución.

Pero existe otra fuente de obligaciones que resulta generalmente mucho más desconocida: los cuasicontratos.

Origen en el Derecho Romano.

moneda-cesarFue el jurisconsulto Gayo (s. II d.C.) quién estableció el concepto de cuasicontrato. Las fuentes de la obligación en el Derecho Romano eran los contratos y los delitos, pero sin embargo había obligaciones “ex variis causarum figuris” que no devenían de ninguna de estas dos fuentes, si bien obligaban a cumplir una prestación determinada. Lo que Gayo propuso fue agrupar todas estas obligaciones que no dimanaban de un delito ni de un contrato y categorizarlas como una tercer figura denomianda “cuasi contractu”.

Más adelante la compilación de Justiniano estableció cuatro fuentes para las obligaciones: contrato, cuasicontrato, delito y cuasidelito.

Los cuasicontratos en nuestro Código Civil.

Los Cuasicontratos aparecen definidos en el artículo 1887 C.C. como <<los hechos lícitos y puramente voluntarios de los que resulta obligado su autor para con un tercero y, a veces una obligación recíproca entre los interesados>>.

Así por tanto existen dos premisas fundamentales en los cuasicontratos:

  • Son actos realizados con carácter voluntario.
  • Se trata de actos lícitos.
  • Su realización por genera una obligación para su autor respecto de con un tercero.
  • En determinadas ocasiones puede quedar obligado su autor y cualquiera de los interesados en aquel hecho lícito y voluntario.

Como vemos, no estamos aquí entre una convención entre las partes, pues esto sería un contrato. Sino que es la sola voluntad de una de las partes la que crea la obligación.

El Código Civil regula de manera expresa dos tipos de cuasicontratos (Capítulo I del Título XVI del Libro IV de las obligaciones y contratos del Código Civil):

  • la gestión de negocios ajenos sin mandato.
  • el cobro de lo indebido.

Gestión de negocios ajenos sin mandato.

Según establece el artículo 1.888 C.C. <<El que se encarga voluntariamente de la agencia o administración de los negocios de otro, sin mandato de éste, está obligado a continuar su gestión hasta el término del asunto y sus incidencias, o a requerir al interesado para que le sustituya en la gestión, si se hallare en estado de poder hacerlo por sí>>.

Nuestro Código distingue claramente dos supuestos:

  1. Si el titular principal o “dominus” ratifica el contrato, se producen los efectos del Mandato, (artículo 1.892 C.C.) y tendrá en tal caso las obligaciones propias del mandante.
  2. Si no ratifica el contrato, el dueño de bienes o negocios que aproveche las ventajas de la misma será responsable de las obligaciones contraídas en su interés, e indemnizará al gestor los gastos necesarios y útiles que hubiese hecho y los perjuicios que hubiese sufrido en el desempeño de su cargo.

En ambos casos, las obligaciones del dueño serán frente a terceros el responder de las obligaciones contraídas en su interés. Y frente al gestor, indemnizarle los gastos necesarios y útiles que hubiese hecho, y cubrir los perjuicios que hubiese sufrido éste en el desempeño de su cargo.

Cobro de lo Indebido

law3El pago o cobro de lo indebido consiste en la relación o vínculo jurídico que se establece entre la persona que recibe lo que no tenía derecho a recibir y aquella que paga por error, en cuya virtud el cobrador se constituye en la obligación de restituir lo indebidamente recibido.

La regulación de nuestro Código Civil distingue claramente los efectos en caso de que el que cobra lo indebido lo haga de buena o mala fe.

Según el art. 1.897 <<El que de buena fe hubiera aceptado un pago indebido de cosa cierta y determinada, sólo responderá de las desmejoras o pérdidas de ésta y de sus accesiones, en cuanto por ellas se hubiese enriquecido. Si la hubiese enajenado, restituirá el precio o cederá la acción para hacerlo efectivo >>.

En caso de mala fe en el que aceptó el pago, el art. 1.896 C.C. dispone: ”El que acepta un pago indebido, si hubiera procedido de mala fe, deberá abonar el interés legal cuando se trate de capitales, o los frutos percibidos o debidos percibir cuando la cosa recibida los produjere.>>

Cuasicontratos Innominados o Atípicos.

Aunque nuestro Código Civil tipifica solo estos dos casos de cuasicontratos,  en la práctica sin embargo aparecen actos voluntarios y lícitos que, realizados por una persona, dan lugar al establecimiento de una obligación.

A estos se les denomina cuasicontratos innominados o atípicos, y nuestra jurisprudencia así los ha identificado y reconocido en determinadas ocasiones. Según ha declarado nuestro Tribunal Supremo, el enriquecimiento injusto late en la entraña de todo cuasicontrato. Por lo que habrá de tenerse ello en cuenta a la hora de calificar jurídicamente un acto lícito y voluntario como cuasicontrato.

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Las obligaciones naturales

En la realidad jurídica, junto a las obligaciones que la doctrina denomina “perfectas”, y que son aquellas que devienen de la ley, los contratos, los cuasicontratos, los actos u omisiones ilícitos, y los actos u omisiones culposos o negligentes, que encuentran su regulación en nuestro Derecho positivo (cuyo incumplimiento conllevará la sanción de deudor) también podemos encontrar obligaciones imperfectas, llamadas obligaciones naturales.

cc3Las obligaciones naturales son aquellas dónde, sin existir “a priori” una obligación perfecta entre deudor y acreedor, se registra un cumplimiento o pago voluntario de una parte a otra, y no cabe que el que ha cumplido voluntariamente solicite el reintegro de lo pagado. Así, sus dos características definitorias serían: 1) en caso de incumplimiento, no puede el acreedor exigir el mismo, y ello porque no existe entre ambos una obligación perfecta como base para ello; 2) en caso de cumplimiento voluntario, no puede el que pagó exigir su reintegro, lo cual se conoce como “irrepetibilidad de lo pagado voluntariamente”.

En el derecho comparado, el Código alemán de las obligaciones, y el Código suizo, no reconocen formalmente la existencia de las obligaciones naturales, si bien en hablan en algunos casos de la irrepetibilidad de lo pagado voluntariamente. En otra corriente distinta, el Código francés, el holandés y el portugués reconocen la existencia de las obligaciones naturales y regulan su régimen jurídico.

El Código civil español, en la línea del código de las obligaciones alemán, no reconoce de manera expresa las obligaciones naturales, pero sin embargo regular tres supuestos en los cuáles podemos apreciar su existencia:

  1. No repetición del pago en juegos ilícitos. “la Ley no concede acción para reclamar lo que se gana en juego de suerte, envite o azar; pero el que pierde no puede repetir lo que haya pagado voluntariamente, a no ser que hubiese mediado dolo, o que fuera menor, o estuviera inhabilitado para administrar sus bienes” art. 1798 CC.
  2. Pago de lo indebido. “se presume que hubo error en el pago cuando se entregó cosa que nunca se debió o que ya estaba pagada; pero aquel a quien se pida la devolución puede probar que la entrega se hizo a título de liberalidad o por otra justa causa” art. 1901 CC.
  3. Intereses no estipulados. “no se deberán intereses sino cuando expresamente se hubieran pactado” art. 1755 CC. “el prestatario que paga intereses sin estar estipulados no puede reclamarlos ni imputarlos al capital” art. 1756 CC.

Así, en el primer caso estamos en el caso de un deudor que ha participado en un juego ilícito, lo cual no puede hacer nacer una obligación perfecta, dado que el objeto de la obligación ha de ser lícito, pero si dicho deudor pagó voluntariamente su deuda por haber perdido en dicho juego, no podrá solicitar después su reintegro.

En el segundo caos nos encontramos un supuesto parecido, pues el deudor ha pagado voluntariamente sin mediar contrato u obligación formal que le obligue a ello, pero si después solicita su reintegro y el que recibió el pago demuestra que el mismo se realizó con causa de liberalidad u otra justa causa (donación encubierta, por ejemplo) operará la irrepetibilidad de lo pagado.

Por último, en un préstamo donde no se hubiesen pactado intereses, nada deberá en tal concepto el deudor del mismo. Pero si voluntariamente pagase intereses a su acreedor, no podrá después reclamar su devolución.

Así, vemos como existen obligaciones naturales cuándo, sin existir una obligación perfecta como ya se explicó, se ha creado un vínculo jurídico entre acreedor y deudor por la libre voluntad de ambos, y el ordenamiento jurídico reconoce “a posteriori” efectos a dicho vinculo, aunque “a priori” no hubiese hecho nacer obligación alguna de la misma voluntad.

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Contratos inteligentes, el futuro del Derecho

El desarrollo de la sociedad moderna tiene uno de sus pilares fundamentales en la figura jurídica del contrato. Un acuerdo de voluntades pactado entre dos o más personas, y del cual dimanan derechos y obligaciones para las partes implicadas.

Todo el tráfico económico entre empresas o particulares, respecto de bienes, servicios o relaciones entre las partes, se instrumenta mediante contratos: compraventa, arrendamiento, suministro, préstamo, transporte, o trabajo son algunos de los ejemplos más comunes.

La ejecución de un contrato reside en última instancia en la voluntad de las partes, y si una de ellas decide no cumplir la ley otorga acciones a las otras partes firmantes, debiendo instar el correspondiente proceso judicial o arbitral.

Para cubrir el riesgo de que uno de los contratantes no cumpla su parte del trato, a veces se pueden contratar seguros (seguros de crédito de impago comercial, o CDS por ejemplo). Y en ciertos sectores se utilizan intermediarios que aseguran el cumplimiento (cámaras de compensación, o intermediarios de apuestas, por ejemplo).

En cualquier caso, el incumplimiento conlleva un coste para la parte cumplidora, ya sea un coste judicial o arbitral, o un coste por el aseguramiento.

internetNo solo el posible incumplimiento puede redundar en costes añadidos a la operación principal. Existe en muchas ocasiones otro importante coste para las partes contratantes, y es el derivado de formalizar el contrato. Así pasa por ejemplo en la compraventa de bienes muebles, donde las partes deben pagar gastos de Notaría para formalizar su contrato en Escritura Pública, y pagar después al Registro de la Propiedad para inscribir dicha Escritura y salvaguardar sus derechos de propiedad.

El contrato del futuro, el contrato inteligente o Smart Contract, puede revolucionar el sistema legal contractual tal y como lo conocemos hoy en día. Porque permitiría a las partes formalizar contratos que se ejecutarían de manera automática, sin necesidad de intermediarios o garantías, y que quedarían registrados de forma segura sin necesidad de recurrir a Notarios o Registradores.

Blockchain: la contabilidad digital

La tecnología que haría posible estos contratos inteligentes es la desarrollada para dar soporte al intercambio seguro de dinero digital o criptomonedas como Bitcoin.

Blockchain es un libro mayor donde se anotan todas las transacciones de Bitcoins. Esta moneda no necesita un banco central, o un gobierno o autoridad central para su existencia. Sino que su emisión y transmisión se registran en Blockchain, un registro distribuido y descentralizado de transacciones que asegura de forma suficiente el apunte o anotación las mismas.

office-581131_960_720Los millones de usuarios de Bitcoin ponen a disposición de la comunidad sus equipos informáticos, por lo que la capacidad computacional y de registro es la suma de la de todos los integrantes. El algoritmo de Bitcoin crea cada día nuevas monedas, replicando al proceso de minería del oro en el mundo físico.

El oro, que ha demostrado durante la Historia del hombre ser el mejor tipo de dinero existente, es un bien de cantidad limitada, y solo se crea nuevo dinero cuando las empresas de minería descubren un nuevo yacimiento de este metal precioso. De la misma manera, los miembros de la red Bitcoin reciben las nuevas monedas o bitcoins cuando se crean, a cambio de poner a disposición de la comunidad sus computadoras.

Y como decíamos Blockchain es el registro donde se anota la propiedad de dichas monedas. De la misma manera, sirve de soporte seguro a los intercambios de estas monedas, puesto que allí se registran los bloques de información creados en cada transacción.

Una transacción de bitcoins es un registro informático creado por la identificación de las dos partes. A dicha transacción se le añade un sello de tiempo y una verificación pública, y se le denomina bloques. Sucesivas transacciones añaden la verificación del bloque anterior, con lo cual quedan relacionados entre sí, asegurando que los vendedores de bitcoins son sus legítimos propietarios. Esta cadena de bloques es el libro registro al que denominamos Blockchain.

¿Y dónde se aloja dicha información? Está dispersa en las millones de computadoras de la comunidad. Mediante un proceso iterativo de cifrado seguro, todas se sincronizan cada determinado tiempo. Así, la información de Blockchain tiene un altísimo grado de fiabilidad, y resulta prácticamente imposible que se falsifique. Una entidad maliciosa tendría controlar, en un mismo y único momento, todos y cada uno de los millones de computadoras interconectadas para alterar dicha información (y poder robar bitcoins, o falsificar anotaciones).

Los Smart Contracts como contratos del futuro.

Los contratos inteligentes serían aquellos que se podrían inscribir en Blockchain. Una vez inscritos, no podrían incumplirse por las partes, pues se ejecutarían de forma automática, y además su inscripción tendría suficiente seguridad como para evitar cualquier otro registro físico. Como ya anticipamos, esto evita intermediarios, seguros, garantías, notarios, registradores y juicios por incumplimiento.

Así por ejemplo, para comprar un libro de Amazon, si pagamos con bitcoins y estableciésemos un contrato inteligente, se inscribiría nuestro acuerdo con Amazon en Blockchain. Una vez se constatase la entrega del libro en mi domicilio (por ejemplo por firmar en la Tablet del repartidor de la empresa de mensajería con mi DNI electrónico) se ejecutaría el traspaso de los bitcoins acordados como precio a favor de Amazon.

En el caso de la compraventa de un inmueble, si se puede “anotar” en Blockchain, junto con la transacción de bitcoins, un bloque con la información del bien objeto del contrato, y la identificación de su nuevo titular, el registro a favor del nuevo propietario quedaría inscrito de manera fehaciente, pública e incorruptible.

El internet de las cosas y los contratos inteligentes.

El llamado “Internet of Things” o “internet de las cosas” se refiere a la conexión a la web de millones de aparatos: frigoríficos, lavadoras, televisiones o vehículos se conectarían a internet y podrían intercambiar datos con el resto de millones de usuarios o computadoras de la web.

laptopEn este escenario, que se prevé para un futuro próximo, los Smart contract podrían llegar más allá del contrato de tracto único, y asegurar la ejecución de contratos de tracto sucesivo. Por ejemplo, si un comercio vende una lavadora a través de un contrato inteligente, estableciéndose el pago a plazos de la misma, y el comprador deja de abonar las cuotas correspondientes, el contrato ante el evento de impago ejecutaría una cláusula de suspensión y emitiría una orden por internet a la lavadora, para que ésta dejase de funcionar en tanto el comprador no volviese a abonar las cuotas.

Los abogados del futuro.

Ante este escenario, los abogados deberán sumar a sus conocimientos jurídicos los suficientes conocimientos sobre informática, computación, criptología, “data science” o blockchain, a fin de poder asesorar adecuadamente a sus clientes sobre la casuística que se derive de estos nuevos contratos inteligentes.
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