El Coste de Oportunidad

Uno de los conceptos fundamentales de la moderna teoría econóica es el del coste de oportunidad, expuesto por primera vez por Friedrich von Wieser en su obra Theorie der gesellschaftlichen Wirtschaft (Teoría de la Economía Social) en 1914.

La economía orbita sobre cuatro conceptos centrales: fines, medios, valor y utilidad.

La acción humana se concreta en que el hombre desea satisfacer los fines que se propone (comer, dormir, comprarse un coche, etc…) y utiliza para ello los medios a su disposición.

Si existiese una abundancia ilimitada de bienes (como en el Paraíso) no habría ningún problema para satisfacer cualquier fin en cualquier momento. Sin embargo la realidad es que en nuestro mundo los medios son escasos.

Por ello, cuando el hombre utiliza un medio concreto para satisfacer un fin determinado, estará renunciando a la satisfacción de otro fin alternativo.

eco1Las personas valoran por ello sus fines en función de sus deseos subjetivos (primero comprar comida, segundo comprar una cama, tercero comprar un coche, etc..). Cuándo tiene mucho dinero, podrá satisfacer muchos fines, pero con menos dinero lo utilizará para satisfacer los fines que ha ordenado en primer lugar, más arriba en su escala de valoraciones personales. El valor es la apreciación subjetiva que las personas dan a los fines, siendo de más valor el que primero ordenan en dicha escala.

Y los medios que tienen a su disposición los ordenaran según la utilidad que entiendan que les reportarán para lograr sus fines.

El coste es el valor subjetivo que la persona da al fin al que debe renunciar por utilizar un medio escaso para satisfacer otro fin. A este valor subjetivo lo llamamos Coste de Oportunidad.  

Al igual que los fines y su valoración son obra de cada persona, no están dados ni determinados, el coste es un concepto subjetivo, no es un elemento técnico en el sentido que lo entienden los economistas de la escuela clásica.

La mejor manera de entenderlo es recurrir a un ejemplo.

economia2Imaginemos que un empresario inmobiliario tiene 300.000 € y puede utilizarlos para comprar un solar urbano, o bien para adquirir un piso en el centro de la ciudad. El empresario valorará ambas opciones pensando en el precio al que podrá vender estos activos dentro de un año. Pensemos que este empresario cree que el solar tendrá una mayor revalorización, puesto que el plan urbanístico municipal pasa por construir un parque y un colegio cerca del mismo,  y se decanta por utilizar sus recursos monetarios para comprar el solar.

Siguiendo con nuestro ejemplo, si pasado un año el solar se ha revalorizado y el empresario lo vende a un cliente por 310.000 € habrá obtenido un beneficio contable de 10.000 €. Pero el beneficio contable con contempla el coste de oportunidad. Debemos entender que el verdadero beneficio empresarial debe contemplar, además de los costes contables, los costes de oportunidad.

Si el piso se revalorizó de tal manera que el empresario lo hubiese podido vender por 305.000 € pasado un año, el solar le ha reportado un beneficio empresarial de 5.000 € por la diferencia entre el fin al que destino los medios a su disposición (el solar) y el fin alternativo al que renunció (el piso). A los 10.000 € de beneficio contable habría que restar los 5.000 € de la revalorización del piso que ha dejado de ganar por haber optado por el solar.

Es muy importante manejar los conceptos de beneficio empresarial y coste de oportunidad, ya que muchas veces se puede haber obtenido un beneficio contable, pero haber incurrido en pérdidas empresariales.

Imaginemos ahora que el centro de la ciudad se ha puesto de moda entre los compradores, y tiene mayor demanda que las afueras, por lo que mientras que el solar se revaloriza a 310.000 €, el piso en el centro se ha revalorizado hasta los 315.000 €. El empresario de nuestro ejemplo ha tenido un beneficio contable de 10.000 €. Pero ha dejado de ganar 15.000 € que hubiese podido obtener de haberse decantado por el piso en vez de por el solar. Por lo que mientras que su beneficio contable es positivo, ha incurrido en unas perdidas empresariales de 5.000 € al restar el coste de oportunidad de 15.000 € en el que incurrió al comprar el solar.

Resumiendo, los costes de una decisión económica no son solamente los que destinamos a los medios que utilizamos para satisfacer un fin, sino también lo que dejamos de hacer por satisfacer el mismo. Un gran avance en el pensamiento económico que debemos a Wieser y a la Escuela Austriaca.

Vía | Anarcocapitalista. Lecciones de Economía del Profesor Huerta de Soto. 

Más Información | Instituto Juan de Mariana    Eumed   Instituto Mises

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Prescripción y Caducidad en nuestro Código Civil

Una de las cuestiones más importantes en Derecho es saber diferenciar correctamente entre prescripción y caducidad, ya que se trata de dos instituciones jurídicas que, aunque pueden a veces confundirse, tienen una naturaleza y unos efectos totalmente distintos.

1. Prescripción.

La prescripción es la forma de terminación de las obligaciones por su no ejercicio en un plazo de tiempo determinado. Es decir, supone la extinción de los derechos subjetivos o acciones que corresponden a una persona por el hecho de no haber ejercitado los mismos en un período de tiempo concreto.

En la etapa clásica del Derecho Romano las acciones eran perpetuas, si bien conforme fue evolucionando empezaron a señalarse plazos de prescripción. Por ejemplo, la “quereia inofficiosi testamenti” debía intentarse en un plazo de cinco años, y las acciones concedidas por el Pretor debían ser usadas dentro del plazo de un año. Finalmente, la Constitución del emperador Teodosio II del año 424 d.C. estableció la prescripción de todas las acciones a los 30 años.

ley 1La razón fundamental que con toda probabilidad conllevó el desarrollo de la institución de la Prescripción fue la seguridad jurídica, es decir, que el acreedor que no hacía uso de sus facultades durante un dilatado plazo de tiempo liberaba con su “non facere” al deudor de sus obligaciones. De otra manera, existiría la inseguridad continua en el tráfico jurídico de que hoy me pudiesen reclamar una obligación de hace cincuenta años, por ejemplo.

En nuestro Derecho Civil, la prescripción viene regulada en los artículos 1961 y ss del Código Civil, que señalan que las acciones prescriben por el mero lapso del tiempo fijado por la ley.

Aunque se habla de acciones en sentido genérico, el Código Civil se refiere a los derechos subjetivos patrimoniales: los derechos reales y los derechos de crédito.

Se establecen cuatro requisitos para que opere la prescripción extintiva:

  • Que el derecho no haya sido ejercitado, habiendo podido hacerse por su titular.
  • Que transcurra el período de tiempo legalmente determinado.
  • Que se alegue judicialmente una vez prescrito.
  • Que no haya existido una renuncia a la prescripción por parte de su titular.

El plazo de prescripción se inicia desde el día en que pudiesen haber sido ejercitados los derechos.

En el Código Civil se indican los distintos plazos legales establecidos para la prescripción de los derechos reales y los derechos de crédito.:

  1. Las acciones reales sobre bienes inmuebles prescriben a los treinta años (arts. 1.957, 1.959 y 1.963 Cc)
  2. La acción hipotecaria prescribe a los veinte años (art. 1964 C.C.)
  3. Las acciones reales sobre bienes muebles prescriben a los seis años de pérdida la posesión, salvo que el poseedor haya ganado por menos término el dominio conforme al artículo 1955, y excepto los casos de extravío y venta pública, y los de hurto o robo (art. 1.962 Cc).
  4. El plazo general de prescripción de las obligaciones cuando no haya ninguno señalado es de cinco años (art. 1964 C.C.) Este plazo se instauró por la Ley 42/2015 siendo anteriormente de quince años, por lo que debe tenerse en cuenta el régimen transitorio previsto en esa misma ley:
  • Acciones derivadas de relaciones jurídicas nacidas entre el 7-10-2000 y el 7-10-2005: seguirá vigente el régimen legal anterior, siendo el plazo de quince años.
  • Acciones derivadas de relaciones jurídicas nacidas entre el 7-10-2005 y el 7-10-2015:  se aplicará el nuevo régimen de prescripción de cinco años, prescribiendo el día 7-10 -2020.
  • Acciones derivadas de relaciones jurídicas nacidas a partir de 7-10-2015: se aplica el nuevo plazo de prescripción de cinco años

La prescripción de las acciones se interrumpe por su ejercicio ante los Tribunales, por reclamación extrajudicial del acreedor y por cualquier acto de reconocimiento de la deuda por el deudor.

La prescripción no solo puede ser de carácter extintivo, como la que acabamos de estudiar, sino que también puede ser adquisitiva, siendo entonces denominada Usucapión. Se trata dicha institución de la adquisición del derecho real de propiedad sobre un bien mueble o inmueble por su pacífica y pública posesión, como si hubiese sido su propietario, durante un plazo determinado de tiempo. En la usucapión mobiliaria el tiempo que ha de durar la posesión es de tres o seis años, según se trate de una usucapión ordinaria o extraordinaria. En la usucapión inmobiliaria el tiempo es de diez o veinte años si la usucapión es ordinaria y de treinta si es extraordinaria.

2. Caducidad.

La caducidad por su parte es una construcción doctrinal y jurisprudencial, que impone también un límite de tiempo al ejercicio de los derechos, en aras igualmente a la seguridad jurídica, y que opera sobre acciones de impugnación de una determinada situación jurídica.

La institución de la caducidad se encuentra por primera vez recogida en el Código Napoleónico, en la parte de testamentos, y de ahí se extendió al resto de Derechos occidentales; si bien se cree que con anterioridad se había aplicado por jueces y jurisconsultos en la práctica legal.

Los derechos que según extensa doctrina y jurisprudencia caducan son las acciones judiciales que tienen por objeto impugnar una determinada situación jurídica. La acción de nulidad de un contrato sería objeto por ejemplo de caducidad.

Muy ilustrativa resulta, para entender la caducidad frente a la prescripción, la sentencia del Tribunal Supremo de 31 de octubre de 1978, que señala que:

  • la caducidad se refiere a a la duración del derecho y la necesidad de que el derecho se ejercite en un determinado plazo permaneciendo hasta entonces en situación expectante.
  • mientras que la prescripción se refiere a la acción más que al derecho en sí, siendo establecida por la ley con fines de seguridad jurídica como sanción a la falta de ejercicio por su titular.

A diferencia de la interrupción de la prescripción, que supone que su computo se inicie newtons-cradle-256213_960_720de cero tras ser interrumpida, los plazos de caducidad no se “reinician” con su interrupción; o dicho de otra manera, los plazos de caducidad no se interrumpen cuándo son alegados, siguen corriendo.

Otra diferencia importante es que la prescripción como dijimos debe ser alegada a instancia de parte, no pudiendo el juez si no tenerla en cuenta, mientras que la caducidad si puede apreciarse de oficio por el tribunal.

Las figuras de caducidad y prescripción, además de en el Derecho Civil, se manifiestan también en el resto de ramas del Derecho, existiendo plazos de caducidad y prescripción en el Derecho Penal, en el Derecho Administrativo y en la jurisdicción laboral. Siendo la naturaleza de dichas instituciones similar en lo esencial a las del Derecho Civil.

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Lo que debe cambiar McDonald’s

El prestigioso diario británico Financial Times publicaba el pasado 9 de marzo en su edición digital “McDonald’s warns of ‘urgent’ need for change”, un interesante artículo donde pone de relieve la importante caída en ventas que acusa el gigante de las hamburguesas.

Mientras que los analistas descontaban una caída de la cifra de negocio del 0,3 % la cadena de restaurantes de comida rápida publicó un descenso del 1,7 %, un problema muy serio que debe enfrentar esta compañía, que factura en torno a 20.000 millones de dólares al año.

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McDonald’s cuenta con unos 31.000 restaurantes repartidos por todo el mundo, de los cuales 14.000 están en Estados Unidos. Este país por tanto concentra su mayor cuota de negocio, y parece que también uno de sus principales focos de preocupación, pues los gustos de los consumidores estadounidenses parece que van derivando hacia otro tipo de comida que perciben como más sana que la ofrecida por la cadena del Big Mac. Fuera de Estados Unidos también se está enfrentando a problemas del mismo tipo, perdiendo posicionamiento principalmente en Asia porque los consumidores de aquellos lares, dónde McDonald’s ha abierto numerosos restaurantes en la última década, no perciben su comida como una opción saludable.

Un problema que pasa factura en una caída del 4 % en ventas en U.S.A. y del 4,4 % en la región Asía Pacífico, y que lastra los resultados globales de la compañía.

Sin duda todo un desafío para su nuevo Consejero Delegado Steve Easterbrook, al cual muchos analistas ahora preguntan ¿Va a cambiar McDonald’s su modelo de negocio?. Aunque más bien habría que preguntarse ¿Tiene que cambiar McDonald’s su modelo de negocio? Una pregunta cerrada a la cual la respuesta correcta es No.

Desde que se abriera el primer restaurante McDonalds en 1955 en Des Plaines, Illinois (USA) siempre ha trabajado con un modelo de negocio claro y definido: un menú estándar, con diversas unidades alternativas (pollo, ternera, etc..); con procesos de preparación también estandarizados que permiten prepararlo en cualquier parte del mundo, adaptando ciertas condiciones a los gustos locales; que puede vender a un precio relativamente bajo, logrando márgenes gracias a asumir una contratación de personal poco cualificado (jóvenes, inmigrantes, etc..) aún a riesgo de contar con una alta rotación; y logrando una expansión continua sin inversión gracias al modelo de franquicia. Tan exitoso se ha demostrado este modelo de negocio que ha logrado en poco más de 50 años abrir más de 30.000 restaurantes en todo el mundo, y facturar más de 20.000 millones de dólares, siendo hoy objeto de estudio en las principales escuelas de negocios.

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Un modelo tan exitoso no puede cambiarse por una pérdida del 2 % de la cifra de negocio, aunque esta venga acompañada de una tendencia negativa, incluso más acusada como dijimos en Asia o Estados Unidos.

Y es que no es el modelo de negocio lo que falla, sino que lo que se está degradando es la percepción del producto por parte del público. De hecho, McDonald’s es consciente de ello desde hace años, y ha trabajado en diversas campañas de marketing a nivel global para cambiar dicha imagen de comida poco sana, intentando por el contrario asociar su menú a la imagen de una vida sana, y a productos naturales.

El hecho constatado de que no sea fácil, pues la compañía lleva ya mucho tiempo y dinero gastado en cambiar la imagen de comida “basura”, no significa que no sea imposible. Si de verdad los consumidores pensaran en términos más tajantes que la comida de McDonald’s es poco sana, no estaríamos viendo caídas del 4 %, sino probablemente muy superiores.

Y lo que no es imposible, puede lograrse, no sería la primera compañía que logra cambiar su posicionamiento de marca, o la percepción de producto por parte de sus consumidores. Por poner un ejemplo que tenemos cercano, la marca Hacendado hace diez año podía asociarse a una imagen de poca calidad, mientras hoy goza de buen prestigio entre los consumidores.

Por lo que la verdadera misión del nuevo consejero delegado es seguir trabajando en crear una imagen de marca y producto que logre romper con la percepción actual.

Vía | Financial Times 

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Estando así las cosas

La cláusula <<Rebus Sic Stantibus>> (estando así las cosas) es un principio jurídico que sanciona que los contratos deben cumplirse en sus términos en tanto no exista una variación sustancial de las circunstancias en las que se firmaron.

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Uno de los ejemplos más conocidos de aplicación de este principio en favor de la parte que incumplió un contrato es el de la Sentencia del Tribunal Supremo de 13 de junio de 1944 sobre el caso de los aceituneros de Jaén, que antes de la Guerra Civil habían firmado un contrato de venta de aceite con un precio determinado, precio mucho más bajo que el del mismo aceite después de la Guerra. El comprador exigía a los aceituneros la entrega del producto al precio pactado antes de la Guerra, y el Tribunal Supremo sentenció a favor de los aceituneros, exponiendo que la Guerra Civil había supuesto un evento de gran envergadura que venía a cambiar las circunstancias en las que se firmó el contrato, y que exoneraba de entregar la mercancía al precio acordado antes de dicho evento.

Sin embargo, en las últimas décadas tanto nuestro legislador como la jurisprudencia han mitigado su aplicación, en favor del principio de seguridad jurídica.

Pero parece que su aplicación en sede judicial vuelve con fuerza. La reciente Sentencia del Tribunal Supremo sobre el caso de Accor Hoteles en Valencia ha venido a introducir de nuevo este principio de manera activa en nuestro Derecho. La filial española de esta conocida multinacional francesa de la gestión hotelera había firmado un contrato de arrendamiento a 25 años con el propietario de un Hotel en la ciudad de Valencia. El contrato se firmó en 1999 y se pactó un precio que, con la llegada de la crisis y la intensa recesión vivida en España, la compañía Accor entendió que debían renegociar. Sin embargo, el propietario reusó dicha renegociación, alegando que los contratos son “ley entre las partes” y obligan a su cumplimiento en los términos pactados, debiendo Accor asumir el precio negociado antes de la crisis.

accorEl Tribunal Supremo ha fallado a favor de la cadena hotelera, aplicando el principio <<rebus sic estantibus>> al entender que la fuerte recesión ha modificado de manera muy sustancial el normal escenario de mercado que las partes tomaron como base para su negociación inicial, y ha decretado en su sentencia una rebaja del 29 % en la renta a pagar por la compañía Accor al propietario del hotel.

La resolución declara que la actual crisis económica, de efectos profundos y prolongados de recesión económica, puede ser considerada abiertamente como un fenómeno de la economía capaz de generar un grave trastorno o mutación de las circunstancias.

Esta sentencia abre la puerta a la aplicación de la cláusula <<rebus sic stantibus>> en distintos contratos de largo plazo celebrados antes de la crisis económica, como por ejemplo los contratos de centros comerciales, o de explotación de negocios en concesión en aeropuertos. El mejor consejo que un jurista puede dar a los propietarios es que tiendan a ser razonables y sentarse a renegociar.

Vía | CEF Jurisprudencia Civil 

Más Información | Diario Jurídico  Ius Blog Derecho    Pacta Sunt Servanda

Imágenes|  Pixabay   wikipedia