EL DINERO

CAMBIO INDIRECTO, CAMBIO DIRECTO Y ORIGEN DEL DINERO.

Fue el gran economista austríaco Carl Menger quién supo explicar mejor que nadie el origen de una de las instituciones fundamentales de nuestra sociedad, el dinero, y quién supo igualmente definir su naturaleza y función. Más tarde Mises, discípulo suyo, desarrolló la exposición de su maestro. Y en las últimas décadas ha sido el profesor A. Fekete quién ha refinado las teorías de la liquidez y el dinero.

En una economía poco desarrollada se practica el cambio directo o trueque, esto es, las personas intercambian directamente los bienes y servicios que ellos producen, por otros que producen otras personas. Partiendo del principio de la división del trabajo y la especialización, un pueblo se hace más productivo cuándo una persona se especializa en hacer pan, otro en cultivar el campo, y otro se encarga de cuidar el ganado, intercambiando después entre ellos los productos obtenidos para satisfacer sus necesidades.

Conforme la economía se va desarrollando, y van entrando en juego más agentes, el cambio directo se vuelve cada vez menos efectivo (si el panadero desea carne y el ganadero no quiere pan, sino que quiere uvas, necesitará el panadero que el agricultor le intercambie uvas por pan para conseguir carne) y en un momento determinado aparecerá una mercancía que, además de servir para su uso primario, servirá también como medio de intercambio entre distintas mercancías. A dicha mercancía le llamamos dinero. Y con el dinero aparecerá una forma de economía más desarrollada y productiva, la del cambio indirecto, donde la convertibilidad del dinero permite su cambio por cualquier mercancía, en cualquier momento, pudiendo los agentes económicos crear un sistema de precios entre todos los bienes y servicios producidos (lo que Mises denominó “cálculo económico”).

Como bien señala Menger, el dinero debió aparecer en la historia a través de un proceso evolutivo parecido al descrito, y no fue impuesto como muchos autores propugnaron por orden de ningún rey o legislador de la antigüedad, es decir, de manera normativa.

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LA LIQUIDEZ.

A lo largo de la historia de la humanidad el hombre ha utilizado distintas mercancías como dinero. Por ejemplo la sal, el ganado, la plata o el oro. Todas estas mercancías gozaron de un alto grado de convertibilidad, es decir, podían convertirse fácilmente por otras mercancías de dicha economía. Pero ¿por qué una mercancía goza de tal grado de convertibilidad, es decir, se puede utilizar como dinero? Por su liquidez. Las mercancías más líquidas son las que pueden cumplir la función de dinero. La liquidez es la facilidad de una mercancía para comprarse y venderse en un mercado. Por ejemplo, las acciones de Apple en el mercado de Wall Street son muy líquidas, porque es muy fácil comprarlas y venderlas. Si tienes acciones de Apple y necesitas venderlas, te será muy fácil encontrar un comprador.

Por ello, una primera característica de la liquidez es la facilidad de realizar o intercambiar una mercancía de manera muy fácil, y en cualquier momento, su alto grado de intercambiabilidad. Pero liquidez no solo implica poder intercambiar un bien en cualquier momento a cualquier precio, sino que debe implicar poderlo vender a un precio “económico” o de mercado. Si tienes un violín Stradivarius probablemente posees un bien muy poco líquido, pues si mañana necesitas venderlo con urgencia, no solamente no te será fácil encontrar un comprador de manera rápida, sino que además tendrás que rebajar mucho el precio para poder venderlo. Imaginemos que adquirimos un Stradivarius un lunes, por 100.000 €, y el martes nos comunican que nuestra empresa tiene problemas graves y que debemos “hacer liquidez” de manera inmediata, antes del jueves, con lo cual el miércoles tenemos que vender el Stradivarius, siendo muy probable que debamos estar dispuestos a aceptar 60.000 € para poder deshacernos de él. Un bien con una volatilidad tan alta entre sus posibles valoraciones de mercado en un corto espacio de tiempo es un bien poco líquido y además poco realizable a precios “económicos” o de mercado, es decir, que guarden una baja volatilidad en el tiempo, y no puede utilizarse como dinero.

EL “SPREAD” Y EL DINERO.

Y es que fue Menger quien advirtió que los bienes no tienen un solo precio en el mercado, sino que siempre tienen dos precios distintos: el precio de compra (bid), que constituye la valoración del comprador en un momento dado;  y el precio de venta (ask) que constituye la valoración del vendedor. La diferencia entre ambos precios es el “spread”, también llamado “spread de liquidez”. Un bien muy líquido, cómo las acciones de Apple, tiende a cotizar en los mercados con un “spread” muy bajo, es decir, con diferencias muy pequeñas entre el precio bid y el precio ask, lo que permite poder cerrar transacciones muy fácilmente (alto grado de intercambiabilidad) y con una volatilidad muy baja de su “spread” a lo largo del tiempo, es decir, sin que hoy el spread sea de 0,002 $ y mañana sea de 20 $ la diferencia entre el precio de quién quiere vender y quién quiere comprar, sino que más bien se mantiene dicho diferencial en valores muy bajos a lo largo del tiempo.

Un bien poco líquido como el violín Stradivarius tiene variaciones muy altas de su “spread”, es decir, de la valoración del comprador y de la valoración del vendedor, en dos momentos del tiempo. Yo el lunes lo compro por 100.000 €, pero el miércoles me es difícil venderlo por el mismo precio, porque no hay un comprador en el mercado a dicho precio, sino que solo lo encontramos a una valoración de 60.000 € (spread de 40.000 € ¡!!!) y debo rebajar a dicho precio si quiero ejecutar la transacción.

El concepto de “spread” es muy utilizado hoy en día en los mercados financieros, en la valoración y compraventa de activos.

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LA UTILIDAD MARGINAL Y EL DINERO.

La ley de la utilidad marginal nos dice que el valor de un bien en el mercado es el valor de la última unidad de éste, es decir, de la utilidad que reporta la última unidad de dicho bien, o utilidad marginal. Esto quiere decir que cuánto más unidades de un bien existen en el mercado, menor valor tiene dicha mercancía. Y por el contrario, cuánto más escaso es dicho bien, mayor será su valor, porque mayor será la utilidad que reporta la última unidad de dicho bien. De ahí que el agua, muy abundante, tenga un precio inferior en el mercado que los diamantes, que son muy escasos. Un vaso de agua también es más barato que un violín Stradivarius.

Partiendo de dicha ley, podemos observar que cuándo añadimos una nueva unidad de un bien al stock de existencias del mismo, menor tenderá a ser el precio de dicha mercancía en el mercado. Si hay poca agua, y el agua reporta una utilidad marginal muy alta, conforme vayamos añadiendo unidades de agua al stock menor irá siendo el valor de la misma, porque su utilidad marginal irá disminuyendo. Y cuánto mayor es el stock de un bien, mayor va siendo el “spread” entre su precio bid y su precio ask, pues cada vez se alejará más la valoración del comprador, al cual cada vez le reporta menos utilidad adquirir una nueva unidad del bien, haciendo que para que se crucen transacciones sobre dicho bien el vendedor tenga que estar dispuesto a rebajar más el precio respecto de su propia valoración. Y el precio de mercado por lo tanto tiende a bajar. Es decir, el “spread” aumenta conforme aumenta el stock, en proporción matemática.

Un bien líquido, esto es, un bien que puede utilizarse en la economía como dinero, es aquél en el que el “spread” se reduce menos que proporcionalmente al aumento del stock del mismo. O dicho de otro modo, su utilidad marginal desciende mucho menos de lo que lo hacen otros bienes en incrementos de stock similares. Así, hay bienes cuya valoración en el mercado no baja tan rápidamente, es decir, mantienen más su valor que otros, conforme aumentan sus existencias, y por ello el comprador de los mismos no necesita ofrecer, cuándo desea venderlo, mucho más stock del mismo para poder cerrar una nueva transacción.

Como ha visto el profesor Fekete, en el caso del oro se da una liquidez muy alta, dado que su valor marginal apenas varía conforme aumenta la cantidad del mismo, es decir, su valor marginal es casi constante.

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LAS DOS DIMENSIONES DEL DINERO.

El dinero tiene dos dimensiones, espacial y temporal.

En su dimensión temporal, un bien cumple mejor la función de dinero cuándo permite su atesorabilidad durante más tiempo, es decir, su liquidez se conserva durante el tiempo de manera estable. El oro podemos atesorarlo durante años sin que pierda valor, mientras que el trigo, que en algún momento histórico pudo cumplir la función de dinero, puede mantener su valor durante un espacio de tiempo más breve, puesto que si se atesora durante mucho tiempo tenderá a echarse a perder, por su propia naturaleza física.

En su dimensión espacial, un bien cumple mejor la función de dinero cuándo puede transportarse entre lugares remotos manteniendo su liquidez estable. En el antiguo testamento podemos leer cómo en la antigüedad los patriarcas, que eran nómadas y transitaban a lo largo del año por distintas extensiones geográficas, llevaban en sus tribus ganado que podían utilizar como dinero en dos lugares distintos y alejados entre sí, dado que dicho ganado mantenía su liquidez a lo largo del espacio.

 

EL DINERO.

Así, podemos concluir que el dinero es una mercancía que puede utilizarse para ejercitar el cambio indirecto, es decir, para poder intercambiarla de manera muy sencilla por cualquier otra del resto de mercancías de una economía.

Y para que una mercancía pueda utilizarse como dinero es necesario que posea un alto grado de intercambiabilidad, lo cual implica que sea muy liquida, es decir, que sea muy fácil comprarla y venderla sin grandes oscilaciones de precio de un día para otro, porque la diferencia entre su valor de compra y su valor de venta sea siempre muy cercana, manteniendo por tanto su valor de intercambio. Y que al aumentar el stock en circulación no pierda dicha mercancía su valor, sino que su utilidad marginal se mantenga casi inalterable.

Además, dicha mercancía que cumplirá mejor que ninguna otra la función de dinero debe por su naturaleza ser capaz de conservar su valor a lo largo del tiempo, así como entre distintos lugares del espacio.

Como señala acertadamente Fekete, el oro ha sido históricamente, y sigue siendo, la mercancía que mejor funciona como dinero.

TIPOS DE DINERO.

Podemos distinguir entre dinero en sentido estricto, esto es, aquellos bienes que cumplen la función de intercambio por la aceptación como tal medio por parte de la sociedad. Y el dinero en sentido amplio, que incluye en la categoría aquellos bienes que pueden ejercer como sustitutos monetarios.

El dinero en sentido estricto, a su vez, puede dividirse en tres grandes tipologías:

  • Dinero Mercancía.
  • Dinero Crédito.
  • Dinero Fiduciario.

Dinero Mercancía es justo aquello que se explicó en el primer punto de este ensayo, es decir, una mercancía que cumple la función de dinero. A lo largo de la historia de la humanidad, el hombre ha ido utilizando, en distintos lugares y en diferentes momentos, distintas mercancías en el cambio indirecto,  como el ganado, los caballos, la sal, los granos de maíz, la plata o el oro. El oro acabó imponiéndose entre la mayor parte de personas y países como la mercancía que mejor cumple la función de dinero.

Si se deposita el oro en un lugar suficientemente seguro (orfebre, banco..) y el depositario emite recibos de depósito, al portador, el depositante puede utilizar dichos recibos para transaccionar en el comercio. Este es el origen de los billetes: recibos o certificados de depósito a la vista, que permiten a sus tenedores no tener que portar oro, pudiendo utilizar los mismos en la compra, y siendo liquidables a la vista a su tenedor, ante el depositario. Estos billetes son sustitutos monetarios, pues no siendo dinero se pueden utilizar como tal por su liquidez inmediata, esto es, por poder ser liquidados en oro directamente en cualquier momento.

Los billetes, como sustituto monetario del dinero mercancía, presuponen que el deposito permanece siempre en su totalidad e integridad.

Dinero Crédito es aquella forma de dinero, es decir, de bien utilizable para el cambio indirecto, que no representa liquidez presente, sino futura. Un crédito es un intercambio de un bien presente por un bien futuro. Y en el caso del dinero crédito la función de dinero la cumplen títulos que no son liquidables a la vista, pero sí en el futuro. Por ejemplo, durante las guerras napoleónicas, el Banco de Inglaterra suspendió la convertibilidad de sus billetes por oro, pero los ciudadanos siguieron intercambiando dichos billetes como dinero en el tráfico mercantil, por la seguridad que tenían en que en un momento futuro podrían estos títulos ser liquidables en oro.

En los florecientes mercados de Lancashire y Manchester en los tiempos de Adam Smith las letras de cambio con vencimientos hasta 90 días debidamente aceptadas y firmadas circulaban como dinero entre los bancos y mercaderes, tal y como Smith dejó reflejado en su obra. Estas letras mercantiles tenían siempre una contrapartida en mercancías como trigo, maíz, vino, harina o verduras (no se admitían letras financieras) y se estimaba que en un plazo igual al de una estación del año siempre acabarían siendo vendidas dichas mercancías, por las propias necesidades del ser humano. Así, estas letras serían sustitutos monetarios del dinero crédito, puesto que circulan como dinero y pueden liquidarse en un momento futuro.

El dinero fiduciario o dinero fiat es aquél título que cumpliendo la función de dinero no es liquidable por una mercancía que represente liquidez. No tiene una contrapartida que lo respalde materialmente, sino que es una razón formal la que convierte a dichos títulos en dinero. Dicha razón formal es la ley o mandato del gobierno.

También hablamos de dinero fiduciario cuándo estos títulos no están respaldados al cien por ciento por un depósito de dinero mercancía. Este es el caso de la reserva fraccionaria, es decir, cuándo el coeficiente de reserva que debe conservar el depositario es el cincuenta por ciento, por ejemplo, pudiendo utilizar mientras dure el depósito en sus manos el otro cincuenta.

La palabra “fiducia” en latín significaba confianza, y es dicha confianza, en el gobierno que emite los billetes fiduciarios o en la organización bancaria que no respalda al cien por cien sus depósitos, lo que sustenta este tipo de dinero.

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BREVE EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LOS TIPOS DE DINERO.

El oro, como ya dije antes, acabó imponiéndose como el dinero mercancía de referencia en todo el mundo. Hasta la Ley de Peel, en 1844, los billetes emitidos por los bancos depositarios debían estar respaldados al cien por cien por oro, y esta ley vino a crear la reserva fraccionaria, es decir, la posibilidad de que los billetes no tuviesen un respaldo de la totalidad del depósito que representan, sino solo de una parte. Esta reserva fraccionaria se extendió rápidamente al resto de países. Un siglo después, en 1944, los Acuerdos de Bretton Woods pusieron fin al patrón oro. Si hasta ese momento los billetes debían emitirse en función de las existencias de oro, aunque solo tuviesen que ser respaldados en una parte y no en su totalidad por oro, este nuevo marco vino a dictaminar la posibilidad de emitir billetes sin ningún depósito tras de sí, más allá de la confianza en los gobiernos y bancos emisores en dichos billetes.

Y este es el escenario actual, la moneda de todos los países hoy en día no tiene un respaldo real por oro o por otra mercancía, sino que solamente circula por nuestra propia confianza.

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El Crecimiento Económico.

¿Qué es el crecimiento económico?

El crecimiento económico consiste en que a la etapa final de consumo de una sociedad llega una mayor abundancia de bienes de consumo, o bienes de consumo mejores y de mejor calidad, que en definitiva satisfacen mejor sus necesidades y mejoran su vida respecto de la situación anterior a que llegasen los mismos. En los últimos siglos de la historia, desde la Revolución Industrial, hemos asistido a un crecimiento económico (interrumpido en los períodos de guerra) en el que cada vez los bienes y servicios de consumo que se han ido poniendo a disposición de los ciudadanos han ido mejorando la vida de los consumidores, permitiendo satisfacer cada vez mejor las necesidades de los mismos. El aparato de TV de 1960 era un gran avance para los ciudadanos de aquella época, mientras que el de 2014 es aún mejor que aquél y satisface de manera más avanzada los deseos del consumidor. Lo mismo sucede con la oferta televisiva de 2014, mucho más sofisticada y abundante que en 1960.

Un país económicamente más avanzado es aquél que mayor crecimiento económico ha registrado. Esto podrá constatarse entrando simplemente a un supermercado de dicho país, pues si en un supermercado de España encontramos abundancia de productos a disposición del consumidor, en Burkina Faso encontraremos muy pocos supermercados en todo el país, y con escasez de productos.

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¿Cuál es el origen del desarrollo económico?

Desde luego, para desarrollar más y mejores bienes en la etapa final de consumo, es necesario contar en las anteriores etapas de producción con más y mejores bienes de capital, que permitan producirlos.

Y como sabemos, los bienes de capital (el capital en definitiva) solo pueden lograrse mediante el ahorro. Si un empresario ahorra una parte de sus beneficios, podrá destinarla a adquirir nueva maquinaria más productiva; o bien podrá acudir al ahorro ajeno, mediante un préstamo, para adquirir dicha maquinaria. De una manera u otra, solo con ahorro podrá generarse nueva inversión.

El ahorro es la única base del crecimiento económico, a pesar de que keynesianos, monetaristas, neoclásicos, socialistas y demás intervencionistas en general piensen equivocadamente que la base del crecimiento es el consumo y la demanda. Recordemos la Ley de Say, es la Oferta la que genera la Demanda, y no al revés. Solo con ahorro podemos financiar el futuro de una sociedad, y el consumo es todo lo contrario al ahorro.

¿Cómo se relaciona el ahorro con la inversión?

Existe una ley económica fundamental que es la de la preferencia temporal, y que postula que en igualdad de condiciones el hombre prefiere satisfacer sus necesidades hoy antes que mañana. Así, ahorrar va contra dicha ley básica, pues el ahorro es no consumir, postergar el consumo de hoy para contar mañana con los bienes no consumidos. Sin embargo, en tanto que una sociedad va madurando y se va haciendo más rica, contará con mayor posibilidad de ahorrar, esto es, de generar excedentes sobre las necesidades de consumo para contar en el futuro con dichos bienes.

También podemos ver la relación entre el consumo y el ahorro como una relación entre bienes presentes y bienes futuros. Los recursos que no consumimos de inmediato podremos consumirlos en un momento futuro del tiempo. A la relación proporcional entre consumo y ahorro la denominamos “tasa de preferencia temporal”, que según estamos analizando podemos definir cómo relación entre bienes presentes y bienes futuros. Si la tasa de preferencia temporal es muy alta, es decir,  si hay que entregar una gran cantidad de bienes presentes a cambio de bienes futuros, significará que se valora por el mercado más el consumo en ese momento. Por ejemplo, si hay un período de escasez de cosechas de cereales, existirá poco excedente sobre el consumo básico de cereales, el precio de los mismos tenderá a subir en el mercado, y el ahorro de cereal tendería ser bajo. Serán bajos tanto el precio al contado como el precio a futuro. Por lo que la tasa de preferencia temporal será alta.

En el mercado de capitales, la tasa de preferencia temporal se materializa en la tasa de interés. Cuándo hay poco ahorro disponible, el precio de dicho ahorro, es decir, el tipo de interés, tenderá a ser alto. Por lo cual la inversión será escasa. Sin embargo, en tanto que la sociedad vaya generando ahorro, el tipo de interés tenderá a bajar y como consecuencia de ello la inversión tenderá a subir.

En resumen aquí, conforme crece el ahorro podrá crecer la inversión en bienes de capital podrá ser también mayor. A nivel individual los empresarios podrán dotarse de más bienes de equipo, ya sea con su ahorro propio que ha crecido, ya sea con un préstamo de ahorro ajeno habiendo bajado los tipos de interés.

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¿Cómo se asigna el ahorro a los proyectos empresariales?

Según disminuye la tasa de preferencia temporal, y la gente decide ahorrar más, crece el ahorro y baja el tipo de interés. Existen más recursos por tanto para financiar bienes de capital.

Los empresarios estudian sus proyectos de inversión según la tasa de interés, puesto que si creen que un proyecto empresarial les va a generar un retorno del 6 % y el tipo de interés en el mercado de capitales es del 7 % el proyecto no resulta viable. Al aumentar el ahorro y bajar por tanto el tipo de interés, supongamos al 2 %, el proyecto tiene ya una rentabilidad positiva del 4 %. Así, muchos proyectos  que los empresarios tienen en cartera, por ejemplo para fabricar nueva ropa, nuevos ordenadores personales, nuevas viviendas o mejores teléfonos móviles se vuelven rentables cuándo bajan los tipos de interés.

Por lo tanto, con la bajada de los tipos de interés por el aumento de la cantidad de ahorro, el mismo tenderá a ser demandado para convertirlo en nueva inversión. Según vaya creciendo la demanda de ahorro por parte de los empresarios, tenderá en contrapartida a subir de nuevo tipo de interés, lo cual rebalancea y equilibra el mercado de ahorro. Pues conforme suba los proyectos empresariales menos rentables se quedarán sin poder captar ahorro. El mecanismo del libre mercado permite así asignar el ahorro, un bien escaso, de la manera más eficiente posible a los distintos proyectos empresariales.

Con la asignación de ahorro a la inversión en bienes de capital, o en definitiva a los proyectos empresariales en los que se van a aplicar dichos bienes por parte de los inversores, se inicia el desarrollo y crecimiento económicos.

¿Cómo se convierte el ahorro en desarrollo económico?

Y es que como empezábamos diciendo el desarrollo supone contar con más y mejores bienes de consumo. La esencia de la acción humana radica en que el hombre actúa para satisfacer sus necesidades, y cuántos más y mejores bienes tenga para ello a su disposición, mayor grado desarrollo económico podremos afirmar que tiene dicha sociedad. Hoy en día, gracias al desarrollo de los últimos siglos, un obrero medio cuenta con mejor ropa, mejor comida y mejores condiciones de vida en definitiva de las que tenía un Rey en la edad media, o un Emperador en época romana, o un Faraón del antiguo Egipto.

Y para producir más y mejores bienes, como también explicamos, y puesto que los bienes y servicios de consumo son la última etapa de un proceso de producción más complejo, la clave reside en que las etapas anteriores cuenten con capital suficiente, o dicho de otra manera, con los bienes de capital necesarios para ejecutar los planes empresariales que culminarán en bienes finales.

Es la función empresarial la que transforma el ahorro disponible, mediante la inversión y la ejecución de los planes empresariales, en desarrollo económico.

¿Cómo es el ciclo de desarrollo y crecimiento económico?

Como es fácil intuir de la lectura de los párrafos precedentes, en las épocas de crecimiento y desarrollo económico el ahorro tiende a dirigirse hacia las etapas de producción más alejadas de la etapa final de consumo, pues el interés de los inversores y empresarios es dotarse de nuevos bienes de capital con los que acometer planes empresariales que son rentables gracias al ahorro disponible y a la consecuente bajada del tipo de interés.

A su vez, en contrapartida, un aumento del ahorro supone que baja el consumo. Por lo que los bienes de producción, capital y mano de obra quedan ociosos en las industrias más cercanas a la etapa de consumo. Puesto que son las etapas más alejadas del consumo las que demandan inversión, utilizarán el ahorro que logren captar para sus planes y demandarán la mano de obra y recursos que quedan disponibles al reducirse el consumo.

Vemos por tanto un doble efecto de la correcta coordinación del libre mercado: el ahorro está utilizándose para financiar en etapas más alejadas del consumo nuevos proyectos que culminarán en el futuro en nuevos bienes finales, a la vez que el precio de los factores y mano de obra no tiende a subir toda vez que tiende a quedar desocupado de las etapas más cercanas al consumo.

Un efecto colateral es que los bienes de capital se abaratan, con la reducción de los tipos de interés. Así, las estructuras productivas se vuelven más “capital intensivas” puesto que resulta relativamente más barato utilizar bienes de capital. El Profesor Huerta de Soto ejemplifica el abaratamiento de los bienes de capital con la variación en el valor de un inmueble: si el valor actual es el valor descontado de todos los flujos de caja futuros, en el caso de un inmueble como bien de muy larga duración donde podemos tomar la licencia de aplicar la fórmula de las rentas perpetuas, y suponiendo un valor actual de 500 € al mes para dicha vivienda, la misma tendrá un valor neto de mercado de  60.000 € con un tipo de interés del 10 % ((500*12)/0.1) mientras que su valor actual neto subirá hasta 120.000 € con un tipo de interés del 5 % ((500*12)/0.05). Conclusión: se revalorizan los bienes reales y los bienes de capital, incentivando la inversión y el desarrollo. Y en un mercado libre no existirá riesgo de burbujas puesto que como ya adelantamos el tipo de interés irá subiendo conforme se vaya incrementando la demanda de ahorro.

Otro efecto colateral ya adelantado también: el precio de los bienes de consumo tenderá a bajar, en tanto que como se dijo la demanda de consumo se ve restringida por efecto del mayor ahorro, haciendo ello que los precios tiendan a reducirse.

Y el poder adquisitivo de los trabajadores tenderá a subir. Como consecuencia de que el precio de los salarios tenderá a haberse mantenido durante el desarrollo económico estudiado, puesto que la mano de obra que queda ociosa en los sectores más cercanos al consumo, por la bajada de la demanda de bienes de consumo, tiende a ser demandada por los sectores más alejados de la etapa final del proceso productivo, que son los que utilizan el ahorro para invertir en los ciclos de auge, y como consecuencia de que los precios de los bienes de consumo tenderá a bajar, según se explicó en el párrafo inmediatamente anterior. Es decir, los trabajadores mantienen su nivel salarial pero pueden adquirir los mismos bienes de consumo a menor precio, por lo que son más ricos, su poder adquisitivo es mayor.

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¿Y cuál es el resultado del desarrollo económico?

El ahorro se ha dirigido a la inversión, haciendo viables nuevos proyectos empresariales al poder los empresarios utilizar la inversión para adquirir nuevos bienes de capital con los que acometer sus proyectos, y dando finalmente lugar a una nueva estructura productiva que culmina en la situación que empezábamos anunciando: nuevos bienes y servicios de consumo a disposición de los consumidores, en mayor calidad y cuantía.

Al existir más bienes de consumo, el precio de los mismos tenderá a bajar, o tenderán a existir categorías de precios que permiten el acceso a todas las economías domésticas.

Además, y también como consecuencia del desarrollo económico que hemos estudiado, los trabajadores obtienen un mayor poder adquisitivo, puesto que aunque se hayan mantenido sus salarios nominales, en tanto que la mano de obra que queda libre en una parte de las etapas productivas se recoloca en otras etapas que demandan la nueva inversión, sus salarios reales son más altos pues, al bajar los precios de los bienes de consumo, tanto por una menor demanda al principio (como consecuencia del ahorro) como por una mayor abundancia al final (como consecuencia del desarrollo económico) pueden comprar más y mejores bienes con el mismo sueldo.

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¿Cuándo finaliza el desarrollo económico?

Las etapas económicas no son funciones ni modelos matemáticos, con un principio y un fin bien definidos. Al contrario, son consecuencia de la acción humana, y están por tanto en continua dinámica, y sujetas al libre albedrío y al futuro incierto. No existe un momento determinado en el que da comienzo el crecimiento, ni puede calcularse de ninguna manera el momento en que terminará.

Pero podemos saber en términos de teoría económica que en un momento determinado, conforme se vaya demandando ahorro por parte de los sectores inversores, el tipo de interés irá subiendo, haciendo cada vez menos viables los procesos empresariales. Esto regula el mercado, y equilibra el ahorro disponible.

De manera dinámica, y según vaya subiendo o bajando la tasa de preferencia temporal en la sociedad, habrá más o menos ahorro, equilibrándose la economía en cada momento. Cuándo la inversión demande menos ahorro, por la subida de tipos, los ahorradores tendrán menos incentivo para ahorrar y por tanto tenderán a destinar más recursos al consumo presente.

Fuente | Dinero, Crédito Bancario y Ciclos Económicos. Jesús Huerta de Soto. Unidad Editorial. ISBN 9788472095472

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