Bancarrota en Sevilla

Durante la Baja Edad Media la ciudad de Sevilla ya mantenía una importante actividad portuaria en torno a la Torre del Oro y el Puente de Barcas. Y tras el descubrimiento de América, y la fundación por parte los Reyes Católicos de la Casa de Contratación de Indias, el puerto de Indias de Sevilla se convierte en pocos años en entrada al Imperio español y por ende a Europa. En solo unas décadas el puerto de Indias pasó de despachar 3.000 toneladas de carga al año en 1506 a 30.000 toneladas año en 1550.

Las importantes cantidades de oro y plata a Sevilla desde América se quedaban las más de las veces depositadas en los Bancos de Sevilla, por motivos prácticos: el Banco custodiaba el oro y la plata y entregaba en contrapartida recibos de depósito, similares a letras o billetes de banco, que después circulaban con mayor facilidad en el comercio europeo. Se calcula que entre 1500 y 1650 llegaron a Sevilla unas 181 toneladas de oro y 16.886 toneladas de plata.

puerto de indias

En pocos años se constituyeron cientos de Bancos en Sevilla, creció la ciudad de manera espectacular y se convirtió en el nuevo Centro Financiero Mundial de la época, desplazando de dicha posición a las ciudades comerciales del norte de Italia.

El espectacular incremento del dinero en circulación supuso como no puede ser de otra manera una importante inflación, es decir, un considerable aumento de los precios de los bienes en el Reino de España. Pero no fue exclusivamente el aumento de los metales preciosos lo que supuso el importante proceso inflacionario que desencadenaría finalmente una profunda crisis económica. Sino que podemos encontrar el motivo principal en el funcionamiento de la Banca con reserva fraccionaria que usaron los banqueros de la época.

Siempre es grande la tentación del banquero de no mantener el cien por cien de las cantidades entregadas en depósito. Una vez que se constató que los recibos bancarios circulaban como dinero, y los clientes no iban al banco a retirar los depósitos, los banqueros veían este oro y plata allí depositado como un activo ocioso, que podían utilizar sin que nadie se enterase. Por supuesto, cada vez que incumplían el coeficiente de caja del cien por cien y utilizaban las reservas para poner nuevo dinero en circulación, expandían el crédito de manera importante.

Por ejemplo, pensemos que si los banqueros tienen 100 monedas en depósito, y comienzan a emitir billetes de depósito por 120 estarán trabajando con un coeficiente de caja del 80 % y multiplicando el dinero en circulación por 1,2 en una primera etapa. Si el nuevo dinero creado se vuelve a quedar depositado en los bancos, que siguen trabajando con un coeficiente similar, volverá a multiplicarse por 1,2 de nuevo en una segunda etapa. En tan solo dos etapas de expansión, habrá en circulación 144 billetes y solamente 80 monedas reales.  Esta fue la verdadera razón del enorme proceso inflacionario que asolaría más tarde al Imperio español. Trabajar por ejemplo con 144 billetes manteniendo solo 80 monedas suponía multiplicar el beneficio del banquero, de la misma manera que hoy las inversiones apalancadas multiplican exponencialmente la rentabilidad del inversor. Algunos estudios históricos señalan que la famosa Banca Medici llegó a operar con un coeficiente de caja del 10 %, por lo que debemos suponer que la expansión crediticia fue brutal.

Huelga decir que se trata de un fraude a los legítimos propietarios del dinero, sus depositantes. Dicha expansión crediticia sin respaldo de ahorro real genera un auge económico artificial que terminará en recesión.

A la avaricia de los banqueros debemos unir la avaricia del Monarca, que supuso también un importante incentivo para que los banqueros trabajasen con reserva fraccionaria. El emperador Carlos V tenía constantes necesidades de financiación de tesorería para llevar a cabo sus programas políticos imperiales, necesidades que no podía cubrir ni mucho menos con la generación de recursos de su patrimonio, ni con la recaudación de impuestos. Por ello, recurrió constantemente a los banqueros para financiarse, y seguramente conocedor de que éstos estaban falseando sus reservas permitía sin embargo dicha práctica para poder financiar su imperio. En un momento determinado, llegó a decretar la incautación de los depósitos de oro y plata de distintos banqueros, entregando a cambio pagarés reales que nadie sabía cuándo devolvería. Así, la Casa de Contratación de Sevilla “expropiaba” en nombre del monarca las reservas cuándo lo estimaba conveniente. Ello como decimos era un incentivo más que los banqueros utilizasen sus reservas: antes de que me lo quite el Rey, lo utilizo en mi beneficio propio.

thomas gresham

Thomas Gresham (1519-1579) fue un importante financiero y comerciante inglés, agente financiero y asesor de la monarquía y el gobierno de Inglaterra, así como de los nobles de los Países Bajos. En torno a 1555 fue enviado por la Reina de Inglaterra a Sevilla con orden de retirar en metálico 320.000 ducados. Según escribiría este financiero, tuvo serias dificultades para retirar dicho efectivo, y después de visitar muchos bancos solo pudo conseguir 200.000 ducados en efectivo. Gresham dejó escrito “temo dar ocasión a que todos los Bancos de Sevilla quiebren” refiriéndose a que si ejecutaba la orden en su importe total, crearía una quiebra del sistema. Algo increíble en la ciudad que se creía debía tener las mayores reservas de oro del mundo en aquel momento.

Posteriormente y de manera sucesiva, distintos bancos sevillanos fueron declarándose en quiebra, al no poder atender los banqueros las retiradas de depósitos de sus clientes. Además, las inversiones cruzadas daban lugar a que cuándo quebraba un banquero, ello afectaba a otros banqueros. Gracias a la obra del historiador Ramón Carande tenemos noticia de la quiebra en la segunda mitad del s. XVI de la familia Espinosa, de Ramón de Lizarras o de Pedro de Morga, que habían sido los banqueros más poderosos de esa Sevilla que era el centro del mundo.

emperador carlos v

Finalmente, como la teoría económica nos enseña, las expansiones crediticias originadas por el incumplimiento de un coeficiente de caja del cien por cien culminan inexorablemente en crisis financieras y económicas, y en importantes recesiones. Carlos V no pudo evitar el impago de parte de su deuda, y más tarde su hijo Felipe II tuvo que declarar el Reino en bancarrota. Tras la primera quiebra llegaron otras tres declaraciones de quiebra posteriores. Todo ello fue antecedente de la profunda crisis económica de 1640 que afecto al Imperio Español bajo la monarquía de los Austrias y que no finalizaría completamente hasta iniciado el s. XVII con el ascenso al poder de los Borbones.

Dinero, Crédito Bancario y Ciclos Económicos. Jesús Huerta de Soto. Unión Editorial. ISBN 978-84-7209-547-2

Imágenes | Wikipedia  Wikipedia  Wikipedia

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