Ahorro, Capital y Capitalismo.

EL CAPITAL ES DESARROLLO ECONÓMICO.

Cuándo tienes que cavar una zanja, es mucho más fácil hacerlo con un pico y una pala que con las manos. Y si tienes una máquina retroexcavadora, es aún más fácil que cavar a pico y pala. La diferencia entre tener una retroexcavadora y un pico es una diferencia en el capital poseído, pues tener una máquina suponer tener mayor capital productivo que tener solo el pico y la pala. A su vez, contar con un pico y una pala es contar con más capital que si tienes que cavar con las manos desnudas.

Capitalismo significa acumulación de capital. Una sociedad capitalista es una sociedad que cuenta con una acumulación de capital determinada (retroexcavadoras, altos hornos, grandes edificios de oficinas, o equipos informáticos) que le permite ser más productiva que si no contase con el mismo.

Y es que una hora de trabajo de un obrero de Estados Unidos es más productiva que una hora de trabajo de un obrero de Venezuela gracias a que el trabajador norteamericano cuenta con medios de capital en mayor cuantía y de mayor calidad que los que el de Sudamérica.

 

AHORRO

La única manera de acumular Capital es ahorrando. Solamente restringiendo el consumo presente, es decir, ahorrando, seremos capaces de generar capital. El agricultor que vendimia las cepas de manera manual solo podrá volverse más productivo adquiriendo una máquina vendimiadora, que realizará el trabajo de manera más eficaz, y en mucho menos tiempo. Pero para adquirir dicha máquina tendrá que ahorrar primero el dinero suficiente como para comprarla.

En un sistema capitalista existe una mercancía de gran liquidez, y que se constituye en reserva de valor, denominada Dinero, que permite a las personas guardar sus ahorros en una moneda estandarizada. Ello supone, amén de la gran ventaja de ejercitar el cambio indirecto, facilitando enormemente el comercio y la satisfacción de necesidades de los ciudadanos, independientemente de que se especialicen en uno u otro trabajo, la transacción de ahorro entre aquellos agentes que han conservado una parte de sus ingresos sin consumir, y aquellas personas que demandan dicho ahorro a cambio de devolverlo con una tasa de retorno adecuada.

Así, en el ejemplo anterior del agricultor interesado en comprar una máquina vendimiadora para optimizar su explotación, podrá acudir en un sistema de libre mercado a que un ahorrador le preste el dinero suficiente para comprar la máquina, en vez de ahorrar por sus propios medios durante unos años para comprarla. Es decir, el agricultor demanda bienes presentes del ahorrador a cambio de devolver bienes futuros en forma de amortización del préstamo recibido más una tasa de interés pactada sobre el mismo.

Ya sea por el propio ahorro del agricultor, o por el ahorro de otra persona que le preste los recursos necesarios, no se puede adquirir la máquina sin haber generado los recursos necesarios para ello. Es decir, la forma de crear capital es mediante el ahorro.

DINERO, SEGURIDAD JURÍDICA Y LIBERTAD.

Una cosa importante que decíamos en los párrafos preferentes, y que debemos volver a resaltar, es el hecho de que un sistema que propicie la generación de capital debe contar con un medio de intercambio y de reserva de valor, que permita a los ciudadanos acumular su ahorro durante años, para poder retener el mismo hasta que deban utilizarlo. Este medio es el Dinero, una mercancía que cuenta con liquidez suficiente para servir de medio de intercambio en la economía, y que además funciona adecuadamente como medio para preservar el valor y la riqueza de las personas.

En nuestro ejemplo de más arriba, el agricultor puede vender cada año la uva a los bodegueros, y cobrar en dinero, que le permitirá no solo utilizar el mismo para volver a comprar abono, o gasoil para el tractor, de cada a cuidar sus viñas para volver a recolectar uva el año siguiente, sino también poder guardar una parte de dicho dinero para, año a año, hacer crecer esos ahorros y poder comprar la máquina vendimiadora.

Otro requisito imprescindible es que las personas que integran la sociedad cuenten con una seguridad jurídica suficiente que les garantice que nadie les expropiará la riqueza que han conseguido ahorrar a lo largo de los años, pues de otra manera no existe incentivo para que la gente se esfuerce y ahorre. Al igual que necesitarán seguridad jurídica que impida que los contratos de préstamo, cuándo un ahorrador le presta a otra persona que lo demanda sus ahorros a cambio de un retorno con intereses, pues si no es así no existirán transacciones de capital que compensen al que demanda ahorro y al que lo tiene y está dispuesto a presarlo.

Y desde luego la sociedad capitalista necesitará que sus individuos cuenten con libertad para llevar a cabo sus planes sin interferencias de terceros, o de instituciones que en un momento determinado puedan interferir o intervenir en sus decisiones, sin que ellos hayan lesionado los derechos de otra persona.

BIENES DE CAPITAL.

Los bienes pueden ser de producción, cuándo se destinan a producir otros bienes o a prestar servicios, o bien de consumo, cuándo satisfacen una necesidad final de un individuo. Así, el máquina vendimiadora, el mosto, la maquinaria de la bodega y las botellas done se guarda el vino son bienes de producción, mientras que la botella de vino que adquiere una persona para disfrutar una comida familiar es un bien de consumo.

Los bienes de capital son bienes que pueden ser destinados por sus propietarios para producir otros bienes. Así, como queda puesto de manifiesto más arriba, los depósitos donde fermenta el mosto para convertirse en vino son un bien de capital.

Los bienes de capital son heterogéneos, existen multitud de bienes de capital distintos en una economía avanzada, como las máquinas que hacen circuitos integrados para teléfonos móviles, los robots que ensamblan los componentes de un coche, o las tijeras de podar los sarmientos de las cepas de un viñedo.

Los bienes de capital son también específicos, en la medida en que sirven para realizar una actividad productiva determinada, pues las tijeras de podar no sirven en una cadena de montaje de coches, ni los robots de la fábrica automovilística tienen aplicación en una viña. Sin embargo, por lo general existen bienes de capital complementarios, en tanto que un proceso de producción complejo requiere de multitud de bienes de capital que se complementan entre sí. Piense el lector en la cantidad de bienes de capital necesarios para producir un vehículo, primero los hornos donde se moldea la aleación del chasis, la fábrica donde se da forma al motor, o la cadena automatizada donde se ensamblan todos los componentes, todos bienes específicos para un fin, pero complementarios en la producción del mismo bien final.

Por todo lo expuesto, los bienes de capital son limitadamente convertibles y limitadamente divisibles. No puede convertirse un robot de una fábrica de coches en una máquina vendimiadora, y no puede dividirse una máquina vendimiadora en dos partes que sigan funcionando y realizando su labor.

CAPITAL

Si decíamos que los bienes de capital eran heterogéneos, y muchas veces poco intercambiables o indivisibles, un sistema de libre mercado donde exista una mercancía que pueda utilizarse como dinero de manera libre y segura entre sus ciudadanos supera dicha heterogeneidad al poderse valorar los distintos bienes de capital en un valor monetario.

Así, los bienes de capital pueden cotizarse en el mercado, teniendo un valor determinado en un momento del tiempo. Por ello, el agricultor puede valorar una máquina vendimiadora en 100.000 € y decidir si es más rentable comprarla para sus viñedos, o seguir vendimiando de manera manual.

Con el sistema de libre mercado, los bienes de capital se transforman en capital, es decir, en bienes que cuentan con un valor cierto de mercado, pudiendo por tanto el hombre tomar decisiones económicas sobre los mismos.

CAPITALISMO

El capitalismo por ello es la forma de organizar una sociedad que se basa en la defensa de la libertad del individuo, la igualdad de todos los ciudadanos, la propiedad privada y el derecho de cada hombre a ser el dueño del resultado de su trabajo.

De hecho, en toda sociedad que respete estos principios jurídicos fundamentales, como son la libertada, la igualdad y la justicia, se dará de manera automática como resultado una sociedad capitalista, pues el hombre tiende a crear y avanzar en la búsqueda de beneficio y comodidad, en tanto que nadie interfiera en ello, y para avanzar necesita ir acumulando capital, es decir, ir generando máquinas, edificios o equipos informáticos.

El bien común no es sino que cada uno pueda buscar en libertad su bien personal. Al interactuar cada individuo con los demás, y tener que comprar y venden o prestar sus servicios, se generará riqueza para todos.

Recordando lo que nos decía Adam Smith no es por la benevolencia del bodeguero que tengo buen vino en mi mesa, sino por su afán de lucro. Él se esfuerza durante un año, o dos, o cinco, para hacer el mejor vino y poder venderlo al mejor precio. Y yo me esfuerzo en trabajar para poder tener en mi mesa el mejor vino sin arruinarme por ello.

El respeto a los principios generales del Derecho supone respetar las más fundamentales leyes económicas. Todos los bienes y servicios se rigen por la ley de la oferta y la demanda, pues si alguien interfiere estaría descoordinando el proceso más eficiente de intercambio social de los bienes. El valor subjetivo y la ley de la utilidad marginal decreciente guiarán a cada hombre libre para pujar en la oferta y demanda de los bienes. La especialización en el trabajo que vuelve mejor panadero al panadero y mejor agricultor al agricultor solo puede ser posible desde la libertad, la igualdad y la justicia. El tiempo que necesita un vino de reserva o de crianza para elaborarse, o un tren de alta velocidad para construirse, solo será posible desde el respeto a la seguridad jurídica, donde el hombre sepa que hay unos principios jurídicos fundamentales que se mantienen vigentes por siempre, y no cambian de un día para otro.

Cualquier interferencia en la propiedad de un hombre supone un delito. Da igual que el dinero me lo quite un delincuente bajo la coacción de una pistola, un estafador refinado o bien un político que quiere financiar un proyecto que a él le parece magnifico, pues en los tres casos el hecho objetivo de que otro me quite lo que es mío supone un ilícito penal llamado robo. Por ello, en una sociedad capitalista la expresión del Estado debe ser mínima, pues toda actuación del mismo debe pagarla alguien, y el proceso coactivo necesario para obtener esa financiación, llámese impuestos, inflación o deuda pública, supone perjudicar el patrimonio del hombre común. Además, cualquier acción que un gobierno determine sobre los demás, estará coartando la libertad individual.

La libertad de un individuo termina donde empieza la de los demás. Bajo el respeto a los principios jurídicos, cualquier intromisión en la esfera de libertad de otro individuo debe penarse como tal. Puesto que por lo tanto debe existir una policía que arreste al delincuente, un juzgado que lo pueda enjuiciar y una prisión donde deba cumplir la pena correspondiente, se hace necesaria la existencia de un gobierno mínimo, a los solos efectos prácticos de proteger la libertad y el patrimonio de cada hombre. Por ello será necesario contribuir a dicho estado mínimo. Pero toda vez que dichos servidores públicos intentasen ir más allá de su función, estarían perjudicando al ciudadano libre.

Así, una sociedad capitalista no es más que una sociedad que respeta la ley y los derechos naturales de cada hombre, logrando con ello que cada hombre al buscar su bien individual contribuya al bien general. Y al avanzar en su búsqueda, le será posible ir acumulando capital que volverá más productiva dicha sociedad. Como dijimos antes, en una sociedad capitalista podemos permitirnos tener tiempo de ocio porque contamos con máquinas para hacer las zanjas, mientras que en una sociedad sin dichos medios de capital, donde deban cavar a pico y pala, o con las manos, gozarán de mucha menor calidad de vida.

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