La Imposibilidad del Socialismo.

Henri de Saint-Simon (1760-1825) es considerado el padre del Socialismo. Este filosofo e intelectual francés que vivió en los años de la Revolución Francesa y escribió conocidos ensayos a favor de las clases obreras y en contra de la propiedad privada fue el primero en defender una organización económica socialista, donde el gobierno del pueblo tiene la titularidad en exclusiva de los medios de producción y decide qué debe producirse, cómo debe producirse y cuándo debe producirse.

Más tarde, Karl Marx (1818-1883) expuso en su obra cómo el socialismo era el fin último que debían perseguir los trabajadores, y dio publicidad a sus ideas, que se extendieron por todo el mundo como una de las principales corrientes de pensamiento internacional.

Sin embargo, en los últimos doscientos años han sido muchos los intentos de llevar a la práctica el modelo de socialismo, y en todas las ocasiones el fracaso ha sido mayúsculo. Mientras que la otra corriente principal y opuesta, el Capitalismo, ha convertido a las naciones que lo han puesto en práctica en Estados fructíferos y desarrollados.

Si bien para muchos autores esto es así por perversas conspiraciones en la sombra de los malvados capitalistas,  lo cierto es que la teoría económica demostró hace ya años, a través del denominado “teorema de la imposibilidad del socialismo”, que una sociedad humana no puede regirse por un gobierno centralizado, pues esto resulta económicamente imposible, y deriva en hambre y miseria para los ciudadanos, como hemos visto en la práctica en la antigua URSS, en la China popular, en Corea del Norte, en la Alemania comunista, en Cuba o en Venezuela.

El hombre actúa para satisfacer sus fines, utilizando los medios económicos a su alcance. Valora sus fines de manera ordinal, desde el que más desea satisfacer en un momento determinado hasta el último en su escala, y da utilidad a los medios económicos según la capacidad que aprecia en los mismos para satisfacer dichos fines. Esto es en esencia la acción humana, la vida misma, la economía. Cuándo el hombre es libre en su acción, podrá elegir los medios a su alcance que estime que mejor satisfacen los fines que más valora.

La función empresarial consiste en encontrar maneras de satisfacer necesidades, propias y ajenas, de la forma más óptima posible mediante la utilización de los medios disponibles, teniendo en cuenta que los medios son escasos.

Así por ejemplo, si una persona descubre que puede elaborar un buen queso utilizando la leche del pastor de su pueblo, y venderlo después en la ciudad obteniendo un beneficio, no solo estará ganando él, sino que estará haciendo ganar dinero al pastor al que le compra la leche, y al cliente de la ciudad que está dispuesto a comprar el queso para satisfacer su apetito.

Desde luego, como bien señala el Profesor Jesús Huerta de Soto, la función empresarial es crear, descubrir, darse cuenta de algo. Consiste en darse cuenta de las oportunidades de negocio que surgen en su entorno y actuar en consecuencia para aprovechar las mismas.

El conocimiento empresarial es un conocimiento subjetivo de tipo práctico, no de tipo científico. Surge de la brillantez de la mente humana, y es propio y privativo de cada sujeto, aunque pasa a beneficiar al resto de la humanidad cuándo se explota por parte de su creador. Así, no cabe “extraer” dicho conocimiento y condensarlo en un libro, o en una máquina informática para su procesamiento. No existe un método científico para crear la Quinta Sinfonía, escribir el Quijote, o fundar Apple, sino que cada obra de un ser humano brillante es fruto de su propia acción empresarial. El ser humano libre, cuándo actúa, crea el conocimiento empresarial.

El acto empresarial crea información, en la medida en que una persona descubre que puede hacer algo que vendrá a satisfacer su propia necesidad, o la necesidad de otras personas. Transmite dicha información al mercado cuándo esta persona pone en práctica su idea. Y coordina los recursos escasos de la sociedad en función de los deseos de todos los que intervienen en el proceso. Por ejemplo, cuándo Bill Gates se dio cuenta de que todos los ordenadores en la década de los 70 eran muy grandes, y destinados a procesos empresariales, pero las familias y particulares demandaban ordenadores pequeños y sencillos, ideó los ordenadores personales. Al poner en práctica su idea, generó conocimiento y valor para sus clientes, para sus trabajadores y para la sociedad en general.

De la misma manera, cuándo un Bróker estima que el precio del trigo va a subir porque se prevé una mala cosecha, y compra trigo a futuro, está generando conocimiento y transmitiéndolo al mercado. El agricultor que le vende el trigo estará ganando seguridad, pues tiene un precio fijo para su cosecha. El panadero que compra el trigo para su horno de pan podrá ver en el mercado que los futuros estiman un alza del precio, y aprovisionarse de trigo.

Por la propia naturaleza humana, cada persona es única, por lo que como ya anticipamos más arriba el conocimiento empresarial es de carácter subjetivo y disperso, imposible de centralizar.

Y es cuándo entendemos la naturaleza de la acción humana y de la función empresarial cuándo podemos entender a su vez la imposibilidad del socialismo. Si bien la función empresarial de asignación de recursos económicos requiere de planificación, la planificación correcta solo puede ser la subjetiva de cada individuo cuándo actúa. No existe ningún método o forma de que un planificador central, un gobierno socialista, maneje toda la información existente en todas las cabezas de cada una de las personas que integran la sociedad para poder tomar la mejor decisión posible en cada momento, según los recursos disponibles, que mejor satisfaga las necesidades de cada miembro de la sociedad en ese momento concreto.

Solo el libre mercado puede crear y transmitir la información, permitiendo la mejor asignación posible de los recursos en cada momento, en función de la oferta y de la demanda.

Es más, si se delega la planificación económica en un órgano central, se coartará la capacidad de invención de cada ser humano, y además se distorsionará el proceso de asignación de recursos del mercado, a través del libre juego de la oferta y la demanda.

Debemos este análisis de la imposibilidad del socialismo a las obras de Hayeck, Mises y Böhm-Bawerk, entre otros muchos buenos economistas. El socialismo es un error intelectual de filósofos que no estudiaron en profundidad la verdadera teoría económica.

En la mayor parte de países del mundo tenemos hoy en día, sin embargo, un socialismo “descafeinado”, conocido como “tercera vía”, “socialismo de mercado” o “socialdemocracia”. Si bien buena parte de la sociedad considera que el capitalismo es la mejor forma de organizar económicamente un país, también entienden que hay parcelas que habrá que regular, o donde el gobierno debe intervenir. Se estima así que, si bien el “socialismo real” donde el gobierno central es el único planificador es algo imposible, un poco de intervención es absolutamente necesaria. Se nos dice que “no todo es blanco o negro”, que hay matices.

En términos de teoría económica podemos afirmar con seguridad que no existe ninguna parcela de la acción humana donde sea más óptima una asignación de recursos por parte de un gobierno que por parte del libre mercado. La intervención pública en cualquier materia tenderá a ser menos eficiente que la oferta-demanda, y distorsionará el mercado. Además, y como probó el Profesor Buchanan en su teoría de la “public choice” el Estado tenderá a crecer, a fagotizar a la sociedad y a buscar los intereses propios de los burócratas en detrimento de los intereses públicos. La obra del Profesor Juan Ramón Rallo “Una Revolución Liberal para España” donde repasa como sería la liberalización de todos los sectores públicos en nuestro país es buena prueba de ello.

Pero también debemos estar con Mises en su planteamiento del Estado mínimo, pues sería ingenuo pensar que puede pasarse del modelo socialdemócrata actual a un modelo liberal de la noche a la mañana.

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¿Monarquía o República?

Resulta fascinante observar cómo la mayor parte de la población se debate sobre Monarquía o República, considerando cada bando que su opción es la de mejor gobierno. Para aclarar conceptos sobre el buen gobierno y el mal gobierno, lo mejor es estudiar a los clásicos, es decir, estudiar la teoría y el origen de las instituciones políticas.

La palabra Política tiene su origen en el vocablo griego “πολιτικός” que significa civil u ordenamiento de los asuntos del ciudadano. Es decir, cómo resolver los problemas de convivencia colectiva.

Política es también el nombre del famoso libro de Aristóteles (384 a.C. – 322 a.C.) que escribió sobre la base de las obras anteriores de Platón, Phaleas o Hipódamo. Obra magna de la filosofía política que desde entonces se convirtió en tratado fundamental de esta disciplina, es decir, sobre la regulación de los asuntos públicos.

Aristóteles divide las distintas formas de Gobierno en función de si el poder lo ostenta una sola persona, varias personas o muchas personas. Y después da nombres distintos a estas formas de gobierno, en función de que las mismas reporten al pueblo un buen gobierno, o un mal gobierno. El buen gobierno es por supuesto aquél que busca el bien común, y el mal gobierno es aquél que busca solo el bien de aquél o aquellos que gobiernan.

Formas de Gobierno

Cuándo es una sola persona  la que rige la comunidad de manera correcta y formal, esta forma de gobierno recibe el nombre de Monarquía. Sin embargo, cuándo esta persona busca solamente satisfacer sus intereses particulares, se convierte en Tiranía.

Cuándo son varias personas las que dirigen los asuntos públicos en busca del bien común de los ciudadanos, el sistema político recibe el nombre de Aristocracia. Sin embargo, si este gobierno se pervierte, trabajando solo por objetivos particulares de los gobernantes, estaremos ante una Oligarquía.

Cuándo son muchas personas las que gobiernan el pueblo, en forma de Parlamento o Senado, y trabajan cada día para gestionar de la mejor manera posible los asuntos públicos, este gobierno recibe el nombre de República. Cuándo estos gobernantes se centran en satisfacer únicamente sus propios intereses, es decir, los de los grupos gobernantes que han accedido al poder, este gobierno pervertido recibe el nombre de Democracia.

Lo primero que llamará la atención es que, como podemos ver en este último párrafo, lo que comúnmente se asocia con el mejor gobierno actual, la Democracia, ya fue enunciado hace más de dos mil años por Aristóteles como una nefasta forma de gobierno, pues los gobernantes no se centran en el pueblo, sino en ellos mismos y en los objetivos particulares de sus propios grupos. Hoy podemos apreciar cómo ello es así, pues los partidos que gobiernan tiene como finalidad no perder el poder, y cumplir con los objetivos de los grupos más cercanos, y de los lobbies que más votos les reportan. En vez de tener como finalidad satisfacer el bien común, sin importar la reelección, o incluso a costa de los intereses de sus más allegados.

Lo segundo que sorprenderá al lector, y que constituye el objeto de este ensayo, es que tanto Monarquía como República son formas de buen gobierno, no están contrapuestas. La diferencia entre ambas es que en la primera es un solo hombre el que ostenta el poder, y en la segunda son muchos hombres. Pero en ambos casos el gobierno es legítimo, en tanto que busca resolver de la mejor manera posible los conflictos de convivencia entre los ciudadanos, que es la finalidad del gobernante.

Ahorro, Capital y Capitalismo.

EL CAPITAL ES DESARROLLO ECONÓMICO.

Cuándo tienes que cavar una zanja, es mucho más fácil hacerlo con un pico y una pala que con las manos. Y si tienes una máquina retroexcavadora, es aún más fácil que cavar a pico y pala. La diferencia entre tener una retroexcavadora y un pico es una diferencia en el capital poseído, pues tener una máquina suponer tener mayor capital productivo que tener solo el pico y la pala. A su vez, contar con un pico y una pala es contar con más capital que si tienes que cavar con las manos desnudas.

Capitalismo significa acumulación de capital. Una sociedad capitalista es una sociedad que cuenta con una acumulación de capital determinada (retroexcavadoras, altos hornos, grandes edificios de oficinas, o equipos informáticos) que le permite ser más productiva que si no contase con el mismo.

Y es que una hora de trabajo de un obrero de Estados Unidos es más productiva que una hora de trabajo de un obrero de Venezuela gracias a que el trabajador norteamericano cuenta con medios de capital en mayor cuantía y de mayor calidad que los que el de Sudamérica.

 

AHORRO

La única manera de acumular Capital es ahorrando. Solamente restringiendo el consumo presente, es decir, ahorrando, seremos capaces de generar capital. El agricultor que vendimia las cepas de manera manual solo podrá volverse más productivo adquiriendo una máquina vendimiadora, que realizará el trabajo de manera más eficaz, y en mucho menos tiempo. Pero para adquirir dicha máquina tendrá que ahorrar primero el dinero suficiente como para comprarla.

En un sistema capitalista existe una mercancía de gran liquidez, y que se constituye en reserva de valor, denominada Dinero, que permite a las personas guardar sus ahorros en una moneda estandarizada. Ello supone, amén de la gran ventaja de ejercitar el cambio indirecto, facilitando enormemente el comercio y la satisfacción de necesidades de los ciudadanos, independientemente de que se especialicen en uno u otro trabajo, la transacción de ahorro entre aquellos agentes que han conservado una parte de sus ingresos sin consumir, y aquellas personas que demandan dicho ahorro a cambio de devolverlo con una tasa de retorno adecuada.

Así, en el ejemplo anterior del agricultor interesado en comprar una máquina vendimiadora para optimizar su explotación, podrá acudir en un sistema de libre mercado a que un ahorrador le preste el dinero suficiente para comprar la máquina, en vez de ahorrar por sus propios medios durante unos años para comprarla. Es decir, el agricultor demanda bienes presentes del ahorrador a cambio de devolver bienes futuros en forma de amortización del préstamo recibido más una tasa de interés pactada sobre el mismo.

Ya sea por el propio ahorro del agricultor, o por el ahorro de otra persona que le preste los recursos necesarios, no se puede adquirir la máquina sin haber generado los recursos necesarios para ello. Es decir, la forma de crear capital es mediante el ahorro.

DINERO, SEGURIDAD JURÍDICA Y LIBERTAD.

Una cosa importante que decíamos en los párrafos preferentes, y que debemos volver a resaltar, es el hecho de que un sistema que propicie la generación de capital debe contar con un medio de intercambio y de reserva de valor, que permita a los ciudadanos acumular su ahorro durante años, para poder retener el mismo hasta que deban utilizarlo. Este medio es el Dinero, una mercancía que cuenta con liquidez suficiente para servir de medio de intercambio en la economía, y que además funciona adecuadamente como medio para preservar el valor y la riqueza de las personas.

En nuestro ejemplo de más arriba, el agricultor puede vender cada año la uva a los bodegueros, y cobrar en dinero, que le permitirá no solo utilizar el mismo para volver a comprar abono, o gasoil para el tractor, de cada a cuidar sus viñas para volver a recolectar uva el año siguiente, sino también poder guardar una parte de dicho dinero para, año a año, hacer crecer esos ahorros y poder comprar la máquina vendimiadora.

Otro requisito imprescindible es que las personas que integran la sociedad cuenten con una seguridad jurídica suficiente que les garantice que nadie les expropiará la riqueza que han conseguido ahorrar a lo largo de los años, pues de otra manera no existe incentivo para que la gente se esfuerce y ahorre. Al igual que necesitarán seguridad jurídica que impida que los contratos de préstamo, cuándo un ahorrador le presta a otra persona que lo demanda sus ahorros a cambio de un retorno con intereses, pues si no es así no existirán transacciones de capital que compensen al que demanda ahorro y al que lo tiene y está dispuesto a presarlo.

Y desde luego la sociedad capitalista necesitará que sus individuos cuenten con libertad para llevar a cabo sus planes sin interferencias de terceros, o de instituciones que en un momento determinado puedan interferir o intervenir en sus decisiones, sin que ellos hayan lesionado los derechos de otra persona.

BIENES DE CAPITAL.

Los bienes pueden ser de producción, cuándo se destinan a producir otros bienes o a prestar servicios, o bien de consumo, cuándo satisfacen una necesidad final de un individuo. Así, el máquina vendimiadora, el mosto, la maquinaria de la bodega y las botellas done se guarda el vino son bienes de producción, mientras que la botella de vino que adquiere una persona para disfrutar una comida familiar es un bien de consumo.

Los bienes de capital son bienes que pueden ser destinados por sus propietarios para producir otros bienes. Así, como queda puesto de manifiesto más arriba, los depósitos donde fermenta el mosto para convertirse en vino son un bien de capital.

Los bienes de capital son heterogéneos, existen multitud de bienes de capital distintos en una economía avanzada, como las máquinas que hacen circuitos integrados para teléfonos móviles, los robots que ensamblan los componentes de un coche, o las tijeras de podar los sarmientos de las cepas de un viñedo.

Los bienes de capital son también específicos, en la medida en que sirven para realizar una actividad productiva determinada, pues las tijeras de podar no sirven en una cadena de montaje de coches, ni los robots de la fábrica automovilística tienen aplicación en una viña. Sin embargo, por lo general existen bienes de capital complementarios, en tanto que un proceso de producción complejo requiere de multitud de bienes de capital que se complementan entre sí. Piense el lector en la cantidad de bienes de capital necesarios para producir un vehículo, primero los hornos donde se moldea la aleación del chasis, la fábrica donde se da forma al motor, o la cadena automatizada donde se ensamblan todos los componentes, todos bienes específicos para un fin, pero complementarios en la producción del mismo bien final.

Por todo lo expuesto, los bienes de capital son limitadamente convertibles y limitadamente divisibles. No puede convertirse un robot de una fábrica de coches en una máquina vendimiadora, y no puede dividirse una máquina vendimiadora en dos partes que sigan funcionando y realizando su labor.

CAPITAL

Si decíamos que los bienes de capital eran heterogéneos, y muchas veces poco intercambiables o indivisibles, un sistema de libre mercado donde exista una mercancía que pueda utilizarse como dinero de manera libre y segura entre sus ciudadanos supera dicha heterogeneidad al poderse valorar los distintos bienes de capital en un valor monetario.

Así, los bienes de capital pueden cotizarse en el mercado, teniendo un valor determinado en un momento del tiempo. Por ello, el agricultor puede valorar una máquina vendimiadora en 100.000 € y decidir si es más rentable comprarla para sus viñedos, o seguir vendimiando de manera manual.

Con el sistema de libre mercado, los bienes de capital se transforman en capital, es decir, en bienes que cuentan con un valor cierto de mercado, pudiendo por tanto el hombre tomar decisiones económicas sobre los mismos.

CAPITALISMO

El capitalismo por ello es la forma de organizar una sociedad que se basa en la defensa de la libertad del individuo, la igualdad de todos los ciudadanos, la propiedad privada y el derecho de cada hombre a ser el dueño del resultado de su trabajo.

De hecho, en toda sociedad que respete estos principios jurídicos fundamentales, como son la libertada, la igualdad y la justicia, se dará de manera automática como resultado una sociedad capitalista, pues el hombre tiende a crear y avanzar en la búsqueda de beneficio y comodidad, en tanto que nadie interfiera en ello, y para avanzar necesita ir acumulando capital, es decir, ir generando máquinas, edificios o equipos informáticos.

El bien común no es sino que cada uno pueda buscar en libertad su bien personal. Al interactuar cada individuo con los demás, y tener que comprar y venden o prestar sus servicios, se generará riqueza para todos.

Recordando lo que nos decía Adam Smith no es por la benevolencia del bodeguero que tengo buen vino en mi mesa, sino por su afán de lucro. Él se esfuerza durante un año, o dos, o cinco, para hacer el mejor vino y poder venderlo al mejor precio. Y yo me esfuerzo en trabajar para poder tener en mi mesa el mejor vino sin arruinarme por ello.

El respeto a los principios generales del Derecho supone respetar las más fundamentales leyes económicas. Todos los bienes y servicios se rigen por la ley de la oferta y la demanda, pues si alguien interfiere estaría descoordinando el proceso más eficiente de intercambio social de los bienes. El valor subjetivo y la ley de la utilidad marginal decreciente guiarán a cada hombre libre para pujar en la oferta y demanda de los bienes. La especialización en el trabajo que vuelve mejor panadero al panadero y mejor agricultor al agricultor solo puede ser posible desde la libertad, la igualdad y la justicia. El tiempo que necesita un vino de reserva o de crianza para elaborarse, o un tren de alta velocidad para construirse, solo será posible desde el respeto a la seguridad jurídica, donde el hombre sepa que hay unos principios jurídicos fundamentales que se mantienen vigentes por siempre, y no cambian de un día para otro.

Cualquier interferencia en la propiedad de un hombre supone un delito. Da igual que el dinero me lo quite un delincuente bajo la coacción de una pistola, un estafador refinado o bien un político que quiere financiar un proyecto que a él le parece magnifico, pues en los tres casos el hecho objetivo de que otro me quite lo que es mío supone un ilícito penal llamado robo. Por ello, en una sociedad capitalista la expresión del Estado debe ser mínima, pues toda actuación del mismo debe pagarla alguien, y el proceso coactivo necesario para obtener esa financiación, llámese impuestos, inflación o deuda pública, supone perjudicar el patrimonio del hombre común. Además, cualquier acción que un gobierno determine sobre los demás, estará coartando la libertad individual.

La libertad de un individuo termina donde empieza la de los demás. Bajo el respeto a los principios jurídicos, cualquier intromisión en la esfera de libertad de otro individuo debe penarse como tal. Puesto que por lo tanto debe existir una policía que arreste al delincuente, un juzgado que lo pueda enjuiciar y una prisión donde deba cumplir la pena correspondiente, se hace necesaria la existencia de un gobierno mínimo, a los solos efectos prácticos de proteger la libertad y el patrimonio de cada hombre. Por ello será necesario contribuir a dicho estado mínimo. Pero toda vez que dichos servidores públicos intentasen ir más allá de su función, estarían perjudicando al ciudadano libre.

Así, una sociedad capitalista no es más que una sociedad que respeta la ley y los derechos naturales de cada hombre, logrando con ello que cada hombre al buscar su bien individual contribuya al bien general. Y al avanzar en su búsqueda, le será posible ir acumulando capital que volverá más productiva dicha sociedad. Como dijimos antes, en una sociedad capitalista podemos permitirnos tener tiempo de ocio porque contamos con máquinas para hacer las zanjas, mientras que en una sociedad sin dichos medios de capital, donde deban cavar a pico y pala, o con las manos, gozarán de mucha menor calidad de vida.

La servidumbre en nuestro Derecho Civil

El derecho real de propiedad es el más absoluto de los derechos que una persona puede ostentar sobre una cosa, y le da derecho a su total posesión, uso y disfrute, pero evidentemente los derechos terminan siempre dónde empiezan los derechos de los demás, y un caso especial de ello lo constituyen las servidumbres.

La servidumbre es una carga que se constituye sobre un bien, y que por tanto limita el derecho de propiedad del mismo, a favor de otro bien. Este bien se denomina predio sirviente. Existiendo otro bien, el predio dominante, a favor del cual opera la carga de la servidumbre.

La servidumbre puede ser voluntaria, cuándo nace del libre acuerdo de voluntades de los propietarios de ambos predios. O bien legal, cuándo dicho acuerdo entre propietarios tiene su base en un precepto legal que habilita al propietario del predio dominante a exigir la constitución de la servidumbre al propietario del predio sirviente. Y es que cuándo la ley prevé una servidumbre, bastará con que el propietario del predio dominante la solicite expresamente para que se deba pactar la misma, no pudiendo negarse a ella el propietario del predio sirviente.

Desde luego, en todo caso el propietario del predio sirviente debe obtener una indemnización suficiente por la servidumbre.

En nuestro Derecho Civil encontramos diversas servidumbres, que vamos a resumir a continuación:

  1. Servidumbre de Aguas. Arts. 552 y ss. C.C. Los predios inferiores están sujetos a recibir las aguas que naturalmente y sin obra del hombre, descienden de los predios superiores, así como la tierra o piedra que arrastran en su curso. Ni el dueño del predio inferior puede hacer obras que impidan esta servidumbre, ni el del superior obras que la agraven.
  2. Servidumbre de Paso. Arts.564 y ss. C.C. El propietario de una finca o heredad, enclavada entre otras ajenas y sin salida a camino público, tiene derecho a exigir paso por las hereda-des vecinas, previa la correspondiente indemnización. Si esta servidumbre se constituye de manera que pueda ser continuo su uso para todas las necesidades del predio dominante estableciendo una vía permanente, la indemnización consistirá en el valor del terreno que se ocupe y en el importe de los perjuicios que se causen en el predio sirviente. Cuando se limite al paso necesario para el cultivo de la finca enclavada entre otras y para la extracción de sus cosechas a través del predio sirviente sin vía permanente, la indemnización consistirá en el abono del perjuicio que ocasione este gravamen.
  3. Servidumbre de Medianería. Arts. 571 y ss. C.C. Es el derecho que los propietarios contiguos tienen sobre los muros o setos divisorios de sus respectivas fincas. Se presume la servidumbre de medianería mientras no haya un título, o signo exterior, o prueba en contrario:
  4. En las paredes divisorias de los edificios contiguos hasta el punto común de elevación.
  5. En las paredes divisorias de los jardines o corrales sitos en poblado o en el campo.
  6. En las cercas, vallados y setos vivos que dividen los predios rústicos.
  7. Servidumbre de luces y vistas. Arts. 580 y ss. C.C. La servidumbre de luces conlleva abrir huecos de ciertas condiciones para tomar luz del predio ajeno. La servidumbre de vistas consiste en poder abrir huecos o ventanas para gozar vistas a través de un predio ajeno, y de poder impedir toda obra que las merme o dificulte.
  8. Servidumbre de Desagües de edificios. Arts. 586 y ss. C.C. El propietario de un edificio está obligado a construir sus tejados o cubierta de manera que las aguas pluviales caigan sobre su propio suelo o sobre la calle o sitio público, y no sobre el suelo del vecino. Aun cayendo sobre el propio suelo, el propietario está obligado a recoger las aguas de modo que no causen perjuicio al predio contiguo. El dueño del predio que sufra la servidumbre de vertiente de los tejados, podrá edificar recibiendo las aguas sobre su propio tejado o dándoles otra salida.

La servidumbre es en definitiva, como decíamos, una limitación al derecho de propiedad del predio sirviente a favor del derecho de propiedad del predio dominante.

Expansión Monetaria y Revolución Francesa

La Revolución Francesa marcó el fin del Antiguo Régimen, y supuso el avance desde la monarquía absolutista y el feudalismo hacia el gobierno liberal de la burguesía y el pueblo. Sin embargo, la Primera República duró solo diez años, desde su proclamación por la Asamblea Nacional en 1789 hasta el golpe de Estado de Napoleón Bonaparte en 1799.

Los historiadores han mantenido múltiples justificaciones políticas y sociales para explicar la fugacidad de la Primera República Francesa. Lo cierto es que la verdadera razón fue más bien la profunda crisis económica en la que se encontraba Francia cuándo Napoleón decidió asaltar el poder.

¿Cómo puede ser que un país próspero y rico durante el s. XVIII, y qué quizá fuese la gran potencia mundial de la época, cayese en la más absoluta pobreza en solo unos años? Pues bien, al inicio de la Primera República el Estado mantenía una deuda pública que se cuantificó por la Asamblea Nacional en 170 millones de libras, y que no podía atenderse con los ingresos corrientes. Pese a la oposición de unos pocos dirigentes, entre ellos el Ministro de Finanzas, que veían en la expansión crediticia una solución peligrosa, la Asamblea acabó aprobando en 1790 la emisión de 400 millones de libras, destinados a paliar la deuda estatal y a inyectar el resto en la economía nacional para reactivarla.

Puesto que en aquella época apenas se aceptaba el dinero fiduciario, la emisión de esta moneda tenía como subyacente bienes reales. Concretamente el patrimonio embargado por la República a la Iglesia, unos bienes valorados entre 2.000 y 3.000 millones de libras. Y como toda expansión monetaria en su inicio, produjo efectos que podrían calificarse de exitosos, pues la economía pronto se reactivó y se incrementó sobremanera la demanda, sobre todo de los grupos que se vieron más favorecidos por parte de la nueva moneda.

Pero en solo seis meses el Estado se había gastado toda la nueva emisión, y decidió volver a emitir moneda, para mantener el ritmo de la economía. Unos meses después se realizó una tercera emisión, después una cuarta, y así continuaron durante unos años. Si al principio la nueva moneda representaba solo en torno a un 13 % del mayor valor del subyacente que la garantizaba  (400 sobre 3.000) en solo unos años el valor de la nueva moneda ya copa el 100 % del valor del subyacente.

Y es que cuándo se “dopa” la economía con una expansión monetaria, se crea un crecimiento ficticio que tiende a derivar en sobrevaloraciones de los bienes, como la burbuja inmobiliaria que vivimos hace solo unos años. Y la única manera de que no explote es volver a introducir dinero en el sistema. Pero no obstante el mercado tiende a crear distintos efectos económicos que siempre acaban “pinchando” la burbuja y llevando a la economía a un período de recesión.

El caso es que en Francia la inflación se disparó enormemente, subiendo de manera desmedida el precio de las materias primas y los bienes reales, hasta el punto de que los precios del pan, la leche o la fruta eran inasumibles para la mayor parte del pueblo, creando hambre y miseria por doquier.

Finalmente, esta nefasta situación económica fue lo que llevó a Napoleón a dar un golpe de Estado, declarar una nueva constitución que lo convertía en Primer Cónsul y acabar con el régimen de la República, con el objetivo de salvar de la miseria económica al pueblo. Cuándo Napoleón ascendió al poder declaró “Pagaré al contado, o no pagaré”, haciendo ver que era consciente de que la crítica situación era resultado de las expansiones crediticias de la República.

Vía | Blog Big Data – Juan Manuel López Zafra