¿La Justicia Social es Justa??

A lo largo de la historia de la humanidad, y en distintos pueblos y épocas, tenemos noticia de distintos sistemas normativos que han guiado a las naciones en su devenir y han informado su Derecho.

unoEn el mundo occidental y durante los últimos siglos, hemos conocido dos grandes sistemas de justicia que han pujado entre sí por regir el sistema normativo del mundo desarrollado, a saber: el sistema de justicia social y el de justicia liberal.

El primero está informado por principios socialistas, que hunden sus raíces en la obra de Marx, de la Escuela Histórica alemana, del sistema social alemán, del New Age estadounidense y del keyensinismo económico, desembocando en lo que hoy conocemos como Estado Social.

Y el segundo tiene su raíz en la Escuela de Salamanca, la revolución liberal que rompe con el antiguo régimen absolutista en distintos momentos de los s. XVII y SVIII, la constitución de Estados Unidos, y las revoluciones industriales, anclado en la obra de los economistas neoclásicos, los monetaristas y muy especialmente la Escuela Austríaca.

El modelo de justicia social, que tiene como máxima el principio del socialismo utópico marsixta <<a cada cuál según sus necesidades, de cada cuál según sus capacidades>> propugna que la labor fundamental del Estado es redistribuir la riqueza. Todos los miembros de la sociedad deben contribuir según su capacidad, mediante el pago de impuestos, y después el organismo estatal redistribuirá otorgando a cada uno lo que necesite, para cuidar que aquellos más desvalidos gocen de los mismos servicios que los más capaces. Este es el andamiaje básico de nuestro Estado del Bienestar, y el modelo que tienen la gran mayoría de los países de la zona Euro. Justifica de manera plena la intervención del Estado en la economía y la sociedad, para “organizar” los recursos. Podríamos decir que el fin aquí (la redistribución) justifica los medios (la coerción estatal).

dosEl modelo liberal, basado en el principio <<cada uno lo suyo>> (suum cuique), dispone que la propiedad privada y la libertad deben guiar y fundamentar las relaciones entre los ciudadanos. Así, el libre comercio entre los hombres, donde cada uno ofrece su trabajo o su capital, sus productos o sus servicios, da lugar a la asignación más eficiente posible de los recursos, y a una convivencia pacífica y ordenada. Este sistema moral inspira un sistema económico donde la intervención estatal debe ser mínima, pues es la libertad del individuo (y su responsabilidad como cortapisa) la que prima en el ordenamiento jurídico.

En el plano jurídico, un sistema normativo liberal tendrá solamente unas leyes generales, basadas en los principios jurídicos del derecho natural, y fundamentalmente de Derecho Civil (para regular las relaciones privadas y mercantiles) y de Derecho Penal (para regular las sanciones de aquellos ciudadanos que perjudiquen la libertad e integridad de otra persona y de su patrimonio. Mientras que un sistema normativo socialista tendrá, amen de una normativa fundamental o constitucional que desplaza el poder desde los ciudadanos al Estado, una maraña de leyes administrativas, decretos y reglamentos, pues tenderá a ordenar todos y cada uno de los detalles de la vida de sus ciudadanos.

Como bien han demostrado en el plano teórico Bohm-Bawerk, Mises o Hayeck, y como también ha demostrado la evidencia histórica (Rusia, Alemania Oriental, Corea del Norte, Venezuela o Cuba) ninguna redistribución estatal puede ser más eficiente que el libre mercado.

¿Qué pasa si un mismo bien quiere ser consumido a la vez por dos personas? El sistema de precios permite adjudicar dicho bien a quién más pague por él, a través del mercado, por lo que el incentivo de cada ciudadano es trabajar, mercadear y crear valor para poder cubrir sus necesidades. En un estado socialista, es un burócrata (directamente, o a través de una norma) quién decide a quién se asignará, por lo que el incentivo de cada ciudadano será cortejar al burócrata, o seguir lo que diga dicha norma en cada momento para conseguir satisfacer sus necesidades. Puesto que ningún burócrata ni gobierno tiene la posibilidad de manejar toda la información necesaria para asignar los recursos, jamás podrá ser más eficiente en ello que el mercado, donde a través de la oferta y la demanda se ponen de manifiesto todas las necesidades de cada ciudadano y su valoración de los productos ofrecidos, es decir, se cruza y organiza toda la información económica de la sociedad, de manera automática.

Fuente | Carlos Rodriguez Braun   Una Revolución Liberal para España. Juan Ramón Rallo

Imágenes | wikipedia    wikipedia

Tipos de interés, ciclos económicos y rentabilidad empresarial.

Uno de los axiomas de la acción humana es que, a igualdad de condiciones, el hombre prefiere satisfacer sus necesidades lo antes posible, haciendo primar siempre el presente sobre el futuro, prefiriendo elegir los bienes presentes a los bienes futuros. Si tiene hambre y quiere una manzana, preferirá una manzana ahora a la misma manzana mañana, o dentro de un año.

De dicho principio de la preferencia temporal se deriva  igualmente el hecho de que una manzana hoy valdrá más que esa misma manzana mañana. Sin embargo puede que el hombre esté dispuesto a aceptar cambiar una manzana de hoy por dos manzanas mañana. Este es un intercambio de bienes presentes (la manzana de hoy) por bienes futuros (las dos manzanas mañana). La manzana adicional supone el precio que compensa la espera de tiempo (un día) e iguala el bien presente con el bien futuro (tipo de interés bruto).

Aunque la preferencia temporal es una ley humana universal, no todo el mundo tiene el mismo grado de preferencia temporal en todo momento, o respecto de todos los bienes. Existirán personas que tengan mayor propensión a retrasar el consumo de bienes presentes, por tener una menor intensidad en su preferencia temporal en ese momento y con ese bien, y otras que por el contrario tendrán una mayor  intensidad en su deseo de satisfacer sus necesidades de bienes presentes. Estos últimos demandan bienes presentes que quizá no tienen, mientras que las personas que tengan bienes presentes y no deseen consumirlos  (ahorradores) estarán dispuestos a venderlos a cambio de bienes futuros que incorporen una compensación o interés. Dando lugar al mercado intertemporal, donde se intercambian bienes presentes por bienes futuros.

La forma de intercambiar bienes presentes por bienes futuros da lugar a distintos mercados intertemporales. Por ejemplo, en el mercado de trabajo los empresarios, que poseen bienes presentes, los intercambian por el trabajo de sus empleados, a los que pagan un salario por contribuir a la elaboración de un producto o servicio cuyo precio ellos recogerán en el futuro.

Otro ejemplo importante de mercado intertemporal es el mercado financiero, en el que los ahorradores deciden prestar bienes presentes de los que han acumulado un exceso, a los demandantes de dicho ahorro, prestando a cambio de recibir un retorno en el futuro del mismo importe más una compensación por el tiempo que medie entre tanto.

El interés es la prima exigida por los oferentes de bienes presentes para ofrecerlos a cambio de bienes futuros. En la práctica, suele denominarse en términos relativos, por lo que si se observa en el mercado, en un momento determinado, que los oferentes de bienes presentes venden 1.000 unidades a cambio de recibir 1.100 dentro de un año decimos que el tipo de interés es del 10 %.

El tipo de interés observable en el mercado, que podemos denominar interés bruto, sería por tanto la diferencia entre los bienes presentes y los bienes futuros, que compensa a los oferentes y les hace estar dispuestos a realizar el préstamo o intercambio con bienes futuros. Y lo llamamos bruto porque, en su esencia o composición, podríamos desgranar al menos tres elementos distintos:

  1. La tasa de preferencia temporal.
  2. El riesgo.
  3. La inflación esperada.

La tasa de preferencia temporal podríamos denominarla interés puro, y es el precio que en cada momento demanda el mercado de intercambio de bienes presentes por bienes futuros. Así también, los demandantes de bienes futuros tendrán distintos perfiles de riesgo, por lo que el oferente exigirá una tasa más alta cuánto mayor riesgo perciba por parte de su deudor. Por último, si el prestamista estima que en el momento futuro los bienes a recibir habrán sufrido una depreciación por efecto de la inflación, exigirá una tasa que iguale el precio presente con el futuro.

Por poner un sencillo ejemplo de lo expuesto, si la tasa de preferencia temporal en un momento determinado en el mercado es del 4 % anual, y la inflación esperada para el próximo año es del 2 %, el tipo de interés que exigirán al menos los oferentes de bienes futuros será del 6 % anual. Si además suponemos que la tasa estadística de impagos en el país en ese momento es del 3 % un oferente exigirá al menos un 9 % para realizar un intercambio de bienes presentes por bienes futuros.

Realmente, aunque cuándo pensamos en tipo de interés pensamos en el mercado financiero, la estructura productiva total de la sociedad es en sí misma un gran mercado de intercambio de bienes presentes por bienes futuros. Como ya dijimos antes, el mercado de trabajo es un mercado intertemporal donde los trabajadores aceptan bienes presentes (salarios) a cambio de prestar su trabajo a favor de los bienes futuros que venderá el empresario. Pero es que la relación entre todos los estamentos de la estructura productiva de la sociedad es realmente un intercambio de bienes presentes por bienes futuros: el propietario de una mina vende el hierro hoy al propietario de la fábrica de acero, que está dispuesto a desprenderse de su dinero o capital por dicho hierro para fabricar acero que venderá seis meses más tarde, por ejemplo; esto mismo pasará en el mes seis cuándo la acerería venda las vigas de acero al constructor de edificios, pero ahora es el propietario de la constructora quién ofrece bienes presentes, seguramente dinero, buscando obtener un bien futuro, esto es, la estructura de su edificio.

Así, la tasa de preferencia temporal de todos y cada uno de los miembros de una sociedad determina la estructura de producción y desarrollo de la misma. Cuánto más ahorro haya en la sociedad, es decir, cuántos más agentes esté dispuestos a sacrificar consumo presente para obtener bienes futuros, menor será el tipo de interés, y mayor la disponibilidad de capital. Ello supondrá que los empresarios podrán captar ahorro en condiciones más favorables para llevar a cabo sus proyectos empresariales. La estructura productiva entonces se alargará, dando lugar a procesos más largos y bienes de consumo finales más elaborados. Dado que la rentabilidad a priori de una inversión es igual a dividir el flujo total de ingresos de la misma entre el tipo de interés (asumiendo la forma matemática de una renta perpetua) cuánto mayor sea el ahorro ofertado y por tanto menor sea el tipo de interés del mercado, más fácil será obtener proyectos empresariales de mayor valor. V.gr. si vamos a invertir en un proyecto inmobiliario 100.000 € y el tipo de interés es del 3 % entonces 100.000/0,03 = 3.333.333 € será el valor descontado de la inversión. Si hubiese mayor ahorro disponible y el tipo de interés fuese del 2 % la misma inversión tendría un valor descontado de 5.000.000 €.

Por tanto, el tipo de interés es una señal que guía a los empresarios e inversores en cada momento, y les indica si los proyectos serán o no viables, y si por tanto merece la pena llevarlos a cabo. La lógica intrínseca de ello es que a mayor ahorro mayor será la disposición de la sociedad para invertir en el futuro, y “a sensu contrari” a menor ahorro menor capacidad tendrá la sociedad de desarrollar proyectos de mayor duración temporal y mayor coste.

De hecho, en las sociedades capitalistas más desarrolladas, dónde mayor ahorro hay disponible y por lo tanto se da lugar a mayor disponibilidad de capital, más compleja será la estructura de producción, dando como resultado mejores bienes de consumo final y mayor calidad de vida. En esta sociedad desarrollada, las etapas de consumo estarán muy alejadas de las etapas de producción. Por ejemplo, el hierro sale de la mina, para convertirse seis meses más tarde en vigas de acero, que darán lugar dos años después a un edificio. En una sociedad pobre, dónde no hay ahorro ni disponibilidades de capital, las etapas de consumo estarán muy cerca de las etapas de producción, como podemos ver en los pueblos de África subdesarrollada donde el único capital de una familia es un arado y un pequeño huerto, y la primera fase de producción, arar su huerto, está a solo unos meses de la fase de consumo final, la fruta o verdura recogida en dicho huerto y que alimenta a la familia.

Cuándo los Gobiernos y los Bancos Centrales intervienen la economía, creando dinero no respaldado por oro, o disminuyendo el coeficiente de caja (reserva fraccionaria), o bajando el tipo de interés oficial, y en definitiva dando lugar de cualquier manera a una expansión crediticia, distorsionan en la sociedad la relación entre el ahorro y la inversión, dando lugar a que los empresarios acometan proyectos creyendo que serán rentables, y que luego no lo serán de ninguna manera, puesto que están utilizando para su medición un tipo de interés que no es real.

Si bien en un momento inicial la expansión crediticia tendrá como resultado un auge en la economía, llegará inevitablemente un momento en el que el mercado descubra que los proyectos empresariales no son viables y devendrá la crisis económica. Esta es la explicación de los ciclos económicos.

Los tipos de interés sirven también para diferenciar el beneficio contable del beneficio empresarial. Si por ejemplo una empresa vende un año 100 unidades a 1.000 euros cada una, habiendo tenido unos costes unitarios de 800 euros, obtendrá a final de año un beneficio contable de 20.000 €. Dado que habrá tenido que invertir 80.000 € en el negocio, el beneficio sobre la inversión habrá sido del 25 %.  Si en ese mismo año en el mercado se ha registrado un interés del 5 % el beneficio empresarial sería del 20 %, pues si el empresario hubiese invertido los 80.000 € al tipo de interés medio hubiese obtenido 4.000 €, y a través de su actividad empresarial ha obtenido 16.000 € más con el mismo capital. Por supuesto, si el beneficio contable final de la empresa hubieses sido de 3.000 € por tener más costes, o vender a menos precio, aunque el beneficio contable seguiría siendo positivo, podríamos hablar de unas perdidas empresariales de 1.000 € (pues si en vez de invertir en su empresa invierte al tipo de interés del mercado hubiese ganado 1.000 € más).

Basado en “Dinero, crédito bancario y ciclos Económicos” del Profesor Doctor D. Jesús Huerta de Soto, publicado por Unión Editorial.