Discurso sobre el Dinero, de Francisco D’Anconia

Discurso de
Francisco d´Anconia
en Atlas Shrugged

¿Así que creéis que el dinero es el origen de toda maldad? dijo Francisco d’Anconia.

¿Alguna vez os habéis preguntado cuál es el origen del dinero? El dinero es un instrumento de cambio, que no puede existir a menos que existan bienes producidos y hombres capaces de producirlos. El dinero es la forma material del principio que los hombres que desean tratar entre sí deben hacerlo por intercambio y dando valor por valor. El dinero no es el instrumento de mendigos que claman tu producto con lágrimas, ni el de saqueadores que te lo quitan por la fuerza. El dinero lo hacen posible sólo los hombres que producen. ¿Es eso lo que consideráis malvado?

Cuando aceptas dinero en pago por tu esfuerzo, lo haces sólo con el convencimiento de que lo cambiarás por el producto del esfuerzo de otros. No son los mendigos ni los saqueadores los que dan su valor al dinero. Ni un océano de lágrimas ni todas las armas del mundo pueden transformar esos papeles de tu cartera en el pan que necesitarás para sobrevivir mañana. Esos papeles, que deberían haber sido oro, son una prenda de honor – tu derecho a la energía de los hombres que producen. Tu cartera es tu manifestación de esperanza de que en algún lugar del mundo a tu alrededor hay hombres que no transgredirán ese principio moral que es el origen del dinero. ¿Es eso lo que consideras malvado?

¿Has indagado alguna vez el origen de la producción? Mira un generador eléctrico y atrévete a decir que fue creado por el esfuerzo muscular de brutos insensatos. Intenta hacer crecer una semilla de trigo sin el conocimiento que te dejaron los hombres que tuvieron que descubrirlo por primera vez. Trata de obtener tu alimento sólo a base de movimientos físicos – y aprenderás que la mente del hombre es la raíz de todos los bienes producidos y de toda la riqueza que haya existido jamás sobre la tierra.

¿Pero dices que el dinero lo hace el fuerte a expensas del débil? ¿A qué fuerza te refieres? No es la fuerza de armas o de músculos. La riqueza es el producto de la capacidad del hombre de pensar. Entonces, ¿hace dinero el hombre que inventa un motor a expensas de quienes no lo inventaron? ¿Hace dinero el inteligente a expensas de los tontos? ¿El competente a expensas del incompetente? ¿El ambicioso a expensas del holgazán? El dinero se crea – antes de que pueda ser robado o mendigado – es creado por el esfuerzo de cada hombre honrado, de cada uno hasta el límite de su capacidad. Un hombre honrado es el que sabe que no puede consumir más de lo que produce.

Comerciar por medio de dinero es el código de los hombres de buena voluntad. El dinero se basa en el axioma de que cada hombre es dueño de su mente y de su esfuerzo. El dinero no da poder para prescribir el valor de tu esfuerzo excepto por el juicio voluntario del hombre que está dispuesto a entregarte su esfuerzo a cambio. El dinero te permite obtener por tus bienes y tu trabajo lo que ellos valen para los hombres que los compran, pero no más. El dinero no permite tratos excepto aquellos en beneficio mutuo y por el juicio no forzado de los comerciantes. El dinero exige de ti el reconocimiento de que los hombres han de trabajar para su propio beneficio, no para su propio perjuicio; para ganar, no para perder – la aceptación de que no son bestias de carga nacidos para transportar el peso de tu miseria – que tienes que ofrecerles valores, no heridas – que el lazo común entre los hombres no es el intercambio de sufrimientos, sino el intercambio de bienes. El dinero exige que vendas, no tu debilidad a la estupidez de los hombres, sino tu talento a su razón; exige que compres, no lo peor que ofrecen, sino lo mejor que tu dinero pueda encontrar. Y cuando los hombres viven a base del comercio – con la razón, no la fuerza, como árbitro final – es el mejor producto es el que triunfa, la mejor actuación, el hombre de mejor juicio y más habilidad, y el grado de la productividad de un hombre es el grado de su recompensa. Este es el código de la existencia cuyo instrumento y símbolo es el dinero. ¿Es eso lo que consideras malvado?

Pero el dinero es sólo un instrumento. Te llevará donde desees, pero no te sustituirá como conductor. Te dará los medios para la satisfacción de tus deseos, pero no te proveerá con deseos. El dinero es la plaga de los hombres que intentan revertir la ley de causalidad – los hombres que buscan reemplazar la mente adueñándose de los productos de la mente.

El dinero no comprará la felicidad para el hombre que no tenga ni idea de lo que quiere; el dinero no le dará un código de valores si él ha evadido el conocimiento de qué valorar, y no le dará un objetivo si él ha evadido la elección de qué buscar. El dinero no comprará inteligencia para el estúpido, o admiración para el cobarde, o respeto para el incompetente. El hombre que intenta comprar los cerebros de sus superiores para que le sirvan, reemplazando con dinero su capacidad de juicio, acaba por convertirse en la víctima de sus inferiores. Los hombres de inteligencia lo abandonan, pero los embaucadores y farsantes acuden a él en masa, atraídos por una ley que él no ha descubierto: que ningún hombre puede ser inferior a su dinero. ¿Es ésa la razón por la que lo llamáis malvado?

Sólo el hombre que no la necesita está capacitado para heredar riqueza – el hombre que amasaría su propia fortuna, sin importar desde dónde comience. Si un heredero está a la altura de su dinero, éste le sirve; si no, le destruye. Pero vosotros lo ignoráis y clamáis que el dinero lo ha corrompido. ¿Lo hizo? ¿O fue él quien corrompió a su dinero? No envidiéis a un heredero indigno; su riqueza no es vuestra y no habríais estado mejor con ella. No penséis que debería haber sido distribuida entre vosotros; cargar al mundo con cincuenta parásitos en vez de uno no habría hecho revivir la virtud muerta que constituyó la fortuna. El dinero es un poder viviente que muere sin su raíz. El dinero no le servirá a la mente que no esté a su altura. ¿Es ése el motivo por el que lo llamáis malvado?

El dinero es vuestro medio de supervivencia. El veredicto que pronunciáis sobre la fuente de vuestro sustento es el veredicto que pronunciáis sobre vuestra vida. Si la fuente es corrupta, habéis condenado vuestra propia existencia. ¿Adquiristeis vuestro dinero por fraude? ¿Cortejando los vicios o estupideces humanas? ¿Sirviendo a imbéciles con la esperanza de conseguir más de lo que vuestra capacidad se merece? ¿Rebajando vuestros principios? ¿Realizando tareas que despreciáis para compradores que desdeñáis? En tal caso, vuestro dinero no os dará ni un momento, ni un centavo de alegría. Todo cuanto compréis se convertirá, no en una honra para vosotros, sino en un reproche; no en un triunfo, sino en un evocador de vergüenza. Entonces gritaréis que el dinero es malvado. ¿Malvado, porque no sustituye al respeto que os debéis a vosotros mismos? ¿Malvado, porque no os dejó disfrutar de vuestra depravación? ¿Es ésa la raíz de vuestro odio por el dinero?

El dinero siempre seguirá siendo un efecto y rehusará reemplazaros como la causa. El dinero es el producto de la virtud, pero no os dará la virtud y no redimirá vuestros vicios. El dinero no os dará lo inmerecido, ni en materia ni es espíritu. ¿Es ésa la raíz de vuestro odio por el dinero?

¿O acaso dijísteis que es el amor al dinero el origen de toda maldad? Amar una cosa es conocerla y amar su naturaleza. Amar el dinero es conocer y amar el hecho de que el dinero es la creación del mejor poder dentro de ti, y tu pasaporte para poder comerciar tu esfuerzo por el esfuerzo de lo mejor entre los hombres. Es la persona que vendería su alma por una moneda, la que proclama en voz más alta su odio hacia el dinero: y tiene buenas razones para odiarlo. Los que aman el dinero están dispuestos a trabajar por él; saben que son capaces de merecerlo.

Os daré una pista sobre el carácter de los hombres: el hombre que maldice el dinero lo ha obtenido de forma deshonrosa; el hombre que lo respeta se lo ha ganado honradamente.

Huye por tu vida del hombre que te diga que el dinero es malvado. Esa frase es la campanilla de leproso de un saqueador acercándose. Mientras los hombres vivan juntos en la tierra y necesiten un medio para tratar unos con otros – su único sustituto, si abandonan el dinero, es el cañón de una pistola.

Pero el dinero exige de ti las más altas virtudes, si quieres hacerlo o conservarlo. Los hombres que no tienen valor, orgullo o autoestima, los hombres que no tienen un sentido moral de su derecho a su dinero y no están dispuestos a defenderlo como si defendieran sus vidas, los hombres que se excusan por ser ricos – no permanecerán ricos por mucho tiempo. Ellos son el cebo natural para las bandadas de saqueadores que se agazapan bajo las rocas durante siglos, pero que salen arrastrándose al primer indicio de un hombre que ruega ser perdonado por la culpa de poseer riqueza. Ellos se apresurarán a aliviarle de su culpa – y de su vida, como se merece.

Entonces veréis el ascenso de los hombres de doble criterio – de los hombres que viven por la fuerza, mientras cuentan con quienes viven del comercio para crear el valor del dinero que ellos roban – los hombres que son los polizones de la virtud. En una sociedad moral, ellos son los criminales, y los estatutos están escritos para protegerte de ellos. Pero cuando una sociedad establece criminales-por-derecho y saqueadores-por-ley – hombres que utilizan la fuerza para apoderarse de la riqueza de víctimas desarmadas – entonces el dinero se convierte en el vengador de quien lo creó. Tales saqueadores creen que no hay riesgo en robarles a hombres indefensos una vez que han aprobado una ley para desarmarlos. Pero su botín se convierte en el imán para otros saqueadores, que lo obtienen igual que ellos lo obtuvieron. Entonces el triunfo irá, no al más competente en producción, sino al más despiadado en brutalidad. Cuando la fuerza es la norma, el asesino triunfa sobre el ratero. Y entonces la sociedad se deshace, envuelta en ruinas y carnicerías.

¿Queréis saber si ese día va a llegar? Observad el dinero. El dinero es el barómetro de las virtudes de una sociedad. Cuando veáis que el comercio se realiza, no por consentimiento, sino por compulsión – cuando veáis que para poder producir, necesitáis obtener autorización de quienes no producen, cuando observéis que el dinero fluye hacia quienes trafican, no en bienes, sino en favores – cuando veáis que los hombres se enriquecen por soborno y por influencia en vez de por trabajo, y que tus leyes no te protegen contra ellos, sino que les protegen a ellos contra ti – cuando veáis la corrupción siendo recompensada y la honradez convirtiéndose en auto sacrificio – podéis estar seguros que vuestra sociedad está condenada. El dinero es un medio tan noble que no compite con las armas y no pacta con la brutalidad. Nunca le permitirá a un país sobrevivir como mitad-propiedad, mitad-botín.

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Siempre que aparecen destructores entre los hombres, empiezan por destruir el dinero, porque éste es la protección de los hombres y la base de una existencia moral. Los destructores se apoderan del oro y les dejan a sus dueños un montón de papeles falsos. Esto destruye todas las normas objetivas y deja a los hombres a merced del poder arbitrario de un arbitrario promulgador de valores. El oro era un valor objetivo, lo equivalente a la riqueza producida. El papel es una hipoteca sobre riqueza que no existe, sustentada por un arma apuntada a quienes se espera que la produzcan. El papel es un cheque cursado por saqueadores legales sobre una cuenta que no es suya: sobre la virtud de las víctimas. Vigilad el día en que el cheque sea devuelto, con la anotación: “Cuenta sin fondos”.

Cuando hayáis convertido a la maldad en vuestro medio de supervivencia, no contéis con que los hombres sigan siendo buenos. No contéis con que ellos se mantengan en la moral y pierdan sus vidas por el objetivo de convertirse en pasto para lo inmoral. No contéis con que produzcan, cuando la producción es castigada y el robo recompensado. No preguntéis: “¿Quién está destruyendo al mundo?” Sois vosotros.

Os encontráis en medio de los mayores logros de la más productiva civilización y os preguntáis por qué se está desmoronando a vuestro alrededor, mientras condenáis la fuente sanguínea que la alimenta, el dinero. Miráis el dinero como los salvajes hacían antes de vosotros, y os preguntáis por qué la selva está acercándose al borde de vuestras ciudades. A través de la historia de la humanidad, el dinero fue siempre usurpado por saqueadores de una marca u otra, cuyos nombres cambiaron, pero cuyos métodos permanecieron igual: apropiarse de la riqueza por la fuerza y mantener a los productores atados, degradados, difamados, despojados de honor. Esa frase sobre la maldad del dinero, que pronunciáis con ese irresponsable aire virtuoso, data de la época en que la riqueza era producida por la labor de esclavos – esclavos que repetían los movimientos descubiertos antes por la mente de alguien, y sin mejora durante siglos. Mientras la producción fue gobernada por la fuerza y la riqueza se obtenía a través de la conquista, había poco que conquistar. Sin embargo, durante todos los siglos de estancamiento y hambrunas, los hombres exaltaron a los saqueadores como aristócratas de la espada, como aristócratas de nacimiento, como aristócratas del régimen, y despreciaron a los productores, como esclavos, como comerciantes, como tenderos – como industriales.

Para gloria de la humanidad, existió por primera y única vez en la historia del mundo un país del dinero – y no tengo más alto y más reverente tributo que ofrecerle a los Estados Unidos de América, porque eso significa: un país de razón, justicia, libertad, producción, logro. Por primera vez, la mente del hombre y el dinero fueron liberados, y no hubo más fortunas-por-conquista, sino sólo fortunas-por-trabajo, y en vez de guerreros y esclavos surgió el verdadero forjador de riqueza, el mayor trabajador, el tipo más elevado de ser humano: el “self-made man”, el hombre hecho a sí mismo, el industrial norteamericano.

Si me pedís que nombre la distinción más orgullosa de los norteamericanos, escogería – porque contiene todas las otras – el hecho de que fueron el pueblo que acuñó la frase: “hacer dinero”. Ningún otro lenguaje o país había usado antes estas palabras; los hombres siempre habían pensado que la riqueza era una cantidad estática – a ser arrebatada, mendigada, heredada, distribuida, saqueada u obtenida como un favor. Los norteamericanos fueron los primeros en entender que la riqueza tiene que ser creada. Las palabras “hacer dinero” contienen la esencia de la moralidad humana.

Pero estas fueron las palabras por las que los norteamericanos fueron denunciados por las decadentes culturas de los continentes de saqueadores. Ahora el credo de los saqueadores os ha llevado a considerar vuestros más dignos logros como motivo de vergüenza, vuestra prosperidad como culpa, vuestros mejores hombres, los industriales, como granujas, y vuestras magníficas fábricas como el producto y la propiedad del trabajo muscular, trabajo de esclavos manejados con látigos, como las pirámides de Egipto. El bellaco que gesticula que no ve diferencia entre el poder del dólar y el poder del látigo debería aprender la diferencia en su propio pellejo – como, creo, lo hará –.

A menos y hasta que descubráis que el dinero es el origen de todo lo bueno, estáis buscando vuestra propia destrucción. Cuando el dinero deja de ser el instrumento por el cual los hombres tratan unos con otros, entonces los hombres se convierten en instrumentos de los hombres. Sangre, látigos y pistolas – o dólares. Escoged – no hay otra opción – y vuestro tiempo se está acabando.

¿Pacta Sunc Servanda??

“Pacta sunt servanda” es un principio general del Derecho que significa que los contratos deben ser cumplidos. Desde el Derecho Romano se viene dando por sentado que las partes que han firmado un contrato deben cumplir lo pactado. De la misma manera se articula hoy en día este principio en el Common Law anglosajón, donde el incumplimiento de lo firmado en un contrato dará lugar a una acción de daños, donde la parte que incumplió deba restituir a la otra parte.

Parece que este principio no puede gozar de mayor lógica y justicia, y esta lógica aparente le ha dotado de gran fuerza en todos los ordenamientos jurídicos internacionales.

civil1civil1civil1Pero si miramos la institución jurídica del contrato desde un punto de vista económico y patrimonial, viendo más allá de las formas jurídicas y estudiando el fondo y la verdadera esencia jurídica del contrato, que no es otro que el intercambio patrimonial de un bien económico, el principio “pacta sunt servanda” solo debería aplicarse cuándo una de las partes ha cumplido, y la otra no lo ha hecho. Pero de ninguna manera debería operar cuándo ninguna de las partes ha cumplido aún con su respectiva obligación contractual. Por cuánto que la libre voluntad de disposición de las partes prima sobre la figura del contrato, que no es más que una extensión de dicha voluntad. Y por supuesto la voluntad humana libre y no condicionada no puede verse constreñida por una decisión pasada, o lo que es lo mismo, la libertad impide que seamos prisioneros de nuestros actos pasados (siempre que no medie dolo, culpa o negligencia, claro está). Poca explicación requiere el hecho de que un hombre libre puede hoy pactar una cosa, y cambiar mañana de parecer. Y si la otra parte no ha realizado ninguna prestación, nada habrá de restituir quién decide abandonar el contrato.

Veamos con un ejemplo esta interpretación jurídica del párrafo anterior. Pedro es un agricultor que firma un contrato en julio para vender su uva al bodeguero Pablo en septiembre, en la campaña de vendimia, a un precio de 8 € kilogrado. Llegado el momento de ejecución del contrato, y no habiendo Pablo pagado nada a Pedro, este último decide que la cosecha es muy escasa pero de buena calidad, y cree que en el mercado podrá obtener 9 € kilogrado por su uva, por lo que decide romper el contrato. El bodeguero Pablo reclamaría en base al principio “pacta sunt servanda” que ha de cumplirse el contrato que firmaron, o de lo contrato pedirá una indemnización a Pedro, alegando probablemente que realizó previsiones de negocio o acometió inversiones en base al contrato firmado en julio, pero realmente si nada pagó o ninguna prestación contractual realizó, nada debería restituir Pedro, pues nada ha expropiado a Pablo. La libre voluntad humana puede cambiar, y solo es dueña del libre albedrío de cada uno. La mera promesa contractual no debería ser vinculante, pues entonces constriñe la libertad de las partes.

civil2Cosa distinta sería que hubiese una prestación ya cumplida por Pablo. Por ejemplo, un adelanto o señal, que debería restituirse con la tasa de intereses correspondiente. Aunque está claro que en la práctica lo más factible para el que dio la señal pero debe cambiar su voluntad es negociar y llegar a un nuevo acuerdo, para no perder total o parcialmente dicha prestación.  

Si el contrato fuese de Futuros, donde el comprador adelanta una prima y deposita unas garantías,  el vendedor que incumpla siempre deberá restituir dichos pagos, o bien se ejecutarán las garantías correspondientes.

Finalmente indicar que muchas veces nuestra doctrina y jurisprudencia han utilizado otro principio jurídico, llamado “rebus sic stantibus” para llegar al mismo fin aquí indicado pero dando mucho más rodeo. Este principio jurídico dispone que los pactos deben cumplirse siempre que no cambie el estado general de las cosas. Es decir, y utilizando otro aforismo más, “ceteris paribus“. En nuestro ejemplo de más arriba, puede que lo pactado en julio no debiese cumplirse en septiembre por haber variado notablemente las circunstancias del mercado o la cosecha. Pero lo cierto es que esto no es sino un razonamiento inadecuado y forzado para llegar al fin más justo, que debe venir dado por la interpretación aquí explicada de que la libre disposición de la voluntad de las partes prima sobre el contrato, “ex ante” y “ex post” y que la responsabilidad por incumplimiento solo puede devenir cuándo una de las partes a cumplido y la otra no lo ha hecho.

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Los Contratos de Opciones

En otro artículo ya vimos los contratos de futuros, que permiten cerrar hoy una compraventa que se ejecutará en un momento posterior del tiempo, asegurándose así ambas partes de que tendrán un precio cierto para el bien objeto de contrato, y limando por tanto los riesgos inherentes al futuro del mercado.

OP1También vimos la posibilidad de la “liquidación por diferencias” o dicho de otra manera cumplir con el contrato mediante el abono o pago de la diferencia entre el precio estipulado “ab initio” y el precio de mercado. Lo cual resulta sumamente útil cuándo lo que se contratan son activos financieros cotizados en los mercados.

Según los contratos de futuros sobre activos financieros o de materias primas se fueron desarrollando, apareció un nuevo tipo de contrato llamado Opción, con la diferencia de que, mientras en el contrato de futuros las partes están obligadas a cumplir con la compraventa en el momento futuro fijado para ello, en la Opción el comprador tiene, valga la redundancia, la “opción” de solicitar la ejecución del mismo,o lo que es lo mismo, la opción de exigir a su contraparte que se lleve a cabo la transacción, lo cual realizará cuándo el precio del activo cotizado en el momento futuro pactado le sea menos favorable en el mercado que el precio pactado en contrato; pero que podrá optar por no ejercer si la situación es la contraria, esto es, si el precio de mercado le es más ventajoso en el momento de vencimiento que el precio del contrato.

Así, mientras que en el Futuro y llegado el vencimiento contractual se deberá ejecutar el acuerdo y llevar a cabo la transacción, en la Opción será una de las partes la que, como su propio nombre indica, tendrá la opción de pedir a la otra el cumplimiento del contrato.

OP2Existen Opciones de Compra, conocidas como Call según la terminología anglosajona, y Opciones de Venta conocidas como Put. En una Call el comprador tiene la opción de comprar un bien a un precio determinado en el futuro. Y en una Put el comprador tiene la opción de vender a la otra parte un bien determinado en el futuro.

Desde luego, el vendedor de una Call tendrá la obligación de vender el activo subyacente al precio fijado en contrato (o pagar la diferencia correspondiente) siempre que el comprador ejerza la opción. Y el vendedor de una Put tendrá la obligación de comprar el activo al precio fijado en contrato (o pagar la diferencia) siempre que el comprador ejerza la opción en el momento determinado para el vencimiento.

Como vemos, se distingue el precio del contrato de Opción, que se llama Prima, y que se paga por el comprador de la Call o de la Put a su respectivo vendedor en el momento del contrato, del precio determinado para el activo subyacente en el momento futuro de ejecución, que se pagará o cobrará si se ejerce la opción a vencimiento por el comprador.

Según el momento de su ejecución, se distinguen en la práctica dos tipos de opciones, las llamadas “opciones europeas”, que determinan un momento cierto y determinado del futuro para ejercer la opción, y las “opciones americanas” en las que se puede ejercer la misma en cualquier momento durante toda la duración del contrato.

Por su dinamismo, dado que no implica la necesidad de llevar a cabo la transacción sino solamente la opción a ello, se negocian muchos más contratos Call y Put en la actualidad en los mercados financieros que contratos de Futuros. Y generalmente se liquidan por diferencias.

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Estructura Jurídica y Financiera del Descubrimiento de América

Sin duda, una de las gestas más importantes de la historia universal es el descubrimiento del continente americano por Cristobal Colón en 1492. Y como toda gran empresa humana, el descubrimiento también tuvo una estructura jurídica y de financiación tras de sí que sustentó tamaña aventura. 

1. Estructura jurídica: Capitulaciones de Santa Fe.

colon3Colón llevaba varios años intentando vender su proyecto de alcanzar las Indias navegando hacia el Oeste. Primero presentó en distintas ocasiones su plan al Rey de Portugal, quién lo rechazó. Después presentó su propuesta a la Corona de Castilla, manteniendo distintas reuniones con los Reyes Católicos en las que fue presentando el proyecto y avanzando en la negociación. Finalmente, cuándo Colón ya se daba por vencido y se iba a dirigir a presentar su empresa al Rey de Francia, los Reyes Católicos acabaron aceptaron la propuesta de Colón.

Y se mantuvieron otras tantas reuniones donde se negociaron los términos jurídico contractuales que regirían dicha empresa, plasmándose finalmente todo lo acordado entre las partes en el contrato conocido comoCapitulaciones de Santa Fe.

Las Capitulaciones eran contratos jurídicos que regulaban relaciones y negocios entre Estados, o entre un Estado y un Particular. Las Coronas contrataban a marinos, empresarios particulares, para las conquistas de nuevas rutas o territorios para su Estado.

En las Capitulaciones de Santa Fe se concede a El título vitalicio y hereditario de Almirante de todas las “islas y tierras firmes” que Colón descubriese o conquistase “por su mano o industria” en “las Mares Oceánas”. Colón firmó su testamento con este título, tras mantener varios pleitos toda su vida pues ya descubierta América los Reyes no respetaron este primer capítulo.

Se concedió también a Colón los títulos de Virrey y Gobernador de dichas tierras. Esto después tampoco se cumplió como tal por los Reyes. Se otorgaba igualmente a Colón autoridad para juzgar los pleitos mercantiles que se diesen en la empresa. Tampoco se mantuvo más tarde por los Reyes la jurisdicción, que se arrebató a Colón unos años después de la conquista de América.

Y el capítulo más importante: el 10 % de las ganancias económicas que generase la empresa eran para el Almirante Cristóbal Colón, y el 90 % para los Reyes Católicos. Desde luego, los Reyes tampoco cumplieron con su parte del contrato, y nunca llegaron a dar a Colón o a sus descendientes la parte que le correspondía.

 

  1. Estructura Financiera: Cómo se financió el descubrimiento.

Acordar el contrato que regulase la relación era muy importante, sobre todo para distribuir los beneficios futuros de la empresa.

Pero una gesta de tal magnitud había que financiarla, y hacía falta mucho dinero. Colón no contaba con capital para financiar la aventura, y los Reyes no querían arriesgar sus capitales propios (además, después de financiar la reconquista, principalmente de Granada, es de suponer que no tendrían grandes riquezas).

colon1Aquí fue fundamental la figura de Luis de Santángel, banquero principal de los Reyes Católicos. Este banquero valenciano, que era uno de los más importantes banqueros de su época en Europa, conocía el proyecto de Colón e intermedió para que los Reyes Católicos lo aceptasen.

Una vez aceptada la empresa de la conquista por la Corona, se decidió quela mitad del capital necesario (1.140.000 maravedies) lo ponían los Reyes Católicos. La parte de los Reyes la financió Luis de Santángel con un préstamo sin intereses, garantizado con el 90 % de las ganancias que correspondías a la Corona. Una cuarta parte del capital era por cuenta de Colón. El Almirante financió su parte con un préstamo que le otorgó Luis de Santángel, garantizado con el 10 % que le correspondía de las ganancias. Y la otra cuarta parte parece que se financió por distintos banqueros y mercaderes europeos, con un préstamo sindicado liderado por Luis de Santángel.

Como podemos ver, el banquero valenciano fue quien asumió la casi totalidad de la financiación de la empresa, y no hubiese sido posible la aventura sin su crucial intervención.

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Más Información | Curiosidades sobre el Descubrimiento  Capitulaciones

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El contrato de futuros

Los Futuros son un instrumento financiero muy utilizado por todos los operadores de los mercados de valores internacionales,  y que han derivado en distintos y complejos tipos de contratos como FRA’s, Call, Puts, Forwards… etc… que permiten a los Fondos, empresas energéticas, empresas de materias primas, Hedge Funds, Bancos de inversión o mesas de tesorería, diversificar riesgos y realizar operaciones a plazo.

Pero esta aparente sofisticación no debe hacernos perder de vista que este tipo de contratos mantienen gran arraigo en la práctica mercantil desde hace siglos, y tienen su base sobre los principios generales del Derecho desde época romana.

BOLSA MADRIDLos elementos del contrato, como sabemos, son Consentimiento, Objeto y Causa. Y el objeto del contrato puede ser un bien presente, o futuro. Amén de que la fecha de ejecución del contrato puede ser cualquier momento del futuro, siempre que su objeto sea posible, lícito y determinable. Por ello, un agricultor que cultiva maíz y un molinero que se dedica a moler el maíz para luego vender harina pueden pactar un contrato de compraventa de una tonelada de maíz para la semana próxima, o para dentro de 6 meses.

Y esto último es lo que da su utilidad a los contratos a futuro para gestionar riesgos a las empresas que necesitan abastecerse durante determinados períodos de tiempo. Si el molinero puede comprar a futuro todo o parte del maíz que necesita, con un precio preestablecido, podrá gestionar mejor su nivel de existencias y ventas, asegurando a sus clientes mayor estabilidad de precios. Por supuesto, también podrá cubrirse así del posible riesgo de que, dentro de 6 meses distintos problemas como una cosecha escasa hagan subir de manera desmedida el precio del maíz. Y es que el efecto económico de este pacto jurídico es mermar el riesgo de mercado, pues asegura a ambas partes contratantes un precio cierto de compraventa en un momento futuro.  futu2

Si el bien mueble objeto de compraventa a futuro es un activo financiero, como por ejemplo una acción de Apple, el contrato puede liquidarse en el futuro por el sistema conocido como “liquidación de diferencias”. Por ejemplo, si dos partes acuerdan que una comprará a la otra una acción de Apple dentro de 3 meses a 90 $ y llegado el momento de ejecución la acción vale en bolsa 92 $ el vendedor podrá cumplir acudiendo al mercado para comprar una acción a 92 $ y entregarla, o bien entregando directamente la diferencia de 2 $ entre el precio del contrato y el precio de mercado.

Esta finalidad de cubrir riesgos, unido a la posibilidad de la liquidación por diferencias, conllevó la popularidad de los contratos de futuros en los mercados financieros desde los años 70, convirtiéndose estos contratos en una herramienta fundamental de la gestión de capitales, como decíamos al principio. Y aunque como dijimos se han desarrollado y sofisticado, su naturaleza jurídica no deja de ser la aquí expuesta.

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