¿CUÁL ES EL OBJETIVO REAL DE LA BAJADA DE TIPOS DE INTERÉS?

Resulta increíble ver cómo la intervención de los bancos centrales y de los gobiernos en la economía lleva destruyendo nuestro sistema desde hace décadas, y la mayor parte de la sociedad, economistas de prestigio incluidos, no son capaces de verlo. Es más, aplauden cada vez que hay una nueva intervención masiva. Es como ver aplaudir a un hombre ante los disparos de su pelotón de fusilamiento.

El mercado financiero no es libre. Es quizá uno de los más intervenidos del mundo.

Un mercado libre tiende a autorregularse a través de la ley de la oferta y la demanda. La gente actúa buscando sus intereses, y de esa manera oferente y demandante acaban consiguiendo el mejor acuerdo posible satisfacer sus necesidades. Sin embargo, cuándo los gobiernos y las instituciones interfieren en el mismo distorsionan el proceso natural de cooperación social y crean irreparables perjuicios.

Bajo la sencilla lógica del libre mercado, en un momento como el actual con una coyuntura de recesión, donde el presente se valora más que el futuro, y la seguridad se valora muy por encima del riesgo, los ahorradores tenderán a querer atesorar liquidez, no deseando invertir a largos plazos, ni en activos o proyectos que no gocen de gran seguridad y solvencia. Por tanto, el tipo de interés que pedirán por prestar su dinero a aquellos que demanden su ahorro tenderá a ser alto. ¿Cuánto? Solo el libre juego de la oferta y la demanda respondería esta cuestión. Pero por supuesto la teoría económica es clara y conocida, a mayor interés mayor disponibilidad tendrán los ahorradores de prestar su dinero. Y a menor interés, menor incentivo del ahorro.

Sin embargo, la intervención de los bancos centrales, forzando tipos de interés extremadamente bajos, altera la lógica del mercado y produce efectos nefastos. Hoy, 14 de junio de 2015, el Euribor a 12 M se sitúa en torno al 0,6 %, tras la última intervención del BCE.

Si la lógica nos dice que un ahorrador, en un momento tan complicado como el actual, pediría un retorno de la inversión suficientemente alto por su capital, y de otra manera no ahorraría, y la intervención pública obliga a tener que invertir con tipos por debajo del 1 %, se produce una clara desincentivación del ahorro. Al menos del ahorro financiero.

Por la importancia que revisten los tipos de interés, este efecto de desincentivación es muy amplio y se extiende por toda la economía, afectando de distinta manera a activos como los inmuebles, las obras de artes, las joyas, las acciones de las empresas cotizadas o los alimentos de primera necesidad. Pero la primera consecuencia (y quizá la más importante) es que se produce una escasez de ahorro real, que impide a la economía contar con capital sobre el que asentar su futuro.

¿Cuál es la finalidad de los Bancos Centrales con este tipo de políticas monetarias? Según el discurso oficial, intentan reactivar la economía y que las empresas tengan una mayor facilidad de financiación. En términos de lógica económica básica, poco incentivo tendrá nadie de arriesgar su dinero al 0,6 % para reactivar la economía. Por ende, pocos fondos recibirán las empresas por parte de los ahorradores.  

¿Cuál es entonces la verdadera finalidad de los Bancos Centrales? Mantener a flote las colosales estructuras de deuda pública de los Estados. Millones y millones de euros (o dólares, o yenes, etc…) dilapidados en las últimas décadas, destruidos literalmente en malas inversiones, que se han ido acumulando y refinanciando año tras año. El verdadero objetivo de esta política monetaria es seguir refinanciando esta deuda impagable. E impagarla en la medida de lo posible. Pues las políticas monetarias expansivas logran rebajar de manera artificial el volumen de deuda.

Resumiendo, se expropia valor a los ahorradores para cubrir la ruina del macroendeudamiento de los Estados. Lo que no quieren o pueden expropiar vía política fiscal lo expropian vía política monetaria.

Al final perdemos todos. En una sociedad libre el ahorro es igual a la inversión. Si una persona logra beneficios, y genera capital que no necesita en un momento determinado (ahorro), dicho capital podrá prestarlo a otra persona que lo demande para invertir o anticipar consumo y que pueda devolverlo después, con un rendimiento preestablecido. Esto supone cooperación social y desarrollo. Tenderán a quedar en el mercado solo los proyectos de inversión más solventes, que mejor atiendan las necesidades de la sociedad. Con el intervencionismo los gobiernos dilapidan el capital de la sociedad en proyectos de dudoso valor, a base de expropiar la riqueza privada a través de impuestos, y a través de expansiones monetarias.  

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