Precios Máximos

En un libre mercado, el precio tiende a regularse por la ley de la oferta y la demanda. Existe un stock determinado de bienes, los oferentes ponen a la venta todo o parte de dicho stock, y los demandantes, en función de la utilidad marginal que estiman subjetivamente que les reporta dicho bien, pujan por las unidades ofertadas. Cuándo se cruzan la valoraciones marginales de los oferente con la valoraciones marginales de los demandantes, se cierran transacciones, determinándose así el precio de mercado. Si hay una gran demanda, el precio tiende a subir, y si la demanda es escasa, el precio tiende a bajar. Si la demanda sube, con el consecuente incremento de precio, la oferta tenderá a subir también (reajustándose el precio de mercado) hasta que se agote el stock de los oferentes o bien el precio marginal no cubra los costes marginales de producción. El libre mercado es la forma más eficiente de asignación de recursos en una economía, mediante el mecanismo de precios y el cálculo económico.

Sin embargo, cuándo existe una intervención en el libre mercado, evidentemente la lógica se rompe y las asignaciones se vuelven ineficientes. Este es el caso de la fijación de Precios Máximos. Imaginemos que bajo un sistema de libre mercado el precio de una barra de pan es de 0,70 €. Si realmente estamos en un libre mercado, dicho precio no será arbitrario, sino que será aquél al cuál, en un momento determinado, los oferentes están dispuestos a desprenderse de su stock total de barras de pan, o bien sufrirían perdidas si vendiesen a 0,69 €.  De igual manera, será el precio máximo que estarán dispuestos a pagar, en el mismo momento, los demandantes, pues por 0,71 € prefieren satisfacer otras necesidades distintas, y a 0,69 € comprarían más barras. Desde luego, éste será solo el precio en un momento determinado, y cambiará en el futuro conforme cambien las valoraciones subjetivas de quienes venden y compran barras de pan. Ahora imaginemos que el gobierno determina que el precio de la barra de pan es muy alto, e interviene fijando un precio máximo de 0,50 €. Pues bien, si baja el precio tenderá a subir la demanda, los demandantes querrán ahora más barras de pan. Y como dijimos antes, los panaderos no tienen capacidad de producir más barras (y por ello el precio era de 0,70 €) o bien incurren en pérdidas si producen más barras (porque todos los factores de producción necesarios, más su margen empresarial, asciende a 0,70 €).

En este escenario, el día siguiente a que el gobierno apruebe la ley del precio máximo de la barra de pan, los clientes acudirán en tropel a comprar por 0,50 € lo que antes les costaba 0,70 €, es lógico, pero o bien los panaderos no tienen capacidad para incrementar el stock (por ejemplo, su dimensión de planta está estructurada para la demanda anterior, y no tienen capacidad tecnológica) o bien no tienen incentivo económico (pues están perdiendo 0,20 € por cada barra que venden) por lo que de una manera u otra el efecto que provoca el precio máximo es irremediablemente el de desabastecimiento.

En la práctica, ésta es la razón del desabastecimiento de bienes de primera necesidad en sistemas socialistas como Venezuela o Cuba. En la Alemania de postguerra, también intervenida por precios máximos, la eliminación de los mismos por parte del famoso ministro liberal de economía Ludwig Erhard fue lo que generó el llamado “milagro alemán” convirtiendo a Alemania de la noche a la mañana en una superpotencia económica.

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