Análisis de la Estructura de Pasivo del Balance.

El análisis del Balance de una empresa, si la misma lleva una contabilidad ajustada a los principios legales y a la realidad de su negocio, es la herramienta más precisa que existe para estudiar la solvencia y viabilidad de una compañía, junto con el análisis de su cuenta de resultados.

Por ello, de cara a tomar una decisión de inversión en un negocio ajeno, conceder un préstamo o suscribir un contrato que implique riesgo de crédito se hace fundamental estudiar el Balance de la sociedad, tanto a nivel estático como a nivel dinámico (su evolución en el tiempo durante varios ejercicios contables).

Y dentro de la técnica de análisis de balances ocupa un lugar principal el análisis del Pasivo. El Pasivo del Balance, en sentido amplio, y como contraposición al Activo de la compañía, registra el patrimonio de la misma y las obligaciones que sustentan y financian los activos de la empresa. Sin duda, los activos son los que generan el beneficio que registra la primera línea de la cuenta de resultados. Pero no debemos olvidar que esos activos deben tener un respaldo en el pasivo del Balance, bien sea a través de capital propio, bien sea a través de capitales o deudas con terceros, pues la estructura del pasivo determinará si los activos permanecerán durante el tiempo necesario en el negocio (porque se han adquirido por ejemplo con un préstamo a diez años que permite su amortización vía rendimientos del mismo activo) o por el contrario existe el riesgo de perderlos (imaginemos que la empresa ha adquirido una nave industrial con un crédito a seis meses, sería harto difícil devolver en tan poco tiempo una gran inversión de este tipo).

Veamos los cuatro principios fundamentales de la estructura del Pasivo, que permiten estudiar si la estructura financiera del pasivo del balance de una empresa es la adecuada, y por lo tanto nos encontramos con mucha probabilidad ante una compañía solvente y viable.

1. El Pasivo a largo plazo debe cubrir en su totalidad el Activo a largo plazo.

El pasivo a largo plazo, esto es, el patrimonio propio de la sociedad (que supone una deuda con los accionistas por las aportaciones de estos) y el pasivo no corriente, formado por los capitales recibidos de terceros no accionistas (bancos, fondos de inversión, etc…) que deben devolverse en un plazo superior a un año, debe financiar el total del activo no corriente, o activos a largo plazo de la sociedad.

Esto es fundamental para la solvencia y viabilidad de una compañía. Si los activos a largo plazo, como la maquinaria de una fábrica textil o los camiones de una empresa logística, reportan ingresos en el corto y medio plazo, y se han financiado con capital propio de la compañía o préstamos a un plazo adecuado a su capacidad de reportar ingresos, el negocio es viable a futuro. Si por el contrario se financiase un camión con una cuenta de crédito a seis meses existiría un riesgo lógico de impago, pues es dudoso que dicho activo pueda generar beneficios suficientes para amortizar el crédito en tan corto plazo de tiempo.

 

2. El pasivo a largo plazo debe cubrir una parte del activo a corto plazo.

Esto es lo que se llama fondo de maniobra. Los activos corrientes son aquellos que tenderán a estar en el balance un plazo de tiempo inferior a un año, como por ejemplo las existencias, los efectos comerciales de los deudores o la tesorería necesaria para pagar las nóminas y gastos corrientes. Si todo el activo corriente tuviese en su contrapartida del pasivo una obligación de corto plazo, existiría un alto riesgo de caer en dificultades, pues en cuánto se registrase un retraso en realizar los activos respecto del plazo de devolución de los pasivos corrientes la empresa podría incurrir en suspensión de pagos.

Cuando existe un “gap” entre activo corriente y pasivo corriente, el mismo supone un “colchón” o fondo de maniobra que evita tensiones financieras en la normal actividad de la compañía.

 

3. La empresa debe contar con una relación equilibrada entre pasivo exigible y fondos propios.

Por supuesto, no existe una cifra o proporción ideal, pues dependerá de cada empresa, su situación y su estrategia. Pero siempre debe existir una parte de los activos a largo plazo que constituya patrimonio propio, esto es, aportaciones de los accionistas. Pues si la totalidad de los pasivos a largo plazo estuviesen en manos de acreedores financieros la empresa gozaría de poca solvencia, al estar todos sus activos comprometidos con dichos acreedores. Cuán mayor sea la cifra de capitales propios en el pasivo, mayor solvencia tendrá por el contrario la compañía, y menos dependerá de terceros acreedores financieros.

 

4. El pasivo corriente debe estar gestionado de manera precisa y con vencimientos superiores al activo corriente.

Los mismos principios antedichos informan la gestión del pasivo corriente: las obligaciones deben tener un plazo de amortización superior a los activos cuya rentabilidad servirá para su pago. Toda empresa viable debe tener negociadas las obligaciones de corto plazo con vencimientos superiores a los activos corrientes. Por ejemplo, una cuenta de crédito a seis meses puede financiar la compra de existencias que estarán en almacén un mes, y que se cobrarán con efectos comerciales de los clientes a tres meses, pues el plazo total de realización de estos activos corrientes, cuatro meses, permite generar un rendimiento en un momento anterior al vencimiento del crédito. Si se financian las mismas existencias con un crédito a dos meses, el negocio tendrá grandes probabilidades de generar tensiones de tesorería. Dado que la estructura del pasivo corriente puede ser compleja, por la existencia de diversos productos financieros (líneas de descuento, cuentas de crédito, préstamos de campaña, factoring, etc…) un estudio adecuado será medir el plazo medio de días de vencimiento de los pasivos corrientes y confrontarlo con el plazo medio de realización de los activos corrientes más el plazo medio de cobro de los derechos de crédito. También es adecuado estudiar las características jurídicas de los instrumentos de financiación de circulante de la sociedad (como por ejemplo sin son “con recurso” o “sin recurso”, o si se permiten prórrogas, etc…) pues ello ayudará a concretar el riesgo de la parte de corto plazo de su balance.

 

 

 

 

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